Columna

Los estragos del tiempo

El precio de la creatividad postergada

Por Aura Zelada (@aurazelada.pro), comunicadora digital y mentora

Yo sí me consideré una persona creativa, siempre. Pero con el paso de los años, la adultez, la maternidad y las obligaciones, mi cerebro se acostumbró a pasar más tiempo en modo ejecutivo que en creativo. 

Empecé a sentir las consecuencias de la falta de flexibilidad mental. Sin darme cuenta, dejé de distraerme con el paisaje, de perder tiempo imaginando cosas, de aburrirme y jugar con ideas. Mi mente se volvió extremadamente eficiente para resolver pendientes, organizar tareas y producir, pero cada vez menos flexible para crear. 

Entonces empecé a investigar cómo funciona una mente con creatividad. Aunque tenemos cerebros con una estructura bastante similar, no todos lo usamos de la misma manera. Al igual que un atleta de alto rendimiento, una persona altamente creativa desarrolla hábitos específicos y obtiene resultados extraordinarios. 

Después de aprender con Shelley Carson, doctora experta en el campo —una Sascha Fitness de la creatividad—, me gusta pensar en el cerebro como una casa con varias habitaciones, cada una de ellas construida con un propósito especial. Una sala para absorber ideas del mundo exterior, un cuarto para visualizar cosas que aún no existen, una recámara especial para conectar fragmentos de información y experiencias propias. Pero, ¿qué pasa si tenemos esta enorme vivienda (nuestro cerebro) y solo habitamos las mismas piezas siempre (la red neuronal)? 

Esto fue lo que escuché de la Dra. Carson en su charla TED, en la que explica la diferencia entre un cerebro en estado ejecutivo y uno en estado predeterminado (a mí me gusta llamarlo “creativo”). En el ejecutivo, la mente usa más el razonamiento y la evaluación, y en modo creativo está más dispuesto a absorber, conectar y visualizar. 

La especialista afirma que las personas altamente creativas suelen pasar más tiempo en estados de apertura mental. Ahora, ¿cuáles son y cómo lograrlos? 

Absorción

En este estado, las chispas de creatividad nos sorprenden con tal fuerza que parecen ajenas, como si una voz externa nos susurrara al oído; una sensación fascinante, pues las ideas fluyen en cascada, una tras otra, y dan la impresión de que alguien más las dicta. Muchos autores sienten esto al escribir libros o componer canciones. 

¿Cómo lograrlo? Hay que darle espacio a tu cerebro para bajar el control. Meditar, pasar tiempo en la naturaleza o tomarte una ducha tranquila hacen que tu mente se relaje, y permiten que se creen nuevas conexiones que normalmente el ruido cotidiano bloquea. Seguramente ya te pasó que las mejores ideas te llegaron mientras te duchabas, manejabas tranquila o incluso en sueños. 

Conexión

Es un estado de pensamiento divergente en el que lográs generar múltiples soluciones a problemas y se hacen conexiones entre fragmentos de información que suelen estar muy poco conectados. ¿Alguna vez te pasó que entendiste algo importante sobre tu trabajo viendo una película que aparentemente no tenía nada que ver con eso? ¿O encontraste una forma distinta de hablarles a tus hijos mediante algo que aprendiste en una reunión laboral? Estos enlaces se dan en el pensamiento divergente. 

¿Cómo lograrlo? Elevá tu estado de ánimo. Sí, la Dra. Carson recomienda realizar actividades que nos animen, como salir de compras, jugar vóley, andar en bici, ir a la peluquería o charlar con amigos (personas vitamina). Qué lindo saber que mientras hacemos estas accciones estamos ayudando a desarrollar nuestra creatividad, ¿no? 

Visualización

Es un estado (mi favorito) dedicado a las imágenes mentales. Es la capacidad que tenemos los seres humanos de imaginar, de ver algo con los ojos de la mente, antes de que se materialice. Este es un sello distintivo del pensamiento creativo y una habilidad que se mejora con la práctica.  ¿Cómo lograrlo? Practicá la visualización. Todos los días, unos minutos, cerrá los ojos y llevale a tu mente a un lugar donde experimentes serenidad, gozo pleno; puede ser una playa, un bosque, el patio de la casa de tu infancia o incluso un sitio que ni siquiera visitaste aún. Agregá cada vez más detalles a la experiencia. Vas a ver cómo con la práctica mejora tu capacidad de imaginar. 

Solo el primer paso

Estos estados mentales te ayudarán a desarrollar tu creatividad, pero lo más importante de entender aquí es la flexibilidad. El desafío es pasar de un estado a otro, del creativo al ejecutivo y viceversa; de nada sirve tener tantas ideas sin poder organizarlas para llevarlas a cabo. 

Es probable que vos, así como yo, con la vida adulta y sus responsabilidades, hayas dejado de jugar, de distraerte con el paisaje o de “perder” el tiempo. Porque caíste en la trampa de la productividad compulsiva y, sin darte cuenta, tu cerebro se acostumbró a operar más en modo ejecutivo y ya casi nada en el creativo. 

Ahora ya sabés que tu mansión es enorme. Salí un rato de esa sala de trabajo y andá al jardín, a la sala de juegos, a esas otras habitaciones que nunca exploraste. Encendé sus luces y descubrí qué hay.

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