Música

Los Ollies

Piruetas en la música

En plena pandemia lanzaron tres sencillos: Vení a casa, No sé qué decirte y No me digas que no te vas a quedar, y lograron más de 3.000 oyentes al mes en Spotify. Los Ollies no son el truco aéreo que se realiza con la patineta, sin embargo, con un sonido fresco y envolvente, transmiten esa sensación de adrenalina.

cuando el Gobierno pedía cuarentena obligatoria para toda la ciudadanía, ellos cantaban: “Vení a casa que tengo ganas / de olvidarme de vos”. Sin saberlo ni esperarlo, su primer sencillo, Vení a casa, se convertiría en uno de los himnos de jóvenes paraguayos que vivíamos nuestra primera pandemia.

“Sigo despierto y son las 3.00 / me duelen los ojos otra vez / sigo en la cama y pienso que / no hablamos desde aquella vez”, dice el segundo sencillo, No sé qué decirte, lanzado en setiembre. Para muchos, una fotografía enmarcada de aquel momento atípico y lleno de incertidumbre que atravesábamos.

Y como una trilogía, No me digas que no te vas a quedar, en colaboración con Leito, coronó esta etapa musical y, de alguna forma, cerró una historia que, sin querer, se vino contando desde el primer sencillo. “Hace tanto tiempo que te escribo en mi cuaderno / Hace tanto tiempo que todo lo siento lento/ Hace tanto tiempo que me duele la cabeza / Hace tanto tiempo dejo la ventana abierta”.

El último sencillo que presentaron, No me digas que no te vas a quedar, en colaboración con el músico platense Leito,
salió además con un videoclip animado. Los encargados de crear aquel universo visual fueron Santiago Cabrera y Elías Méndez, dos jóvenes paraguayos que experimentan con las ramas de la ilustración y animación.
“Todo viene de gente que está probando, empezando y es muy talentosa. Nosotros quedamos igual de impactados que la gente
con el resultado del video”, opina José. Tanto con Leito como con los artistas visuales, ya venían hablando para crear algo juntos. Todos quedaron recontentos con lo que concibieron.

Los Ollies son una agrupación nacional conformada por Matías Caballero (19) en voz y guitarra rítmica, Joselo Giménez (21) voz y guitarra, Sol Sanabria (18) en bajo, Gustavo Torres (21) en batería y Renato Cáceres (20) en teclados y sintetizadores.

La banda nació en diciembre de 2019, pero en marzo de este año hizo su primera aparición pública. La idea era salir con el primer tema en todas las plataformas digitales y luego tocar en vivo, pero esa misma semana el contexto mundial cambió completamente, lo que de alguna manera contribuyó a que se concentren en nuevas composiciones.

Los jóvenes son amigos y compañeros de diferentes espacios, pero fue su amor a la música y a la experimentación lo que los fue acercando cada vez más. Algunos se conocieron por Instagram, se vieron por primera vez en festivales o por medio de otros compositores; incluso ya compartían otro proyecto musical, Mati, liderado por Caballero.

“Con la experiencia de Mati ya se dio más afinidad y nació orgánicamente Los Ollies, con una energía diferente. Lo primero que hicimos fue un cover del tema Salto mortal, de Kchiporros, que lanzamos hace poco”, cuenta Matías.

Matías Caballero (19). En esta cuarentena vivió muchos vaivenes en cuanto a los procesos creativos, pero se dio cuenta de que son momentos que no se pueden forzar. Foto: Fernando Franceschelli.

En palabras de José, el placer de tocar hizo que se conformara la agrupación y que se expandiera con todos los sonidos y aportes de los integrantes: “Nos gusta hacerlo de esa manera, que funcionemos realmente como banda y que no sean solo dos tipos componiendo”.

Un collage musical

En un tiempo en el que todo ya fue inventado y las influencias provienen de tantas partes, crear algo propio es un desafío para las nuevas generaciones. Sin embargo, los jóvenes no ponen límites a su imaginación y juegan con todo lo que tienen a su alcance.

Las composiciones de Los Ollies son collages musicales armados con las mejores influencias de cada uno de los integrantes: indie, rock, pop, entre otros, lo que genera paisajes sonoros que habitan lo onírico y romántico, y pasan por lo excitante y potente.

“Ya nos pasó que sin querer estábamos haciendo algo, sonaba rebien y alguien preguntó: ‘¿Esto es de tal banda?’. Era una música que ya existía. Entonces, agarramos ciertas cosas y a partir de eso también cambiamos y mezclamos. Tomamos muchas cosas diferentes y al final sale algo aparte”, detalla Joselo.

Joselo Giménez (21). Para él, el apoyo de otros músicos y compositores de la escena se siente bien porque finalmente se trata de algo que les gusta y apasiona. Foto: Fernando Franceschelli.

Señala que las modificaciones que hacen son con el tiempo o los arreglos rítmicos de las melodías. “Eso hace que varíe mucho más una idea. Con un compás distinto, se genera un sonido más dinámico”, añade.

“Es difícil por un lado, porque hay canciones que están tan en tu subconsciente que no te das cuenta y, sin querer, las copiás. Pero por otro lado, es muy lindo porque tenés varios ejemplos. A mí me gusta que la música te haga sentir de cierta manera y sé cómo hacer eso, porque veo ejemplos. No copiar el tema en sí, pero sí la intención. En eso nos ayuda tener tanto a disposición de la palma de la mano”, comparte Caballero.

Además, cree que cuando uno expresa algo muy profundo y subjetivo, termina siendo arte propio: “No es nuestra idea sonar solamente de una manera, pero al decir que estamos buscando nuestro sonido nos referimos a ese momento en el que escuchás algo y podés reconocerlo”.

Gustavo Torres (21). Una de las mayores influencias de Guti para animarse a hacer lo que ama fue la banda nacional Flow. Él también ejecuta la batería en Mati. Foto: Fernando Franceschelli.

Ampliando la identidad nacional

Hacia 2017 se expandía en Asunción una nueva movida alternativa liderada por bandas nacionales que proponían otros sonidos en la escena. Cada fin de semana, el centro histórico era escenario de conciertos y festivales que dejaron importantes huellas en generaciones siguientes y el indie rock local.

Para Matías, EEEKS, The Crayolas y Tender Cage fueron como la Santísima Trinidad de ese estilo que se estaba gestando. “A mí siempre me gustó esa música, pero nunca pensé que sería posible acá”, menciona.

Renato Cáceres (20). Renato recuerda que hubo un tiempo en el que no se perdía ningún concierto de los EEEKS. Para él, fue una experiencia de vida y siempre pensaba “algún día”. Foto: Fernando Franceschelli.

Sus compañeros de agrupación también experimentaron como una revelación el hecho de conocer esas propuestas y que, además, exista un público que pedía más y más. “Ellos abrieron las puertas para que sea mucho más tangible hacer ese tipo de música en Paraguay. Nos dieron todo el terreno”, asegura Giménez.

Suman además otros nombres como El Culto Casero y Darlings –con los que tienen cercanía y de los cuales sienten que también aprenden bastante– ya que constantemente hay intercambios e incluso colaboraciones.

Construyen su propio sonido con las particularidades que tienen que ver con nuestra idiosincrasia, y también toman como base lo desarrollado aquí. Los Ollies rompen con la idea de que solamente lo folclórico o tradicional es parte de la identidad paraguaya.

Sol Sanabria (18). Sol también forma parte de la agrupación Mati, uno de los grupos nacionales que telonearon a Las Ligas Menores. Ella consume especialmente indie rock de Argentina como Conociendo Rusia, Usted Señálemelo, El Mató a un Policía Motorizado, entre otras. Foto: Fernando Franceschelli.

“Siento que si escuchás una banda y podés pillar más o menos de dónde es, es un superbuen punto para la música del país. Es rehermoso representar, pero a veces es como que se sobrerrepresenta, y es interesante cuando ves una obra de arte y te gusta, y después te das cuenta que es de tal lugar”, expresa Mati.

Según Joselo no hace falta refugiarse en una fantasía yanqui para mostrar nuestros sueños: “Podés encontrar un sonido y aportar también a la identidad nacional”.

Más materiales y conciertos

El pasado 7 de noviembre, Los Ollies debutaron en un escenario de forma presencial. Fue el primer encuentro con sus seguidores y el recibimiento fue tan eufórico que tuvieron que intervenir para que el público respete los cuidados establecidos para el modo covid de vivir. Aunque durante los meses anteriores recibieron muchísimo apoyo a través de las redes sociales y lo sintieron, en este encuentro presencial dimensionaron todo lo que sus creaciones están generando.

La aceptación también la atribuyen a su buen relacionamiento con las bandas y músicos que mencionaron más arriba, ya que les parece que en el ambiente no hay competitividad sino ganas de aportar a la escena local. “A todos los artistas nos beneficia que crezca el entorno”, refiere Matías.

Foto: Fernando Franceschelli. Producción: Sandra Flecha.

Todavía no tienen definido cómo van a seguir, porque también están pendientes de la situación nacional en cuanto al covid-19; sin embargo, más adelante esperan lanzar un compilado de canciones, trabajar en algunos temas que ya tienen para pulirlos y cerrarlos, y por supuesto, encontrar las oportunidades para seguir tocando.

Lo bueno, resalta Joselo, es que como son una agrupación independiente, no tienen ninguna presión y además las grabaciones las hacen de forma casera, ya sea en su casa o en la de Matías. “Elegimos cómo queremos sonar. Por más que no sea una superproducción, lo que a la gente le importa es lo que tratamos de expresar”, manifiesta.

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