Gastronomía

Leyenda viva de la vitivinicultura mendocina

Una cita con José Zuccardi

José Alberto Pepe Zuccardi llegó al Paraguay invitado por London Import, representante de Familia Zuccardi en nuestro país, como parte de sus esfuerzos por conectar al consumidor con el origen de los vinos y las personas que lo hacen posible. En esta entrevista con Pausa, nos habla del valor de las empresas familiares y de la intuición detrás de las mejores etiquetas de la bodega que lleva su apellido.

Por Patricia Luján Arévalos. Fotografía: Fernando Franceschelli.

Cinco décadas de trabajo ininterrumpido convierten a José Alberto Zuccardi —Pepe para sus allegados— en uno de los hombres con mayor trayectoria del vino argentino, específicamente el mendocino. Allí, en el Valle de Uco, dirige Familia Zuccardi, una empresa familiar que lleva tres generaciones de crecimiento e innovación constantes.

El rol de José en el panorama vitivinicultor de su país y la región no es menor. Aunque su visión clara trajo crecimiento y renombre a la bodega que lleva su apellido, también se convirtió en una especie de embajador de la producción argentina gracias a una incansable labor que lo ve recorriendo el mundo todavía hoy, a sus 72 años, con el mismo vigor de siempre y la incansable curiosidad de los hombres con ingenio.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Hoy, Familia Zuccardi ya no es una, sino tres bodegas: Valle de Uco, Santa Julia (en honor a su hija) y Alambrado. Estas líneas se comercializan en Paraguay gracias a London Import, otra empresa familiar con la que los Zuccardi llevan una relación de años y que se fortalece con cada nuevo lanzamiento, como los aceites de oliva que desarrolló el hijo menor de José y que tienen varios reconocimientos internacionales. 

Y aunque los premios validan el esfuerzo detrás de cada botella, José aclara que no trabajan por ellos: “Cuando los reconocimientos llegan, de alguna manera es la indicación de que uno transita el camino correcto”. Zuccardi Valle de Uco fue el mejor viñedo (World’s Best Vineyard) por tres años consecutivos (2019, 2020 y 2021) en la publicación The World’s 50 Best, y a partir del 2022 integra el Hall of Fame de la lista

Como sabemos, uno no puede “aplicar” para formar parte de esta clasificación, así que llegar a la cima es un privilegio que él comprende perfectamente. “Ese premio fue bueno no solo para nosotros como familia y marca —que, por supuesto, lo fue—, sino también para la región. De alguna manera, fue poner el Valle de Uco y el paraje Altamira, que es donde está la bodega, en el mapa mundial del vino”, explica.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

El éxito de uno se convierte en una plataforma para todos sus pares. Así, aunque Zuccardi sea una empresa privada, también está trabajando por la Argentina. “El vino le da identidad a la región de donde viene”, puntualiza. 

Es que los números hablan por sí solos. Son 14 vinos que han alcanzado los 100 tantos, puntaje perfecto en los rankings de Tim Atkin, James Suckling, The Wine Advocate de Robert Parker y Descorchados. Zuccardi se enorgullece de alcanzar estos récords con etiquetas innovadoras que expresan dos condiciones que José considera imprescindibles para el futuro de la bodega: el terroir y la interpretación de la gente.

El vino es identidad

Una de las aristas que trabaja José en sus viajes es conectar a los consumidores con las personas que participan de la elaboración y el origen mismo del producto. Es por eso que la interpretación de la gente que trabaja en esa etapa temprana —tan temprana que el vino todavía no es vino— es una parte clave del proceso. 

“La interpretación del agrónomo o del enólogo es importante porque esta bebida tiene una característica muy particular. El mismo viñedo, cultivado por personas diferentes, puede producir uvas de distintas características. Y las mismas uvas, vinificadas por otros equipos, dan productos disímiles”, explica. ¿Qué prueba eso? Que no solo es importante la materia prima, aunque sea la base de la calidad, sino también las manos que la trabajan. “Por eso siempre decimos que el vino es lugar y gente, o gente y lugar. Las dos cosas van indisolublemente unidas”, agrega.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

En ese contexto, no es de extrañar que José se declare fan de las empresas familiares, porque un proyecto como el vino necesita una constancia que este tipo de formato de negocios permite. “La relación entre London Import, es decir, la familia Kennedy, y Zuccardi es de mucho tiempo. Yo creo que el vino necesita de dos ingredientes muy importantes: el tiempo y la continuidad”, comenta.

Lleva años empezar a producir a partir de la plantación de un viñedo, y la actividad económica se transforma en una forma de vida que pasa a sostener y contener un negocio: “Es por eso que cuando se trata de vinos, siempre se habla de dos cosas muy importantes: el lugar de donde viene y el productor”. Son esos factores los que conforman su identidad.

“Las empresas familiares tenemos la capacidad de trabajar a largo plazo”, subraya. Además, el director de la mejor bodega de Argentina por tres años consecutivos no solo se refiere a la relación sanguínea, sino a un equipo que comparte valores y objetivos. Esa continuidad es la que permite realmente que se expresen.

José es la segunda generación de la familia Zuccardi; sus hijos, Sebastián, Julia y Miguel, se integraron completamente a la bodega y produjeron los cambios propios de cada escalón, lo que permitió un crecimiento que va más allá de lo cuantitativo. 

La intuición

En este proceso, él identifica dos partes: la “dura”, que tiene que ver con la ciencia del cultivo y los procesos industriales; y la artística, en la que prima lo artesanal. Allí es donde la interpretación de la persona toma preponderancia: “Trabajamos en la naturaleza, que no tiene estándares rígidos. Cada año, climáticamente, es distinto. Dentro de un viñedo hay diferencias de suelos. Armonizar todos los factores que van desde la tierra hasta la producción implica una sensibilidad y un trabajo acorde que permite poner en valor lo que se obtiene”. 

Este aspecto no es algo que se pueda industrializar. “Te vas a encontrar con cambios climáticos, con que el suelo de ciertas parcelas difiere del de otras… Entonces, es el conocimiento del viticultor y las personas que estamos en el viñedo el que define cómo se lleva adelante el proceso a la hora de manejar la fermentación”, menciona.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Lo que José Zuccardi describe es la intuición. Y no como algo mágico, sino como la serie de decisiones informadas por la experiencia: la trayectoria sugiere los siguientes pasos y permite confiar en las decisiones que están tomando para el futuro. “Nosotros somos viticultores en nuestro ADN. No estamos plantando en todos lados, sino en Mendoza. Vivimos en Mendoza; salimos, viajamos, comunicamos y estamos al pie de nuestro viñedo, sentimos lo que siente. Podríamos cultivar en muchos sitios, pero tenemos una relación muy estrecha con el lugar”, explica y agrega: “La intuición es la suma de ese proceso de haber vivido situaciones, y eso te da ciertos indicadores que, a veces, uno no lleva a un plano consciente”.

Y, de vuelta, el factor familiar del negocio puede hacer la diferencia aquí: “La intuición también es algo que se comparte, porque hemos aprendido juntos, hemos tomado decisiones colectivas y hemos visto crecer entre todos nuestra empresa”. 

Oliva mendocina

El clima desértico de Mendoza es perfecto para los Zuccardi, y a la cosecha de la vid se le sumó la de la aceituna. “Sobre todo en las zonas que van entre 650 a 900 metros sobre el nivel del mar. El olivo logra también calidades muy interesantes en esas condiciones de alternancia térmica, de días cálidos y noches frescas. Podemos producir aceites de muy alta calidad”, explica José.

Su hijo menor, Miguel, es el responsable de este proyecto que lleva 22 años en desarrollo y muchos aplausos acumulados. El secreto, explica el padre, es pensar en el olivo como se piensa en el vino: “Variedades, momento de cosecha, año de elaboración… Aplicamos todos aquellos conceptos de diferenciación que se utilizan en la bodega, al aceite”.

Hace mención del conocimiento milenario, legado de los griegos, sobre este óleo, considerado hoy también como un superalimento. “Las calidades que se pueden lograr son muy diferentes de acuerdo a cómo se cultiva el olivar, a la variedad y a la forma de extracción que se utilice”, menciona.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Miguel Zuccardi fue uno de los primeros productores en utilizar la variedad arauco, también conocida como criolla, considerada hoy como autóctona de Argentina, para la extracción del aceite. El resultado es un líquido brillante y muy intenso, que cuenta con premios en Italia, España y Japón. 

En ese sentido, tiene un rol clave en el desarrollo de la categoría ultrapremium de este producto. “Y esto es un fenómeno que está ocurriendo en el mundo, donde se diferencian calidades. La verdad, es una maravilla la contribución del aceite de oliva no solo a la salud, sino al sabor de las comidas y al placer que produce consumirlo”, puntualiza. 

José Zuccardi ya lleva un buen tiempo sumándose a las innovaciones que sus hijos introdujeron al modelo de negocios de la bodega. Siente que su rol, hoy, es el de acompañar, porque el desafío de los jóvenes es ir por más. Desde su posición, la gratificación es enorme: como viticultor, director de la empresa y, sobre todo, padre.

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