Nota de tapa

Lourdes Llanes

De vocación artística

Luego de un periodo significativo fuera del escenario, Lourdes Llanes retorna a uno de sus grandes amores: el teatro, al frente de la obra Salve Madre. Aprovechamos la ocasión para hacer un recorrido profundo por la vida y obra de esta mujer, quien desde pequeña ya manifestaba un visible amor hacia las expresiones del arte.

Por Nadia Gómez. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Bethania Achón. Producción: Sandra Flecha. Fotografía: Javier Valdez. Peinado: Elizabeth Venialgo para Majestik Beauty – Barbershop & Spa. Maquillaje: Noemí Argüello para Majestik Beauty – Barbershop & Spa. Vestidos: Caburé – Negro Vázquez.

Una mañana cálida y luminosa, sentadas en el patio trasero de la Eco Tienda Café, Lourdes y yo empezamos a hilar las primeras palabras de una larga y conmovedora conversación. “Mi nombre es Lourdes Llanes. Nací en Asunción y estoy a punto de cumplir 55 años”, me dijo luego de prender la grabadora, y vienen a mi cabeza recuerdos de ella en la televisión con toda la familia reunida luego de cenar, para un capítulo de González vs. Bonetti, la telenovela producida por el canal Telefuturo y dirigida por Tana Schémbori y Juan Carlos Maneglia. Corría el año 2005. Es una imagen que ha de resonar en la memoria de muchos paraguayos.

A la tierna edad de cuatro años, Lourdes ya recitaba poemas, un legado muy enraizado en su familia, que comenzó con su abuela materna, fundadora de la escuela José de Antequera y Castro. “Era una persona que leía mucho, hablaba francés, le gustaba la poesía y declamaba. Le enseñó a su hija, su hija me enseñó a mí y yo le enseñé a mi hija nuevamente”, comenta. Su lado artístico —que si bien no es solo un “lado”, una “faceta”, es algo totalmente íntegro de su ser— cree ella que nace gracias a esa experiencia. A los cuatro se subía a las sillas y recitaba; sin embargo, no se proyectaba como artista, eso se dio de manera natural. 

Lourdes siente —o, mejor dicho, sabe— que su primer amor fue la poesía. “La poesía me enseñó gran parte de lo que sé en mi vida”, cuenta con gran emoción en la voz. Hay algo en los poemas que la hacen sentir cercana a las personas, algo que le permite llegar a la raíz de muchos problemas sociales, y al mismo tiempo transmitir, ser la voz de personas que no pueden alzar las suyas. “Para mí es como una misión, porque la poesía despierta mentes. Te cuenta verdades, porque está escrita desde el sentimiento más profundo del ser”, acota.

Tiempo después, su madre la inscribió a la Escuela Municipal de Arte Infantil, a los siete años, donde estudió disciplinas como teatro, danza, canto e instrumentos musicales. Al siguiente año inició estudios de declamación de la mano de Margarita Irún. “Estuve con Margarita hasta los 20 aproximadamente. Terminé mi carrera, presenté mi tesis y, antes de eso, me casé y tuve a mis dos hijos”, explica. Su vida estaba en un punto clave, entre el término de muchos años de formación y el inicio de su familia. Se mudó a la ciudad de Ayolas, donde vivió y trabajó unos ocho años y, luego, volvió a Asunción, donde inició su propia academia de arte, la cual cuenta hoy con 22 años de trayectoria. 

Cuando el teatro llama

Un primer retorno a las tablas se dio a sus 30 años. Decidió continuar su formación, de nuevo, con Margarita Irún y Hedy González Frutos. “Me apasiona. [El teatro] era mi amante más o menos”, comenta con los ojos iluminados y una sonrisa. Estudió también con Agustín Núñez, en El Estudio, aunque en ese entonces todavía no contaba con el aval del ministerio. “Entonces hice todos los cursos que se daban durante tres años. No tuve un título, pero sí los diplomas de los talleres que realicé con grandes maestros”, comenta la actriz. 

Entre las obras que llevó adelante en ese entonces se encuentra Electronic City, de Richter, con dirección de Agustín Núñez, y fue luego de este trabajo que Tana Schémbori le propuso hacer el casting para la telenovela González vs. Bonetti. Entonces, bajo la dirección de Lucio Sandoval, desarrolló un estilo natural de actuar. “Bajé los decibeles en exageración de declamación y creé un nuevo estilo. Empecé a enseñar diferente. Las revoluciones disminuyen a medida que uno se da cuenta que lo natural es mucho más lindo, llega más”, agrega. 

El teatro, para mí, es una manera de hacer denuncias; de tal vez utilizar los libretos para ser diferentes personas.

Hizo la obra Mujeres, con dirección de Mario Sandoval, y luego Román Paladino, realizada en el Centro Cultural Juan de Salazar con el director español Fernando Rojas, en la cual se retrata la evolución de la lengua castellana hasta nuestros días. “Allí confirmé todo lo que estudié. Venía creando esa forma nueva y Fernando tenía un estilo que me encantaba: el natural. Esa obra fue maravillosa”, comparte. Más adelante hizo de Jesusa, en una obra larga de Rubén Bareiro Saguier dirigida por Lucio Sandoval, en la cual interpretaba a cinco personajes. Estos fueron algunos de los trabajos teatrales que más la marcaron como artista.

Lourdes pasó de interpretar poesía a hacer teatro, y para ella esto fue una evolución. “El teatro, para mí, es una manera de hacer denuncias; de tal vez utilizar los libretos para ser diferentes personas. Y como me encanta analizar, me voy tan profundo en cada personaje… Creo que pongo alma, vida y corazón”, añade. 

De la televisión a la introspección

A finales de marzo de 2005, Telefuturo empezó a transmitir la afamada novela paraguaya González vs. Bonetti. Al ser Telefuturo un canal de televisión abierta, la novela llegó a miles de hogares y causó furor durante el tiempo que estuvo activa. “Para mí González vs. Bonetti fue diversión. Cuando actuábamos con Alicia Guerra, con quien somos muy amigas, nosotras nos divertíamos. No teníamos idea del alcance que eso iba a lograr. Lo hacíamos porque nos gustaba”, comenta. 

Fueron cambiando las cosas; las personas con quienes Lourdes se cruzaba en la calle la reconocían, algunas paraban en el semáforo y la llamaban “Ani”, el nombre de su personaje en la novela. Se había vuelto una “figura pública”. “Es hermoso que la gente te reconozca, que esté ahí. Pero se llega a un punto en que no existen límites. Igual me encanta cuando el público me reconoce, cuando me habla de la parte actoral. Me gusta mucho porque es el regalo más lindo que puede recibir un actor o una actriz”, acota. 

Me dediqué a buscar la misión de mi vida, empecé una exploración interna. A partir de allí se fueron dando muchos cambios, muchas cosas en mi vida.

Más adelante le salió una nueva oportunidad protagónica en televisión, en la telenovela La Doña, estrenada en marzo de 2010. Este trabajo fue el que marcó un antes y un después en su vida. La experiencia le resultó estresante y fue después de eso que dio un paso al costado en su ejercicio como actriz. “Decidí estar un poco más aislada, más en lo mío, en mi academia. Empezamos a preparar a los chicos para participar de festivales mundiales de teatro infantil y adolescente, y viajamos muchísimo por el mundo”, explica. 

Tuvo un periodo sabático que se extendió por 12 años y que se interrumpe por primera vez este 2022, en su gran retorno al escenario. “Fui a las montañas en Córdoba y empecé a tener un cambio de vida, de alimentación, en la parte espiritual. Necesitaba estar más para dentro”, cuenta. Allí inició un viaje interior que cambió su vida no solo a nivel físico. Empezó a tener más contacto con la naturaleza, se adentró en lecturas sobre espiritualidad y comenzó a hacer Reiki, un tipo de medicina alternativa japonesa. “Me dediqué a buscar la misión de mi vida, empecé una exploración interna. A partir de allí se fueron dando muchos cambios, muchas cosas en mi vida”, agrega. 

Existe en Lourdes una parte importante que se dedica a realizar Reiki, a actuar en pos de sus creencias espirituales, a ser su propia persona; y está su parte artística, su veta de actriz, de poeta y de docente. Sin embargo, estas partes también conviven y se complementan. “Creo que se fusionan bastante bien, porque es la oportunidad para también seguir con mi misión de vida, que es transmitir todo lo que sé, todas las vivencias que pasé y que sigo teniendo”, explica. 

Para ella es importante lo que se transmite, el mensaje que existe y que permanece a través de una obra de teatro, de una película o de la interpretación de un poema. “En la declamación, yo elegía lo que podía decir, eso para mí siempre fue libertad. A partir de ahí, creo que voy a continuar con eso: decidir qué cosas hacer y qué cosas no. Una obra o una película que no tengan un mensaje, no las haría”, agrega. 

En una entrevista televisiva, hace un poco más de un año, Lourdes explicaba a la conductora del programa qué es el Reiki y cómo funciona. En un momento, dijo: “Somos energía, y al ser energía, la energía del universo fluye en nosotros para que podamos hablar, movernos”. Esto me dejó pensando en que la actuación también requiere una gestión de energías. Pisar un escenario, interactuar con un público expectante, volcarse a la preparación y la creación de un personaje y llegar a la entrega que hace el actor o actriz sobre las tablas. 

Lourdes cree que hoy en día, gracias a estas herramientas que tiene, puede manejar mucho mejor esas energías. “De hecho antes ya lo hacía de manera inconsciente porque siempre tuve esa facilidad para ayudar a otras personas, entonces ya lo aplicaba en las tablas”, cuenta. En esta nueva obra, por ejemplo, incorporaron ejercicios de relajación, especialmente cuando se encontraban cerca de la fecha de estreno. “Siento más todo. Soy muy perceptiva, susceptible y sensitiva. Siento lo bueno y lo malo. Y ahí es donde tengo que trabajar con mis herramientas para no absorber esa energía, para que no influya en mí, porque soy como una esponja”, comenta. 

Soy muy perceptiva, susceptible y sensitiva. Siento lo bueno y lo malo. Y ahí es donde tengo que trabajar con mis herramientas para no absorber esa energía, para que no influya en mí, porque soy como una esponja.

Salve Madre, el retorno esperado

Luego de 12 años, Lourdes vuelve a encarnar un personaje. Esta vez a Carmen Roster, de la obra Salve Madre, dirigida por el director, actor, dramaturgo y productor Daniel Gómez. “Creo que llegó en el momento adecuado, cuando mucho de lo que dice Carmen también soy yo. Porque con la edad que tengo es como hacer un inventario de mi vida, y me encanta”, acota. Según la actriz, aceptó el papel sin haber leído el final de la obra. Se sintió atrapada por la historia desde el principio.

La obra es un melodrama familiar que busca explorar las distintas aristas de la relación entre madre, hijos e hijas, y rompe con el romanticismo que impera sobre la maternidad al desnudar la verdad de los sueños y de la felicidad. Cuenta la historia de Carmen Roster, quien en su cumpleaños 55 toma una de las decisiones más importantes de su vida: mudarse a otro país. Esto implica una separación de sus tres hijos: Lucas, de 35 años; Lidia, de 28, y Lázaro, de 20.

Lourdes cree que esta obra llega en un momento maravilloso para que la gente pueda conocer a la “mujer mamá. A la mamá que es de carne y hueso, que tiene sus sentimientos, sus emociones, y que no solo debe estar dedicada al 100 % a sus hijos hasta que ella se vaya de este plano. Que también tiene sus necesidades y sus deseos”, comenta. Con este personaje, y en esta obra, ella siente que está representando a todas las mujeres, sean madres o no, y especialmente a aquellas que lograron entender que no vinieron al mundo para ejercer exclusivamente el rol de la maternidad. 

Menos de un año atrás, Lourdes deseó y pidió al universo que apareciera algo, un proyecto en el cual pudiera volcar sus conocimientos. “Creo que la obra me eligió. Porque también le habían ofrecido el papel a otra persona, y no pudo. Y me dijo Dani que después de un año, la obra encontró a la actriz. Aparecí yo”, comenta. 

Gran parte de su motivación para volver a las tablas también recae en el gran mensaje que yace dentro de Salve Madre. “Me gusta mucho el tema de la familia. Siempre me cuestioné para qué se formó. ¿Qué quiso nuestro creador con esto? Y pienso que hoy tengo muchas respuestas”, explica. La actriz sostiene que encontró su misión en la vida y esa misión se da mucho a través del arte, gracias al cual puede llegar a más personas. “Para mí esta obra de teatro es una herramienta para muchísima gente que va a ir a verla”, agrega.

Para Daniel Gómez, director de la obra, es un honor tener la oportunidad de dirigirla, y como dramaturgo, verla encarnar un personaje tan poderoso. “Es un privilegio ser parte de su regreso a las tablas después de mucho tiempo ausente, pues se adapta a nuevas formas de expresión escénicas con la calidad interpretativa que la caracteriza y con la que siempre cautiva”, comenta. El papel de Carmen fue creado para una actriz de alta gama. El director sostiene que los roles, de alguna forma, a través del autor, director o productor, encuentran el cuerpo donde habitar y existir.
“Lourdes supo abrazar a Carmen Roster y hacerla suya. Ella encaja a la perfección con el personaje y responde a la altura de su bagaje y trayectoria artística”, concluye. 

“Maravillosa” y “diferente” son las palabras con las que Lourdes describe su experiencia de regreso al rubro teatral, y especialmente con esta obra, que se presenta con un lenguaje teatral y cinematográfico. “Actuar en teatro como si fuese un cine es mucho más desafiante, y me encanta porque el director está rompiendo esquemas”, agrega. 

La temporada de Salve Madre abarca los días 2, 3, 4, 9, 10 y 11 de setiembre en el Teatro de la Alianza Francesa de Asunción, los viernes, sábados y domingos a las 20.00. La obra es apta para mayores de 13 años. La producción está a cargo de Jazmín Romero, actriz y gestora cultural, junto a Ciudad Teatro, con la asistencia de dirección de Alejandro Ramírez y la producción audiovisual de la documentalista Dea Pompa. Completan el equipo técnico Martín Pizzichini en el diseño de iluminación y Juan Méndez en la realización escenográfica.

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