Psicología

¿Es posible sanar la relación entre madre e hija?

El delicado equilibrio de reconstruir el vínculo

Por Laura Persingola, psicóloga y mentora. En Instagram como @psic.laurapersingola

Hay vínculos que nos marcan para siempre. Y el de la madre es, probablemente, uno de los más profundos, complejos y sensibles. Porque ahí donde debería haber refugio, a veces también hay heridas. Y donde hubo amor, muchas veces también hubo dolor.

En fechas como el Día de la Madre suele hablarse de gratitud, de celebración, de lo incondicional. Y sí, hay mucho de eso. Pero también hay otra realidad que tantas mujeres viven en silencio: relaciones difíciles, distantes, cargadas de tensiones, de expectativas no cumplidas y de palabras que faltaron o que dolieron demasiado.

Hablar del dolor

Hay hijas que crecieron sintiendo que tenían que ser fuertes para sus madres. Que aprendieron a leer estados de ánimo antes de expresar los propios. Que se adaptaron, callaron e intentaron ser “lo que mamá necesitaba” para recibir amor, aprobación o simplemente tranquilidad y calma.

Y aunque cada historia es distinta, hay algo que se repite: una sensación profunda de no haber sido vistas del todo.

Muchas crecieron con madres emocionalmente inmaduras; otras, con mujeres desbordadas por sus propias historias no resueltas; algunas, con personas críticas, exigentes, ausentes e impredecibles.

Y aunque cada historia es distinta, hay algo que se repite: una sensación profunda de no haber sido vistas del todo. Eso duele, y mucho: no poder ser niña, tener que entender demasiado temprano, buscar amor en formas que no siempre eran correspondidas.

Pero hay algo importante que también necesita ser dicho: reconocer ese dolor no es faltar el respeto y hablar de lo sucedido no es actuar como una malagradecida, sino simplemente ser honesta con la propia historia. Sanar no empieza por negar lo que pasó, sino con la capacidad de mirarlo.

Sanar no es convertir la relación en perfecta ni olvidar lo que dolió; tampoco justificar todo en nombre del amor.

Un camino de a dos

La interrogante, entonces, no es solo si existe la posibilidad de sanar la relación entre madre e hija, sino ¿qué significa eso? Sanar no es convertir la relación en perfecta ni olvidar lo que dolió; tampoco justificar todo en nombre del amor. Es, muchas veces, construir un vínculo más consciente, claro y real. A veces, más cercano; a veces, con mayor distancia, pero más paz.

Para que eso ocurra, hay algo fundamental: la responsabilidad no debería recaer solo en la hija. Por mucho tiempo se instaló la idea de que los hijos tienen que comprender, perdonar, adaptarse; que crecer implica “entender” a mamá. Y si bien la empatía es importante, no puede ser un camino de una sola dirección.

Las madres también son responsables del vínculo. Pueden —y necesitan— revisar sus formas y heridas, sus maneras de vincularse. Deberían ser capaces de pedir perdón, decir “no supe hacerlo mejor”. Y buscar ayuda.

Las madres también son responsables del vínculo. Pueden —y necesitan— revisar sus formas y heridas, sus maneras de vincularse.

Porque hay algo muy poderoso en una palabra que muchas hijas esperan durante años: “Perdón”. No superficialmente. No un “lo siento si te sentiste así”. Sino un reconocimiento real del dolor causado. Un gesto de humildad emocional. Una apertura genuina a reparar.

A veces, la distancia entre una madre y una hija no es tan grande como parece. En ocasiones, está a una conversación pendiente, a una escucha sin defensas o a un intento sincero de entender sin justificar.

¿Se puede sanar sola?

Pero también es importante decirlo con claridad: no todas las madres están disponibles emocionalmente para ese proceso. Y eso duele de otra manera.

Duele cuando hay rigidez. Cuando todo intento de diálogo se transforma en conflicto. Cuando la madre se cierra, se victimiza o no es capaz de asumir su parte. Cuando el ego, el miedo o la negación pesan más que el vínculo.

Sanar también puede implicar aceptar lo que no es. Dejar de esperar lo que quizás no va a llegar.

En esos casos, sanar también puede implicar aceptar lo que no es. Dejar de esperar lo que quizás no va a llegar. Y empezar a construir una forma de vincularse que proteja más a la hija, aunque no sea la ideal.

Sanar no siempre es reconciliarse, a veces se trata de poner límites y tomar distancia emocional. A menudo el camino a la sanación del vínculo inicia al dejar de intentar cambiar al otro y empezar con el autocuidado.

Cómo empezar

Para las hijas, algunos caminos posibles pueden ser nombrar lo que sienten, aunque no siempre sea recibido como esperan; dejar de minimizar su dolor para sostener el vínculo; trabajar en terapia lo que no pudo ser reparado en casa; diferenciar entre comprender a su madre y justificar lo que dolió; permitirse construir relaciones más sanas, incluso si eso implica redefinir el vínculo materno.

Este tipo de relaciones pueden sanar, pero no desde la exigencia ni desde la culpa.

Para las madres, el desafío es igual de profundo: escuchar sin interrumpir ni defenderse inmediatamente; validar la experiencia emocional de sus hijas, aunque no coincida con su intención; revisar sus propias heridas y cómo impactaron en la crianza; animarse a pedir perdón sin condiciones; buscar ayuda profesional si sienten que no pueden solas.

La maternidad no es perfecta, implica responsabilidad emocional y eso incluye revisar, aprender y cambiar.

Este tipo de relaciones pueden sanar, pero no desde la exigencia ni desde la culpa. Sanan cuando hay verdad, apertura y voluntad de ambas partes. Cuando amar deja de doler.

Tal vez este Día de la Madre no sea solo una fecha para celebrar, sino también una oportunidad para mirar el vínculo con más honestidad.

Tal vez este Día de la Madre no sea solo una fecha para celebrar, sino también una oportunidad para mirar el vínculo con más honestidad, para animarse a decir lo que nunca se dijo. Para escuchar lo que quizás cuesta. Para empezar, aunque sea de a poco, a construir algo distinto.

No se trata de tener una relación perfecta. Se trata de tener una relación más consciente, real y humana. A veces, eso empieza con algo tan simple y tan profundo como dejar de hacer como si nada pasó y empezar, por fin, a hablar.

¿Qué necesitás hoy para empezar a construir un vínculo más sano, aunque no sea perfecto?

Recomendados

Sin Comentarios

    Dejar un comentario