Arte

Arnaldo Cristaldo

El mito de la patria

Arnaldo Cristaldo fue seleccionado para presentar sus obras en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y en la Bienal de la Habana en este 2022. Su creación se caracteriza por la convergencia entre lo conceptual y lo simbólico, y un análisis del contexto político del país desde una mirada crítica. Charlamos con el artista sobre los detalles que rodean a su trabajo.

Por Matías Irala. Retratos: Fernando Franceschelli. Fotografía de obras: Cortesía del artista.

En su libro La cámara lúcida, el semiólogo Roland Barthes dice que dentro del apartado fotográfico se puede encontrar el punctum: esa cualidad que tiene la imagen —incluso fuera del control consciente del autor— de estimular al espectador al ver una buena captura, que aporta una sensación extra al universo del dispositivo visual.

Podríamos aplicar la misma tesis al observar la labor artística de Arnaldo Cristaldo, que se caracteriza por elementos comunes como banderas, símbolos y alegorías a la tradición, que son parte de la estructura colectiva de nuestra sociedad. Al ver sus obras, el espectador encuentra una naturaleza inquietante que deviene de su análisis conceptual sobre ciertos hechos sociales del país.

“La bandera está impregnada en el inconsciente nacional. Cuando comencé mi exploración, quería contextualizar los hechos sociales y políticos que acontecían en nuestro país, pero con un elemento que sirviera como representación colectiva”, reflexiona Arnaldo y sigue: “Si nos ponemos quisquillosos, ese estandarte siempre está presente en actividades políticas, de fútbol o para ilustrar la idea de la nación. Me pareció interesante comenzar mi exploración con banderas totalmente negras, como una efeméride luctuosa y a la vez atemporal de ciertos hechos que ocurrieron en Paraguay”.

Desde 2005, el artista trabajó persistentemente en la dinámica de resignificar símbolos que construyen la identidad nacional, y su reinterpretación de la bandera fue el primer elemento con el que empezó a pavimentar su narrativa artística. Entre sus muestras individuales más conocidas están En desarme (2008), Sombrío (2013) y Py’apy (2017).

Con la serie Sombrío remarca nuevamente su estilo, pues toma el escudo patrio, lo saca de contexto y lo invierte; lo cubre con un manto de ao po’i negro y encaje bordado en códigos cromáticos, como analogía al simbolismo de las cruces mortuorias, que son bastante comunes en la región. Pero, ¿por qué reapropiarse de los elementos que forman el imaginario nacional? “Si pensamos en la bandera, genera una dualidad irónica bastante interesante de analizar. ¿A qué me refiero? Al hecho de que es un símbolo capaz de movilizar masivamente desde lo que encarna como agregado patriótico, pero también es vilipendiada por los propios sectores oficialistas que la enarbolan. Por eso me parece interesante incluso ir diseccionando sus partes, para ampliar esa naturaleza contradictoria que genera”, menciona Cristaldo.

En Notas sobre el nacionalismo, George Orwell remarcaba que el patriotismo tendía a identificarse en una sola nación o unidad, al colocarla por encima del bien y el mal y no reconocer otro deber que mantener sus intereses. Como todo discurso se beneficia de símbolos, ahí se encuentran las construcciones que sostienen los mitos fundacionales de la patria, los imaginarios unívocos que no deben ser cuestionados más allá de su formato solemne. Aquel que se atreve a salir del discurso, automáticamente genera fricción.

Arnaldo moviliza constantemente sus investigaciones por fuera de ciertos discursos: “Existe un ejercicio intelectual al analizar con lupa los elementos que conforman el imaginario local de lo nacional. ¿Por qué ocurre esto? El símbolo patrio es un elemento heredado que tiene un hábito, unas costumbres y un sistema de significaciones. El desacralizarlo por fuera de las estructuras oficiales nos obliga a entender cómo se configuran o se reproducen ciertos discursos hegemónicos”.

Entonces, ¿debemos replantear el uso que otorgamos a los símbolos? “Cuando hablamos de mis exploraciones, estas no deben entenderse como atentados a la soberanía de la bandera, sino como algo irreverente, que nos ayude a reflexionar acerca de cómo la estructura oficialista tiende a apropiarse de ciertos símbolos para generar hechos de corrupción y manipulación. A este sector deberíamos cuestionarle el uso que le da a los elementos patrios para su propio beneficio”, agrega el artista.

El territorio como inspiración

Arnaldo comenta que su llegada al ámbito fue una suma de casualidades: “Inicialmente estudié Diseño Gráfico, pero en el proceso noté que no era lo mío y lo abandoné después de un tiempo para adentrarme en el Instituto Superior de Bellas Artes”.

Tras obtener la licenciatura en Artes Plásticas, consolidó su interés en lo conceptual e hizo sus primeras apariciones en muestras colectivas, donde comenzó a recibir la atención de referentes de la escena local. Vicente Duré y Osvaldo Salerno lo impulsaron a seguir potenciando su caudal artístico.

“Hay determinadas formas de sacar a colación lo que uno quiere manifestar sobre determinados hechos que marcan al país. Hay quienes acuden a las calles, otros lo subrayan en su cuerpo de manera performativa y también están los que lo hacen dentro de las redes sociales. ¿Cómo decido yo manifestarme? En mi caso, me gusta exteriorizar mis inquietudes, dudas o reflexiones desde mis obras”, puntualiza.

Cristaldo menciona que se inspira de diferentes maneras, no solo desde el concepto, sino también desde la forma o la materialidad: “En un momento me puse a pensar qué otro elemento nuestro podía reapropiar para mis obras —aparte de las banderas, para no caer en una especie de fetichismo artístico—, entonces me incliné hacia el tejido artesanal del ao po’i como soporte y lienzo para plasmar la idea de lo simbólico. Al tomar el tejido comencé a reflexionar sobre el bordado, como trazado y construcción artesanal”.

El artista remarca que encuentra disruptivo este hecho. “Hay una disrupción al momento de analizar el bordado desde una cuestión de género, ya que se establece desde la óptica sexista predominante en nuestro país que es una actividad íntegramente femenina y los hombres no suelen estar anexados. Como antecedente podemos mencionar las obras del artista visual paraguayo Feliciano Centurión, quien toma el hilado como inspiración y lo conecta con la idea de un Paraguay marcado por lo femenino desde su genealogía familiar, donde existían mujeres que se expresaban a través de esta actividad”, explica.

En 2016, Arnaldo Cristaldo logró alzarse con el premio Henri Matisse con su obra Descalzado: “Se trata de un escudo bordado sobre tejido de ao po’i almidonado y posteriormente desbordado; una especie de acción metafórica en relación con lo que sería el arrepentimiento y la desilusión”. Pero, ¿arrepentimiento de qué?: “Me parece interesante abrir a la subjetividad de cómo cada uno puede relacionar la sensación, ya sea desde lo social o lo personal”.

El premio le permitió ir a Francia, donde residió en la Cité des Arts en París, sitio que alberga a artistas de diferentes partes de América, Europa y Asia para desarrollar sus competencias artísticas en nuevos niveles y destacar la producción contemporánea.

Otra particularidad de las obras de Cristaldo es la capacidad de adaptarse a distintas situaciones. “El hecho de utilizar el símbolo como narrativa permite que tenga una acción fantasmagórica cada cierto tiempo. Cuando sucedió la quema del Congreso y el atentado al Panteón, recuerdo que se disparó cierto fervor en torno a los símbolos por el contexto en el que estaba inmerso el país. Me gusta pensar en cómo determinadas situaciones que acontecen cada cierto tiempo permiten que la obra vuelva a emerger de manera fantasmal para invitar nuevamente a la reflexión”, puntualiza.

Traspaso territorial

Actualmente, dos obras del artista Arnaldo Cristaldo fueron seleccionadas para muestras de arte en distintas latitudes de la región. La obra Cielo carpa estará presente en la Bienal de la Habana desde el 25 de marzo al 30 de abril del corriente año. Por su parte, la instalación Descalzado fue escogida para una muestra colectiva que reúne a diferentes artistas paraguayos, bajo la curaduría de Lía Colombino, en el Museo del Malba en la ciudad de Buenos Aires.

¿Qué significa trasladar estos diálogos a otros puntos de la región? “Hay algo lúdico al momento de expandir mis obras a otros espacios, porque permite descentralizar la mirada desde el escenario territorial y conversar con otro tipo de público; que construye una narrativa con la obra, la lee desde su universo y la complementa”, detalla Cristaldo.

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