Nota de tapa

La playlist de papá

Lozano: de oficio musical

¿Su apellido? Inconfundible. ¿Talento? Multigeneracional. ¿La energía? Efervescente. Los Lozano llevan décadas marcando el ritmo de la noche y la banda sonora de momentos emotivos para familias enteras. Hoy, 40 años después del primer toque profesional de Christian, el veterano selector comparte una cálida entrevista con sus tres hijos, los encargados de continuar un legado que todavía se está escribiendo.

Por Patricia Luján Arévalos. Dirección de arte y tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Asistente de producción: Pamela Pistilli. Fotografía: Javier Valdez. Locación: Casa Colombo. Agradecimientos: Amado Rivas Bigordá.

Una sesión de fotos de tres horas no aplaca los ánimos de Christian Lozano. Serán los 40 años de experiencia en el centro del movimiento nocturno, porque ese es el lapso que lleva haciendo de su nombre sinónimo de un buen momento.

Y es una característica que heredaron sus hijos. De comienzo a fin, el patriarca de la familia nos ofreció anécdotas, risas y momentos de verdadera ternura con Matías (29), Gianluca (26) y Abigail (21), quienes no dudaron en sumarse a un homenaje en papel a su “viejo querido”. Porque de él aprendieron todo, aun sin buscarlo.

Christian Lozano. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

Desde el primer minuto, los varones hacen énfasis en que su papá nunca les puso frente a una consola y les dijo: “Esto es lo que van a hacer con sus vidas”. Fue un desarrollo muy natural, la continuación lógica de lo que hicieron desde pequeños. La música ya no es un tema de discusión, como uno no discute el aire que respira ni el agua que consume. Tan vital es para ellos.

Principalmente para los mayores, ir a los montajes para los eventos es un día en la oficina de papá, si la ofi fuera un salón de eventos o una locación enorme al aire libre. “Los chicos”, cuenta Christian, siempre lo acompañaron , codo a codo con los técnicos que armaban equipos, ponían pantallas, conectaban cables y todo lo que uno puede imaginarse.

Para Abi, un día normal consistía en subir al auto con Christian, hablar con los funcionarios de la empresa que lleva su apellido y aprender de primera mano lo que se requiere para liderar un equipo. Hoy, mientras Mati y Gianlu reafirman sus posiciones como los DJ más solicitados para todo tipo de encuentros sociales, Abi va tomando cada vez mayores responsabilidades en el departamento comercial. Los cuatro son socios de la compañía que lleva su apellido y juntos diseñan los próximos pasos de una historia que empezó a escribirse cuatro décadas atrás.

Christian Lozano y su hija, Abi. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

Un niño a la consola

Christian Lozano lleva mucho tiempo contando la misma historia, pero no nos cansamos de escucharla. En un departamento de la ciudad de Buenos Aires, en algún momento de la década de los 70, un niño de 5 años se dedicaba a poner los vinilos de su mamá en un tocadiscos, seguía los pedidos de su público y aprendía cómo complacer una audiencia, sin saber que lo haría por el resto de su vida.

“Siempre me gustó el tema de la música y los aparatos electrónicos”, dice. Aparte, le encantaba armar y desarmar cosas. Su mente funcionaba así. Sus días de infancia se dividían entre ladrillos tipo LEGO y pasar canciones sobre pedido.

Tiempo después, su familia se reubicó en Paraguay, y no pasó mucho antes de que le tocara acompañar a su hermana mayor en sus salidas.

Era el Tomasito que iba con ella a tomar helado, a pasear y, por supuesto, a las fiestas. “No tenía nada que hacer ahí. Entonces, me sentaba al lado de laconsola. Así fui conociendo a los DJ de la época. De hecho, el quinceaños de mi hermana me lo pasé en ese rincón”, recuerda.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

Enseguida consideró la posibilidad de darle una oportunidad a esa curiosidad que venía desarrollando desde la infancia, y coincidió con el inicio de un movimiento de selectors que iba pisando cada vez con mayor firmeza en un escenario dominado por las orquestas. “En mi época era el sueño del pibe. Hoy se vive un resurgimiento y se toma mucho más seriamente como profesión”, dice con nostalgia de un momento en la historia en que ser DJ no encajaba con lo que los padres esperaban de sus hijos.

Del colegio a las fiestas

A los 14, recibió su primer pago por pasar música en un evento, en el Asunción Rugby Club. Los equipos que tenía para trabajar eran más bien de línea hogareña. Eso no lo detuvo.

Sus comienzos los dio en compañía de un amigo, Carlos Martínez, cuando estaban en segundo curso (el octavo grado de hoy), y pasaron muchos toques gratuitos antes de que recibieran sus primeros honorarios. Ambos hicieron sus primeros sets con casetes que los profesionales del momento les grababan a “los pibes de la época” a partir de la lista de amateurs.

De esa escena, recuerda especialmente cómo las fiestas se dividían en bloques (y sus casetes correspondientes): media hora de rock argentino, otra de música retro, una de románticas. “Ahora hay más licencia para mezclar de todo”, acota con una risa que deja muy claro que esta práctica no hubiera funcionado en otro momento.

Matías, Christian y Gianluca Lozano. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

Su ascenso fue casi meteórico. Dos años después del evento en el Asunción Rugby Club, ya estaba al frente de fiestas de gran escala en el Ínter, Las Teresas y Santa Clara, por citar algunos de los colegios que le ficharon desde el comienzo. Él asegura que su éxito no interfirió con su vida escolar, con una mirada seria y una sonrisa cómplice.

Y con un gran talento, vino una gran responsabilidad. El trabajo fue ganando cada vez más espacio en su vida y logró equilibrar todo gracias al apoyo de sus padres. Rápidamente agrega que no necesitaba trabajar, pero que descubrió en ese espacio lo que le gustaba y recibió el sostén necesario para dar pasos seguros en ese camino. Y terminó siendo un sostén que perdura más allá de sí mismo. “Es algo que te tiene que gustar para convertirlo en un negocio. Si estás solamente por el dinero, porque viste a David Guetta o a Tiesto, y no te apasiona realmente, no vas a aguantar ni el ritmo ni las cosas a las que hay que renunciar”, explica.

“Yo empecé a los 14, y por eso no fui a los quinceaños de algunas compañeras; más adelante me perdí cumpleaños de familiares, mis padres, mi hermana… ¡En mi propio cumpleaños tenía que trabajar!”, cuenta. La misma escena se repite hasta hoy: “Si me contratan esa fecha, no hay problema. Yo festejo otro día o no festejo porque primero está el laburo. Mi criterio es que si no hago ese evento, otro lo hace y ocupa mi lugar”.

En los 80, los DJ empezaron a ganar lugar de manera muy acelerada y a los grandes nombres se sumaron otros chicos que, como Christian Lozano, cobraron popularidad en un parpadeo. La competencia se volvió brutal —en sus propias palabras—.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

Así como le dio todo lo que tiene hoy, el oficio de la música se llevó mucho de Christian. No pudo viajar a despedirse de su abuela en Buenos Aires ni estar al lado de su papá cuando entró en terapia, aparte de los sacrificios diarios de los que el “turno noche” no puede escapar. “Distintos momentos de mi vida, tanto felices como tristes, tuve que dejar a un lado por un compromiso con la fiesta del cliente. Y el cliente no tiene la culpa de mi situación personal, ¿verdad?”, reflexiona.

Presente, sobre todo

Aunque no se queda en lo que sacrificó durante su carrera, Christian no puede evitar mencionar las renuncias que exige la noche. Sin embargo, sus hijos no tienen presente las ocasiones en que él faltó; muy por el contrario, los tres recuerdan las veces que sí estuvo: asambleas del colegio, clases de natación, reuniones de padres, cumpleaños. Está muy claro que el trabajo de papá siempre ocupó el primer lugar.

Abigail se pronuncia controversial. Cuando todo el mundo esperaba que la menor de los Lozano se convirtiera en selectress, ella sentó postura: formará parte de la empresa familiar bajo sus términos, en un camino propio. La estudiante de 21 años se dedica plenamente al lado comercial e incursiona en la empresa desde un lado menos “artístico”, dice, pero que demanda gran creatividad de su parte. Un pensamiento creativo y, sobre todo, flexible, que absorbió del día a día con Christian.

Abi Lozano. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

“Aprendí cosas diferentes de mi papá. Él es el gerente general de la empresa y yo me crié detrás de él. Le vi con tantas responsabilidades y cargos, y con muchas cosas para resolver. Por un lado me asusta, porque, ¿cómo puede con tanto a la vez?”, dice Abi.

Hoy, su objetivo no está detrás de las consolas, junto con sus hermanos, sino al frente: “Quiero ser capaz de hacer lo que él hace porque es impresionante. Resuelve una cosa tras otra, y todo eso conmigo al lado. Él anduvo detrás de nosotros constantemente; que al colegio, que al dentista, que al doctor”.

Mati Lozano. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

Al otro lado del espectro se ubican Matías y Gianluca, quienes siguieron los pasos de Christian en muchos sentidos. También, de niños, empezaron a trabajar de DJ, y como su papá, se hicieron conocidos muy rápido y ganaron cada vez más espacio hasta llegar donde se encuentran hoy, como las caras reconocibles de Lozano Group.

Juntos, los hermanos llevaron la propuesta a otro nivel y no hay detalle que no manejen, desde el diseño de luces y pantallas (y gráfico) hasta el manejo de drones. En ese sentido, el apoyo de su padre fue fundamental, porque así como siempre les impulsó a ser lo que quisieran ser (dentro o fuera del negocio familiar), también les instó a hacer las cosas bien.

Gianluca Lozano. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Gabriela García Doldán.

Es quizás por eso que Gianlu siente una pasión tan grande por su trabajo. Esa ética laboral, de la que se empapó al lado de Christian, está presente en su día a día. “Para mí siempre fue emocionante. Siento que muchas personas entran a este negocio por las razones equivocadas: la fama, la joda, el levante… Esos no son los motivos indicados para mí. Ser DJ me llena profundamente, hasta hoy me da pirĩ”.

Al mirar la historia que llevan, son muy claros. “El legado de Christian Lozano es de trayectoria, música y constancia. Nunca dejó caer su reputación ni de tocar música”, dice Mati. De un tiempo a esta parte, Christian, a insistencia de sus hijos, empezó a pasar música más seguido, interesarse de vuelta por comprar vinilos y, aunque los toques ya no son su trabajo principal, es algo que no quiere —ni va a— soltar.

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