Bienestar

Prepará tus plantas de interior para el verano

Una guía simple para jardineros amateur

La temperatura se va intensificando a medida que se acerca el verano y las plantas de casa, como todos los seres vivo, no están ajenas a sufrirlo, especialmente si no prestamos atención a las necesidades de la temporada. En esta brevísima guía, te explicamos de forma directa y sencilla cómo preparar tu pequeño jardín interior para soportar las olas de calor de la época, y mantenerlas saludables y en crecimiento.

Para quienes amamos las plantas, no hay mayor satisfacción que el nacimiento de un nuevo brote. Los más ansiosos rastreamos el crecimiento desde la protuberancia más incipiente hasta el asomo de una hoja, pero a otros nos sorprende la vaina en pleno proceso de apertura. La pescamos con el rabillo del ojo, sin siquiera prestar atención, a veces en medio de una tarea.

Pero no debería ser tan así. Las plantas nuevas de nuestra casa pueden pasar desapercibidas en el día a día, claro, pero así como prestamos atención al cocinar, a la limpieza de una habitación o a nuestras mascotas, es fundamental apartar un momento para observar y cuidar de las múltiples macetas que tenemos distribuidas por ahí.

Un momento de paz y conexión

La mayoría de los problemas de nuestras plantitas puede ser atribuida a la ausencia de atención: exceso (o falta) de riego, proliferación de pestes, crecimiento deficiente, por citar algunos. Quizás suene como una tarea más que debemos sumar a la ya extensa lista que tenemos que resolver, pero una vez que empezás a cuidar mejor de ellas, va a dejar de sentirse como una obligación tediosa y se convertirá en lo que realmente es: un momento de conexión con el presente, con lo que tenemos en frente, un periodo que puede ir de 15 minutos a un par de horas, según tu colección personal.

La primera parte es la más difícil, simplemente porque significa dar el primer paso, que es acercarte a la planta y limpiarla hoja por hoja. ¿Cómo lo hacemos? Hay muchas maneras, pero todas implican un paño y mucha paciencia.

Hay diferentes soluciones líquidas que se pueden utilizar para limpiarlas. En los supermercados, ferreterías y tiendas especializadas en jardinería encontraremos jabones para hojas o abrillantadores que se aplican directamente y luego se retiran con un trapito de algodón. Los paños de microfibra también funcionan perfectamente para retirar el polvo de forma muy eficiente y no son muy pesados.

El tamaño de los trapitos es importante porque esta parte de la rutina se debe hacer con cuidado, especialmente con aquellos follajes que apreciamos por sus detalles o entramados. Un paso en falso puede hacernos escuchar un fatídico crujido que, sin falta, vamos a confirmar con una hoja total o parcialmente rota.

La limpieza se hace del derecho y del revés. Del derecho porque es donde se acumula la mayor cantidad de polvo. Del revés, porque allí es donde la mayoría de los bichitos se esconde para alimentarse de tus plantitas.

La limpieza se hace del derecho y del revés. Del derecho porque esa es la cara visible de la planta y es donde se acumula la mayor cantidad de polvo. Las especies de interior se extraen de su hábitat, donde existen corrientes de aire que naturalmente hacen ese trabajo de limpiarlas para evitar o minimizar la ocurrencia de pestes. Del revés, porque allí es donde la mayoría de los bichitos se esconde para alimentarse de tus plantitas.

Este proceso es de lo más simple que hay y significa la mitad del esfuerzo que vas a tener que hacer, y, asimismo, trae los mayores beneficios. Este paseo te va a dar información útil a través de una inspección visual y manual. ¿Qué estamos buscando? Señales de insectos y hongos, decoloración en las hojas, mordiditas, nidos, telas de araña, estado del riego y de la tierra de la plantera, tamaño de la planta en relación con su maceta y hasta podremos notar nuevos brotes o, en contraste, la falta sostenida de estos.

Y si bien hay varias recetas caseras para realizar esta limpieza, es muy fácil equivocarse en las proporciones y causar un pequeño desastre. Si no podés invertir ahora mismo en un producto de limpieza como los mencionados más arriba, lo mejor es simplemente usar agua: mojá directamente el paño antes de empezar en vez de rociar las hojas.

¿Y si tengo bichitos?

Digamos que estás paseando entre las planteras, pensando en las cosas trascendentales que nos vienen a la cabeza cuando nos encontramos a solas o, tal vez, escuchando algún podcast de crimen verdadero (como lo haría cualquier adulto, no solo yo, ¿verdad?), y notás una señal de alarma como:

  • Manchas.
  • Decoloración.
  • Agujeros extraños o inusuales.
  • Malformaciones u hojas que no se desenvuelven por completo.
  • Un bichito no deseado que te saluda como si su presencia no significara un problema significativo.

A ver, no todos los insectos son indeseados. Las plantas nunca están solas y el suelo en el que viven es un microsistema en el que también habita alguna que otra lombriz, por ejemplo, o insectos con los que desarrollan una simbiosis. El problema comienza cuando la relación entre el bicho y el vegetal es parasítica, y esta peste comienza a alimentarse de sus recursos sin ofrecer nada a cambio. Así como tu ex, más o menos.

La limpieza es muy importante, especialmente en esta época en que conviven el calor y la humedad, un ambiente propicio para plagas. Lo primero que vas a hacer es separar a esa planta de las demás. Podés llevarla afuera o a algún ambiente exterior, como una ventana, si es que vivís en un departamento. Acto seguido, volvé a inspeccionar las macetas aledañas en busca de señales similares.

La limpieza es muy importante, especialmente en esta época en que conviven el calor y la humedad, un ambiente propicio para plagas.

Cochinilla

Este insecto busca la savia de tus plantas y ama ubicarse entre la hoja y el tallo. Lo identificamos por su aspecto algodonoso y blanco. El tratamiento es bastante simple, y si sos de los que no quieren utilizar insecticidas dentro de la casa, podés hacer una solución de agua y jabón potásico (opcional: aceite de neem), que se pulveriza en toda la superficie de la planta. Parte del tratamiento también es remover los bichitos con un trapito que vas a descartar inmediatamente después, para no propagar la plaga.

Pulgones

Estos invasores suelen ser amarillos, verdes y hasta negros, de forma ovalada. Como en el caso de las cochinillas, se deben remover de la planta con un trapito y también podés utilizar una manguera o la ducha. La solución de agua con jabón potásico (opcional: aceite de neem) es muy efectiva para este caso.

Arañitas

Los ácaros pequeñitos de color rojo aparecen con más frecuencia durante el verano porque aman el calor. La mejor forma de prevenir su presencia es con una limpieza periódica. Hay que prestar especial atención a aquellas plantas con telarañas visibles y verificar que no quede ni rastro de los huevitos. Nuevamente, la solución de agua con jabón potásico se convierte en alternativa para los insecticidas.

Trips (o thrips)

Si sos impresionable, no deberías googlear este bichito. O mejor, ¡hacelo! Y garantizá poder reconocerlos cuando lleguen a tu casa (y es muy probable que lo hagan alguna vez). Es muy difícil erradicarlos por completo porque se reproducen muy rápido y saltan de una maceta a otra en un santiamén. Pestañeaste y ya crearon su propia civilización, y están a punto de echarte a vos y a tus mascotas de tu propia casa.

Su lugar preferido es el revés de tus hojas y, ¡adivinaste!, la mejor forma de tratarlos es removerlos con un trapito húmedo. Hay quien aconseja mojar el trapo con alcohol, pero, otra vez, el jabón potásico y el aceite de neem ofrecen las ventajas de ser productos menos industrializados y con efectos comprobables.

Estos pequeños invasores son de color marrón claro y oscuro, pero también negros.

¿Y si no tengo bichitos?

Digamos que al finalizar tu rutina de limpieza estás feliz y enojado al mismo tiempo. ¿Por qué si no hay plagas que se alimenten de tus plantas, vos igual ves hojas amarillentas, con bordes oscuros o, directamente, completamente amarillas?

Hay una buena y una mala noticia. Bueno, en realidad, es una sola noticia y puede ser tanto buena como mala, solamente depende de cómo la tomes. Las plantas son seres vivos y sus hojas mueren de forma natural; aunque lo hagas todo bien, vas a ir perdiendo follaje de vez en cuando porque es el ciclo de la naturaleza.

Lo importante es que tu planta siga lanzando hojas nuevas, la señal inequívoca de progreso. Si no está enferma (es decir, no sufre de plagas, hongos o virus), va a seguir creciendo y vos podés ayudarla a progresar.

Abono de suelo y foliar

Afuera, las plantas viven en el suelo y tienen ecosistemas completos debajo de lo visible, sistemas que hacen posible que compartan nutrientes y se alimenten de la misma descomposición que existe en la tierra. Dicho de manera sencilla, como nuestros ejemplares de interior viven en planteras, no tienen esa facilidad, así que queda a nuestro cargo ayudarlas. Y este momento del año es perfecto para hacerlo.

El primer paso es revisar la salud del suelo. La tierra fértil no es pálida ni compacta, sino de color rico y llena de texturas que facilitan el drenaje del agua. Si no podés hundir cómodamente un escarbadientes en tu plantera, es momento de trasplantar; si hace más de dos años que tenés esa planta de la misma manera, es momento de trasplantar; si ves que las raíces empezaron a crecer por fuera del “pan” de tierra o de la plantera misma, es una señal de que tu planta ya superó las dimensiones de la casita que le diste y (¡adivinaste!) es momento de trasplantar.

Renovar la tierra de una maceta es muy simple y ensuciarte un poco está garantizado. Si no estás acostumbrado a tocar tierra o sos un poco germofóbico, comprate unos guantes gruesos antes de empezar. Se debe manipular el “pan” de tierra con cuidado para no dañar las raíces, aunque tampoco te asustes si perdés unos hilitos durante este proceso. Al momento de replantar, sostené el tallo en medio de la nueva maceta sin aplastar las raíces y andá cargando, de a poco, la tierra. Sacudila a medida que se va llenando para que las se vaya acomodando en este espacio.

Los gurús de las plantas tienen muchas recetas para crear un suelo “perfecto”, pero existe una combinación muy sencilla de elementos fáciles de conseguir en nuestro país: partes iguales de mantillo del bosque y tierra abonada o normal (sin aditivos), y un poco de humus de lombriz. Podés enriquecerla con todo tipo de aditivos más elegantes, si querés, pero te prometo que esta combinación es suficiente.

Si el suelo está en buenas condiciones, igualmente toca abonar y aquí también hay opiniones diversas. Existen soluciones multinutrientes que se diluyen en el agua de riego y es una forma muy sencilla de abordar esta parte del cuidado, pero tenés que asegurarte de acertar en las proporciones para evitar “quemar” tu planta. Un exceso de abono se manifiesta en hojas con bordes quemados, por ejemplo. El abono foliar es otra forma de alimentarla, y muy recomendable durante los periodos de crecimiento, como la primavera y el verano (y cualquier época calurosa). La recomendación es abonar una vez al mes durante estas estaciones.

La veo triste

Es una expresión frecuente para describir a las plantitas que sufren un shock de calor, especialmente en algunas especies. Dentro de casa, hay cosas que se pueden hacer para ayudarlas a sobrevivir al verano, y el sentido común es la brújula perfecta.

En primer lugar, tenés que saber si tu planta es apta para la exposición solar directa, pero la mayoría de las especies de interior no lo son. Si ves manchas oscuras o decoloraciones en sus hojas y no hay ninguna plaga, es posible que esté recibiendo más luz directa de la que debe. “Pero siempre la tuve ahí, cerca de la ventana, y nunca le pasó nada”. Es una preocupación normal, pero hay que considerar que con el paso de las estaciones, también cambia la posición del sol y una ventana que da al oeste no es el mejor lugar para tus plantas.

Estos sencillos actos de cuidado que destinamos a los seres vivos que nos rodean no son más que otra expresión del autocuidado que nos profesamos a nosotros mismos.

La luz indirecta es la mejor y se logra con cortinas o al menos a un metro de distancia de una ventana que mire al oeste. Mucho depende de la disposición de tu casa, pero prestá atención a las señales y andá moviendo tus plantas para probar mejores disposiciones. Un ventilador encendido durante los momentos de mayor temperatura y juntar varias macetas en grupos son dos estrategias que crean microclimas de frescura.

Esta guía no es exhaustiva, pero probablemente te ayude a fijarte en los detalles que precisás y a hacerte las preguntas que nunca antes te habías hecho, de manera a mantener una colección de plantas sanas y felices. A final de cuentas, estos sencillos actos de cuidado que destinamos a los seres vivos que nos rodean no son más que otra expresión del autocuidado que nos profesamos a nosotros mismos.

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