Música

Bastianes

Cuando todo lo que queda es volver

El reciente trabajo de Bastianes, Todo lo que Queda, marca la nueva etapa del proyecto pop rock paraguayo a través de un contraste entre recursos analógicos y electrónicos, en una senda de narrativas íntimas y testimoniales. Pausa habló con su líder, Sebastián González, sobre el camino detrás del disco, el bloqueo creativo que lo frenó y el estado de la música independiente en Paraguay.

Por Leticia Ferro Cartes. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Asistente de producción: Anabel Artaza. Fotografía: Fernando Franceschelli.

La vuelta de esta banda de la escena independiente local se da en un recorrido por vivencias de los primeros 20 años de una persona, que toman forma en el disco Todo lo que Queda. En él, retratan una etapa tan formativa como incierta, que sirve de hilo conductor para ocho tracks que hablan de crecer, cambiar y darle sentido a la vida.

Esta crónica quedó documentada en canciones que surgieron de un proceso iniciado ya en 2019 por Sebastián González, el músico y principal gestor detrás de Bastianes, que también está conformado por Bruno Méndez (bajo), Fabricio Ojeda (guitarra), Robin Müller (batería) y José Kamba Giménez (teclados).

Después de un largo hiato tras la pandemia, Bastiones se detuvo por más de dos años. Lanzaron un single en 2022, tuvieron un show importante en 2023 en el Asunciónico y luego llegó la pausa. “El disco era una necesidad para volver a salir a tocar”, explica Sebastián. El regreso implicó rearmar el círculo de colaboradores, salidas y reingresos, sin alterar su esencia: la de un grupo colaborativo con diversidad de visiones y voces.

Aunque las letras llevan la firma de Sebastián, las decisiones no son solo suyas. “Hay veces que la mayoría gana”, admite entre risas. Cuando los cinco están en la sala y las opiniones se dividen, el criterio es uno: “Trabajamos en pos de la canción”. Él reconoce que el juicio de sus colegas es crucial: “Me recuesto mucho también en la opinión y el criterio de mis compañeros. Así es divertido llevar adelante el proyecto”.

Pausas como impulsos

Antes del disco hubo un vacío que trascendió muchas cosas. Durante la pausa, el músico atravesó un bloqueo creativo que prefiere describir en términos más amplios que los estrictamente artísticos. “Siempre que me sentaba e intentaba no salía nada”, recuerda. Un pensamiento recurrente lo llevaba a mirar atrás y preguntarse “por qué el Seba de 18, 19, casi 20 años decidió dejar de lado la carrera que seguía y las otras ambiciones que tenía para dedicarse a lo que de verdad ama y con lo que soñaba”.

Desbloquearse implicó, entonces, mirar adentro y ser sincero consigo mismo. “Fue como destrabar el sueño también, más allá de la creatividad”, resume. El proceso tuvo varias fases. Hubo un tiempo para pensar: revisar los errores y aprendizajes de la etapa 2018-2019, cuando la banda tocaba muchísimo y tenía un público fiel, “pero no terminaba de explotar del todo”. También tuvo presentes asuntos familiares y personales que necesitaba resolver “para estar bien, afrontar y llevar lo que es un proyecto y la responsabilidad que eso acarrea”.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Y, por supuesto, la presencia de los seguidores fue clave. “Los amigos ayudaron un montón a destrabar. Que ellos hayan tomado el proyecto como suyo y tuvieran ese sentido de pertenencia es algo que a mí constantemente me reactiva”, confiesa. Recibió mucho aliento a través de los otros miembros de la banda y sus mensajes de cuándo iban a hacer algo. Hasta la cuenta de Instagram del proyecto le recordaba que había cosas pendientes: la abría después de seis meses y encontraba mensajes de gente desconocida preguntando por la banda. “Había como seis personas que no sé quiénes son que estaban pendientes de algo que ni yo sabía qué era”, dice entre risas.

En paralelo, y fuera de Bastianes, Sebastián no dejó de tocar. Como sesionista de la banda La de Roberto desde hace cinco años, se mantuvo activo y en contacto con otros músicos de más trayectoria, lo que le dio perspectiva. “En la inactividad de mi proyecto me iba igual nutriendo al ver y participar de otras cosas”, explica. Observar cómo artistas con 15 o 20 años más de carrera encaran la industria “te da otra visión de cómo se hacen las cosas”.

Donde lo íntimo cobra forma

Todo lo que Queda es resultado de un proceso. “No fue como sentarme un día y decir: ‘Bueno, voy a hacer un disco, escribir 20 canciones y elegir ocho’”, cuenta. Los temas fueron saliendo esporádicamente, mes tras mes, a medida que el bloqueo cedía. La lección que aprendió como sesionista fue esa justamente: “Me sirvió para dejar que fluya nomás y no obligarme”. Al final, se encontró con una docena de composiciones.

En principio, el repertorio acumulado era dispar: tenía canciones “muy alegres, otras ñoñas”, unas “bien tristes o melancólicas” y algunas que combinaban “la sensación de melancolía feliz”. Fue Bruno quien le hizo notar que tenía “un abanico para elegir”. Se sentaron y aplicaron un criterio simple: quedarse con las que mejor dialogaban entre sí: “Queríamos que fuese lo más crudo y natural posible, como se oye en el disco”.

De esa curaduría emergió una narrativa que González describe como “el proceso de una persona que pasa de la adolescencia a la adultez joven y se da cuenta de dónde está parada”. El tramo de radiografiar esta etapa particular de la vida le lleva a asegurar “que uno sufre más de los 20 en adelante que en la adolescencia”.

El disco abre con Para sanarme, escrita en 2021, “cuando me empecé a dar cuenta de dónde me encontraba, de lo que no estaba logrando, de que había gente a mi alrededor que iba cambiando”. Le sigue Por siempre, que tiene una particularidad: fue la última en escribirse y la única pensada específicamente para el disco. “Cuando hallé la narrativa necesitaba una canción que respondiera a ese tema del 2021”, explica. A partir de ese diálogo inicial se armó lo que él llama “una escalera de emociones”: el resto de las composiciones son “sentimientos y pensamientos que encontré en esa transición”.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Hay canciones de amores y desamores, de realidad social y personal. Cansado, por ejemplo, es de rabia, “pero pregunta cosas sin buscar respuestas”. Y el cierre, Prisión, es la más vieja del grupo: data de 2019 y conserva muchos elementos grabados en su computadora en aquel entonces, sobrevivientes de la primera época del proyecto.

Además de las conversaciones internas entre canciones, González jugó con los altibajos de energía para determinar el orden de las canciones. “Empieza, sube, llega a un punto alto y vuelve a bajar todo. La narrativa de audio también tiene como un sentido ahí”, detalla. Todo lo que Queda nos entrega un interesante collage rico en texturas en el que sobresalen beats procesados, influencias de los 2000, letras testimoniales y, sobre todo, una intimidad emocional cercana y accesible.

Entre lo digital y lo análogo

Para la producción del trabajo, se ingeniaron de la forma más creativa posible: el disco se grabó en su mayoría con el equipo casero de Sebas y la computadora de Bruno, y alternaron entre la casa de uno y el departamento del otro. “No con los mejores equipos, pero sí con toda la energía y el mejor criterio de ese momento”, resume. La consigna era aprovechar “al máximo los recursos que teníamos a disposición”.

La excepción nació al final del proceso de una decisión grupal que pesó más que la voluntad del líder. Sebas tenía un concepto claro para el sonido: “Quería que el disco fuera bien orgánico, híbrido entre digital y análogo, que las baterías sean todas midi, procesadas”. El resto de la banda tenía otra idea: grabar la percusión en vivo. Ganó el grupo. El resultado fue una sesión de estudio para cinco de las ocho canciones “en las que se sienten los tambores reales”. Eso implicó el costo más grande del proyecto.

En el estudio también se regrabaron voces, aunque no todas. “Había tomas que me gustaban mucho de las originales, en las que no iba a poder repetir la emoción. Eso sí, peleé”, asegura. Esa defensa de las versiones viejas explica la textura híbrida del disco: Prisión conserva muchos elementos grabados en 2019 y en otros temas sobreviven guitarras, bajos y sintetizadores registrados en 2022 o 2023. El álbum, con ese cúmulo de capas y fragmentos, da cuenta de los momentos del pasado que lo vieron nacer.

“Fue un proceso muy extendido, divertido y, sobre todo, de conocernos”, reflexiona Sebas. Porque en esos años sin shows, reunirse para grabar y trabajar mantuvo unido al grupo. “Nos juntábamos a tocar y terminamos creando el disco. No sabíamos ni siquiera qué estábamos haciendo”, explica.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Una carrera de resistencia

Cuando hablamos sobre el panorama de la música independiente en Paraguay, se muestra optimista, aunque con matices. “Lo veo muy bien, la verdad. Depende mucho de la perseverancia de cada uno, del aguante también, porque es una carrera de resistencia”, dice. Una resistencia “ante miles de cosas”.

Entre ellas, una paradoja que le preocupa: “La música independiente acá ya no es más tan independiente. Creo que mundialmente lo indie ya no es más tan indie, porque se está monopolizando otra vez algo que antes era libre”. En ese escenario, sobrevivir pasa por encontrar el nicho propio e, inevitablemente, en las redes sociales: “Podés hacer un discazo, pero si no lo mostrás o no tratás de llegar a un público mayor gracias a esa herramienta, es como si tu material no existiera”.

Aun así, ve señales alentadoras, como la potencia de una nueva camada que se toma el tiempo de escuchar lo que se hace acá, más espacios para tocar, bandas nacionales que salen al exterior. “Creo que todos juntos vamos a llevar esto adelante”, asegura.

Lo que falta, para él, tiene mucho que ver con políticas públicas. Ve a los apoyos culturales como cruciales para este sector y le gustaría contar con espacios para tocar sin trabas ni impuestos, “un acceso más libre a la cultura” y un Estado más criterioso a la hora de decidir dónde poner el dinero. Menciona procesos históricos que en otros países, como Argentina, impulsaron a sus artistas y que acá nunca sucedieron.

“Si nosotros apoyamos lo que se hace acá, lo que se construye acá, terminamos ganando todos. Siempre que viene algo de afuera es como que se le endiosa, se le idolatra, cuando nosotros tenemos cosas acá que son increíbles”, sostiene. Mientras tanto, Bastianes vuelve a los escenarios con un nuevo trabajo. Concluye: “Hay una linda oportunidad que se está abriendo ahora. Y ojalá se nos termine dando a todos”.

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