Cuando publicar se vuelve difícil
Por Aura Zelada (@aurazelada.pro), comunicadora digital y mentora
Hace años que converso profundamente con mujeres profesionales talentosísimas y que saben muchísimo de su área. Tienen estudios, experiencia, carreras sólidas y mucho que decir. Y aun así, cuando la charla gira hacia lo digital, aparece una frase que escuché un montón de veces: “Sé que debería estar en redes, pero…”.
Ese “pero” suele venir cargado de algo un poco más complejo de explicar. No es falta de información ni desconocimiento del contexto actual. La mayoría sabe muy bien que hoy buscamos referencias profesionales online: googleamos, nos fijamos en Instagram o incluso le preguntamos a ChatGPT. También hallamos referentes mientras escuchamos un podcast, al manejar de vuelta del trabajo o correr en Ñu Guasu.
Estas mujeres ya saben que la autoridad se construye online y tiene muchísimo peso. Y a pesar de eso, muchas no publican contenido, no trabajan su presencia digital, no comunican lo que saben en redes. ¿Por qué?
Hablar de una misma resulta incómodo
Hablar de una misma resulta incómodo; de lo que una sabe, los talentos, la experiencia y el punto de vista, también. Aparece una sensación extraña, una mezcla de vergüenza y duda, como si decir “esto es lo que sé” fuera demasiado.
Esa experiencia tiene nombre y se llama síndrome del impostor. Es esa sensación persistente de que una no está a la altura, que lo que hace no es tan valioso, que en cualquier momento alguien podría cuestionar su opinión. Y (¡oh, sorpresa!) es muchísimo más común en mujeres.
El libro El síndrome de la impostora. ¿Por qué las mujeres siguen sin creer en ellas mismas? pone en palabras algo que muchas ni siquiera saben que sufren. Habla de cómo esta sensación se construye con el tiempo, a partir de mensajes, expectativas y mandatos que fueron moldeando la forma en que aprendimos a mostrarnos, o a no hacerlo.

Las redes sociales hoy exponen esa inseguridad y muchas veces la intensifican. Cada una ve en su propio algoritmo a profesionales de su mismo rubro que hablan de los mismos temas. Gente muy preparada, con discursos pulidos, con presencia constante. Y entonces aparecen otras ideas paralizantes: “Ya se dijo todo”, “ya hay gente mejor hablando de esto”, “¿qué podría aportar yo?”.
Lo que muchas olvidan en ese momento es algo clave: el público no busca solo información. Busca miradas y opiniones. Y la perspectiva propia es única, está empapada por toda tu carrera, tus decisiones y errores, por tu manera de pensar y de hacer. Eso todavía no existe en internet hasta que vos lo digas.
Lo sé porque también me pasó. Durante años dudé antes de publicar, de decir en voz alta lo que pensaba. Con el tiempo aprendí a entender que mis ideas, mi experiencia y mi forma de ver las cosas podían servir, ayudar, inspirar. No porque fueran lo máximo, sino simplemente porque eran mías.
Con el tiempo aprendí a entender que mis ideas, mi experiencia y mi forma de ver las cosas podían servir, ayudar, inspirar.
Actualmente, lo veo muy seguido en mujeres profesionales a las que acompaño en sus procesos de comunicación. Les cuesta elegir palabras que no minimicen lo que hacen. Se disculpan antes de hablar. Justifican su voz, ¡como si dar su opinión necesitara una explicación previa!
Por eso hoy te invito a reflexionar. Si sentís que hablar de tus logros es autopromocionarte y te incomoda, te puedo decir algo desde mi propia experiencia: mostrar tu recorrido no es presumir, si es que se basa en hechos. Contar lo que sabés no te roba sabiduría. Compartir tu experiencia no te hace “creída”. Esa confusión, sin embargo, sigue muy instalada.
Así que si venís procrastinando empezar a trabajar tu presencia online, te aconsejo algo: no esperes sentirte completamente lista. De hecho, la mayoría empieza con dudas e incomodidad, con esa vergüencita que aparece cada vez que vas a publicar algo y mejor cerrás los ojos antes de tocar “compartir”. Esperar a que esa sensación desaparezca suele ser una excusa interminable para nunca empezar.
De hecho, la mayoría empieza con dudas e incomodidad, con esa vergüencita que aparece cada vez que vas a publicar algo y mejor cerrás los ojos antes de tocar “compartir”
Publicar y tener presencia online ya no debería sentirse como algo extraordinario. Es parte de la vida profesional hoy. Decir lo que sabés, opinar desde tu experiencia, ocupar un lugar en la conversación es una habilidad que debemos aprender (¡y se puede!).
Y lo más importante: hay otras que te están mirando. Te leen, te siguen y te admiran ¡más de lo que imaginás! Existen chicas jóvenes, incluso niñas, que crecen observando qué lugares ocupan las figuras femeninas que tienen delante. El que hables con claridad sobre lo que sabés abre posibilidades y amplía horizontes, no solo para las actuales, sino también para las mujeres del mañana.
Vos también podés ser una de esas mujeres que inspiran.




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