Nota de tapa

Invertir en Paraguay

Finanzas con los pies en la tierra

¿Es posible invertir cuando el presupuesto llega con lo justo? Esta nota no pretende venderte un curso de trading ni promete que serás millonario antes de los 30; más bien se configura como una guía con consejos de expertos y un pantallazo general del mercado de inversiones con fines informativos. En una economía marcada por la informalidad y la desigualdad, los consejos financieros tradicionales suelen ignorar la realidad de la calle. Más allá de los gráficos de rentabilidad, existe una necesidad urgente: la de sanar la relación con el dinero.

Por Eve Benegas. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Retratos: Fernando Franceschelli.

Abrir las redes sociales hoy es someterse a un bombardeo de optimismo tóxico. En noches de scrolleo, todos hemos tropezado con ellos: hombres musculosos y bronceados que, entre rutinas de gimnasio, meditación y baños de agua fría a las 4.00 a. m., aseguran hacer millones sin esfuerzo.

Pero detrás de la pantalla, la realidad paraguaya es otra: familias haciendo malabares para que el sueldo alcance una quincena, jóvenes asfixiados por tarjetas de crédito y una sensación de que, por más que se trabaje, siempre se está en el mismo lugar.

El elefante en la habitación

Es momento de adaptar las herramientas financieras a nuestra realidad. Consultamos a referentes del área como Gloria Ayala Person, doctora en Economía y máster en Administración de Empresas; Adriana Franco Lugo, directora, economista y máster en Administración de Empresas; y César Paredes Franco, también economista y MBA, para trazar una hoja de ruta realista, desde consejos para salir de las deudas hasta los primeros pasos en el mundo de la inversión. Desde luego, si hoy estás luchando por llegar a fin de mes, tu prioridad no es la Bolsa de Valores, sino tu propia estabilidad.

El discurso de libertad financiera a menudo pasa por alto al elefante en la habitación: la desigualdad estructural. Como bien señaló el economista Luis Rojas en una nota anterior, en un país con alta informalidad y salarios que apenas rozan el costo de vida digna, hablar de inversión sin antes hablar de supervivencia es una falta de respeto.

“La presión por las deudas es tremenda, pero se toman decisiones inapropiadas por desconocimiento. Hay factores que no dependen de la persona, como el contexto, la economía, las oportunidades. No todo es ‘si querés, podés’”, opina Ayala Person.

¿Millonarios al primer año?

La respuesta es definitivamente no, y hay que dudar de todo aquel que prometa resultados increíbles en poco tiempo. Adriana Franco Lugo, asesora financiera y directora ejecutiva en Cavida SA, advierte que “los gurús que se hicieron ricos de la noche a la mañana te muestran un estilo de vida impresionante, pero no explican con claridad y sustento la forma en que lo lograron”.

Nadie se hace millonario fácil y rápidamente. De hecho, es muy probable que una persona que nació pobre muera en esa misma situación. Según el último Índice Global de Movilidad Social, que evaluó a 82 naciones de todo el mundo, Paraguay se encuentra en la posición 69 y es el país latinoamericano con la menor puntuación. Esto significa que las familias no logran cambiar de posición socioeconómica en mucho tiempo.

Según el último Índice Global de Movilidad Social, que evaluó a 82 naciones de todo el mundo, Paraguay se encuentra en la posición 69 y es el país latinoamericano con la menor puntuación. Esto significa que las familias no logran cambiar de posición socioeconómica en mucho tiempo.

Si seguimos la tendencia de América Latina y los datos de movilidad del Foro Económico Mundial, podríamos estimar que se necesitan entre seis y nueve generaciones —aproximadamente entre 150 y 225 años— para ascender de posición social. No se trata de ser derrotistas ni lapidarios, sino de asegurarnos de que nuestros pies estén firmes en la tierra.

¿Por dónde empezamos?

Sabemos que hay cuestiones estructurales que limitan las posibilidades reales de progreso. En ese contexto, Gloria Ayala Person enseña que dentro de lo que cada uno puede manejar, hay decisiones que hacen una gran diferencia. “El punto no es culpar, sino ser realista al momento de tomar decisiones financieras. La vida cuesta, todo lo que decidimos afecta al bolsillo”, expone.

Para salir del pozo, primero hay que medir su profundidad. La mayoría de las personas manejan un ingreso nominal (lo que figura en el recibo), pero ignoran su ingreso real (lo que queda después de restar gastos fijos innegociables: alquiler, luz, agua, comida básica y movilidad). Si al hacer esa resta el resultado es negativo o cero, no estamos ante un problema de inversión, sino ante un estado de supervivencia financiera.

Gloria Ayala Person. Fotografía: Fernando Franceschelli.

La experta sugiere un orden de acciones. “Si una persona está arañando para llegar a fin de mes, lo primero no es invertir, es ordenar su situación.

Idear un plan para salir del rojo, priorizar el ahorro y tener un colchón para imprevistos. Ver en qué se está yendo el dinero y evitar deudas innecesarias para ganar un poco de aire”, explica.

La brasileña Nathália Rodrigues de Oliveira, especialista en finanzas con un posgrado en Economía y en Gestión Financiera, de la Fundación Getúlio Vargas, crea contenidos gratuitos enfocados en este tema para personas de bajos ingresos, en su cuenta @nathfinancas en Instagram y TikTok.

Según la lógica realista de lo que enseña, debemos establecer prioridades claras, no se puede ahorrar para el futuro cuando el presente está en llamas. La jerarquía es, en primer lugar, cubrir lo básico: techo y comida. Luego, frenar el sangrado, identificar las deudas con intereses altos, usualmente tarjetas de crédito y prestamistas informales.

La jerarquía es, en primer lugar, cubrir lo básico: techo y comida. Luego, frenar el sangrado, identificar las deudas con intereses altos, usualmente tarjetas de crédito y prestamistas informales.

Una de las recomendaciones frecuentes del asesor Amílcar Ferreira es llevar un registro claro de los ingresos y los costos mensuales: “Es clave clasificar esos gastos, distinguir entre los fijos y ocasionales, y tener en cuenta lo que se destina al pago de deudas. Con ese ejercicio, la persona genera una mayor conciencia sobre la propia capacidad, cuánto se gana, cuánto se puede gastar y cuánto ya está comprometido”.

La guerra contra las deudas

Una vez que aceptamos la realidad, la segunda fase se trata de tomar las armas. En Paraguay, el sistema financiero está diseñado para que sea mucho más fácil entrar en una deuda que salir de ella. Desde casas de electrodomésticos que te ofrecen cuotas “chiquitas” hasta bancos que te envían tarjetas de crédito sin que las pidas, la consigna es disfrutar ahora, sufrir después.

Adriana Franco, experta en finanzas, introduce un concepto descriptivo muy preciso: “El crédito es como un martillo, puede servir para construir una casa o para romperse un dedo”. Hace una diferencia entre tipos de deudas: “La saludable es aquella que utilizás para adquirir un bien cuya vida útil es mayor al tiempo que tardarás en pagarlo (como una casa o una carrera universitaria) o algo que te generará más ingresos a futuro. Por otra parte, la peligrosa es la que se usa para el consumo efímero, como financiar compras del súper, una cena o ropa en 12 cuotas. Eso es, matemáticamente, un suicidio financiero. Estás pagando intereses por algo que ya consumiste y desapareció”.

Tarjeta de crédito: ¿Amiga o verdugo?

Aquí, la mayoría perdemos la batalla. Las entidades financieras otorgan tarjetas de crédito con mucha facilidad y las familias las usan por necesidad, para gastos básicos.

Luis Rojas. Retrato: Fernando Franceschelli.

El Banco Central del Paraguay (BCP) informó un aumento del 30 % en movimientos con tarjetas de crédito en 2025, sobre todo en sectores de bajos ingresos. En particular, se registró un crecimiento del 50 % en el pasivo con líneas de hasta G. 3.000.000. Luis Rojas considera que eso demuestra que el endeudamiento está creciendo más rápido en franjas vulnerables.

“Hay una falta de ingresos suficientes. Muchas familias financian gastos corrientes (alimentos, consumo básico, combustible) con deuda. Y eso termina por generar una especie de bola de nieve que va creciendo, lo que puede traer problemas serios para quienes ya están dentro de ese proceso o empiezan a entrar”, advirtió Rojas.

Si vamos a utilizar este recurso, Adriana Franco propone distinguir entre la tarjeta como medio de pago y como forma de financiación. “Si la usás como medio de pago, debés abonar el total al cierre, así aprovechás los descuentos y puntos sin regalarle un solo guaraní de interés al banco. Si cubrís el monto mínimo, acabás de entrar a un laberinto, pues este apenas cubre los intereses y cargos administrativos, pero tu deuda principal sigue ahí, intacta, creciendo”, explica.

En el caso de que necesitemos pagar en cuotas algo, es importante considerar cuánto nos va a servir. “Una regla de oro es no financiar nada por más tiempo que su vida útil. Por ejemplo, si quiero comprar una crema que me dura tres meses, tengo que eliminar esa cuenta, máximo, en tres cuotas. De esa tarjeta puedo abonar la deuda del periodo, que es un concepto que encontramos en el extracto”, explica.

“Una regla de oro es no financiar nada por más tiempo que su vida útil. Por ejemplo, si quiero comprar una crema que me dura tres meses, tengo que eliminar esa cuenta, máximo, en tres cuotas. De esa tarjeta puedo abonar la deuda del periodo, que es un concepto que encontramos en el extracto”

Adriana Franco Lugo, directora ejecutiva en Cavida SA.

Si la tarjeta de crédito está colapsada, lo primero que debemos hacer, dice Franco, es analizar cómo llegamos a esa situación, porque no es lo mismo haberse endeudado por una compra impulsiva que por cubrir una emergencia. Entender eso es clave porque existe la idea de refinanciar o consolidar deudas como solución; pero si no cambian los hábitos, el problema tampoco.

“En cuanto a acciones concretas, para mí es fundamental apoyarse en un presupuesto personal y, a partir de ahí, armar un plan para ir saldando la deuda. Tengo claro que lo que no me va a ayudar en nada es seguir usándola y limitarme a pagar el mínimo. La clave, desde mi perspectiva, está en dejar de usar la tarjeta por un tiempo, definir cuánto puedo destinar mensualmente al pago (siempre más que el mínimo) y empezar a utilizarla con mucha más conciencia en el futuro”, aconseja.

En esta instancia de sobreendeudamiento, la recomendación de Nath Finanças es básicamente la misma: “Hay que dejar de cavar, congelar el consumo. Si la tarjeta está al límite, se guarda en un cajón. No se usa para ‘emergencias’, porque utilizarla ya es una emergencia”, dice.

En caso de que haya varias deudas, Nathália sugiere no intentar matar al monstruo más grande de entrada porque eso podría generar frustración. Hay que empezar por batallas pequeñas para ganar confianza. El llamado ‘efecto bola de nieve’ consiste en listar todas, de menor a mayor, sin importar la tasa de interés, y enfocar los recursos excedentes en cancelar la más pequeña mientras se paga el mínimo en las demás.

Adriana Franco. Retrato: Fernando Franceschelli.

Una vez eliminada esa primera cuenta, el monto que se destinaba a ella se transfiere íntegramente a la siguiente en la lista. Se crea así un efecto acumulativo: el poder de pago crece con la misma inercia que una bola de nieve que rueda cuesta abajo.

El ahorro no es lo que sobra

Una vez que el incendio de deudas está bajo control, el siguiente paso no es comprar acciones de una empresa tecnológica, sino tiempo y silencio con un fondo de reserva. Dicen los expertos que, dentro de lo que se pueda, debemos crear un colchón de emergencia. Su objetivo no es generar intereses, guaraní disponible. “El ahorro debe ser el primer gasto del mes, no lo que sobra. Aunque sean G. 20.000”, dice Gloria Ayala Person, y enfatiza que lo importante no es el monto, es la disciplina de decir “esto es para mi futuro yo”.

La inversión para los que ya asomaron la cabeza

Una vez que logramos domar las deudas y tenemos un colchón de paz que nos permite dormir, o tal vez si nuestro salario deja excedentes, llegamos a un lugar de privilegio y podemos mirar nuevos horizontes. “Invertir no es algo que empieza cuando te sobra plata, sino cuando decidís organizarte y definir tus metas de vida, sean chicas o grandes, a corto, mediano y largo plazo”, asegura Ayala Person.

Hay que tener paciencia. Como ya sabemos, no se trata de hacerse rico rápido, sino de construir algo a futuro. “La clave está en la constancia. Para mí es importante tener metas claras, porque nadie ahorra simplemente por gusto; es más bien como hacer dieta: implica una cierta privación en el presente. Invertir, aunque sea poco, de forma sostenida, puede dar buenos resultados, pero no a corto plazo”, explica Gloria.

“La clave está en la constancia. Para mí es importante tener metas claras, porque nadie ahorra simplemente por gusto; es más bien como hacer dieta: implica una cierta privación en el presente. Invertir, aunque sea poco, de forma sostenida, puede dar buenos resultados, pero no a corto plazo”

Gloria Ayala Person, fundadora y presidenta de Cadiem. Autora de libros como Hablando de dinero y La empresa familiar paraguaya.

En un país donde la inflación devora silenciosamente el poder de compra, los especialistas sostienen que dejar dinero quieto en una caja de ahorro común es, técnicamente, perder plata. Ayala Person es enfática en ese sentido: “En finanzas, el tiempo es más importante que el monto. Empezar a invertir G. 200.000 al mes a los 20 años es mucho más potente que invertir millones a los 50”.

Los asesores dicen que el sector se democratizó y que se puede ser parte del mercado de valores con montos antes impensables. “Previamente sí necesitabas una buena suma para acceder a instrumentos de inversión, pero hoy existen alternativas incluso para pequeños fondos que no precisan de grandes cifras”, afirma Adriana Franco.

La experta compara las inversiones con los trajes a medida: tomar buenas decisiones en esta área implica primero conocerse, conocer el propio perfil como inversionista.

César Paredes, presidente de la Cadiem, explica que no existe una cifra ideal para empezar, todo depende de tener un objetivo concreto, cuánto quiero juntar y a qué plazo. “A partir de ahí puedo armar un plan, siempre consciente de que a mayor rentabilidad, mayor riesgo. Por eso, suelo recomendar comenzar con inversiones más conservadoras, de bajo riesgo, aunque el rendimiento sea menor”, dice.

Veamos las opciones más tradicionales.

Certificado de Depósito de Ahorro (CDA)

Tal vez este sea el instrumento más conocido, el paso siguiente para quien ya tiene ahorros y busca más rentabilidad, pero no quiere el riesgo de una empresa privada. Se trata de un título de deuda emitido por un banco o financiera; básicamente, vos le prestás dinero a la entidad por un tiempo determinado (plazo fijo) a cambio de una tasa de interés superior a la normal.

La mayor ventaja es que en nuestro país, los CDA están protegidos por el BCP. Es decir, si el banco llega a quebrar, el Estado te devuelve tu dinero hasta un máximo de 75 salarios mínimos (aproximadamente G. 200.000.000 por persona, por entidad).

Aquí el dinero se queda congelado. O sea, no tenemos liquidez. Los plazos suelen ir desde 180 días hasta tres o cinco años. Podemos elegir cómo recibir la ganancia (mensual, trimestral, semestral o al vencimiento); como requisitos de entrada, la mayoría de los bancos piden un mínimo de G. 5.000.000 o G. 10.000.000.

La mayor ventaja es que en nuestro país, los CDA están protegidos por el BCP.

“Recién después de eso tiene sentido analizar otras opciones de inversión. Para montos pequeños, veo que una buena puerta de entrada hoy son los fondos mutuos, que permiten empezar con sumas relativamente accesibles”, explica Paredes.

Fondos mutuos

Dicen que son la herramienta estrella para principiantes. Se trata de una inversión colectiva. El dinero de muchos ahorristas se junta para ser administrado por profesionales. Es posible empezar con G. 500.000 o USD 100. La ventaja clave es la liquidez, es decir, si hay una urgencia podemos retirar nuestra plata en 24 o 48 horas. Es ideal para que el colchón de emergencia no pierda valor en tu caja de ahorro.

Pero, ¿cómo funcionan? Imaginá que querés invertir en bonos del Estado o grandes empresas, pero no tenés el monto mínimo o el tiempo para analizar el mercado. Al entrar a un fondo mutuo aportás tu capital desde sumas muy bajas; algunos permiten desde USD 100. Tu dinero se mezcla con el de los otros y se invierte en una canasta de activos (CDA, bonos, acciones, etcétera). Una vez dentro, te convertís en dueño de cuotapartes y el valor sube según el rendimiento de las inversiones del fondo.

Aquí el riesgo está en que, a diferencia de un CDA, los fondos mutuos no tienen el resguardo del Fondo de Garantía de Depósitos del BCP. El respaldo es la calidad de los activos en los que se invierte y la supervisión de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

Aquí el riesgo está en que, a diferencia de un CDA, los fondos mutuos no tienen el resguardo del Fondo de Garantía de Depósitos del BCP.

“A medida que acumulo recursos, puedo diversificar con otros instrumentos, como bonos y productos financieros. Para mí, esto es clave. Lo ideal es no poner todo en un solo lugar y entender bien cada herramienta. También es importante considerar que algunos instrumentos, como los depósitos bancarios, tienen garantías; mientras que otros, como los de bolsa, no, pero ofrecen mayores retornos”, expone Paredes.

Bolsa de Valores de Asunción (BVA)

A diferencia de los fondos mutuos, en los que otro decide por vos, en la Bolsa elegís directamente qué título comprar. Es una sociedad anónima que proporciona la infraestructura tecnológica y el marco legal para negociar valores (títulos de deuda, acciones, etcétera). La regula la Superintendencia de Valores (SIV), parte del BCP.

Para entender la Bolsa paraguaya, es fundamental distinguir estos dos momentos: el mercado primario, cuando una empresa emite un bono o acción por primera vez para recaudar dinero y vos le comprás directamente; y el secundario, que es la reventa. Si adquiriste un bono a cinco años pero necesitás tu dinero a los dos años, podés vender ese título a otro inversor en la Bolsa. Esto es lo que le da liquidez al mercado.

¿En qué podemos invertir? Hay varias opciones y categorías:

  • Bonos corporativos: préstamos que le hacés a empresas locales a cambio de un interés anual.
  • Bonos públicos (soberanos o municipales): es la deuda emitida por el Estado o las municipalidades.
  • CDA Bursátiles: Certificados de Depósito de Ahorro de bancos que se pueden negociar en la Bolsa.
  • Acciones: al adquirirlas te hacés dueño de una parte de la empresa y la ganancia viene por la valorización de la acción o el pago de dividendos.
  • Cuotapartes de fondos de inversión: al igual que el fondo mutuo, es una inversión colectiva, pero negociada como si fuera una acción dentro del sistema de la Bolsa.

Cabe resaltar que un inversor particular no puede ir directo a la BVA. Debe hacerlo a través de una Casa de Bolsa (intermediario autorizado). Hay más de 15 operando actualmente, como Basa Capital, Cadiem, Investor, Avalon, entre otras.

Cabe resaltar que un inversor particular no puede ir directo a la BVA. Debe hacerlo a través de una Casa de Bolsa (intermediario autorizado). Hay más de 15 operando actualmente.

Ahora bien, ¿cómo se recibe la ganancia? El proceso es automático, porque la empresa emisora transfiere los intereses a la BVA; esta los distribuye a la Casa de Bolsa, que la deposita directamente a tu cuenta bancaria declarada.

Inversiones inmobiliarias

Este es el tema que hace más ruido en el rubro, con el crecimiento vertical de Asunción, Luque, Mariano Roque Alonso y otras ciudades. Invertir en ladrillos se ha vuelto la opción favorita de quienes buscan algo tangible. Para el común de las personas, lo más difícil es calificar para la cuota mensual. Si podés pagar G. 4.000.000 o G. 6.000.000 durante tres años, comprar en pozo es la forma más sólida de construir un patrimonio en Paraguay.

¿En qué consiste esta inversión? En comprar un departamento cuando todavía es un plano o recién se está excavando el terreno —el pozo—. El desarrollador inmobiliario te ofrece un precio mucho más bajo al inicio de la obra, que suele valer entre 15 % y 25 % por debajo de lo que costará una vez terminado. A diferencia de los bonos, donde ponés todo el dinero de una vez, aquí se suele usar un esquema de pagos, con entrega inicial, cuotas durante la construcción, refuerzos y saldo final.

A diferencia de los bonos, donde ponés todo el dinero de una vez, aquí se suele usar un esquema de pagos, con entrega inicial, cuotas durante la construcción, refuerzos y saldo final.

En ese sentido se distinguen dos perfiles: el que compra para alquilar y el que revende (apenas se termina el edificio, comercializan la unidad a precio de mercado).

Aquí la regla de oro es investigar quién construye; es decir, mirar edificios anteriores, chequear si cumplieron los plazos y evaluar la calidad de las terminaciones. Cabe destacar que es muy frecuente que las obras se retrasen entre seis meses y un año.

Invertir en pozo es cambiar liquidez por patrimonio. Es un retorno lento, pero muy seguro históricamente en el mercado local, debido al déficit habitacional existente.

Entonces… ¿qué hago?

Normalmente, el CDA es la puerta de entrada al mundo de las inversiones. Mucha gente empieza con esta opción por el seguro del BCP y una vez que entiende cómo funcionan los intereses, salta a la Bolsa de Valores para buscar tasas más altas.

“En el mercado hay muchas opciones: inversiones inmobiliarias, productivas, financieras o bursátiles como bonos, acciones, fondos mutuos o de inversión. Pero más allá de cuál se elija, hay algo que considero clave: la diversificación. Es decir, no poner todo en un solo lugar, sino repartir el riesgo y, además, entender bien cómo funciona cada instrumento en el que decido invertir”, explica Adriana.

Sea cual sea la opción más llamativa, se recomienda a todo inversor realizar su propio análisis de riesgo o consultar con un asesor financiero certificado por la Superintendencia de Valores antes de comprometer capital.

Recomendados

Sin Comentarios

    Dejar un comentario