Música

Di Ei

El flow de la diáspora

Di Ei explora un espacio propio entre su Villa Elisa natal y Alicante, ciudad donde eligió vivir. Desde la ambivalencia de la migración, de adoptar una identidad migrante y no ser del todo del lugar que dejó ni del espacio a donde fue, el rapero paraguayo construye una carrera a contracorriente, desafía las lógicas de la industria y redefine el éxito desde la autenticidad y la fe.

Por Laura Ruiz Díaz. Dirección de arte y producción: Sandra Flecha. Fotografía: Javier Valdez. 

La historia del hip-hop paraguayo está escrita, en buena parte, desde la informalidad y la resistencia. Es una escena vibrante pero frágil. Pocos logran traspasar la línea que separa la pasión del sustento. En este ecosistema, la migración de artistas se ha convertido en un capítulo recurrente, casi forzoso, en busca de un horizonte profesional que en el país suele ser estrecho.

Diego Iván Di Ei Tomás (26) encarna esta narrativa, pero con guión propio. Su trayecto —de las calles empedradas de Villa Bonita a la urbanización alicantina— no es solo un cambio de coordenadas; es un caso de estudio sobre identidad, sostenibilidad artística y las estrategias de un músico independiente en la era global.

Desde muy temprano sintió pasión por las letras. Empezó a leer y escribir a los 4 años y desde entonces no se detuvo. Escribía historias, desarrollaba personajes y hacía poesía. “Antes de conocer el rap, ya sentía una conexión que me llevaba a tener curiosidad por descubrir el verdadero significado de las cosas”. 

Si bien entonces su búsqueda era más limitada por la falta de acceso a internet, con mucho esfuerzo y el aporte invaluable de su hermano, inició su interés por el rap. Específicamente el rap cristiano. “Artistas que llevaban el mensaje de Jesús a través de sus canciones son los cimientos de mi arte”, cuenta. 

Fotografía: Javier Valdez.

Empezó a escribir lo que sentía y, cuando tuvo acceso a internet, el resto fue historia. “Con las instrumentales, que convertían en música eso que tenía para decir, y pistas de rap al alcance, llegó un ejercicio mental que siento fue el detonante de todo: la ‘improvisación’, que se volvió el pan de cada día”, comparte. Esa búsqueda lo llevaría a una de las mayores aventuras de su vida: un viaje de 10.500 kilómetros. 

La economía invisible del artista

Las cifras que maneja Di Ei son elocuentes. “De 100 raperos que llegás a conocer, 90 no viven de la música, y de los 10 que quedan, ocho rapean en los colectivos. Así pueden ‘vivir’ del arte”, describe. Esta radiografía evidencia un problema estructural: la ausencia de una industria musical que articule, formalice y remunere el talento. 

Esto señala un círculo vicioso: la falta de perspectivas económicas lleva al abandono prematuro y la precarización, lo que a su vez frena el desarrollo colectivo de la escena. “La mayoría de artistas cercanos que empezaron conmigo, hoy están alejados totalmente de su arte o hacen lo que saben solo por hobby”, afirma. Este silencioso éxodo de talentos —ya sea a otras profesiones o a otros países— constituye una fuga constante que dificulta la consolidación de un movimiento con proyección.

Migración estratégica

Su traslado a España en 2022 no respondió a una simple búsqueda de oportunidades genéricas, sino que fue el resultado de un proceso orgánico de internacionalización de su proyecto. Primero, su música, difundida digitalmente, generó conexiones concretas con productores y artistas españoles. Segundo, se consolidó una red personal y profesional a través de su actual esposa y colaboradora, la cantante alicantina Gema Tomás. “Dios movió cada pieza en el momento exacto”, contextualiza, al tiempo de destacar el componente de fe que estructura su relato.

Gema Tomás, esposa y colaboradora de Di Ei. Fotografía: Javier Valdez. 

Su caso ilustra un modelo de migración artística híbrida: no se trata de un abandono definitivo, sino de establecer una base operativa en un mercado más desarrollado (España) sin cortar los vínculos con su origen. Él mismo se define como “rapero paraguayo de Villa Elisa & Alicante”, un eslogan que oficializa su condición binacional.

El guaraní como herramienta

En un contexto en el que muchos artistas migrantes diluyen sus referentes locales para facilitar la aceptación, Di Ei ha optado por lo contrario: radicalizar su identidad paraguaya. Su herramienta más potente es el guaraní. El tema Ára ha ára, producido íntegramente allá con músicos locales, es presentado por él como “un hito histórico: la primera canción de rap 100 % en guaraní hecha totalmente en España”.

Esta decisión tiene un doble filo. Reconoce que a una canción en guaraní le “cuesta mucho agarrar terreno, el mensaje es incomprendido” y limita su potencial comercial inmediato en el mercado español. Sin embargo, se vuelve un activo estratégico a largo plazo: es su sello de autenticidad indiscutible y, sobre todo, un conector emocional directo con la diáspora paraguaya en Europa. “No hay nada que nos conecte más a la tierra donde nacimos que una canción en nuestro dulce idioma”, argumenta. Convierte así una posible barrera en el núcleo de su propuesta de valor.

Mis letras son el reflejo puro de lo que soy, escribo con la verdad y voy a donde la inspiración me lleve, mi música documenta mis vivencias y mi punto de vista.

“Mis letras son el reflejo puro de lo que soy, escribo con la verdad y voy a donde la inspiración me lleve, mi música documenta mis vivencias y mi punto de vista”, cuenta. “Con el tiempo aprendí lo poderosa que es la palabra, y que así como puede ser usada para edificar y motivar, también se utiliza para destruir y condenar”, declara.

Su lírica se enfoca  en tópicos como el amor, la familia, los buenos recuerdos, la superación, las dudas y respuestas, los problemas y las soluciones, su tierra guaraní, la luz y la esperanza, y el cambio que Dios hizo en su vida. “Mientras más vivo, más escribo, y mientras más aprendo, más enseño”, remarca. 

Éxito en la era de las métricas

Di Ei opera con una definición de fama ajena a los algoritmos de las plataformas. Para él, el “éxito” no se mide en streams, sino en “libertad de expresión” y en la capacidad de “seguir creando a pesar de las circunstancias”. Desde España, observa con distancia crítica las prácticas que, a su juicio, enferman la escena en Paraguay: la compra de seguidores falsos, la imitación de modas internacionales y la priorización de las métricas vacías sobre la creatividad. 

“Esto refleja una falta de identidad… y deja en evidencia el verdadero fin con el que intentan hacer música”, analiza. Su postura es un rechazo frontal a la lógica del “producto” rápido y desechable, y defiende en cambio el arte como fin en sí mismo.

Fotografía: Javier Valdez.

Oportunidades y desafíos en España

La escena española le ofrece, sobre todo, un ecosistema profesional estructurado. “La cantidad de artistas consagrados provoca que el funcionamiento del negocio de la música crezca y se desarrolle cada día más”, explica. Esto se traduce en acceso a productores especializados, técnicos, estudios y una red de contactos más densa. 

Sin embargo, el principal desafío para el artista migrante es “encontrar tu lugar sin perder tu esencia”. El equilibrio es delicado: adaptarse a los códigos de una industria consolidada sin caer en la homogenización. Hasta ahora, su experiencia fue positiva: “En España nunca me sentí juzgado ni por paraguayo ni por rapero”.

¿Un modelo replicable?

La experiencia de Di Ei plantea preguntas sobre el futuro de la cultura paraguaya en un mundo globalizado. ¿Es la migración la única vía para profesionalizar un proyecto artístico urbano? ¿Cómo se puede construir una carrera transatlántica sin fracturar la identidad? Su fórmula, con su fe religiosa como brújula, el guaraní como bandera y una distribución estratégica de su presencia entre dos continentes, es singular y difícilmente replicable en masa.

Sin embargo, su caso demuestra que es posible ocupar un espacio propio, construido desde la autenticidad más que desde la asimilación. No es el “éxito” en términos mainstream lo que está en juego, sino la viabilidad de una voz singular que se niega a ser silenciada por las limitaciones del mercado local o las presiones del internacional. Di Ei no triunfa según las reglas tradicionales, sino que, lenta y conscientemente, escribe las suyas. Y desde allí, entre el tereré y el Mediterráneo, sigue rapeando.

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