HERRAMIENTAS PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL
El Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (MINNA) estrenó El precio del pasaje, un mediometraje de ficción que habla de los mecanismos de la trata de personas, el criadazgo y la explotación en Paraguay. Esta obra cambia los tradicionales spots institucionales por la potencia del lenguaje cinematográfico para sacudir conciencias y alertar a la juventud. El director del filme, Diego Mauro, nos revela los desafíos de este proyecto, la influencia del cine de terror en las atmósferas de denuncia y su búsqueda por consolidar una identidad audiovisual propia.
Por Eve Benegas. Retratos: Fernando Franceschelli.
Un plano corto, el olor a tierra roja mojada en el recuerdo y la vulnerabilidad de un entorno rural, así arranca El precio del pasaje (disponible en YouTube), mediometraje paraguayo de 42 minutos que se adentra, sin anestesia ni rodeos moralistas, en las entrañas de uno de los flagelos más silenciosos: la trata y explotación de niñas, niños y adolescentes. A través de Sandra y Micaela, dos jóvenes marcadas por la violencia intrafamiliar, el abandono y la normalización histórica del criadazgo, la obra habla del modus operandi de las redes criminales modernas que hoy captan a sus víctimas a través de las redes sociales.

Lejos de ser un material institucional tibio, el audiovisual apuesta por un realismo visceral para convertirse en una herramienta pedagógica y de denuncia.
El director, Diego Mauro, expresa que sigue impactado por la decisión del ente estatal de abordar, a través de este medio, una cuestión tan real, profunda y cotidiana. “Que hoy exista la voluntad de decir ‘queremos contar esta historia y contribuir a prevenirla a través del lenguaje audiovisual’ es algo muy valioso. A quienes trabajamos en el sector, esto nos da esperanza y nos demuestra que la ficción también puede ser una herramienta de concienciación y transformación social”, expresa.
Un “Netflix” para los chicos
La idea central fue impulsada directamente por el ministro de la Niñez y la Adolescencia, Walter Gutiérrez, quien planteó un desafío disruptivo al equipo: quería hacer un “Netflix” para los chicos.
El ministro entendió que el público joven actual vive interconectado y consume contenidos a través de narrativas audiovisuales potentes y emocionales. Por lo tanto, consideró que, para generar una verdadera conciencia sobre un flagelo tan grave como la trata, no podía salir a la luz con un documental informativo o un material tibio y políticamente correcto. “La instrucción fue directa: había que tratar el tema con el lenguaje que los chicos manejan hoy en día, mostrar de manera explícita y realista, aunque cuidando la integridad de los menores mediante la insinuación y el suspenso, cómo opera una red desde adentro”, detalla Mauro.

El proyecto comenzó a gestarse un año antes de su lanzamiento, cuando el MINNA se dedicó a recabar información técnica y expedientes reales sobre casos de trata, explotación y criadazgo en Paraguay. Con estos datos documentados, se ensambló un guión unificado enfocado en mostrar de manera fidedigna el método de captación, y se situó el origen de la historia en una zona de alta vulnerabilidad como Caaguazú, que estadísticamente registra el mayor foco de víctimas.
Con el libreto listo, el Estado convocó a una licitación pública para la campaña de prevención. El concurso fue adjudicado a la agencia Akaruvicha, firma con 25 años de trayectoria en comunicación gubernamental, que asumió la responsabilidad de la producción general.
Making of
Tras pasar por los tiempos burocráticos y administrativos propios del Estado, el proyecto recibió luz verde definitiva en febrero de este año. De inmediato, Akaruvicha, bajo la coordinación de su productora Viviana Mendoza, convocó a la productora Leti Fleitas y al director Diego Mauro para liderar la puesta en escena.
A partir de allí, inició un mes intenso de preproducción: el equipo técnico definió el storyboard y las locaciones; para optimizar el presupuesto y evitar traslados masivos, un locacionista encontró zonas en Luque que emulaban a la perfección el interior del país. En paralelo, Manu Portillo lideró un exhaustivo proceso de casting para dar con los perfiles ideales.

“Que hoy exista la voluntad de decir ‘queremos contar esta historia y contribuir a prevenirla a través del lenguaje audiovisual’ es algo muy valioso. A quienes trabajamos en el sector, esto nos da esperanza y nos demuestra que la ficción también puede ser una herramienta de concienciación y transformación social”
Diego Mauro, director de El precio del pasaje
Una vez concluidas las filmaciones, Diego Mauro asumió el montaje narrativo del filme durante 15 días. Se expandió la duración inicial pactada de 20 minutos a un mediometraje final de 42 minutos. Finalmente, tras dos meses y medio de trabajo sincronizado, El precio del pasaje tuvo su gran estreno oficial el 26 de mayo en las salas de Cinemark, y se liberó en simultáneo de forma gratuita en el canal de YouTube del MINNA para asegurar su accesibilidad en cada rincón del país.
La mirada del director
Para consolidar el alma artística de la obra, Akaruvicha confió la dirección a Diego Mauro, un realizador cuya identidad cinematográfica aportó gran sensibilidad para lograr la crudeza del relato sin caer en la revictimización. Formado en Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires (UBA), él logró una amalgama entre la precisión técnica de la puesta en escena con un profundo respeto por la vulnerabilidad actoral.

Con su mirada, fuertemente enfocada en la creación de atmósferas y el uso narrativo del sonido, logró traducir el aislamiento emocional y el shock que sufren las protagonistas al descubrir que la promesa de España era una trampa. También ayudó su bagaje en el cine de terror. “Yo creo que influye totalmente. Esa atmósfera lúgubre, hostil, donde las víctimas se perciben completamente solas en la oscuridad, está íntimamente ligada al cine de terror”, reconoce Mauro. Destaca que la libertad artística otorgada por el Ministerio y la agencia fue absoluta, lo que le permitió apoyarse en códigos del cine de género para retratar lo que él mismo define como un flagelo latente.
Los elementos
Para el cineasta, un componente que considera vital en este tipo de historias es el sonido: casi la mitad de la historia, la expectativa, la narrativa; todo se potencia en la parte sonora: “Es la herramienta que te permite desnudar el perfil del personaje en tiempo real; te introduce en la cabeza de una menor ante una situación violenta y genera una empatía inmediata que el diálogo por sí solo no logra”.
Otro de los grandes pilares de la dirección de Mauro fue el meticuloso trabajo con el elenco y el blindaje emocional del set de rodaje, un proceso en el que la codirección y la producción general de Leti Fleitas resultó indispensable para acompañar a las jóvenes actrices en las escenas más densas. El casting, a cargo de Manu Portillo, descubrió la química de Milka Fretes (Sandra) y Angie Pedroso (Micaela), coronado por la brillante actuación de Nelly Dávalos como la madre. “Nelly es nuestra Meryl Streep paraguaya: un reloj suizo de la emoción. Activaba un interruptor y transmitía todo de manera magistral”, dice Mauro.

Al final, su objetivo trasciende el plano estético. “Mi sueño personal es que, tras ver este material, no haya una sola víctima más. El Gobierno entendió que la ficción es la manera más eficiente de permear en la sociedad actual, y si con esto logramos salvar una vida en cualquier escuela del país, el trabajo ya estará justificado”, admite.
El director
Su identidad como realizador se forjó lejos de casa. A los 23 años se trasladó a Buenos Aires para estudiar Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Durante los 12 años que residió en Argentina, fundó su propia productora, orientada al rubro comercial, la estética de moda y los videoclips. Allí adquirió una notable destreza en el manejo de la composición y el encuadre, alimentada también por su formación previa en Arquitectura. A la par de su trabajo comercial, tuvo la oportunidad de participar en Cinemadamare, en Italia.
A pesar de su bagaje en el exterior, el cordón umbilical de Mauro con las historias de su tierra nunca se cortó, y su narrativa siempre apuntó a dos grandes pasiones: lo social y el cine de género. Su cortometraje Kuarahy, pieza poética y contemplativa realizada junto a Itaú, cosechó el primer premio en el circuito local, y con eso demostró su sensibilidad para capturar la nostalgia humana.

En contraposición, su gran apuesta actual es Aurelia, que ya cuenta con un recorrido internacional envidiable en laboratorios y mercados de renombre como el Festival de Málaga, Ventana Sur y Entre Fronteras. “Aunque vos no creas, Aurelia es una historia que me contó mi papá cuando yo tenía 14 años. Él falleció en la pandemia, entonces este es homenaje a él y toda mi familia”, explica. Diego es parte de la nueva ola de directores que posicionan al cine de género paraguayo en el mapa mundial.
El año pasado, para perfeccionar el pilar más sagrado del set, Diego completó la carrera de Dirección Teatral en El Estudio, bajo la tutela del maestro Agustín Núñez. Esta inmersión en las tablas le otorgó la capacidad de conectar de forma cruda, directa y protectora con la vulnerabilidad de los intérpretes frente a la cámara. “Agustín Núñez es una leyenda viviente. Yo siento que obtuve el santo grial del teatro con él. ¿Qué te puedo decir? Para mí fue un lujo tenerlo en clase”, dice.
Con un perfil autoral en que el sonido y la atmósfera pesan más que las líneas de diálogo, Mauro se define como un obsesivo de lo sensorial; para él, el terror y el drama social conviven en la misma vereda porque ambos extraen su fuerza de las situaciones humanas más reales. Hoy, consolidado en la escena local, su ambición es vivir del cine en Paraguay y seguir dotando a la industria de historias potentes en las que el público paraguayo pueda verse reflejado, reconocerse.
Un llamado a la acción
El precio del pasaje está diseñado para trascender la pantalla y convertirse en una acción viva en las aulas de todo el país. El proyecto contempla la distribución masiva del mediometraje en las instituciones educativas a través del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), acompañado de un manual de instrucciones didáctico para que docentes y familias puedan abordar sin tabúes estas dinámicas de captación digital.

Al visibilizar el funcionamiento real de estas redes, el material busca romper el silencio y dotar a los jóvenes de herramientas críticas para identificar las falsas promesas antes de que sea demasiado tarde.
“El Gobierno entendió que la ficción es la manera más eficiente de permear en la sociedad actual, y si con esto logramos salvar una vida en cualquier escuela del país, el trabajo ya estará justificado”
Por otra parte, la obra también pone el foco en la urgente necesidad de fortalecer la salud mental y los mecanismos de reinserción social para las y los sobrevivientes, un aspecto que se canaliza a través de instituciones como el Centro Ñasaindy del MINNA. De cara al futuro, la productora Akaruvicha ya planea expandir este universo narrativo para explorar la historia de origen de Nico, el reclutador, de modo a visibilizar que la trata es un flagelo complejo que también afecta a varones. Para la ciudadanía, el llamado a la acción es inmediato: ante cualquier sospecha o señal de alerta, el Estado tiene activas las líneas de denuncia 147 (Fono Ayuda) y el 911 de la Policía Nacional. La protección de la niñez y la adolescencia es una responsabilidad colectiva.




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