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La revolución veterinaria

Cómo cuidar y sanar sin palabras

A pesar de ser un país eminentemente agrícola, no hubo veterinarios en Paraguay sino hasta 1905, y recién en 1956 se fundó una facultad de esta ciencia dependiente de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). La profesión se consolidó y hoy tenemos médicos especializados. A propósito del Día del Veterinario, conversamos con la doctora Zaira Colmán, de Fauna Town, sobre el oficio y su evolución. 

Por Eve Benegas. Fotografía: Fernando Franceschelli.

En un país cuya columna vertebral siempre fue el campo, la salud de los animales se apreciaba por formar parte del sistema productivo, pero la atención quedaba en manos de baqueanos, empíricos y técnicos rurales que resolvían las dolencias del ganado sin títulos universitarios en la pared.

La cosa se puso seria cuando en 1905 volvió al país Santiago Aranda, primer paraguayo en obtener el título de médico veterinario, tras graduarse en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. A su regreso, asumió un rol técnico en el Ejército y en la gestión pecuaria estatal. En las décadas posteriores, investigadores como el doctor Silvio Migone continuaron esa senda. 

Sin embargo, el hito institucional definitivo se consolidó el 23 de abril de 1956. Con el impulso del Prof. Dr. Arsenio Vasconsellos López —primer decano ad honorem—, la carrera abrió sus puertas en la Facultad de Agronomía y Veterinaria, con un total de 50 inscritos. El 22 de abril de 1961, 22 estudiantes de la promoción inicial recibieron su título. El mejor egresado fue Eduardo Ruiz Almada. 

Algunos años después, en enero de 1975, la institución logró su autonomía académica para transformarse oficialmente en la Facultad de Ciencias Veterinarias (FCV-UNA). Se formaron promociones que durante años atendieron un poco de todo, aunque la atención estaba centrada en los animales de trabajo, la producción ganadera y la vida rural; los domésticos en la ciudad solían cumplir funciones utilitarias o habitaban exclusivamente en el patio, cuidando el hogar. 

Hoy, en la sociedad existen nuevas dinámicas familiares y las mascotas ya son miembros fundamentales del hogar. Esta evolución de animal de trabajo a compañero de vida impulsó a la medicina veterinaria a dar un salto técnico y empático gigantesco para responder a tutores que buscan para sus compañeros peludos el mismo nivel de cuidado, diagnóstico y afecto que para cualquier ser querido. De esta forma, el enfoque generalista le abrió paso a la era de la especialización. 

Una utopía

En este escenario se posiciona la historia de la doctora Zaira Colmán. Ella es egresada de la FCV-UNA, está casada, tiene una hija, cuatro gatos y dos perros rescatados. Se desempeña como supervisora técnica de Fauna Town y de Cat Town, la primera clínica del país dedicada de manera exclusiva a la medicina felina.

“Desde que era estudiante pensaba, casi como una utopía, que quería dedicarme exclusivamente a los gatos”, recuerda la Dra. Colmán y sigue: “Cuando eso muchos me decían que era imposible, que la medicina felina todavía no estaba tan desarrollada en nuestro país y muy pocos seguían ese camino. Recuerdo con mucho cariño a una docente que se estaba especializando en el exterior; ella fue una de las primeras en decirme que sí se podía”. Ese apoyo marcó su carrera y hoy tiene la satisfacción de dedicarse a lo que siempre soñó, especialidad que creció enormemente en Paraguay. 

Su vocación nació en la infancia. Fue hija única durante muchos años y creció en una casa donde siempre hubo animales: “Mis compañeros de juegos no eran amigos imaginarios, sino los gatos de casa. Los observaba por horas, aprendía y los entendía. Hoy siento que, de alguna manera, ellos eligieron mi camino mucho antes que yo”.

Ramas médicas

La especialización exclusiva en felinos forma parte de una tendencia global que la medicina veterinaria local abrazó con fuerza. Esto también se debe al crecimiento exponencial de estos pacientes en los departamentos urbanos. Pero la lista de ramas médicas específicas en Paraguay no se detiene allí.

Actualmente, el mercado veterinario cuenta con profesionales altamente formados en áreas que eran impensables hace dos décadas: cardiología, neurología, dermatología, oftalmología, nutrición clínica, anestesiología, diagnóstico por imágenes, nefrología, endocrinología, geriatría, cirugía de tejidos blandos, traumatología, oncología e incluso medicina alternativa.

A esta lista se suman la fisioterapia y la rehabilitación orientada a la recuperación posquirúrgica o de pacientes séniores. Algunas ramas son conocidas; pero otras generan curiosidad. “La etología, por ejemplo, estudia el comportamiento animal. Muchas veces un perro que destruye objetos o un gato que deja de usar el arenero no tienen un problema de ‘mala conducta’, sino una alteración del comportamiento que necesita tratamiento médico o ambiental. Hoy entendemos que la salud no depende de una sola persona, sino del trabajo en equipo de distintas especialidades”, explica.

Revolución tecnológica

El salto cualitativo de la profesión no solo se dio en la diversificación de títulos, sino también en la metodología de trabajo. Durante décadas, el diagnóstico dependía en gran medida del ojo clínico y la experiencia personal del profesional. Hoy, la medicina se basa en la evidencia científica, como el uso generalizado de equipos de anestesia inhalatoria con monitoreo multiparamétrico avanzado, que redujo drásticamente la mortalidad quirúrgica. 

También incorporaron tomografía axial computarizada (TAC), ecografía de alta resolución y endoscopia. Además, los laboratorios clínicos e histopatológicos veterinarios permiten confirmar patologías complejas en cuestión de horas.

“Los equipos modernos de anestesia y monitoreo hicieron que las cirugías sean mucho más seguras”, explica la especialista de Cat Town. “Los tomógrafos y estudios de imágenes nos permiten detectar enfermedades que antes eran muy difíciles de diagnosticar. Todo eso se traduce en mejores decisiones médicas y mayores oportunidades para nuestros pacientes”.

Cuidado animal con una sensibilidad profundamente humana

 

Pese a la alta tecnología, la veterinaria sigue siendo una profesión de profunda exigencia humana. Además de ver pacientes, la doctora Zaira dedica mucho tiempo a conversar con las familias, revisar estudios, coordinar con el equipo médico y enseñar. “Cuando alguien entiende lo que está ocurriendo con su mascota, puede tomar mejores decisiones”, expone.

Esa interacción constante con los tutores ubica al profesional en el centro de un torbellino emocional que suele traer duelo, miedo e incertidumbre. “Nosotros no solo tratamos enfermedades, también acompañamos a familias en momentos de mucha angustia. Con el tiempo aprendemos que la medicina no siempre consiste en curar, también en aliviar el dolor y estar presentes cuando más nos necesitan”, reflexiona.

Esta dualidad entre la técnica médica y la empatía como tutor la vivió la doctora Colmán en carne propia con su gato Felipe, de 5 años, quien atravesó un cuadro urinario complejo que no respondía a los tiempos habituales de la literatura médica. “Como veterinaria entendía perfectamente lo que estaba pasando, pero como tutora sentía la misma angustia que viven tantas personas cuando ven que están haciendo todo bien y aun así su mascota no mejora”, compartió.

Esa experiencia le enseñó algo muy valioso: la importancia de la contención. “A menudo el tutor necesita la explicación médica, pero también una palabra de tranquilidad mientras espera que el organismo de su mascota haga su parte”, asegura.

Respetar su naturaleza

En la consulta diaria, una gran cantidad de equivocaciones no derivan del descuido, sino del afecto mal encauzado. “La gran mayoría de los errores nacen del amor y no de la falta de interés”, afirma Colmán. Muchas personas esperan demasiado antes de consultar, automedican a sus mascotas o creen que si un perro o un gato come como en casa ya está bien alimentado. La profesional observa además con frecuencia animales que reciben vacunas, pero no tienen un plan completo de prevención.

Querer mucho a un animal nunca será un problema, pero cuando olvidamos que sigue siendo un perro o un gato, aparecen los inconvenientes, como la humanización de nuestras mascotas. “No debemos imponerles necesidades humanas que no son las suyas, como dietas caseras, vestirlos cuando no lo necesitan o les incomoda, o impedirles expresar comportamientos naturales. El mayor acto de amor es respetar su naturaleza y darles lo que realmente necesitan para estar sanos”, asevera Colmán.

Pilares de la tenencia responsable 

Para garantizar el bienestar animal a largo plazo, la doctora Zaira Colmán nos propone tres bases fundamentales de prevención. En primer lugar, la nutrición adecuada; una dieta desequilibrada o no formulada por un profesional constituye la causa directa de patologías renales, hepáticas, dermatológicas y de obesidad. A esto se suma la medicina preventiva activa, que exige mantener un esquema de vacunación, desparasitación interna y externa periódica para blindar al organismo antes de que aparezcan las infecciones. Por último, resulta indispensable realizar visitas de control del paciente sano al menos una o dos veces al año, aun cuando no manifieste ningún síntoma aparente. “Una consulta a tiempo puede detectar enfermedades antes de que den síntomas y cambiar completamente el pronóstico”, detalla. 

Desde aquellos primeros pasos del Dr. Santiago Aranda en 1905 hasta la irrupción de clínicas de alta tecnología especializadas, la profesión del veterinario en nuestro país recorrió un trayecto acelerado y admirable. Sin embargo, en el centro de esta disciplina, la esencia es la misma: interpretar el lenguaje de seres que no pueden expresar su dolor con palabras.

Para la doctora Zaira, su profesión es un privilegio enorme porque le permite cuidar a seres que expresan todo con su mirada. Es certera: “La medicina veterinaria no consiste solamente en curar enfermedades; también en acompañar, escuchar, educar a las familias y estar presentes durante toda la existencia de una mascota. Si logramos que un perro o un gato viva más años y con una mejor calidad de vida, sentimos que todo el esfuerzo valió la pena”.

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