Literatura

Algunos escritores latinoamericanos y la salud mental

Las batallas mentales que la literatura no pudo salvar

En el marco de Septiembre Amarillo, la campaña de prevención del suicidio y el cuidado de la salud mental, este recorrido por las letras regionales no busca convertir la angustia en explicación de la creación ni sus muertes en destino inevitable; sus historias muestran que el suicidio no puede reducirse a una sola causa y que hablar de estas muertes también exige hacerlo con responsabilidad, sin romantizar el dolor.

Por Yesica Vera Zarza.

Las vidas de Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Horacio Quiroga, José María Arguedas y Roque Vallejos estuvieron atravesadas, de distintas maneras, por el sufrimiento psicológico, las enfermedades, las pérdidas y profundas crisis vitales.

Las letras como centro de su identidad

Alejandra Pizarnik fue una de las poetas argentinas más importantes del siglo XX. Estudió Filosofía y Letras, Periodismo y Pintura. Desde muy joven sintió que la literatura era el centro de su existencia. Su obra estuvo atravesada por la búsqueda de una identidad, los límites del lenguaje, el silencio, la infancia, la locura y la muerte.

Desde joven enfrentó problemas de salud física y psicológica, entre ellos dificultades con su imagen corporal y periodos de profunda depresión, que requirieron tratamientos psiquiátricos e internaciones. Tuvo intentos de suicidio y durante años registró en sus diarios pensamientos recurrentes sobre la muerte.

El 12 de setiembre escribió a su editor Antonio Beneyto una carta que no llegó a enviar. Era, en apariencia, un mensaje estrictamente editorial: pedía corregir algunos datos de su antología y le proponía que escribiera la solapa. La carta quedó sobre la mesa y fue enviada después de su muerte. El 25 de setiembre murió a los 36 años por una sobredosis de barbitúricos. Su vida y su obra continúan siendo objeto de estudio por la intensidad con que convirtió la experiencia íntima en literatura.

Una voz fundamental

Alfonsina Storni nació en Suiza y creció en Argentina. Fue una poeta, dramaturga, periodista y docente argentina, una de las voces fundamentales de la literatura latinoamericana del siglo XX. Su escritura estuvo atravesada por la experiencia femenina, el amor, la maternidad, la desigualdad, la libertad y una relación cada vez más intensa con la soledad y la muerte.

Madre soltera en una sociedad conservadora, convirtió muchas de esas experiencias en materia literaria y desafió los modelos impuestos a las mujeres. El dolor físico, su situación emocional y los suicidios ocurridos en su entorno marcaron especialmente sus últimos años. Entre ellos, estuvo su amigo Horacio Quiroga tras cuya muerte escribió un poema en el que reflexionó sobre la muerte voluntaria.

Alfonsina Storni

En 1935 fue operada de cáncer de mama; la reaparición de la enfermedad y el deterioro físico marcaron sus últimos años. En octubre de 1938, a los 46 años, se suicidó en Mar del Plata. Antes envió a La Nación “Voy a dormir” y dejó una carta para su hijo Alejandro.

Un maestro del cuento

Horacio Quiroga nació en Uruguay y fue uno de los grandes maestros del cuento en lengua española. Su vida estuvo marcada por tragedias familiares, pérdidas afectivas y una constante cercanía con la muerte: perdió a su padre, a su padrastro, a dos de sus hermanos, a un amigo y a su primera esposa. Estas experiencias influyeron profundamente en una obra atravesada por temas como el destino, la fragilidad humana y la lucha por la supervivencia.

En sus últimos años enfrentó un cáncer avanzado e incurable, además de signos de depresión, agotamiento y desesperanza, junto con la sensación de haber cumplido ya su misión como escritor, aspectos que quedaron reflejados en sus cartas.

Horacio Quiroga.

Tras conocer la gravedad de su enfermedad, ingirió cianuro y murió el 19 de febrero de 1937, a los 58 años. Diez días antes de morir escribió a su amigo Ezequiel Martínez Estrada. En aquella última carta, habló de una “depresión muy fuerte” relacionada con el deterioro de su salud y se despidió con una frase que, leída hoy a la luz de su muerte, adquiere una particular resonancia: “Hasta otra más feliz, querido Estrada”.

Puente intercultural

José María Arguedas fue un escritor, antropólogo y educador peruano, considerado una de las voces más importantes de la literatura latinoamericana del siglo XX. Dedicó su vida a tender puentes entre la cultura andina indígena y el mundo occidental. Su infancia estuvo marcada por la muerte temprana de su madre, conflictos familiares y experiencias traumáticas que influyeron profundamente en su sensibilidad y en su obra.

A lo largo de su vida padeció depresión, insomnio, angustia persistente y periodos de intenso sufrimiento emocional. En 1966 sobrevivió a un intento de suicidio.

José María Arguedas.

Ante la sensación de estar perdiendo la capacidad de leer, escribir y enseñar, dejó dos cartas de despedida: una dirigida a su esposa, Sybila Arredondo, y otra al rector y los estudiantes de la Universidad Agraria La Molina. En ellas expresó su cansancio físico y emocional, y la sensación de haber cumplido su tarea. El 28 de noviembre de 1969 se disparó en la universidad y murió el 2 de diciembre de 1969.

Una figura local

Roque Vallejos fue una figura central de la literatura paraguaya contemporánea. Fue poeta, ensayista, crítico literario, periodista y médico psiquiatra paraguayo.

Según testimonios recogidos por Josefina Plá, Vallejos debió afrontar desde joven la enfermedad de su madre y asumir responsabilidades de cuidado en un contexto familiar marcado también por el alcohol. Desarrolló una obra marcada por la angustia existencial, la soledad, la muerte, el sufrimiento humano y la preocupación por la realidad de su país.

Roque Vallejos.

Su formación médica y su experiencia como psiquiatra forense convivieron con una sensibilidad literaria profundamente atravesada por la reflexión sobre el dolor y la condición humana. En sus últimos años, atravesó problemas de salud física y un cuadro depresivo.

Vallejos fue hallado muerto en su departamento de Asunción el 2 de abril de 2006, a los 62 años. La investigación determinó que se trató de un suicidio por ingestión de medicamentos. Dejó escritos con instrucciones prácticas sobre su sepelio y el destino de su biblioteca, pero no una carta pública en la que explicara las razones de su muerte.

No romantizar el sufrimiento

Recordar que estas historias también implica hablar de salud mental. La literatura puede ser refugio, expresión, compañía y forma de elaborar experiencias, pero no reemplaza el acompañamiento profesional ni constituye una garantía frente al sufrimiento psíquico. Al respecto, la doctora Mirtha Rodríguez Rossi, directora nacional de Salud Mental del Ministerio de Salud, explicó que cuando asociamos el sufrimiento psíquico con la creatividad existe el riesgo de romantizarlo, como si el dolor, la enfermedad mental o incluso el suicidio fueran parte necesaria del talento o de la genialidad.

La romantización del dolor se debe evitar a toda costa. “Podemos reconocer el sufrimiento que atravesaron grandes escritores sin reducir sus vidas y sus obras a la forma en que murieron. La creatividad no necesita del sufrimiento para existir. Además, el suicidio nunca debería explicarse a partir de una sola causa. Es un fenómeno complejo y multicausal. Por eso, desde la salud pública también insistimos en la importancia de una comunicación responsable: evitar idealizar estas muertes, evitar hablar de ellas como algo inevitable, y sobre todo, incorporar siempre un mensaje de esperanza y de búsqueda de ayuda. El sufrimiento psíquico puede ser tratado y acompañado”, sostiene la especialista.

Prevención del suicidio

La representante del Ministerio de Salud refirió que una crisis de salud mental puede surgir de la interacción de múltiples factores: biológicos, psicológicos, familiares, sociales y ambientales. Puede haber trastornos mentales, consumo problemático de sustancias, pérdidas cercanas, violencia, aislamiento, conflictos afectivos, dificultades económicas, enfermedades físicas o acontecimientos vitales muy estresantes. “Pero la presencia de factores de riesgo no significa que el suicidio sea inevitable”, enfatiza.

La profesional hace hincapié en el valor de la prevención: “Detectar tempranamente cambios importantes, escuchar sin juzgar, preguntar directamente cuando sospechamos que existe ideación suicida y facilitar el acceso oportuno a atención profesional puede cambiar el curso de una crisis. Y hay algo que me parece fundamental remarcar: la prevención del suicidio no puede recaer solamente sobre la persona que está sufriendo o sobre su familia. Es una responsabilidad colectiva y una prioridad de salud pública”.

Rodríguez Rossi aseguró que necesitamos servicios accesibles, continuidad de cuidados, comunidades protectoras, reducción del estigma y articulación entre salud, educación, medios de comunicación, otros sectores del Estado y la sociedad civil.

Dónde acudir

Remarcó que se está trabajando para fortalecer una atención en salud mental cada vez más accesible y descentralizada en Paraguay. “Contamos con la Línea 155 de Salud Mental, gratuita, confidencial, de alcance nacional y disponible las 24 horas, los 365 días del año, para orientación e intervención en situaciones de crisis. También contamos con servicios de salud mental dentro de la red del Ministerio de Salud y servicios de urgencias para situaciones que requieren atención inmediata”, agregó.

“El suicidio no debe romantizarse, simplificarse ni presentarse como inevitable. Es un problema de salud pública que podemos prevenir. Hablar responsablemente, escuchar sin juzgar y facilitar el acceso oportuno a ayuda puede cambiar —y salvar— una vida”, puntualizó. Quien atraviesa una crisis no tiene que enfrentarla sola, es ese el objetivo de la gestión pública de salud, que apunta a ofrecer una respuesta oportuna dentro del sistema de salud.

Recomendados

Sin Comentarios

    Dejar un comentario