Obstáculos para el diagnóstico
El cáncer de mama es un tema bastante difundido. Cada octubre, el país se llena de lazos rosas, charlas y campañas. Sin embargo, todavía existe mucha desinformación, especialmente mitos que rondan las consultas. Pausa conversó con las voceras locales de esta iniciativa internacional para desmentir las creencias más extendidas.
A pesar de los constantes avances en el diagnóstico precoz y las terapias oncológicas, el cáncer de mama sigue siendo objeto de múltiples conceptos erróneos que impactan directamente en la percepción del riesgo, el diagnóstico y el tratamiento. En la práctica clínica diaria, es común enfrentarse a mitos arraigados que generan falsas alarmas y, en otro extremo, una peligrosa relajación en los controles periódicos. Ante cualquier duda, lo mejor es buscar información confiable y consultar a tiempo.
A continuación, analizamos los mitos más frecuentes sobre el tema de la mano de la oncóloga Cinthia Gauna, jefa del Departamento de Oncología Clínica del Incan; la doctora Marina Ortega, jefa del Programa Nacional de Prevención, Detección Precoz y Tratamiento del Cáncer de Cuello Uterino y Mama; y Bettina Cuevas, presidenta de la Asociación de Mujeres de Apoyo contra el Cáncer de Mama (Amacma).
“No hay antecedentes en mi familia, no tengo riesgo”
Si nadie en mi familia tuvo cáncer de mama, ¿por qué yo lo voy a tener? Ese es, quizás, el mito más extendido y el más peligroso. La doctora Cinthia Gauna fue además presidenta de la Sociedad Paraguaya de Oncología Médica y desmiente esta suposición con precisión: “Pensar que si no hay antecedentes familiares no se puede desarrollar la enfermedad es un error. La mayoría de los casos ocurren en mujeres que no tienen un precedente importante”.

Las estadísticas confirman esa afirmación. Según información del Instituto de Previsión Social, entre los pacientes del servicio de Mastología, el 90 % corresponde a casos esporádicos y solo el 5 al 10 % se relaciona con mutaciones genéticas hereditarias. Es decir, la inmensa mayoría de las mujeres que reciben un diagnóstico de cáncer de mama no tienen ningún antecedente familiar relevante.
Eso no quita valor a los antecedentes. Las mujeres con familiares directos que sufrieron de cáncer de mama u ovario, o con mutaciones genéticas conocidas, deben comenzar los controles antes de los 40, siempre bajo indicación médica.
“Si no duele, no es cáncer”
Este mito es comprensible, pues el dolor es la señal de alarma del cuerpo: si algo duele, vamos al médico; si no, no es urgente. Pero no hay que ignorar otras señales.
La doctora Gauna es quien desarma esta creencia. “Existe la idea de que si un nódulo no duele, no es cáncer. Muchos cánceres de mama en etapas iniciales son completamente indoloros”. Bettina Cuevas, directora de Amacma, lo explica desde la experiencia de las pacientes que acompañan: “No necesariamente un tumor mamario duele. Precisamente debería consultar cuando está observando cambios como rojez, picazón, pezón hundido o una secreción que antes no estaba”.
El dolor, en el cáncer de mama, es un síntoma tardío. Esperar a que duela podría equivaler a esperar a que sea demasiado tarde.
El dolor, en el cáncer de mama, es un síntoma tardío. Esperar a que duela podría equivaler a esperar a que sea demasiado tarde.
“La biopsia hace que el cáncer se disemine”
Quizás esta creencia no es frecuente, pero su consecuencia directa es muy nociva. La doctora Cinthia Gauna habla al respecto: “Otro mito que escuchamos es que la biopsia hace que el cáncer se disemine. Esto es falso y peligroso, porque el miedo a este análisis retrasa el diagnóstico y el tratamiento”.
La detección puede ocurrir porque la mujer nota un cambio en la mama, como explicó Bettina Cuevas; quizá un nódulo, la retracción del pezón, cambios en la piel o secreción. O, idealmente, si en un control encuentran una lesión cuando todavía no produce síntomas. “Si hallamos una imagen sospechosa, la evaluamos con mamografía y ecografía. Pero el diagnóstico definitivo se realiza mediante una biopsia, que permite analizar el tejido”, explica la doctora Gauna.
La certeza solo llega con el análisis del tejido: el mastólogo realiza la biopsia y el material se envía a anatomía patológica. Recién ahí se sabe si hay cáncer, de qué tipo es y qué terapia corresponde. Ese estudio es clave porque el tratamiento se decide según la biología del tumor.

“El autoexamen es suficiente”
Este mito es particularmente delicado, porque hacerlo no es inútil, pero ha sido sobrevalorado hasta el punto de convertirse en una falsa sensación de seguridad.
La doctora Cinthia se explaya en el tema: “El autoexamen de mama no ha demostrado reducir la mortalidad por cáncer. Actualmente, las principales guías internacionales no lo recomiendan como método de control sistemático. Sin embargo, esto no significa que las mujeres deban dejar de prestar atención a sus mamas, pues conocerlas y reconocer cambios sospechosos sí es importante”.
La doctora Marina Ortega aporta el dato que explica por qué no es la herramienta principal: “El cáncer en estadios iniciales no se palpa, ahí radica la importancia de hacerse los controles médicos como tamizaje antes de que aparezcan síntomas”. El autoexamen no reemplaza bajo ningún sentido a una mamografía, y por eso los profesionales insisten con los chequeos periódicos.
El autoexamen no reemplaza bajo ningún sentido a una mamografía, y por eso los profesionales insisten con los chequeos periódicos.
“La quimioterapia me va a dejar pelada, voy a vomitar y morir”
Tres miedos poderosos en torno a la quimioterapia, totalmente válidos. Pero en las últimas dos décadas el panorama ha cambiado bastante. La doctora Marina Ortega desarma esta creencia: “Que la quimioterapia siempre es igual a quedar pelada, vomitar y morir es falso. Hoy en día las drogas son más efectivas y con menos efectos colaterales, y no son sinónimo de muerte”.
La caída del cabello aún es un efecto secundario frecuente de algunos esquemas de quimioterapia, pero no de todos. Y cuando ocurre, es transitoria. La náusea, que era el efecto más temido, hoy se controla con antieméticos mucho más efectivos.
“Sacarme la mama es mutilarme”
La mastectomía fue, durante décadas, el fantasma que sobrevolaba al diagnóstico. La idea de perder un seno, para muchas mujeres, es casi tan temida como la enfermedad misma. Pero la realidad no es tan aterradora y la doctora Marina Ortega explica por qué: “Hoy día las cirugías son más conservadoras y con capacidad de reconstrucción”.
La pérdida de la mama ya no es una consecuencia inevitable del diagnóstico.
La cirugía conservadora, tumorectomía o cuadrantectomía es actualmente el tratamiento estándar en estadios tempranos, siempre que sea posible. Y cuando la mastectomía es necesaria, existe la posibilidad de reconstrucción inmediata o diferida. La pérdida de la mama ya no es una consecuencia inevitable del diagnóstico.
En ese sentido, Bettina Cuevas admite una mejoría en el sistema de salud. “Hay hospitales dedicados, como el San Pablo, donde las pacientes se pueden realizar la reconstrucción mamaria en forma gratuita”.
“Con remedios naturales me curo”
Esta afirmación circula con una frecuencia preocupante. La promesa de una cura sin efectos secundarios, sin cirugía ni quimioterapia, es tentadora pero irreal. “No existe recuperación con remedios naturales. El cáncer necesita un tratamiento multidisciplinario indicado por especialistas en oncología”, asevera la doctora Marina Ortega para dejar atrás esta creencia.
Ni dietas milagrosas ni hierbas ni suplementos: la enfermedad se cura, cuando es posible, con cirugía, radioterapia, quimioterapia, hormonoterapia y terapias dirigidas. Cualquier tratamiento alternativo que reemplace a estas es un riesgo.

“Es mi culpa”
La idea de que el cáncer de mama es el resultado de haber hecho algo mal aparece a menudo. Bettina Cuevas es testigo de los casos que llegan a Amacma de pacientes que acuden con sentimiento de culpa y preguntan en qué se equivocaron. “Algunas personas creen que no se cuidaron lo suficiente. Debemos combatir ese pensamiento, esta enfermedad no es culpa de nadie. La mujer no es culpable ni responsable por sufrirla”, exclama.
También se escucha con frecuencia que no tener hijos y no haber dado de mamar vuelve propensas a las mujeres a desarrollar cáncer. “No es así. Podés ser mamá y haber amamantado e igual ser diagnosticada con cáncer de mama”, aclara Cuevas. La presidenta de Amacma insta a evitar creer que la enfermedad es consecuencia de una negligencia. La culpa paraliza y la parálisis retrasa la consulta.
“Es una enfermedad solo de mujeres”
Esto tal vez no lo sabías, pero la enfermedad también afecta a hombres, aunque en una proporción muy baja. Según el Ministerio de Salud, de cada 100 casos de cáncer de mama, uno corresponde a un varón. Es una cifra pequeña, pero suficiente para recordar que cualquier cambio en el pecho masculino, como un nódulo o una secreción, también merece consulta.
Según el Ministerio de Salud, de cada 100 casos de cáncer de mama, uno corresponde a un varón.
Las especialistas coinciden en un mensaje: si cumpliste 40 años o más, hacete la mamografía una vez al año, aunque te sientas bien. Si notás algún cambio, no esperes a que duela. Y si tenés dudas, consultá fuentes médicas confiables.
Los mitos, los miedos y las culpas son obstáculos que se interponen entre una persona y su salud. Por eso, el verdadero impacto de las campañas de concientización llega cuando una mujer, motivada por toda la información, puede acceder a una mamografía, recibir su resultado a tiempo y, si hay una lesión sospechosa, completar el diagnóstico para comenzar el tratamiento sin demoras.




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