Nota de tapa

Gandhi

El alma grande de la India

Este lunes 30 de enero se cumplirán 75 años de que Mohandas Gandhi, conocido mundialmente como Mahatma, fuera asesinado por un fanático religioso mientras luchaba por la independencia de una India unificada. Hoy, repasamos la persona que fue y el periodo formativo de una de las personalidades más influyentes del siglo XX.

Mohandas Karamchand Gandhi nació un día de octubre de 1869 en Porbandar, en el seno de una familia muy tradicional. Su padre era funcionario del Gobierno británico en India; su madre, la cuarta esposa, dedicaba sus días a su religión y a cuidar a su familia.

Los biógrafos describen su niñez como tímida y dicen que, frecuentemente, dormía con las luces prendidas. Su época de estudiante es descrita como mediocre, y cuando se casó a la tierna edad de 13 perdió un año de escuela, el cual dedicó a cuidar a su anciano padre y ayudar a su madre en casa. 

El joven Mohandas Karamchand Gandhi.

De la obediencia extrema de su niñez, Mohandas pasó a una fase de rebelión adolescente. Su familia practicaba el visnuismo, pero él mantenía un ateísmo secreto, robaba monedas de los sirvientes de la casa y fumaba a escondidas. Y quizás uno de sus actos rebeldes más grandes fue comer carne, una verdadera ofensa para dicha religión.

Sus transgresiones acabaron rápidamente, sin embargo; buscó maneras de mejorar como persona al tomar como ejemplo a seguir a los héroes de la mitología hindú que personificaban la honestidad y el sacrificio. De esta manera se empezaba a trazar el camino que lo llevaría a ser llamado Mahatma, “el alma grande”.

Aunque Mohandas quería ser médico, hubo algunas barreras importantes para hacer ese sueño realidad. En primer lugar, su religión prohibía la vivisección, además de que también existía la tradición familiar de formar parte del Gobierno y, para alcanzar un alto cargo como funcionario público, necesitaba un título en leyes.

En defensa del vegetarianismo

A fin de obtener el título, debía viajar a Inglaterra, y esa perspectiva era una de las que más emoción generaban en el joven Gandhi, ya que su concepción romántica de Gran Bretaña le atribuía virtudes cual espejismo desértico al más sediento de los viajeros. A pesar de las dificultades religiosas, políticas y monetarias que se interponían entre él y su destino, para setiembre de 1888 ya estaba en Londres para convertirse en abogado, luego de prometer a su madre que volvería al estilo de vida estricto que practicaba su familia y se abstendría de todo: sexo, alcohol y, lo más importante, carne.

En Inglaterra, Gandhi experimentó cierta xenofobia mientras trataba de adaptarse al idioma y las costumbres de una ciudad cosmopolita, completamente diferente al pueblo rural en el cual creció. En este contexto se dio uno de los primeros cambios (por decirlo de alguna manera) en la convicción moral de Mohandas.

Sus compañeros de estudio criticaban el vegetarianismo y a menudo le reprochaban que no comiera carne. Alegaban que esa decisión se convertiría en un problema social y profesional, además de afectar, según ellos, su salud. La resistencia occidental hacia sus costumbres religiosas tuvo el efecto contrario y, en vez de volver a consumir animales, reafirmó su elección y se transformó en un tema moral para él.

Imagen de una estatua de Mahatma Gandhi en Bangalore (India).

El vegetarianismo fue una de las primeras causas con las que Gandhi se embanderó, y eso contribuyó a que saliera del tímido cascarón en que vivió hasta ese momento. Se unió a la Sociedad Vegetariana de Londres, escribió artículos al respecto y llegó a participar en conferencias. Rodeado de vegetarianos fue que empezó a estudiar sobre otras religiones, leyó la Biblia, el Bhagavad-gita (parte del Mahabhárata, una de las expresiones más importantes del hinduismo) y a filósofos occidentales. Fue en esta época en que exploró los conceptos de la vida simple y el valor de la moral, ideas que luego trasladó a su propia esfera personal y política.

Pero aunque esos tres años en Inglaterra fueron importantes, la realidad de vuelta en India supuso una crisis en su vida. Su madre falleció en su ausencia y, aunque tenía un título de abogado, no había garantías para una carrera próspera. De hecho, el ejercicio de su profesión le supuso un desafío enorme, no solo por el creciente número de colegas, sino también por su innata timidez. Sus biógrafos recuerdan con frecuencia el primer enfrentamiento legal de su carrera, en el que no pudo proseguir con los alegatos, se excusó de su cliente y le devolvió por completo su tarifa.

El antes y el después en Sudáfrica

Las puertas se le cerraban en la cara, como un trabajo menor en una firma legal del que fue despedido por un problema con un oficial británico. Así, aceptó mudarse a Natal (Sudáfrica) por un año, donde fue contratado por una firma india en 1893. Mohandas jamás imaginó que pasaría dos décadas allí y eso cambiaría definitivamente su vida.

Si en la cosmopolita ciudad de Londres experimentó cierta resistencia a sus costumbres, en Sudáfrica vivió el racismo en primera persona en forma de ataques a su identidad misma. Por años, la comunidad india de ese país se había sometido al maltrato de los blancos a cambio de trabajo, mismo trabajo de toda la colectividad cuyos hombros sostuvieron muchas fortunas. 

Durante sus primeros meses ahí vivió transgresiones de distintas intensidades: un magistrado blanco le pidió que se sacara el turbante en la Corte, pero se rehusó y salió de allí; fue expulsado del vagón de Primera Clase de un tren y abandonado en una estación; fue golpeado por el conductor de un carruaje por no querer ceder su lugar a un pasajero blanco, y hoteles reservados para europeos se rehusaron a alojarlo.

Estos azotes a su dignidad surtieron un efecto inmediato. Mohandas se rehusó a continuar formando parte de la cadena de maltratos a los que sus compatriotas eran sometidos en Sudáfrica. Contra toda expectativa, este tímido joven de 25 años empezó el trabajo de hormiga de estudiar los abusos y educar a sus compañeros sobre sus derechos. Cuando Natal propuso una ley que prohibía el voto a los ciudadanos indios, Gandhi tomó la decisión de quedarse y hacer una campaña en contra del proyecto.

Lastimosamente, los esfuerzos de Gandhi no impidieron la aprobación de la ley, pero su trabajo no fue en vano: en poco tiempo, llamó la atención del público y la prensa mediante la junta de firmas de cientos de sus compatriotas, además de las cartas que envió a la legislatura local y el Gobierno de Gran Bretaña. Fundó la Legislatura India en Natal y, como secretario, organizó políticamente a su comunidad, conocida por las diferencias políticas y religiosas, pero unida en la lucha contra los abusos.

Por fin, Mohandas Karamchand Gandhi encontró su misión: dar voz a los oprimidos.

En 1897 sufrió el primero de los atentados contra su vida al regresar de un viaje a India, a donde fue para buscar a su esposa e hijos mientras reunía apoyo internacional para su causa. Al aterrizar en Durban (Sudáfrica) fue agredido por una turba de blancos y casi lo lincharon. No solo se salvó, sino que decidió no denunciar a sus agresores.

Durante la guerra sudafricana de 1899, argumentó que los indios que buscaban gozar de los derechos civiles de Natal por completo tenían la obligación de defender la ciudad. De esa manera juntó a más de 1000 voluntarios para asistir a aquellos que otrora los habían oprimido. Gandhi quiso —y logró— transmitir ese espíritu de servicio que, tristemente, no sirvió de mucho para su causa.

Satyagraha: devoción a la verdad

Tras la guerra, el Gobierno intentó instaurar un método humillante de registro para los ciudadanos indios; en respuesta, la colectividad se organizó en una gran manifestación. En Johannesburgo, en setiembre de 1906, Gandhi lideró la primera de sus protestas pacíficas al desafiar a la autoridad sin invitar a la confrontación, luchando sin violencia.

Así nació satyagraha, una palabra en sánscrito e hindú que puede traducirse como “devoción a la verdad” y que pasó a ser el nombre de su filosofía de protesta pacífica.

El conflicto duró años y tuvo un efecto duradero en la minoría india. Cientos de personas prefirieron perder sus trabajos antes que seguir sometidos a los abusos. Pero el Gobierno sudafricano respondió con más violencia: mujeres presas, obreros apaleados y decenas de ejecutados. Finalmente, por presión de Gran Bretaña e India, Sudáfrica llegó a un compromiso con Mohandas, en representación de su comunidad.

Profeta en su tierra

Mohandas Gandhi y su familia abandonaron Sudáfrica en 1914, antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Así, partieron con destino a Inglaterra, primero, y llegaron luego a Mumbai (previamente Bombay) en 1915. 

Durante esos primeros años, no mostró inclinación política alguna y hasta ayudó a reclutar soldados para ayudar a los esfuerzos bélicos de Gran Bretaña. Todo cambió en 1919 cuando, provocado por un proyecto de ley que permitía a las autoridades británicas apresar a cualquier sospechoso de sedición, Gandhi anunció una nueva campaña de resistencia satyagraha. Lo que siguió fue una violenta represión de soldados británicos, tan extrema que puso en pausa a Gandhi. Pero no pasó mucho tiempo antes de que el resentimiento acumulado por la población hiciera resurgir la protesta.

Así nació su cruzada por obtener un Gobierno local y Mohandas se alzó rápidamente como el líder político más importante de su país (posiblemente, de cualquier otro país del mundo). En poco tiempo hizo lo que se consideraba imposible: remodelar por completo el Partido del Congreso para transformarlo de una especie de organización social, casi un club, a un instrumento de cambio político, símbolo del nacionalismo indio.

¿El medio? Las protestas no combativas ni violentas organizadas por él mismo. El boicot hacia el comercio y las instituciones británicas alcanzó el país entero, con profundas raíces en las desigualdades y la pobreza de los pueblos más pequeños.

La desobediencia civil fue la punta de lanza de Gandhi. En 1930 organizó una marcha de casi 400 km para recolectar sal de la costa, en respuesta a una imposición británica que prohibía que los indios comerciaran con su propia sal, para obligarlos a comprarla del Gobierno inglés. Más de 60.000 personas fueron encarceladas, pero eso no hizo más que reavivar las llamas del apoyo público a la causa.

Para 1930, Mohandas pasó a ser conocido como Mahatma, que significa “alma grande” o “santo” en sánscrito. Gandhi ya era más que un hombre: era un símbolo nacional.

El monumento Raj Ghat, dedicado a la memoria Mahatma Gandhi.

Para la eternidad

Durante la Segunda Guerra Mundial, Gandhi abogó por el retiro de Gran Bretaña de la India, pero la respuesta del imperio fue tajante: Mahatma fue arrestado otra vez y el país se levantó en rechazo del hecho, con protestas donde fueron arrestadas más de 100.000 personas que exigían el Gobierno local.

Gran Bretaña comenzó los preparativos para su retiro de la India subcontinental, impulsada por la victoria del Partido Obrero de Inglaterra en 1945. Desde el principio, Gandhi se opuso a la división de su país, pero contra todos sus esfuerzos, en agosto de 1947 se formaron dos nuevos dominios bajo la influencia de la Liga Musulmana: India y Pakistán. Este movimiento cobró fuerza durante el último encarcelamiento de Mohandas y, definitivamente, no hubo mucho que el alma santa de India pudiera hacer al respecto.

No vivió para ver independiente a su país. Fue asesinado en 1948 por un extremista religioso y político hindú. Alrededor de 1,5 millones de personas acompañaron el cortejo fúnebre de Gandhi y, aunque su cuerpo ya no está entre nosotros, su ejemplo y filosofía siguen vivos hasta hoy.

Estampilla en honor al centeraio del nacimiento de Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948).

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