Y el amor que sostiene el éxito
Para celebrar el Día de la Madre, conversamos con tres de los rostros más queridos de Telefuturo: Patty Orué, Lizzi Piñánez y Kiara Coronel. Ellas no solo comparten en el set y la vorágine de los programas, también las une esa amistad cómplice que nació en los pasillos del canal, entre cafés apurados y reuniones que traspasan el horario laboral. En una charla íntima hablamos de la maternidad real, esa que tiene ojeras detrás del corrector, que negocia calendarios de grabación con actos escolares y que encuentra en el amor de sus hijos la única validación que realmente importa.
Por Eve Benegas. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Producción: Sandra Flecha. Asistente de producción: Pamela Pistilli. Fotografía: Javier Valdez. Locación: Casa Ardissone.
Históricamente, antes de dar el paso hacia la maternidad, muchas mujeres sienten la presión invisible pero constante de demostrar que poseen la misma capacidad que sus pares masculinos para competir en un mercado laboral dispar. Al decidir maternar, las exigencias aumentan: deben ser profesionales sobresalientes, sin descuidos, madres impecables, parejas presentes y, además, el sostén emocional incondicional. Es una carrera de obstáculos en la cual la meta parece irse siempre un poco más lejos.
Surfeando ese mar de exigencias, probando una y otra vez que son lo suficientemente talentosas para liderar los horarios centrales de la televisión paraguaya, están Patty, Lizzi y Kiara. Ellas demuestran que un programa no necesariamente debe sostenerse en una figura masculina para garantizar el éxito. No solo se abren camino en un terreno históricamente desigual, sino que lo hacen mientras sostienen, en paralelo, la exigencia de ser madres presentes, profesionales sólidas y referentes públicas.

El éxito que proyectan se traslada con la misma fuerza al universo digital, donde lograron construir comunidades masivas y leales. En sus redes no solo comparten el glamour de la producción, sino también la vulnerabilidad del día a día. Sus seguidores las admiran y apoyan incondicionalmente. Más que figuras distantes detrás de una pantalla, son referentes cercanas que ofrecen consejos, miedos y alegrías.
Para aprovechar el lindo vínculo que comparten, las invitamos a ser protagonistas de este especial dedicado a mamá. Entre flashes y poses, conversamos también sobre la importancia vital de la red de apoyo para maternar y de cómo han logrado que sus hijos sean el motor, y no el freno, de sus ambiciones profesionales. En este Día de la Madre, sus historias nos recuerdan que detrás de cada gran figura de la televisión hay una mujer que negocia tiempos, celebra pequeños logros cotidianos y entiende que su mejor versión es la que se construye con amor, trabajo y una red que la sostiene. Tres mujeres, tres historias, pero un mismo motor: el amor incondicional a sus hijos.
LIZZI PIÑÁNEZ
La autenticidad como ingrediente principal
El ascenso de Lizzi en los medios fue orgánico, pues cultivó gran parte de su audiencia en redes sociales desde su cocina. Hoy es una de las figuras más carismáticas de la televisión. Con un hijo pequeño —Benja, de 5 años—, ella representa a esa madre que está en plena etapa de logística total, equilibrando el ritmo frenético de los sets de grabación con la espontaneidad que la gente tanto valora.
Es multifacética; además de conducir la sección de cocina en Vive la tarde, por las mañanas graba recetas para su audiencia de redes, edita los videos ella sola y los publica en las noches; y por si todo esto fuera poco, sostiene un sólido emprendimiento gastronómico en Pirayú, donde lidera un servicio de alimentación para un frigorífico que atiende a más de 270 personas al día junto a su equipo.

Aunque su gran salto al prime time fue reciente, Lizzie venía construyendo su camino en los medios hace años. “Arranqué tímidamente, en el patio de mi casa, en un programa llamado Pehechamína. Pasé por otros formatos, pero en un momento estuve a punto de dejar la televisión porque me quedaba lejos y no podía dar el 100 %”, recuerda.
El giro llegó con una propuesta de Telefuturo, que implicó un cambio total en su vida: “Era una de mis metas estar en el canal. Cuando se dio la oportunidad, decidí unificar todo: mudé mi set de grabación a Asunción y organicé mi rutina para sostener mis redes y la televisión. Fue un proceso de meses, pero se dio de manera muy natural”.

Lo que más disfruta de su trabajo no es solo cocinar, sino educar: “Mi sueño era enseñar cocina, tal vez en un instituto o un restaurante. Pero hoy estoy en una pantalla mucho más grande que me permite llegar a más gente”.
Su estilo tiene un sello claro, con recetas simples, accesibles y reales. “Cuando consumía cocina en televisión, todo me parecía complicado. Entonces dije que, si llegaba ahí, lo haría fácil. Uso ingredientes que cualquiera puede conseguir y procesos prácticos”, detalla.

Su conexión con la audiencia es cercana y genuina. “Hablo mucho con mis seguidores, respondo mensajes, escucho sus historias. A veces soy medio psicóloga también. Sobre todo las mamás se identifican conmigo, y eso me encanta”, admite.
La cocinera lleva un ritmo intenso y disciplinado: comienza a las 6.30 de la mañana con su entrenamiento, luego pasa por el supermercado todos los días para comprar lo necesario para sus recetas, filma contenido hasta el mediodía y va al canal por la tarde. Al regresar, continúa trabajando en sus videos: “Yo misma grabo y edito todo. Es una tarea que lleva mucho tiempo, pero me gusta tener ese control”.
“Ser mamá me ayudó porque me dio un propósito, una responsabilidad. Me obligó a levantarme todos los días y ser mejor”
El motor que sanó el alma
La maternidad fue un cambio profundo. “Siempre tuve ansiedad y tendencias depresivas. Ser mamá me ayudó porque me dio un propósito, una responsabilidad. Me obligó a levantarme todos los días y ser mejor”, confiesa. También fue un puente para reconstruir sus vínculos: “Mi hijo vino a unir a toda mi familia, que estaba un poco distanciada”, cuenta y prosigue: “Ser madre hizo que me pusiera en los zapatos de la mía y vea las cosas con una perspectiva totalmente diferente”
Benja es una de sus mayores fuentes de orgullo, sus ojos adquieren un brillo increíble cuando le toca hablar de él. Lo describe como un niño amoroso, empático, responsable y muy aplicado. “Se preocupa por los demás, por los animales, por todo. Es muy sensible, y eso también tratamos de fomentar. Le mostramos la realidad y le enseñamos a salir de su burbuja”.

Ahora bien, el mayor desafío de Lizzi en toda la ecuación es que hubo cambios que impactaron en su dinámica familiar. Benja y su marido Fernando se quedan en Pirayú, al menos por este año. En ese sentido, la comunicadora destaca al padre como un apoyo fundamental: “Sin él no podría hacer todo lo que hago. Se encarga de llevarlo al colegio, de su rutina diaria. Está 100 % presente”.
La historia de Lizzi es la prueba fehaciente de que se puede crecer profesionalmente cuando existe una responsabilidad compartida en la crianza. Las obligaciones no deberían recaer única y exclusivamente en los hombros de la madre; la conciliación nace de la corresponsabilidad en el hogar.

Para evitar la culpa de mamá trabajadora, apuesta al equilibrio y la comunicación: “Le explicamos que mamá y papá trabajan, pero también hacemos espacios de calidad en medio de la semana para que no sea tan larga. Nos encontramos, vamos al cine, a los juegos con Benja, a cenar, y los fines de semana son completamente para él”.
Cuando llega a Pirayú, no deja las espátulas; al contrario, cocinar para su familia es su lenguaje de amor. Los fines de semana tienen otro ritmo: “Son 100 % para mi hijo. Me desconecto y soy mamá full”.
KIARA CORONEL
Talento y carisma
Periodista, conductora y una de las figuras con mayor proyección en la televisión paraguaya, Kiara Coronel atraviesa un presente profesional intenso y en expansión, sin perder de vista el rol que más la transforma: el de mamá.
Su camino en los medios comenzó en el periodismo escrito, pero también tuvo sus primeras experiencias en radio y televisión dentro de formatos informativos más estructurados. Sin embargo, el gran punto de inflexión llegó con su desembarco en Telefuturo. “Entré en 2024 con Polémica en el bar, después me sumé al streaming y, dos meses más tarde, a Vive la tarde. Todo pasó muy rápido”, recuerda.

Detrás de ese crecimiento hay trabajo y una oportunidad bien aprovechada. Un proyecto piloto, inspirado en el estilo de CQC, que no llegó a concretarse, fue, sin embargo, la puerta que la posicionó frente a una directora del canal. “Meses después recibí una llamada que cambió mi lugar en los medios”, cuenta.
Lejos de encasillarse, Kiara disfruta de la versatilidad que hoy le ofrece su profesión: “A la mañana hago contenido informativo en Monumental; en el streaming tengo un perfil más cercano, casi maternal; y en Vive la tarde juego muchísimo. Puedo ser desde una conductora hasta un personaje infantil. Esa diversidad me encanta”.

Su rutina diaria es exigente y milimétricamente organizada. Se levanta antes de las 6.00, se despide de su hijo Octavio —que muchas veces se despierta solo para darle un beso— y comienza una jornada que incluye radio, streaming y televisión en vivo. “Después del canal voy al gimnasio y la tarde-noche es para mi familia”, resume.
A rodar la vida
Octavio, de 4 años, es el centro de su existencia. Al preguntarle sobre el día que llegó a su vida, admite que el recuerdo está intacto: “Nació y lo primero que hicieron fue ponerle en mis brazos. En ese momento viví algo mágico. Todo el dolor del parto dejó de existir y se generó una conexión inexplicable. Me acuerdo hasta de la canción que sonaba: A rodar mi vida, de Fito Páez. Ese es su tema de nacimiento, y él ama”.
La maternidad, sin embargo, no fue un camino sencillo. “Tuve muchas dificultades. Fue, y sigue siendo, un proceso complejo, pero también profundamente hermoso. Aprendí muchísimo”, reconoce. En ese recorrido, según cuenta, el sostén de su mamá y su hermana Amanda fue fundamental. Hoy, define a su hijo como su cable a tierra. “Es inquieto, curioso, muy ingenioso, pero también sensible y amoroso. Tiene una madurez que sorprende. Me desafía todos los días a ser mejor, es mi cable a tierra”.
“Es el que me inspira, el que me hace pensar con sus preguntas constantes. Octavio es mi lado más sensible. Literalmente es el amor de mi vida”

Como les sucede al resto de las entrevistadas, conciliar el crecimiento profesional con la maternidad es un gran reto: “Hay días en los que me frustra no tener la energía para jugar como él quiere, pero encontramos una dinámica que funciona”. En ese equilibrio, su pareja cumple un rol clave: “Él me ayuda a congeniar mi vida laboral con la familiar. Tenemos rutinas juntos entre los tres en las que Octavio es muy feliz”, cuenta. Además, sus padres y su hermana forman parte de su red de apoyo principal.
En ese ascenso meteórico, con tantos compromisos laborales, es inevitable sentir esa famosa culpa de la madre trabajadora, pero Kiara es audaz y sabe gestionar su vida: “Ese sentimiento siempre está presente, pero aprendés a convivir con él. Lo importante es priorizar el tiempo de calidad y no dejar que domine tus decisiones”.

La maternidad también impactó en su forma de comunicar. Hace poco la aplaudimos de pie cuando defendió su postura ante una polémica sobre la supuesta condescendencia en el embarazo. “Me cambió completamente. Hoy levanto banderas que antes quizás no. Me impulsa, e incluso me hace trabajar todos los días por ser mejor persona o laburar desde donde estoy para que a las futuras generaciones les toque un mundo un poquito mejor, al menos”, dice sobre su experiencia.
Para Kiara, lo más genial de ser mamá es estar formando a un ser maravilloso, inteligente, ingenioso y tierno, que la interpela constantemente con sus cuestionamientos. “Es el que me inspira, el que me hace pensar con sus preguntas constantes. Octavio es mi lado más sensible. Literalmente es el amor de mi vida”.
“Es el que me inspira, el que me hace pensar con sus preguntas constantes. Octavio es mi lado más sensible. Literalmente es el amor de mi vida”
PATTY ORUÉ
La perspectiva de una referente consolidada
Patricia Orué es conductora de radio y televisión. Por las mañanas está detrás del micrófono en Dale Palma y alegra con su cálida presencia el programa Vive la tarde, por Telefuturo. Ella es, sin dudas, una de las figuras más sólidas y magnéticas de la tele paraguaya. Con años de experiencia y una gran presencia en redes, logró algo que parece sencillo pero es una de las tareas más arduas en los medios: evolucionar frente al ojo público sin perder su esencia.
Con más de 15 años de trayectoria, Patty atraviesa uno de sus mejores momentos. “Me siento muy realizada en lo laboral. Mantenerse vigente es lo más difícil, y siento que lo estoy logrando. Eso me genera una satisfacción enorme que también se refl eja en lo personal”, expresa. Lo que más disfruta de su trabajo es la dinámica constante: “Nunca me aburro. Todos los días son distintos, entre la radio, la televisión y ahora también las redes. Disfruto mucho con mis compañeros y formar parte de un ambiente tan lindo como el de Telefuturo, donde llevo ya mucho tiempo”.

Patty camina con la seguridad de quien ya no tiene nada que demostrar, pero mucho que proteger. Detrás de los vestidos de gala y las luces del set, está una mujer cuya prioridad absoluta se llama Emma, su nena de 11 años: “La maternidad cambió mis prioridades totalmente. De 1000 problemas que antes podía tener, hoy solo importa uno: que mi hija esté bien”. También reconoce que ser madre amplió su conexión con el público: “Otras mamás se identifican conmigo y me preguntan cómo equilibro todo. Siempre digo que tengo el privilegio de contar con una gran red de apoyo”.
Esa red incluye a la tía Zunny, que la ayuda en el día a día; su mamá; una abuela muy presente; y Diego, padre de Emma, con quien mantiene una excelente relación: “Si bien nuestro vínculo cambió, aún somos una familia. Tenemos una conexión muy sana como padres”, detalla.

“No expongo demasiado a Emma en redes. Respeto su decisión y su personalidad. Además, aprendí que la gente puede ser muy dura con sus comentarios, así que prefiero resguardar nuestra intimidad”
Su rutina diaria combina disciplina, maternidad y trabajo. Por las mañanas lleva a su hija al colegio y le dedica un tiempo al gimnasio. Luego conduce Dale Palma de 12.00 a 14.00 y más tarde se suma a Vive la tarde. A la noche intenta desconectarse: “Si no hay eventos, buscamos momentos tranquilos con Emma, como ver una serie juntas”.
Emma es tímida o quizá simplemente reservada; tiene esa seriedad propia de la adolescencia. Sonríe solo lo necesario, pero cuando su mamá la describe, toda esa aura de teenager se desvanece y sonríe de oreja a oreja: “Es una nena muy buena. Agradezco que la naturaleza haya sido sabia conmigo, porque me envió algo perfecto: la compatibilidad justa de carácter, nos compenetramos y nos llevamos muy bien”.
Dulce experiencia
Para la comunicadora, ser madre fue un catalizador de madurez. Hoy, con su hija a punto de entrar a la adolescencia, los desafíos cambiaron. Ya no se trata de pañales o noches sin dormir, sino de conversaciones profundas, de gestionar la identidad.
Define su experiencia de madre como positiva y amorosa: “Mi maternidad fue muy linda. Emma me enseñó a ser mamá de forma natural. Es una niña de carácter dulce, somos compañeras y hablamos mucho, especialmente ahora que está creciendo”.

En cuanto a la exhibición mediática, Patty es cuidadosa con la privacidad de su hija. “No expongo demasiado a Emma en redes. Respeto su decisión y su personalidad. Además, aprendí que la gente puede ser muy dura con sus comentarios, así que prefiero resguardar nuestra intimidad”, admite tajante al respecto.
También trabaja en fortalecer la inteligencia emocional de Emma frente a la fama y los comentarios maliciosos: “Le explico que la gente cree conocernos por vernos en televisión, pero no es así. Lo importante es que ella sepa quiénes somos realmente”.

Conciliar el trabajo y la maternidad no es una meta que se alcanza de forma estática, sino un ejercicio de equilibrio constante que desafía la idea romántica de que se puede tener todo bajo un control absoluto. En la práctica, esta convivencia suele ser una negociación diaria entre la identidad profesional y el rol de cuidado, pero sucede que en el camino aparece ese gran sentimiento: la culpa de la trabajadora. Sobre eso, la conductora nos cuenta con los ojos acuosos: “Me duele perderme actos escolares; a veces me escapo, pido permiso, aunque no siempre se da. Y cuando no puedo, sé que está acompañada, pero no es lo mismo. Ese es un gran desafío”.
Al mismo tiempo, el mayor logro es la libertad que ha construido con su carrera: “Ser fiel a lo que quiero, tomar decisiones y tener independencia gracias a mi trabajo. Eso es lo que más valoro y lo que deseo para todas las mujeres”, finaliza.




Sin Comentarios