Nota de tapa

Ojos de infancia

La actualidad leída, fotografiada y cuestionada por niños

¿Qué pasa cuando el periodismo cede el lente y la palabra a pequeños protagonistas? En este especial por el Día del Niño, cuatro miradas de entre cuatro y 12 años se convierten en fotógrafos y cronistas de su propio tiempo. Cesia, Leo, Valen y Dante le dejan la pose artificial y la prisa a los adultos para retratar la realidad en su escala. Entre la curiosidad, el arte y la empatía, nos muestran cómo ven el mundo. 

Por Eve Benegas. Fotografía: Cesia Figueredo, Leo González Rivas, Valen Mendes y Dante Franceschelli. 

Crecen en un mundo que no conoce el silencio digital, muy probablemente hicieron sus primeros trazos en papel y también en una app de diseño. Con la hiperconexión y la irrupción de la inteligencia artificial, surge la primera infancia pospandemia.

A menudo, los análisis sociológicos y las miradas adultocéntricas se apresuran a catalogar a esta generación con el rótulo del déficit de atención o dependencia a los dispositivos. Sin embargo, basta con cambiar el ángulo de observación para descubrir una realidad sensiblemente distinta. ¿Qué ocurre cuando les devolvemos la iniciativa? ¿Qué pasa si, en lugar de hablar de ellos o fotografiarlos, les entregamos la cámara y el micrófono para que registren la actualidad?

Fotografía: Cesia Figueredo.

Mientras el ojo adulto camina apresurado y encuadra desde la altura de las responsabilidades, los compromisos y la prisa, la mirada infantil opera bajo otra frecuencia. A ras del suelo, a apenas un metro o un metro y 20 de altura, la realidad recupera su volumen. La pausa que a los grandes les cuesta conseguir en medio de la rutina laboral es, para ellos, la herramienta natural con la que exploran el entorno.

Ahí donde un adulto solo ve la fachada de un edificio o el tráfico de la ciudad, un niño encuentra el ángulo de una flor que observa la arquitectura, la física en el agua de una manguera bajo el sol o la textura de una piedra convertida en testigo de la historia. No buscan la pose impecable ni la simetría pensada para un catálogo; les interesa la verdad del instante, la historia no contada y el juego que encuentran en un momento cotidiano.

Fotografía: Dante Franceschelli.

A través de sus lentes y sus respuestas, esta nota invita a detener el paso y hacer lo que pocas veces logramos en la vorágine diaria: mirar el presente en su escala y escuchar lo que la nueva generación tiene para decir sobre el mundo que habitamos.

CUATRO MIRADAS, CUATRO FORMAS DE LEER EL PRESENTE

 Leo González Rivas

Con solo 5 años, Leo es un niño sumamente curioso, apasionado y autodidacta. Cuando un tema capta su atención, se dedica a investigarlo hasta el mínimo detalle. En los últimos meses volcó su devoción a la astronomía, los dinosaurios, la teoría del impacto del meteorito en Chicxulub y la evolución. Además, desde muy pequeño dibuja, edita videos y demuestra un gran oído musical para el rap y las rimas.

Autoretrato: Leo González Rivas.

El trabajo de Leo es un despliegue de lenguaje transmedia. Capturó un taxi amarillo en movimiento por las calles de Asunción para reflejar la velocidad urbana y luego fotografió una piedra en la vereda. Lejos de dejar la toma ahí, utilizó herramientas digitales para recortarla en Canva, la montó sobre un fondo de ramas y le pidió posteriormente a la IA que generara una escena hiperrealista del meteorito cayendo sobre la Tierra prehistórica. Con su energía y predisposición, nos respondió todo.

Fotografía: Leo González Rivas.

Si pudieras ponerle música de fondo a tu foto del taxi en movimiento, ¿cuál sería?

– Le pondría la canción de Villagrán Bolaños Vibración. “Yo solo quiero que tiemble el piso” [canta].

A vos que te gustan tanto los planetas y los dinosaurios, si pudieras viajar en el tiempo, ¿qué te gustaría ir a grabar?

– Me gustaría grabar el día en que se extinguieron los dinosaurios. Vi un video en internet donde gua’u un grupo de triceratops tomaba agua cuando caía el meteorito, pero yo creo que no es cierto. Me gustaría comprobar si eso es verdad, capaz era para dar contexto al peor día de la Tierra cuando se creó el cráter de Chicxulub.

Montaje: Leo González Rivas.

 ¿Cómo pensás que van a evolucionar los seres humanos en el futuro?

– No sé exactamente. Tal vez haya una extinción masiva y los que sobrevivan van a ir evolucionando. Los huesos y la sangre se van a curar con robots, como cyborgs.

Fotografía: Leo González Rivas.

Vos sabés cómo editar videos. Si pudieras cortar algo del mundo real para que sea mejor, ¿qué harías?

– Cambiaría a las personas que no quiero en mi toma, las sacaría. Haría una transición de giro para saltarme y que no se les vea. Y si alguien está serio o si un termo se cae cuando no se tiene que caer, pausaría la toma o la pondría en reversa para que sea más graciosa, para que parezca que cae y rebota.

Valentina Juliet Mendes Benegas 

Esta niña de 8 años es observadora, profundamente empática y muy conversadora. Cuando dibuja, busca crear algo que tenga que ver con su personalidad y combinar ideas propias con la inspiración que encuentra a su alrededor, para transformarla a su manera. Tiene una sensibilidad especial por la naturaleza y los animales. 

Autoretrato: Valentina Mendes.

En su producción fotográfica, Valentina aplicó una técnica intuitiva: colocó la cámara a ras del suelo para cambiar drásticamente el punto de vista. En su toma del Palacio de López, el imponente edificio rosa no se percibe distante: es una visión panorámica de una flor o una hormiga que levanta la vista hacia la “mansión”, como explica. En la Plaza de los Desaparecidos, su lente se detuvo sobre el contramonumento de hormigón; la mano de bronce que emerge entre los bloques es interpretada por ella como “alguien que sale de un lugar, que es libre o que quiere ser libre”. 

Fotografía: Valentina Mendes.

Sus encuadres incluyen también la perspectiva de una gota de agua cayendo sobre una flor amarilla, la naturaleza y la vista desde la ventana de un autobús en movimiento. De nuestro intercambio, esto fue lo que surgió. 

De todas las fotos que sacaste, ¿cuál fue la que más te gustó y por qué?

– La de la mansión o, ¿cómo era?, el Palacio. Estaba sacando fotos por ahí y decidí poner la cámara en el suelo. Salió de mi mente, pero no pensé que iba a quedar tan bien. Me gustó el suelo que se enfocó y también el paisaje. Yo creo que esa es la visión que tiene una flor o una hormiga que se está yendo a recolectar comida que en su camino se topa con este paisaje.

Fotografía: Valentina Mendes.

Y la foto de las manos que salen del bloque de cemento, ¿qué te transmite?

– Me transmite como alguien saliendo de un lugar y sacando su mano. Alguien que es libre o que quiere ser libre…

[Después de observar la secuencia, agrega otras impresiones]. Aunque también parece alguien muerto, un zombie o un monstruo con 15 o 25 manos. Podría ser un cuento o la historia de un lugar que se abrió después de miles de años.

Fotografía: Valentina Mendes.

Vos me explicaste la perspectiva de una hormiga, ¿creés que a los adultos les cuesta ver el mundo así?

– Los adultos tienen esa capacidad, pero solo cuando hablan con los niños. Si hablan de sus temas, de lo que sea importante como el trabajo, en ese momento no creo que se les ocurran estas cosas. Con un poco de inspiración o suerte, tal vez sí. Si los niños inventaran las reglas de la casa o de la escuela por un día, ¿cuál sería la número uno? – La regla número uno sería: no gritar a los mayores ni a los menores. Podés salir a donde quieras o faltar a cualquier lugar sin ninguna condición. Que los días normales sean como un domingo.

¿Qué opinás de la inteligencia artificial?

– No tiene sentimientos. Solo sabe responder preguntas. Los humanos que crearon eso son igual de inteligentes porque, ¿quién enseñó a la IA? Fueron las personas.

Mencionaste que los adultos deben cuidar mejor la naturaleza, ¿por qué decís eso?

– Obvio que sí, porque ellos mismos son los que tiran la basura, y después les piden a los niños que no tiren. Sin la naturaleza no tenemos oxígeno y tampoco podemos crear cosas con suministros naturales. Si seguimos ensuciando el río, va a disminuir el agua potable y nos quedamos sin eso.

¿Qué juego o cosa del mundo real creés que le gana a cualquier videojuego?

– El amor, porque te hace sentir bien y amado, te convierte en una persona mejor. Los videojuegos son solo para entretenerse.

Cesia Alejandra Figueredo Vázquez 

Decidida e independiente, Cesia tiene 4 años y cursa el preescolar. Es una niña muy servicial, pero no le gusta que la ayuden; ella prefiere hacer todo por su cuenta, aunque siempre está dispuesta a dar una mano. Es amante del brillo, el slime, las manualidades y la moda (influencia de su tía productora de moda), especialmente si predomina el rosa o el púrpura. 

Es amante incondicional de los animales y siente una devoción especial por los gatos. De hecho, para ella cualquier felino que se cruce en su camino se llama Rogelio, por el gatito de su tía. El arte de Cesia no conoce de bordes ni restricciones. Su impulso creativo la llevó a pintar las cuatro paredes de su habitación con crayolas y a intervenir grandes pliegos de papel sulfito con témperas, aerosoles y sus propias manos, con absoluta aprobación de los adultos que la rodean. 

Autoretrato: Cesia Figueredo.

En su faceta de fotógrafa visitó un parquecito de la SND, muy cerca de su casa. Su punto de vista capturó la belleza del entorno a pequeña escala como una composición espontánea de flores fucsias caídas sobre sus botas, sus peluches de unicornios, dinosaurios que comparten las sillas de los juegos infantiles y una ráfaga de burbujas de jabón suspendidas en el día gris. En una breve charla, esto fue lo que dijo.

A vos que te encantan todos los colores, ¿cuál fue el lugar más divertido que pintaste?

– Mi pieza, cuando pinté toditas las cuatro paredes. Uso crayolas porque sale más lindo el dibujo. 

Fotografía: Cesia Figueredo.

 ¿Qué es lo que más te gusta dibujar e inventar a vos?

– Arcoíris, corazones y números. También dibujo, pinto, corto y pego las ropitas en mis muñecas de papel. 

Si tuvieras que pintar a los grandes cuando están felices, ¿qué color usarías? ¿Y cuando están aburridos?

– Para la felicidad, el púrpura, el azul y el amarillo. Cuando están aburridos uso el negro, porque es mi color menos favorito.

Fotografía: Cesia Figueredo.

¿Cuáles son tus juegos y videos favoritos en la tablet?

– My Talking Angela. También me gusta Lingokids y ver videos de Diana y Roma.

Dante Franceschelli Arias 

Tiene 12 años y cursa el 6.° grado. Sus padres lo describen como un chico profundamente creativo, curioso, sensible y empático. Aprendió a retratar y en ese arte encuentra una vía de escape y relajación de la vorágine escolar y cotidiana.

Autoretrato: Dante Franceschelli.

Como dibujante y retratista, la mirada fotográfica de Dante está marcada por el estudio de la luz, las formas y el volumen. Sus imágenes transmiten serenidad, como el trasluz de colores en los bloques de juguete apoyados en el marco de una ventana, el agua de una manguera que se pulveriza en gotas brillantes sobre las palmeras del jardín bajo el sol y una curiosa escultura artesanal de madera con tenedores de brazo clavada en la tierra. Su obra cumbre en esta producción es su dibujo a lápiz de Willem Dafoe: la precisión del sombreado capturó la intensidad del gesto humano del actor. Dante es de pocas pero precisas palabras. 

Vos te tomás el tiempo de observar y dibujar a mano. ¿Qué tiene un dibujo o un retrato que una cámara nunca va a poder capturar?

– Con una cámara todo es mucho más rápido; la diferencia está en la paciencia, un dibujo captura la dedicación del artista.

Fotografía: Dante Franceschelli.

¿Por qué te gusta hacer retratos a lápiz y a quiénes elegís dibujar?

– Aprendí con mi papá. Me encanta. Retrato a personas famosas porque me relaja mucho eso.

Si tuvieras que hacer un dibujo que represente a tu generación hoy, en 2026, ¿qué personaje o escena elegirías?

Fotografía: Dante Franceschelli.

– Retrataría a una persona muy relevante de este año, tipo Messi, por su dedicación y su esfuerzo.

¿Por qué pensás que los adultos siempre dicen que están apurados o no tienen tiempo?

 – Porque están ocupados trabajando para mantenernos sanos y darnos un futuro.

Fotografía: Dante Franceschelli.

Si pudieras regalarles una hora libre a tus papás en el día, ¿en qué te gustaría que la usaran?

– En que hablemos, pasemos tiempo juntos y nos relajemos.

¿Qué es lo que más te entusiasma de ser grande y qué te da un poco de pereza?

– Lo que más me da ganas es hacer cosas que de chico no puedo, como manejar un auto o estudiar en la universidad lo que yo quiera. Lo que me da pereza sería trabajar todos los días muchas horas.

Fotografía: Dante Franceschelli.

Saber escuchar

Tal vez, uno de los aspectos más placenteros de conversar con los niños es su absoluta sinceridad: no buscan complacer ni acomodar las tomas para la pose, solo son ellos. 

Desde la psicología del desarrollo, autores como Jean Piaget explicaban cómo en las primeras etapas del pensamiento el lenguaje infantil opera desde una honestidad directa y sin rodeos. A diferencia de alguien mayor, cuyo discurso suele pasar por filtros de conveniencia social o diplomacia, el chico pregunta y responde desde la lógica y la curiosidad ingenua. Y los adultos no siempre saben lidiar con esa realidad. 

Autoretrato: Cesia Figueredo.

A lo largo de la historia, la mirada social sobre las infancias ha tendido a ubicar a los niños en dos extremos rígidos: como receptores pasivos de la cultura adulta o bien como figuras vulnerables que deben ser contadas a través de la voz de un tercero. 

En ese sentido, estamos en deuda con los infantes. El psicopedagogo italiano Francesco Tonucci sostiene que la sociedad moderna ha sido diseñada exclusivamente a la medida del adulto funcional y productivo, pues invisibiliza la escala infantil. Por eso es que organismos como Global Infancia han insistido históricamente en la necesidad de desmantelar los enfoques adultocéntricos para pasar de hablar de ellos a escuchar lo que tienen que decir sobre la realidad que habitan. 

Fotografía: Valentina Mendes.

Necesitamos, en definitiva, un entorno diseñado a su escala; ciudades, barrios y plazas más amigables, donde los niños se sientan seguros de explorar. Más espacios públicos para jugar, pero, sobre todo, más lugares donde su voz y su imaginación encuentren un territorio libre para expresarse.

Lo que la nueva generación nos enseña

Aunque las estadísticas globales de Unicef y los indicadores sociales muestran a una generación marcada por la brecha digital y la sobreexposición a las pantallas, la práctica demuestra un pensamiento crítico incipiente pero firme. Los niños de hoy no consumen la tecnología a ciegas: cuestionan la veracidad de la inteligencia artificial, identifican la mentira en las redes, exigen empatía en las relaciones familiares y reclaman, con la contundencia de la lógica pura, el cuidado de los recursos naturales que los adultos contaminan.

Valentina, Cesia, Dante y Leo nos demuestran que, en medio de un mundo acelerado, la paciencia de un dibujo a mano tiene un valor que ninguna ráfaga de imágenes digitales puede reemplazar; que el amor y la presencia de calidad son las mejores reglas de convivencia; que la creatividad es capaz de pintar hasta cuatro paredes sin pedir permiso; y que la ciencia y la imaginación son herramientas fundamentales para cuestionar la realidad antes de darla por sentada.

Fotografía: Valentina Mendes

Tal vez la lección más valiosa que nos deja este experimento es que la capacidad de asombro no se extinguió. Solo hace falta bajar la mirada, detener la prisa por un momento y estar dispuestos a ver el mundo, de vez en cuando, a ras del suelo.

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