Nueva identidad de la condición hormonal
Tras un histórico consenso global liderado por la Universidad de Monash y publicado formalmente por la revista especializada The Lancet, la comunidad científica sugiere otra nomenclatura para el síndrome de ovario poliquístico, que afecta a una de cada ocho mujeres en el mundo. Ahora se denomina síndrome de ovario metabólico poliendocrino, cambio realizado porque el nombre anterior no describía realmente la complejidad de la condición, y provocaba diagnósticos tardíos y desinformación.
Por Eve Benegas
Luego de analizar datos de más de 7700 pacientes, enviados por médicos de seis continentes, especialistas llegaron al acuerdo de promover el uso de una nueva terminología para lo que antes se conocía como el síndrome de ovario poliquístico (SOP). Desde ahora, el síndrome de ovario metabólico poliendocrino (SOMP) se convierte en la denominación, que va mucho más allá de los ovarios y la fertilidad.
Aunque el proceso de adopción será gradual y aún atraviesa una etapa de transición internacional, ginecólogos y endocrinólogos coinciden en que el cambio representa un avance importante tanto para los profesionales como para los pacientes.

La doctora Patricia Boggino, ginecóloga especializada en endocrinología ginecológica, explica que el nombre refleja mejor lo que hoy se sabe: “Durante años conocimos esta enfermedad como síndrome de ovario poliquístico, pero en verdad es un trastorno que involucra múltiples sistemas hormonales y metabólicos del cuerpo”.
En la misma línea, para el ginecólogo César Maldonado el viejo nombre generaba una visión reducida del problema: “El foco estaba solo en los ovarios, lo que llevaba a que tanto médicos como pacientes pasaran por alto otras señales importantes. Hoy se sabe que es una condición ginecológica, endocrinológica, metabólica y hormonal”.
Históricamente, un diagnóstico de SOP venía acompañado de una carga de ansiedad. “Definitivamente, la palabra ‘quiste’ pesa en la cabeza. Las pacientes llegaban preocupadas por tener tumores peligrosos. En realidad, esos folículos que se observan no son cúmulos patológicos, sino óvulos que no maduraron debido al freno hormonal”, explica la doctora Boggino. Y es que la terminología anterior remitía a cirugía, y para el doctor Maldonado el cambio soluciona ese susto innecesario.
Según el artículo en The Lancet, el cambio terminológico responde fielmente a los avances genéticos a gran escala y la síntesis de evidencia clínica, que confirman de manera unánime que se trata de un trastorno multisistémico complejo con orígenes poligénicos que interactúan en vías neuroendocrinas, metabólicas y reproductivas.
La nueva perspectiva coloca bajo la lupa aspectos fundamentales del estilo de vida que antes quedaban relegados en el abordaje médico. “Muchas mujeres tomaban por años anticonceptivos sin que nadie les hablara de alimentación, actividad física o resistencia a la insulina”, dice Maldonado.

Mucho más que irregularidades menstruales
Entre los síntomas más frecuentes aparecen ciclos menstruales irregulares, ausencia de ovulación, dificultades para lograr un embarazo, acné persistente, crecimiento excesivo de vello corporal, caída del cabello y aumento de peso, especialmente en la zona abdominal.
Maldonado explica que muchas pacientes consultan porque pasan meses sin su periodo: “Algunas menstrúan cada dos a seis meses, o incluso una vez al año. A otras directamente se les corta”. También cita manifestaciones que suelen pasar desapercibidas, como piel grasa, manchas, uñas frágiles y pérdida de cabello.
Esta condición influye en la salud integral de la mujer mucho más allá de la fertilidad. “El SOMP puede estar asociado a hígado graso, hipertensión arterial, diabetes, alteraciones del colesterol, inflamación crónica y enfermedades cardiovasculares”, detalla la doctora Boggino. Tampoco es extraño que aparezcan señales menos conocidas, como el oscurecimiento de ciertos pliegues de la piel. Esta condición, llamada acantosis nigricans, suele relacionarse con la resistencia a la insulina.
Cuando la ecografía no cuenta toda la historia
Uno de los mayores mitos asociados al antiguo SOP era la idea de que el diagnóstico dependía necesariamente de encontrar ovarios poliquísticos en una ecografía. Los especialistas aclaran que ya no es así. “Pueden presentarse alteraciones hormonales y signos clínicos característicos sin estas señales”, dice Boggino.
Al respecto, Maldonado agrega que existen distintos fenotipos o presentaciones clínicas del síndrome. “Hay pacientes con alteraciones hormonales y menstruales, pero con ovarios ecográficamente normales. Siguen teniendo la enfermedad aunque la ecografía no muestre los hallazgos clásicos”, explica. Este es precisamente uno de los argumentos que impulsaron el abandono progresivo del término “poliquístico”.
¿La pastilla anticonceptiva sigue siendo la solución?
Durante años, recibir el diagnóstico significó para muchas mujeres salir de la consulta con una receta de anticonceptivos. Sin embargo, el enfoque actual apunta a tratamientos más amplios e individualizados. Boggino dice que los contraceptivos siguen siendo una herramienta válida para regular ciclos y controlar síntomas asociados al exceso de andrógenos, pero ya no deben considerarse la única respuesta. “Hoy sabemos que es fundamental abordar la alimentación, la actividad física, la calidad del sueño, el manejo del estrés y las alteraciones metabólicas”, asegura.
Maldonado es aún más enfático: “La pastilla puede ocultar síntomas, pero no necesariamente corregir el problema de fondo”. El médico explica que muchas pacientes recuperan sangrados regulares gracias a los anticonceptivos, pero eso no implica que la condición metabólica haya mejorado. Por eso insiste en que el tratamiento moderno debe contemplar múltiples dimensiones y adaptarse a las necesidades particulares de cada mujer.
Un abordaje ampliado
La urgente necesidad de trabajar de manera multidisciplinaria fue uno de los motores para el cambio de paradigma. Aunque el ginecólogo sigue siendo la figura central, ya que suele ser el primero en detectar el problema, el equipo ideal para encarar el SOMP incluye endocrinólogos, nutricionistas, médicos especializados en estilo de vida, dermatólogos, psicólogos y profesionales de actividad física. “El objetivo es abordar todas las dimensiones de la enfermedad y no únicamente los síntomas ginecológicos”, dice Boggino.
El camino hacia la unificación del SOMP no será automático, la comunidad científica estima un periodo de transición global de unos tres años, con la actualización de la Guía internacional en 2028. Es probable que esta modificación sea incorporada próximamente por organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Ginecología, pero ya se utiliza en publicaciones, libros especializados y, gradualmente, en los registros diagnósticos de hospitales y centros de salud.
Ponerle el nombre correcto a la condición es, finalmente, el acto de justicia médica que le devuelve a millones de mujeres el control sobre sus propios cuerpos.




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