Música

Catunga presente, hoy y siempre

El legado de una revolucionaria del rock

Catalina Catunga Pereira Aranda, ícono y pionera de la escena del rock paraguayo, dejó el plano terrenal el pasado 26 de febrero, pero permanecerán para siempre sus canciones, su espíritu y el cariño que generó acompañada de su fiel guitarra, en el escenario y en la vida. De la mano de las California Superstar, la rememoramos desde un lugar de admiración, amor y agradecimiento.

Por Nadia Gómez. Imágenes: gentileza de California Superstar y archivo de Fernando Franceschelli para Editorial El País.

Todas las grandes bandas de rock tienen una historia de origen única, y la de California Superstar es muy representativa del momento en que surgió. En el centro de la narración está, por supuesto, Catalina Catunga Pereira Aranda.

Catunga tenía 81 años, recién cumplidos el 13 de febrero pasado, y su historia está muy entretejida con la del rock nacional. Nació en Ybycuí y llevó su guitarra por todo el país para interpretar las canciones que ella misma componía para la banda que fundó con la cantante Reina Basaldúa. A ellas se le sumaría luego la baterista Noemí Velázquez.

Los 70 en Asunción

Noemí Velázquez, baterista original de la legendaria banda de rock paraguaya California Superstar, cuenta que, por cosas de la vida, ella y su madre regresaron de Argentina para quedarse un tiempo en la casa de su prima. Reina Basaldúa, prima de Noemí, era la cantante de los grupos Estrellas Femeninas del Jazz y California Superstar. “Un día fui a acompañarle a Reina a una de sus presentaciones con las Estrellas Femeninas y enloquecí. Ellas estaban sin baterista fija. Las vi y empecé a pegar todo, la mesa, todo lo que había”, recuerda. Según detalla, Reina se acercó a Catunga a decirle que su prima podía ser la baterista y así fue como Catalina se convirtió en la primera maestra de batería de Noemí.

Reina, que proviene de una familia de músicos y artistas, conoció a Catunga mientras se dedicaba a cantar como solista en centros nocturnos en Asunción. “Con Catalina Pereira Andrada, cariñosamente Catita, nos conocimos en el 76”, cuenta Reina. Luego de la disolución de las Estrellas Femeninas del Jazz, ellas dos formaron California Superstar en 1978: “California hasta hoy presente, hasta que nos dejó la líder. Vamos a ver qué pasa de ahora en adelante”.

Era guitarrista y tenía una manera enorme de controlar el escenario desde su lugar. “Ella con un pie y con la guitarra manejaba todo lo que nosotras íbamos a hacer. No era yo la que marcaba las músicas, la marcación la hacía ella con los pies”, explica Noemí. En uno de sus recuerdos más vívidos, Catunga le pidió tocar la canción Santa Fe, pero Noemí no sabía cómo hacerlo. Ella, sin dudar, le dijo: “Tocá, tocá y listo”. “Empezó a mostrarme las partes con la guitarra. ¿Cómo entendía el lenguaje? No sé. Cuando trabajás mucho tiempo con la misma persona, el entendimiento en el escenario es fascinante”, dice con la mirada fija en esa memoria. “Me mostraba o movía la guitarra y yo ya sabía dónde tenía que cortar, dónde entrar”, dice.

La historia de las California Superstar está llena de caradureces, como aquella que recuerda Noemí. La mayor de todas fue su concepción misma, pues lograron conformarse como banda en medio de una de las dictaduras más atroces de Latinoamérica, en pleno Paraguay de los años 70.

“Nada nos paraba, nada nos atajaba”, cuenta Reina en medio de las risas del grupo, entre quienes se encuentra Romina Roa, la integrante más joven del grupo, quien hace tres años debutó como guitarrista en la banda. Para ella, Catunga fue como una abuela, además de su primera maestra del instrumento que ejecuta.

Catunga se encargaba de crear los temas de las California Superstar. “Con el grupo le dábamos algunos toquecitos, pero ella era la que componía, las letras y la música”, explica Reina. Su canción favorita era Ay amor, del segundo álbum que lanzaron juntas, Las Inoxidables, en 2015. “Ella tenía un carisma muy especial, llegaba a un lugar y lo iluminaba todo con su presencia. El simple hecho de estar en el escenario con ella te daba esa seguridad”, agrega Noemí. Su deseo era que la banda siga existiendo, a pesar de todo, a pesar de su ausencia. “California no va a morir nunca”, decía.

Cuentan Noemí y Reina que ella convivía con una gran cantidad de dolores físicos a consecuencia de su diabetes y, sin embargo, casi nunca se lamentaba o decía nada al respecto. “No se quejaba, nos decía ‘aháta ambopu’ e iba feliz”, acota Noemí.

“Su cirugía, por ejemplo, se hizo mientras oían Nunca olvidaré tus lindos ojos. Las enfermeras, al momento de hacerle la curación, le ponían música de California todo el tiempo. Ella murió escuchando su música”.

Noemí Velázquez.

En 2022, tuvo una cirugía mayor: una de sus piernas fue amputada a causa de la gravedad de la diabetes con la que vivía. “Su cirugía, por ejemplo, se hizo mientras oían Nunca olvidaré tus lindos ojos. Las enfermeras, al momento de hacerle la curación, le ponían música de California todo el tiempo. Ella murió escuchando su música”, cuenta Noemí.

Rápidamente, Catunga se recuperó de ese procedimiento y volvió a los escenarios. El 7 de octubre de 2022, las California se presentaron en la Casa Museo y Academia de Batería Nene y Papi Barreto. Como estaba en silla de ruedas, un grupo de personas la alzó al escenario “como a una reina”. Luego de esta presentación, en la que comenzaron de manera tímida y tranquila, ganaron confianza para seguir y el siguiente toque fue en el Festival Sorora, el 15 de octubre de 2022, en la antigua estación del ferrocarril.

Reina recuerda que esa vez le pareció que sonaron de manera impresionante, como si fuera la primera vez. “Nos presentamos y yo me sorprendí tanto, porque ella tocó de una manera espectacular. Me sentí muy bien, por ella y por el grupo”, agrega. Al mes siguiente, el 29 de noviembre de 2022, estuvieron en el Sitio de Memoria y Centro Cultural 1A – Ycuá Bolaños. “Fue la última ocasión en que pisamos un escenario. Y fue la reina esa noche, como siempre, pero esa vez más”, cuenta Noemí.

Catunga Pereira. Fotografía de Fernando Franceschelli.

Herencia viva

Romina Roa tenía cinco años cuando ella y su papá, exalumno de guitarra de Catunga, fueron a buscar a la legendaria guitarrista, quien necesitaba un lugar donde quedarse por un máximo de tres días. “Nos fuimos en el autito y ella llevaba su camita y su máquina de coser”, cuenta. El plan original terminó por modificarse, porque finalmente esos tres días se transformaron en 12 años y la familia de Romina se convirtió en la familia elegida de Catalina Pereira.

Pero ella siempre fue una persona muy bohemia, según Noemí: “Vivió en mil lugares. Donde tenía trabajo, ella se iba y alquilaba un lugar”. Y con la familia de Romina empezó a ponerse cada vez menos bohemia y más asentada, feliz de convivir con sus parientes adoptivos. “Romi es su heredera, a ella le dejó su guitarra”, cuenta Reina.

Romina tenía seis años cuando empezó a practicar para tocar la guitarra con su tía Cata, otro de los tantos apodos que recibió con los años. “Recuerdo que ellas venían a practicar y ahí se acabó el silencio en mi barrio, porque cada semana tocaban. En ese momento le dije: ‘Tía Cata, yo quiero aprender también’. Así empezó todo”, cuenta Romina.

“Son 44 años de mi vida compartidos con Catunga”, cuenta Noemí. Para Reina son 47. “Casi bodas de oro”, recuerdan con una sonrisa cómplice. El legado de su amiga y compañera radica en su fuerza, en su inquebrantable determinación, en “no dejarse vencer por nada y cumplir su sueño”, puntualiza Noemí.

“El legado más grande que dejó es el ejemplo para personas como Romi, para las chicas que desean una carrera en la música”, agrega Reina y reflexiona: “Si en la época más difícil nosotras pudimos, hoy en día más aún”.

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