Nota de tapa

Cuando lo cotidiano se vuelve teatro

Dulce espera

Entre presiones sociales, mandatos y dos familias que opinan de todo, esta puesta se ríe de algo profundamente reconocible: cómo reaccionamos cuando la vida no respeta nuestros planes. Cinco figuras de la escena local unen su talento para reflexionar sobre las tensiones de una pareja que anuncia que viene un bebé, en clave de comedia, bajo la guía de Hugo Luis Robles. Pausa habló con el elenco y su director sobre lo que trae la nueva obra a la cartelera local.

Por Leticia Ferro Cartes. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Asistentes de producción: Anabel Artaza y Pamela Pistilli. Fotografía: Javier Valdez.

La pregunta que aparece en los cumpleaños, en los almuerzos del domingo y en los encuentros familiares: “¿Para cuándo?”. Se hace en tono de chiste y se contesta con una sonrisa incómoda. Pero el día en que por fin hay una respuesta, lo que sucede sorprende a los nuevos padres. Opinan las madres, las suegras, las consuegras, los amigos y los tíos que todavía no son tíos. Cada uno con su receta, su advertencia y su propia historia de embarazo, maternidad, paternidad o crianza.

Fotografía: Javier Valdez.

De este punto de inflexión en una familia habla Dulce espera, la comedia escrita y dirigida por Hugo Luis Robles, producida por Andrea Quattrocchi y Fran Gubetich, que se estrena el 31 de julio en el Teatro de las Américas. La nueva puesta en la cartelera local propone un concepto en clave de comedia y explora situaciones, en apariencia cotidianas, que se generan en torno a una pareja, pero que ciertamente sirven para disparar la risa, la reflexión y las emociones en el público.

Una pareja joven recibe la noticia de un embarazo no buscado en un momento que los toma por sorpresa, y ve cómo eso moviliza a toda la familia. Lo que en principio parece una buena nueva se vuelve, muy rápido, un campo de presiones cruzadas.

Con un elenco integrado por Quattrocchi, Gubetich, Letizia Medina, Natalia Cálcena y Ato Gómez, la pieza se ríe de algo que toda pareja en esta situación puede confirmar: que la espera de un hijo pocas veces es solamente dulce como el nombre promete. “Hasta parece una ironía”, admite Medina, “porque habla de lo hermosa que es la llegada de una criatura, pero también muestra mucho la presión”. Pausa conversó con el elenco y su director sobre esa contradicción, sobre las abuelas que ya no se parecen en nada a las de antes y sobre cómo el humor nos acerca a la verdad.

La vida real en reflejo

La idea no nació solo en la dramaturgia, sino en la experiencia de su productora, Andrea Quattrocchi. “Yo hablé con Hugo y le propuse este tema para teatro”, cuenta. La razón es personal: sus dos hijos son aún pequeños y la experiencia de ser mamá la marcó por completo. “La maternidad para mí fue un antes y un después”, admite. Eso la puso frente a algo que antes no registraba: cómo viven hoy las mujeres el paso a la maternidad, las presiones sociales —y también las digitales—, las exigencias físicas y laborales que se suman. “Trae un cambio de 180 ° en nuestra perspectiva”, resume. Robles tomó ese punto de partida y lo extendió. “Dulce espera habla de la llegada de un nuevo integrante de la familia: el primer hijo, nieto o sobrino”, explica el director. “Lo que contamos es lo que se genera dentro de ese núcleo y el entorno más cercano cuando se presenta esta situación”, desarrolla.

Su apuesta fue sumarle un componente generacional: “Nuestros padres ven de una manera distinta ciertas cosas que tienen que ver con ese momento del embarazo, o las nuevas tendencias”. De ahí sale buena parte del humor de la pieza, del choque entre cómo se vivía antes y cómo es hoy el mismo acontecimiento.

Andrea Quattrocchi.

Del lado de la producción, la decisión fue inmediata. “Desde el momento uno, en que Andrea vino con la idea, yo dije ‘vamos’”, asegura Fran Gubetich. “Es un tema muy común y con demasiados insights para hacer clic en todo el público”, revela. Para él, la fuerza de la propuesta está en su alcance: no interpela solamente a quienes tienen hijos, sino a cualquiera que haya visto de cerca un embarazo ajeno, desde cualquier rol dentro de una familia o grupo de amigos.

“Al mostrar eso con humor y reírnos de algunas cosas que en la vida real no son simpáticas, podemos realmente abrir una conversación sobre lo que vivimos las mujeres al dar ese paso tan importante a la maternidad”

Andrea Quattrocchi

Letizia Medina, que se sumó tras volver a las tablas en 2025 después de siete años de ausencia, apunta a otro factor. Además de su vínculo con el director, la convenció el equipo: “Son compañeros jóvenes, copados, soñadores. Muy maduros y serios en su trabajo”. Y algo más que subraya con énfasis: los textos son paraguayos, los actores también y la producción es local. “Me gusta apoyar este tipo de proyectos, de gente que toma las riendas de su carrera y decide producir”, asegura.

Todo lo que hay alrededor

Si hay un motor que empuja la obra, es una pregunta que casi toda mujer oyó alguna vez. “Hay que tener, ¿para cuándo el bebé?”, plantea Letizia Medina al describir de qué trata la pieza. Y lo que sigue a la respuesta, cuando por fin llega, rara vez es un asunto de a dos, y es parte central de Dulce espera. “La puesta muestra las reacciones desde diferentes roles: mamás, papás, tíos, tías y ahora con énfasis también en las abuelas”, cuenta Leti. Ahí aparece uno de sus ejes: la relación entre las suegras y las consuegras, esa alianza forzada entre familias que, de pronto, comparten un nieto.

Medina hace de la mamá del futuro padre y no esquiva lo que eso significa: “Es una suegra, con todo lo que eso implica”, dice riendo. Pero aclara que la obra no viene a demonizarlas: “Lo que ellas hacen es por amor a sus hijos y, sobre todo, a los nietos”.

Letizia Medina.

Del otro lado está Sarita, madre de la embarazada, a cargo de Natalia Cálcena, que la define como “una mamá y suegra supuestamente abierta, naturalista y algo mística”. Lo que la enganchó del papel fue justamente su ambivalencia: “Se cree superada, pero por momentos se comporta con inmadurez, alienante”. Ella admite que le costó encontrar puntos de contacto porque “no es madre, suegra ni mística”. Aunque, entre risas, admite que es bastante contradictoria. Y desde esa distancia construyó su rol: “Me pregunto cómo hubiera sido yo en la vida real en una situación como esta. Pero esa es la grandeza de la actuación: llevarte a escenarios distantes e impensables”.

Las dos actrices coinciden en algo: estas no son las abuelas de antes. “Atrás quedaron las abuelitas que conocíamos”, sostiene Medina, y añade: “Ambas son modernas, también queremos mostrar cómo son hoy”. Este cruce generacional que Robles describe también habla de los hábitos y roles sociales que cambiaron alrededor de un acontecimiento humano que siempre existió: el de la espera de un bebé.

“La comedia, sin el aporte creativo actoral, no tiene ese ritmo tan importante para generar divertimento”

Hugo Luis Robles

En medio de ese fuego cruzado se encuentra la pareja. El personaje de Andrea es una mujer volcada a su trabajo y sus ambiciones profesionales. Recién casada, se entera de sorpresa de que está encinta. “Ella lo toma como un embarazo adolescente, pero no lo es”, describe la actriz. Lo que sigue es un descubrimiento en cadena: cómo cambia su vida, la mirada de su círculo sobre ella y las presiones del marido, la madre, la suegra y los amigos. Para construirla, Quattrocchi se buscó a sí misma y sus amigas. “Estoy en la edad en que todas las mujeres alrededor dan el paso a la maternidad o piensan si sí o no”, cuenta. Tiene 37 años y sostiene que eso trae una importante carga de decisión, de sentirse preparada, saber si alguien acompañará el proceso.

Natalia Cálcena

De eso surge un aspecto incómodo, según la visión de Medina: a la futura madre se le hace sentir “como un envase”, como si lo único importante fuera el bebé. La comedia sirve, en ese sentido, para diseccionar con humor. “La obra mira las cosas desde una perspectiva cómica”, explica, “pero también es como para protestar un poquito”.

Los hombres encarnan roles importantes en la puesta. Ato Gómez es un adulto de su edad que lidia con lo que llama la “pérdida de independencia que supone ser papá”, un territorio que conoce de cerca sin haberlo habitado todavía: “Mi círculo de amigos, primos y hermanos están lidiando con esa situación”, dice. “Las reuniones de amigos o de familia casi siempre son sobre eso: cómo la paternidad les cambia, qué les saca, qué les da, qué dice la suegra, la consuegra”, reflexiona. Gubetich, por su parte, hace del mejor amigo de la pareja, el que oficia de mediador entre todos: los padres primerizos, las abuelas que meten la cuchara y las nuevas expectativas que cumplir.

Para Medina, la ironía está en el título mismo. La obra habla de lo hermosa que es la llegada de un bebé y lo esperada que suele ser, pero también de lo que se suma. Y de algo más, el mayor guiño de reconocimiento hacia el público: “Uno dice ‘esto nunca quiero ser’, pero termina siendo todo eso, repitiendo las cosas que uno critica”.

Fran Gubetich.

Un código común

El elenco reúne a intérpretes de escuelas distintas, y, para Robles, esto forma parte de la riqueza de la obra. “Andrea es supermetódica, estructurada, viene de la danza. Ato es sumamente natural. Leticia es clownesca; Natalia, del cine”, enumera. Lejos de representar un obstáculo, lo tomó como materia prima: “Al contrario de verlo como un problema, es una ventaja”. El trabajo consistió en encontrar un código compartido, un mismo lenguaje escénico. “Todos aprendimos un poco de todo”, sostiene.

“Me gusta apoyar este tipo de proyectos, de gente que toma las riendas de su carrera y decide producir”

Letizia Medina

Su método incluye una dosis alta de libertad para el elenco, que no es una concesión, sino una necesidad del género para él. “La comedia, sin el aporte creativo actoral, no tiene ese ritmo tan importante para generar divertimento”, explica. El texto estaba escrito, pero los detalles que los intérpretes agregaron en los ensayos quedaron en las escenas. “Lo que funciona siempre suma y hace que el proyecto crezca”, subraya.

Ato Gómez admite que llegó con un poco de miedo, es su primera vez trabajando con el director. “En la comedia es muy importante la libertad, y en ese aspecto cuadramos superbien con Hugo. Él me deja probar cosas, agregar, me dice si sirven. Si no, me potencia incluso más”, reconoce. “Aportamos mucho de nuestra vivencia, humor y picardía. Se siente como que la obra es siempre nuestra”, describe Andrea.

Ato Gómez.

Para Cálcena, el saldo del proceso fue el buscado: “Quería divertirme principalmente, y eso se logró; me reí mucho en los ensayos”. Robles concuerda con un tinte predictivo: “La pasamos muy bien preparando todo. Y si nosotros ya nos hallamos, el público también va a pasar un momento estupendo”. De este grupo destaca algo que no siempre acompaña a las figuras conocidas: “Hay mucha humildad al momento de trabajar; hay escucha, intercambio de ideas, apoyo. No existe el divismo”.

Lo que el equipo busca en el público es, en primer lugar, generar mucha risa. “Que arranquen con carcajadas”, es lo que espera Ato. Enseguida reflexiona sobre otra dimensión de la obra, la que convoca a la familia en la espera. “Vos que vas a ser papá o mamá, no vas a pasar esto solo, nos toca a todos”, asegura, y agrega: “Si se ve desde el lado cómico, se disfruta mucho más. Pero traer una vida al mundo no es joda”.

Al final de cuentas, Dulce espera apunta a que el público sienta cercanía, alegría, y reconozca en escena a una tía, una madre o incluso a uno mismo. Andrea, que llevó el tema al teatro desde su experiencia, siente que va más allá de las tablas: dice que la puesta nace de la verdad y la sensibilidad hacia la sociedad paraguaya actual, de verse reflejada en las mujeres que atraviesan lo mismo y encontrarse a sí misma en escena.

Por eso, Quattrocchi insiste en que el humor no es un complemento, sino el modo de llegar: “Al mostrar eso con humor y reírnos de algunas cosas que en la vida real no son simpáticas, podemos realmente abrir una conversación sobre lo que vivimos las mujeres al dar ese paso tan importante a la maternidad”.

Recomendados

Sin Comentarios

    Dejar un comentario