Nota de tapa

La chica que grita

Osadía e insumisión en la música de Andrea Valobra

Andrea recibió el llamado del jazz y nos trae un lanzamiento de nivel internacional con La Chica que Grita – Capítulo 1. La grabación en vivo y la calidad audiovisual que acompaña la música hicieron que se potencie su inconfundible imagen aún más. Con ese material como excusa, nos encontramos para compartir café, dulces e historias, que te contamos en esta nota.

Por Laura Ruiz Díaz. Dirección de arte: Gaby García Doldán. Dirección de producción: Betha Achón. Producción: Sandra Flecha. Fotografía: Fernando Franceschelli. Retoque digital: Gaby García Doldán. Maquillaje: Noemí Argüello para Majestik Beauty – Barbershop & Spa. Peinado: Leo Trinidad para Majestik Beauty – Barbershop & Spa. Prendas y accesorios: Rodrigo Insaurralde y Forever 21.

A diferencia de muchos músicos nacionales que nacieron y crecieron rodeados de folclore paraguayo, Andrea estuvo, desde muy pequeña, influenciada por sonoridades de Argentina. Su papá es uno más de los miles de casos de migración, pero del “aháta aju” que pudo volver. En ese ambiente de peña donde los tangos, las chacareras y las sambas llenaban la casa con su ritmo, Valobra cantaba a los cuatro o cinco años.

Corte A y la vemos, una década después, en el escenario de Rojo, donde deslumbra al país a través de las pantallas con la potencia de su voz y su presencia. Con toda su vida dedicada a la música, nos regaló un poco de su tiempo para hablar de su pasado, presente y futuro en el arte. Acompañanos a recorrer las distintas notas de su trayectoria.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Todos los caminos llevan a Roma

La música, indudablemente, siempre fue su pasión. Pero las imposiciones sociales pudieron más. “Quería llevarla en paralelo con mis estudios universitarios, pero la verdad es que nunca lo logré porque vivir del arte en este país significa ser autogestor de tu carrera”, cuenta Andrea. “Con todas las licenciaturas que empecé ya debería tener un máster”, dice entre risas. Pasó por Marketing, Ciencias Naturales, Lengua Inglesa, Psicología, Protocolo y la lista sigue, pero a la que volvería es a Psicología.

Su carrera artística es la que siempre estuvo en primer lugar. “Nunca la tomé como un hobbie ni vi la posibilidad de hacer otra cosa”, afirma. Eso también implicó un proceso de toma de decisiones, autoprofesionalización y cambios de enfoque.

“Cuando empecé a salir con el que hoy es mi marido, me hizo notar que a mi carrera le faltaba un enfoque más empresarial, algo de lo que no se hablaba hace 10 o 15 años acá”, recuerda. “Realmente nosotros somos emprendedores [de la música], es como que manejamos una pyme”, remarca.

Este cambio de perspectiva implicó una disciplina férrea. “Significó sacarnos el chip bohemio y soltar varios hábitos”, aseguró. Con mucho esfuerzo y varios aprendizajes, hoy Andrea Valobra también lleva su nombre como una marca. Estos nuevos saberes y exploraciones también los llevaron a abrirse a trabajar en equipo. Y los resultados se notan, pero de eso vamos a hablar más adelante.

Desobediente

Mientras tanto, seguimos hablando con Andrea y vamos todavía por los primeros sorbos de nuestro café. Hay una pregunta sumamente necesaria y que nos interpela como mujeres trabajadoras, que tiene que ver con los obstáculos que enfrentamos al querer dedicarnos a nuestros sueños. Ella, lastimosamente, no fue la excepción. Pero quizás eso sea lo que la lleva a ser “la chica que grita”.

“Ahora por lo menos hay más referentes femeninas en el ambiente”, dice. Si actualmente el camino es complicado, imaginemos lo que fue hace 20 años, cuando ella empezó. “Sobre todo con la personalidad que yo tengo: nunca fui sumisa y me cuesta mucho fingir ser algo que no soy”, afirma. A veces, como mujeres en el ejercicio de nuestra profesión, tenemos la presión social de actuar de cierta forma. Pero Andrea, como muchas, eligió el camino de la autenticidad y la honestidad, con ella misma y con sus sentires.

Según cuenta, en su carrera pasó por todas las etapas. Desde el acoso, pasando por la violencia simbólica y económica, hasta el hecho de que una gran cantidad de personas recién la empezó a tomar en serio en el momento en el que se casó. “Mucha gente, tanto del mundo de la música como del ambiente empresarial, comenzó a validarme cuando tuve un hombre a mi lado, como si eso fuera necesario”, remarca.

“Creo que mi mayor talento, como cantante y en la vida, es mi capacidad de adaptarme”

Letra y música

Andrea siempre escribió. De hecho, su sueño es lanzar un libro de cuentos cortos algún día. Su imaginación es desbordante y siempre anda creando mundos en su mente. “Imagino muchas historias paralelas”, asegura. Y bromea: “Estamos hablando ahora y tomando un café, mientras en el fondo de mi cabeza se genera una historia”.

Pese a que la música la acompañó toda su vida, nunca escribió canciones. “Siempre fui intérprete”, dice. Hasta que en un momento decidió empezar a narrar su historia con su propia voz. Y, como muchos artistas, lo hizo para canalizar situaciones y vivencias que transitó. La primera canción que compuso se llama Ella y justamente habla de violencia de género. Para Andrea, eso implicaba traer a colación un tema del que en esa época aún no se hablaba o se hablaba muy poco, y eran aún menos quienes escuchaban.

Después vino uno de los mayores desafíos: escribir la canción de una película, en una semana. Era necesario tener en cuenta el argumento del filme, la perspectiva de los directores y, claro, su propio proceso creativo. Como a Andrea no le gustan las cosas fáciles, se le sumaba que una de las directoras era de habla inglesa y debía traducir esa letra, y en el proceso se pierden muchos aspectos. «Era complicado, pero lo logré y noté que esa capacidad también podía enfocarla en mi proyecto personal», reflexiona.

Aun así, le llevó tiempo empezar a sentirse cómoda en la piel de compositora, de ser autora de sus propias canciones.

Los talentos
La primera parte de este disco fue producida y mezclada magistralmente por Sergio Cuquejo. Los arreglos estuvieron a cargo de Víctor Scura y Víctor Morel, quienes le dieron vida a cada nota con su talento excepcional. Además, contaron con la participación destacada de The Spirit and Sound Orchestra, dirigida por Cuquejo, quien también se encargó de los arreglos de cuerdas. En el jazz trío estuvieron talentosos y renombrados exponentes de la escena nacional: el mismo Scura en piano, Paula Rodríguez en contrabajo y Morel en batería. La grabación tuvo lugar en Spirit and Sound Studios, bajo la ingeniería de Nicolás Mereles.

Nada y absolutamente todo

Más allá de los tránsitos y procesos que atravesó, nuestra duda era quién es la artista, la chica que grita. ¿Qué define a Andrea? “Nada y absolutamente todo. Creo que mi mayor talento, como cantante y en la vida, es mi capacidad de adaptarme”, nos respondió.

«Creo que mi mayor talento no es mi voz ni mi capacidad de interpretación, sino poder adecuarme a distintas situaciones y escenarios», remarca. «Cuando me encuentro con algo que es nuevo para mí, me toma 10 minutos sumergirme en el tema y lo hago», continúa. Justamente esa capacidad es la que la ayudó a navegar por distintos estilos y trabajar con tanta gente de diversos ámbitos

A más de uno le sorprenderá que Andrea, cuya voz es tan poderosa, solo escucha canciones instrumentales. Navega entre el new age —con bandas como Enigma, proyecto musical electrónico alemán creado por Michael Cretu en 1990, que fusiona cantos gregorianos y sánscritos/védicos con beats digitales— y los instrumentales de piano.

«Yo creo que es una manera de escaparme también y probar algo que no escucha todo el mundo, o no tan seguido», afirma. Ahora, cuando encuentra un proyecto que le llama la atención, puede oírlo tranquilamente 500 veces al día.

«Hace poco descubrí la corriente estética de la dark academia y me di cuenta de que eso es lo que vengo proyectando desde hace muchísimo tiempo», dice entre risas. «Ahora tengo un nicho y sé dónde pertenezco», acota.

Andrea siempre estuvo muy ligada al pop. Entre sus influencias podemos nombrar a Whitney Houston, Celine Dion y Mariah Carey, pero a partir de ellas es que empezó a conocer a otras grandes exponentes como Aretha Franklin, Janis Joplin y Tina Turner. «Siempre fueron de origen anglo y mujeres que quizás hacen pop, pero tienen registros de distintos géneros, como el soul, el jazz y el R&B», describe.

«Mi inspiración es cualquier cosa que me mueva en el momento. Este alfajor, por ejemplo, se merece una canción», bromea durante la merienda. Más seria, nos explica que así como Ella fue un recurso para canalizar situaciones de violencia de género, Algo más fue una canción que escribió mientras sobrellevaba un embarazo de alto riesgo en plena pandemia. «Analicé mis miedos ahí, como una especie de autoayuda», describe.

Eso sí, generalmente busca sus historias en su imaginación, en lugares que le gustan y los personajes que crea. «Soy más relatora de historias de otros que mías, es como si prestara mi voz», afirma.

» Después de tantos años, creo que puedo tomarme el lujo de hacer lo que siento. ‘A lo mejor me va mal’, dije, pero en el riesgo está la ganancia y sobre eso es este nuevo viaje»

Juana —o Andrea— jazzera

La decisión de regrabar el tema Juana tiene que ver con un cambio de estilo que más bien es la maduración de Andrea como artista. Primero, es un material de una estética adaptable a este nuevo género, y segundo, la lírica es especial.

«Si bien es un personaje ficticio, siento que también es como un alter ego mío. Juana es una mujer sumamente empoderada y libre, que actúa siempre siendo consciente de las posibles consecuencias», afirma. «Se habla mucho de la libertad en sus distintas formas, pero pocas veces oímos sobre la responsabilidad y el hacerte cargo de hacer uso de ella. Nuestras acciones tienen sus derivaciones, buenas o malas», agrega.

Andrea trae a ese personaje para ofrecerle un «ropaje más sofisticado». «El crecimiento de Juana es reflejo de mi propia evolución. Pasé por muchas experiencias antes de grabar este material y mi idea es que las dos sonemos distintas, más maduras», destaca.

Y esta madurez artística que quiere reflejar en su nuevo disco implica «abrir la puerta a una nueva era compositiva y musical mía, mientras cierro el ciclo de viejas composiciones».

La Chica que Grita viene de una búsqueda musical personal. Reversiona sus canciones Juana, Algo más y Poco a poco, además de hacer sus propias interpretaciones de Mis noches sin ti (sí, en versión jazz), Cry me a River y That’s Life.

Para Andrea, fue clave comprender su crecimiento. «Ahora estoy más cerca de los 40 que de los 30, no puedo pretender entrar a competir con cantantes pop que son más jóvenes», reflexiona y añade: «Quizás, para mí, como artista, no sea inteligente seguir esa ola de cosas con las que yo no me puedo identificar, porque la verdad es que mis problemas ya son otros, no pienso igual que alguien que tiene 20».

«Tampoco es que el jazz sea un estilo de gente madura, sino que ahora estoy más tranquila y segura. Siento que puedo fluir «, dice. El material que produjo junto a su equipo está hecho con una fórmula casi inversa a lo que la receta de la industria plantea: «Ahora que la tecnología se apoderó de todo, nosotros elegimos volver a lo básico».

Grabaron un disco en vivo, La Chica que Grita – Capítulo 1, así como se hacía antes: todos los instrumentos fueron ejecutados por los artistas, no tienen ningún tipo de arreglo. «La voz fue plasmada en dos tomas y no hubo ese proceso de edición de sonido, de cortar y pegar o modificar de ninguna manera», asegura.

¿Dónde encontrarla?
Podemos ver lo nuevo de Andrea Valobra en todas las plataformas de audio y hay un material audiovisual disponible en YouTube.

Gritar con voz propia

El gran desafío que tuvo la cantante fue lograr adaptarse al jazz. Pero al final, logró que el jazz se adapte a ella. “Tenía mucho miedo de no dar en el clavo con este estilo, porque pienso en Nina Simone, en Ella Fitzgerald y son de otro nivel, tienen otro lenguaje”, plantea. “Logramos hacerlo con mi propia voz, yo que vengo del pop, y eso fue como una reivindicación también”, dijo. Claro que no lo hizo sola, la acompañó un equipo compuesto por grandes maestros de la música.

Después de los agradecimientos correspondientes, que dio a todo su equipo, Andrea finalizó con una reflexión que es el sumun de este proyecto: «Después de tantos años, creo que puedo tomarme el lujo de hacer lo que siento. ‘A lo mejor me va mal’, dije, pero en el riesgo está la ganancia y sobre eso es este nuevo viaje».

En el futuro, nos espera el capítulo dos, que esperamos ansiosos, y también el disco físico que unirá ambos lanzamientos. Por ahora, la chica que grita hace jazz con su propia voz, su propia impronta, y nos deja a todos con ganas de más.

La verdad es que no cualquiera puede ensamblar un grupo que va a grabar en vivo y que a la segunda toma ya lo logra. “Tenés que estar muy afilado musicalmente para eso: es hacer las cosas de la manera más simple, que al final es la más compleja: mostrar la complejidad de la simpleza”, manifiesta para culminar.

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