Columna

Las mujeres que admiré

La inspiración para construir mi presencia profesional online

Por Aura Zelada (@aurazelada.pro), comunicadora digital y mentora

Cuántos años me ha costado creérmela. Saber que puedo dar cosas valiosas al mundo, que tengo algo meritorio que compartir. En mis mentorías veo todo el tiempo a mujeres con trayectoria, formación y experiencia que minimizan lo que saben. Creen que aún no es momen to de lanzarse a las redes, que necesitan una valida ción más antes de animarse a mostrarse en línea.

¿Cuántos años de seguir artistas femeninas, leer biografías de grandes mujeres de la historia y alegrarme al ver una heroína entre tantos superhéroes varones? ¿Por qué, en mi adolescencia, me vibraba tan fuerte el corazón al escuchar la furia de Alanis en los 90? ¿Por qué tengo tan vívido el momento que vi por primera vez a Sarah Connor, en Terminator 2, es caparse del psiquiátrico con solo un clip, sus músculos y su viveza mental? ¿Cómo empecé a entender las referencias sobre el ser mujer de las tiras de Maitena? ¿Cómo fue que en mis 30, Elizabeth Gilbert me hizo llorar con Come, reza, ama y luego con Magia, y me empujó a tomar en serio mi creatividad?

Fueron ellas, todas ellas y otras más, las referentes femeninas que tuve en mi vida.

Las mujeres que admiré moldearon mis aspiraciones sin saberlo.

Y eso que todavía no mencioné a mi mamá, que manejaba un auto, un negocio, un marido y tres hijos al mismo tiempo, con una adrenalina admirable. O a mi tía Estela que, viuda y con dos hijos, más el cuidado de mi abuela en su casa, manejaba un bar céntrico que daba de comer a decenas de personas diariamente. Todavía no hablé de mi abuela Matilde, que nos dio consejos que entenderíamos recién 20 años después. Ni de mi abuela Aura, que con verla solo dos veces al año encendió en mí el amor por los libros y la independencia.

Las mujeres que admiré moldearon mis aspiraciones sin saberlo. Ellas sembraron en mí las semillas del “qué quiero ser” y me mostraron a dónde puedo llegar. Así de fuerte es la referencia femenina.

Pasaron los años y, sin darme cuenta, fueron inspirándome más y más mujeres, pero recién a mis casi 40, en un profundo trabajo de introspección, empecé a trabajar mi marca personal con otra crack que admiro: Fabi Mersán, que apareció con claridad en mi fascinación por lo femenino.

Un día vi escrita toda mi experiencia y llegué a una conclusión: soy experta en el potencial femenino.

Tantas biografías leídas, artistas admiradas e invitadas a mi podcast gracias a esa pasión profunda de acercar a otras mujeres a la tecnología.

Un día vi escrita toda mi experiencia y llegué a una conclusión: soy experta en el potencial femenino. Quedé pasmada. Luego vino la búsqueda del porqué y, con lágrimas, entendí mi misión: ayudar a mujeres líderes con su posicionamiento en internet para que las niñas tengan más figuras que admirar. Desde entonces guío a profesionales a trabajar su presencia online, porque entendí que si yo pude ad mirar a algunas fue porque eran visibles. Hablaban, escribían y creaban.

Esa niña era yo. La que, sin darse cuenta, siem pre admiró a las figuras femeninas de su alrededor y que un día reclamó que le regalaran un autito, no solo muñecas. Yo fui esa nena que respondió con un “mi mamá sí maneja” cuando un vecinito le dijo que las mujeres no juegan con autitos.

Ellas fueron mis referencias, mis guías. Y quizás todo eso fue lo que moldeó mis aspiraciones desde chica: manejar mi dinero, aprender a conducir, tener mi propio negocio y trabajar desde casa.

Con el tiempo entendí que hoy muchas mujeres talentosas, preparadas y brillantes todavía dudan en lanzarse a redes

Percibí los peligros de ser mujer y no tener dinero propio, capté la libertad que te da saber mane jar y poseer un auto —además de que me parecía re cool—. Entendí lo importante que es estar presen tes en casa durante la infancia de nuestros hijos, no solo para acompañarlos en su crecimiento, sino para que ellos también nos vean seguir creciendo.

Con el tiempo entendí que hoy muchas mujeres talentosas, preparadas y brillantes todavía dudan en lanzarse a redes, en mostrarse en internet, en construir su presencia profesional online. Postergan su voz. Esperan estar “más” listas y, mientras esperan, el mundo se pierde de conocerlas.

Hoy somos nosotras las que estamos siendo observadas por las más chicas, aunque no siempre lo notemos

El tema no es solo una cuestión de que una nece sita trabajar su posicionamiento online para avanzar en su carrera profesional, sino todo lo que eso conlleva en la realidad: independencia económica, reputación y empoderamiento.

Hoy somos nosotras las que estamos siendo observadas por las más chicas, aunque no siempre lo notemos. Hay una niña mirando cómo trabajamos, cómo hablamos, cómo defendemos nuestras ideas; alguien que necesita vernos para imaginarlo posible para ella.

Hoy, a mis 42, cuando ya ando investigando en internet sobre perimenopausia y charlando del tema con amigas, cuando surgen algunos chistes incómodos sobre la pérdida de la —sobrevalorada— juventud, a mí me grita más fuerte el poder de la sabiduría de la vejez. Y, para ser honesta, me llega un misterioso entusiasmo al pensar que algún día seré una vieja muy sabia, así como lo fue la nonna Rosita y hoy es mi propia madre. Mañana será mi turno.

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