Arte

La creación de Luis Torres

Revelar la presencia invisible que habita la materia

Como arquitecto y artista, Luis Torres es sobre todo un observador atento del mundo natural, ese que vemos y también percibimos. Su nueva exposición individual, Campo de apariciones, desarrollada específicamente para K Arte y Naturaleza, deja entrever lo que se esconde en el rabillo del ojo y no podemos realmente nombrar.

Por Patricia Luján Arévalos. Producción: Sandra Flecha. Fotografía: Fernando Franceschelli.

Luis Torres tuvo un acercamiento temprano a la creación artística; específicamente, su interés se originó en la infancia. Aunque, ¿es realmente correcto decir que “nació” durante su niñez o, más bien, lo que pasó es que descubrió dentro de sí mismo algo que no sabía nombrar, pero sí percibir?

Como el menor de siete hermanos, pasaba largas horas solo, pero no se refiere a ello de manera negativa. Sucede que no hablamos de la soledad más absoluta, sino una rodeada por la naturaleza, un universo infinito que se abría ante su inocente mirada. “Observaba insectos, ramas, hojas movidas por el viento, pequeñas vibraciones de la vida. Con el tiempo comprendí que en esas presencias había algo más profundo que lo visible. El arte nació como la necesidad de responder a ese misterio”, comenta.

Hasta ahora eso ocupa un espacio central en su proceso creativo. “La naturaleza es la gran maestra de las formas”, dice sin dudar; “en ella todo nace sin imposición, como si cada una respondiera a una inteligencia silenciosa. Mi trabajo intenta aprender de esa lógica profunda: permitir que las formas aparezcan como si hubieran estado siempre allí, esperando ser reveladas”.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Su impulso interior se reafirmó con el tiempo y, de adulto, encontró un oficio al cual dedicarse: “La arquitectura llegó como una disciplina con la cual entendí el espacio, la estructura y la tensión de las formas. De algún modo ambos se encuentran: la arquitectura organiza el espacio y el arte revela lo invisible que habita dentro”.

Un recuerdo intenso

Hay personas que ya no recuerdan la primera vez que hicieron algo: el primer beso, la primera degustación o la primera creación. Luis Torres no es una de ellas.

Hablar de su primera exposición es casi una regresión al momento exacto, una especie de viaje astral con todas las sensaciones y emociones que acompañaron su debut en la escena artística nacional.

Su aparición como artista fue en 1983, cuando ganó el Premio del Museo de Arte Contemporáneo: “Exponer fue abrir una puerta interior y permitir que otros entren. Había una mezcla de vulnerabilidad y alegría. Por primera vez, aquellas intuiciones silenciosas que nacieron en la soledad se encontraban con la mirada de los demás”.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Más de 40 años han transcurrido desde entonces y su evolución nunca se detuvo. “Ha sido un proceso de
depuración y escucha”, describe.

Al observar su trabajo de las últimas décadas, cree observar una mayor capacidad de síntesis versus los primeros ensayos a los que dio vida. “Con el tiempo fui comprendiendo que la forma verdadera no se busca: aparece cuando uno permanece el tiempo suficiente en el silencio del proceso”, apunta.

“Al principio, uno cree que debe construir la obra, pero con los años aprende que ya está insinuada en algún lugar y que el verdadero proceso consiste en escucharla. Hoy siento que trabajo menos desde la voluntad y más desde la atención”, agrega.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Campo de apariciones

Es el título que dio a su nueva exposición personal. Esta vez, sus esculturas encontraron hogar en K Arte y Naturaleza, con una muestra site-specific que se desarrolló para este espacio en particular, en diálogo con el lugar.

De todas las expresiones posibles, se decantó por las esculturas, porque “tienen una cualidad muy especial: permiten que lo invisible tome cuerpo en el espacio. Las formas dejan de ser imágenes y se vuelven presencias que conviven con nosotros, que reciben la luz, el tiempo y la mirada del espectador”.

Como compañero de su Campo de apariciones, Luis Torres presentó un escrito. En él, habla de una urgencia por dar forma a aquello que ya existe antes de expresarlo. Al consultarle si tuvo éxito en esa misión, descarta la palabra y la reemplaza por “búsqueda permanente”. “Ese territorio previo es extremadamente sutil. Las esculturas no lo describen; apenas lo rozan. Son como huellas o apariciones que emergen cuando uno logra permanecer en ese umbral entre lo visible y lo invisible”, describe.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Y si la naturaleza es una maestra omnipresente en su entorno, lo espiritual se decanta como una condición interior que lo guía en la travesía que implica cada nueva muestra. “Crear implica entrar en un estado de atención en el que la mente se aquieta y algo más profundo se manifiesta. En esos momentos el trabajo se vuelve una forma de contemplación”, dice Luis.

Pero, ¿qué significa alcanzar un estado de atención sostenida en el que la forma no es impuesta sino revelada? “Implica escuchar”, sentencia, y agrega: “Escuchar la materia, el gesto, las pequeñas señales del proceso. Cuando la atención se sostiene, algo empieza a aparecer. La forma ya no es una decisión, es una consecuencia”.

Lo que este proceso requiere de él es estar totalmente presente. El artista lo explica en palabras sencillas, entendibles, con una claridad envidiable: “Implica que, por un momento, todo se vuelve nítido. La relación con la materia, el espacio y el gesto se hace directa. En ese estado, cada mínima acción adquiere un sentido profundo”.

Y, por supuesto, la selección de K Arte y Naturaleza tuvo injerencia en la creación: “El lugar irradió una influencia muy fuerte; fue ligeramente intervenido en sus espacios, relaciones, colores y vacíos. Como consecuencia, se volvió un sitio en el que el mundo natural y la arquitectura dialogan de manera muy viva. Las obras nacieron mientras escuchaba ese entorno, como si la locación misma sugiriera ciertas presencias”.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Lejos de un taller propio, donde la creación se desarrolla independientemente de las miradas externas, Luis decidió crear piezas site-specific porque le interesaba que “las esculturas no fueran objetos aislados, sino apariciones que surgieran en relación con el espacio. Así, el lugar, la luz y el recorrido del visitante forman parte de la obra”.

Más de 60 piezas configuran una exposición que se lee como un “pequeño campo de presencias”, en palabras de su creador: “Cada obra dialoga con las otras y con el entorno, lo que crea una especie de tejido silencioso dentro del espacio”.

Todas fueron creadas con una combinación de madera, hierro, resina y cuero, y tratadas para que conserven la cercanía con lo natural. Está en el interés de Luis ayudar a su materia prima a mantener cierta vitalidad y memoria propias, una manera de permitirle la capacidad de “seguir hablando incluso después de transformada”.

El resultado es un viaje que inicia en la mirada y termina por envolver al público completamente, que descubre espectros con el rabillo del ojo, imágenes que se transforman con cada observación y develan nueva información en cada intrincado detalle.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Al contemplar su creación en conjunto, ¿qué sensaciones le atraviesan? “Siento una mezcla de asombro y gratitud. Me sorprende ver cómo, a partir de un proceso tan silencioso, aparece un conjunto que parece tener vida propia. Cuando las obras se reúnen, el espacio cambia, se vuelve un lugar de pausa, de contemplación”, explica.

“En el fondo, cada obra es un intento de acercarse a un misterio que nunca termina de revelarse. Uno trabaja, escucha, espera… y, a veces, algo aparece”, dice Torres, solo unos días después de la inauguración de este nuevo hito en su carrera.

Campo de apariciones es el capítulo más reciente de la búsqueda que mencionó, la de dar forma a lo que no se puede nombrar y habita las sombras del subconsciente, en el limbo entre lo que aún no es y está por ser: “Las esculturas intentan decir eso que va más allá de las palabras. Nacen precisamente allí. Si al encontrarse con ellas alguien percibe, aunque sea por un instante, una vibración más profunda de la realidad, entonces cumplieron su verdadero sentido”.

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