Reconstruir la autoestima
La caída del cabello por quimioterapia no es un efecto secundario menor: es el momento en que muchas mujeres dejan de reconocerse en el espejo. En Paraguay, una red de peluqueras, fundaciones y asociaciones se dedica a la confección de pelucas oncológicas para que las pacientes tengan la posibilidad de seguir sintiéndose como ellas mismas.
Por Eve Benegas
El momento en que una mujer se para frente al espejo del baño, se pasa la mano por la cabeza y siente, debajo de los dedos, el cuero cabelludo desnudo, es trascendente. El pelo se fue y, con él, una parte de lo que ella consideraba parte de su identidad. ¿Por qué duele y afecta tanto?
La licenciada Raquel Molinas Pietrafesa, psicóloga clínica especializada en Psicooncología y jefa de la Unidad de Psicooncología del Incan, ofrece un poco de luz al respecto: “La caída del pelo genera un evento traumático para la mujer que altera considerablemente su percepción corporal y, por ende, su feminidad, al igual que una mastectomía. Es aprender a aceptarse con esa nueva imagen que en algunos casos puede ser transitoria y, en otros, definitiva”.

Molinas lleva 30 años trabajando en oncología y cuidados paliativos, donde descubrió lo importante que es ayudar a los pacientes a adaptarse al proceso del tratamiento, mitigar sus temores y la ansiedad que genera la enfermedad; y acompañarlos en todo el proceso desde el diagnóstico. “Entendí que ese era mi lugar”, asegura.
La atención psicológica forma parte del enfoque integral en el tratamiento oncológico. Se puede acceder a la consulta desde el primer día en que las personas acuden al Incan; de hecho, el médico de triaje ya deriva al paciente a psicología.
Al hablar de la caída del cabello, la especialista recomienda a la paciente que haga un proceso para no enfrentarse de manera drástica a la alopecia. La sugerencia es ir cortándolo de manera gradual, acostumbrarse a la nueva imagen para luego llegar al rasurado total. Incluso, algunas personas hacen pelucas de su propio pelo.
Según la evidencia, las pelucas son una gran herramienta en la salud emocional de la paciente. “Ayudan un montón, les permiten seguir con sus actividades sociales y laborales sin sentir la mirada incómoda de la gente de la que muchas hablan”, explica Molinas.
La misión de Ina
Hace 35 años, las pelucas aún eran una novedad, había muy pocas personas que las confeccionaban. En ese tiempo, por una serendipia, Ina Delgado tuvo la oportunidad de ayudar en la reparación de una de ellas, y ahí nació su pasión.
Con el correr del tiempo abrió su propia peluquería, Ina Style, y nunca dejó de confeccionarlas. Se convirtió en su misión de vida. Hoy, la Fundación Ina Style dona entre 100 y 120 pelucas al año a pacientes del Incan, IPS, Hospital de Clínicas y el Hospital Pediátrico Acosta Ñu.
El proceso es artesanal y minucioso. “Recibimos el pelo, lo seleccionamos, limpiamos, cosemos en forma de cortina, cabello por cabello, y eso se monta sobre el gorro de la peluca. Luego, si necesita color o mechas, también lo realizamos y finalizamos con un tratamiento para lograr el mejor resultado posible, sano, cuidado. Por último, claro, el corte al estilo de la persona que la va a usar”, explica la profesional de belleza.

Ina Delgado tiene muchas anécdotas relacionadas con esta historia, que lleva décadas en desarrollo. La que le viene a la mente sin pensarlo es la de Bianca, una niña de 4 años originaria Maracaná, Canindeyú. El día previo a la entrega, la nena no pudo dormir de la emoción. Viajó hasta Asunción y cuando vio la melena, sus ojos brillaron de felicidad. “La sensación de verla feliz fue increíble. Tan pequeña, vino con tanta ilusión y hasta me contó: ‘Amoperõmbaite la che tio kuéra che peluca rã’”, recuerda.
Las pelucas oncológicas no son baratas, y ella lo admite sin rodeos: “Son costosas, por el trabajo que conlleva la confección, los profesionales, las herramientas e insumos importados del exterior. Gran cantidad de elementos aquí no están disponibles”. Pero gracias a la generosidad de la gente, Ina tiene la posibilidad de donar su trabajo, especialmente a las más pequeñitas. “Es algo increíble cómo las niñas recuperan el brillo en sus ojos al verse con una peluca. Definitivamente, cada persona que fue ayudada por la fundación dejó una marca en nosotras”, describe.
Las pelucas que vuelven
Ina Style no es la única organización que trabaja este rubro en Paraguay. Amacma, la Asociación de Mujeres de Apoyo contra el Cáncer de Mama, tiene un programa llamado Pelucas solidarias, que presta las cabelleras artificiales.
Bettina Cuevas, directora de la agrupación, explica el origen de la iniciativa: “Empezamos primero con donaciones de pañoletas, pañuelos y turbantes. Pero con nuestro clima tan caluroso, a algunas les resultaban incómodos”.
Entonces surgió la idea, y con el apoyo de varias peluquerías y centros comerciales, Amacma comenzó a recolectar cabello para confeccionarlas. Para 2019, ya tenían casi 200 unidades, prácticamente todas prestadas. “Las mujeres venían, retiraban las pelucas y con el tiempo las devolvían. Por eso lo llamamos Pelucas solidarias”, relata.

Con la pandemia se perdió el rastro de aquellas unidades, pero en 2025 Amacma volvió a confeccionar 15 y prestó 20 en todo el año. En 2026, cuentan con 15 pelucas y han realizado préstamos a ocho pacientes hasta la fecha. Las mujeres llegan, se fijan en el largor y el color; normalmente buscan una que se asemeje a lo que tienen, hasta que encuentran la indicada. “Esa es su finalidad: que una se siga viendo como es”, expone Bettina.
Algunas no regresan; hay casos en que la mujer no supera la enfermedad, y el hijo, el esposo o la hija escriben a informar: “Mamá ya no está, pero pidió, por favor, llevarse consigo su peluca”. La asociación no discute. “Ya era suya de algún modo. Fue elegida por ella, probada por ella, era la que se parecía a ella, no podemos negarnos a semejante pedido”, dice Bettina con inmensa humanidad.
Recientemente, una mujer llegó hasta Amacma desde Carapeguá y contó por qué decidió usar una: “Mi hijo es muy chiquito, no quiero que me vea así, no quiero que tenga ese recuerdo, por él vengo a llevar esta peluca”.
La peluca, entonces, no es solo para la mujer que la usa: es para su hijo, para su pareja, para su madre, para todos aquellos que también atraviesan el proceso y necesitan verla bien. Finalmente, es un acto de amor hacia sus seres queridos.

¿Cómo ayudar?
Las dos organizaciones reciben donaciones. Amacma acepta cabelleras de al menos 35 centímetros, incluso teñidas o tratadas, no hace falta que sean vírgenes. Ina Style pide un mínimo de 25 centímetros y cabello sano. En ambos casos conviene consultar antes, porque con la cantidad reunida se completa lo necesario para mandar a hacer cada peluca.
Ina Style recibe donaciones en su salón y también por encomienda, para quienes viven en el interior. Además, su fundación es impulsora del Día Nacional de la Donación de Cabello, que se celebra el 15 de febrero. Y quien no tenga pelo para ceder, puede apadrinar una peluca, ya sea como una empresa o una persona.
El acompañamiento necesario
No todas las pacientes quieren usar una peluca, a algunas ese aspecto no les afecta en absoluto y se concentran en el tratamiento. Eso es válido y totalmente personal. Para quienes acompañan, la psicooncóloga tiene un pedido concreto: respetar la decisión de la paciente siempre, tratar de que no haya diferencia con el antes del diagnóstico y no hacerla sentir enferma. “Debemos cuidar las palabras, porque la mayoría no quiere que le tengan lástima. Algunas incluso se molestan cuando les dicen ‘fuerza’ o las llaman ‘guerreras’. Lo que necesitan es acompañamiento, de la familia, los amigos, de quienes ellas elijan”, asevera.
Sobre todo, Raquel insiste en recordar que nadie debe pasar todo el proceso en soledad; es esencial acudir al especialista para que ayude a sobrellevar mejor, que toda la familia entienda que el tratamiento también incluye a la salud mental.
Para las mujeres que sufren por la alopecia, las pelucas son una óptima herramienta terapéutica. Además, es hermoso pensar que detrás de cada peluca hay una red invisible entre la que donó, la que confeccionó, la que prestó, la que usó y la que la volverá a usar para sostener su identidad mientras el cuerpo atraviesa una transformación que no eligió.




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