¿Te imaginás vivir donde todo te quede cerca?
Tu trabajo, el supermercado, la escuela, un parque para descansar, un café para encontrarte con amigos. Todo… a solo 15 minutos de tu casa. Ahora, pensalo al revés: ¿Alguna vez contaste cuánto tiempo perdés cada día al trasladarte de un lugar a otro?
Por Mariangel Meza, magíster y doctoranda en Arquitectura, especializada en accesibilidad, construcción sostenible y empleo verde. Para conocer las referencias bibliográficas utilizadas en este artículo, los interesados pueden contactar a la autora al correo mariangel.arquitectura@gmail.com. Fotografía: Javier Valdez y Joe Barcovich.
Aunque la distancia en kilómetros quizás sea corta, el trayecto se vuelve interminable en tiempo: minutos que se acumulan entre filas de tráfico, bocinazos y estrés.
Y cuando hablamos de caminar o ir en bicicleta, probablemente ya te imaginás el problema, ¿verdad? Veredas en mal estado, bicisendas incompletas —o directamente inexistentes— y calles diseñadas exclusivamente para los autos. Ni hablar del transporte público, eso lo dejaremos para otro artículo.
Durante la pandemia del covid-19, esta realidad se volvió aún más evidente. Con restricciones de movilidad, ciudades colapsadas y servicios lejanos, quedó claro que la forma en que diseñamos nuestras urbes impacta directamente en la calidad de vida. También resaltó algo que solemos naturalizar: la enorme cantidad de tiempo que perdemos cada día simplemente yendo y viniendo.

El origen de la ciudad de los 15 minutos
Hace más de 10 años, el científico y profesor Carlos Moreno visualizó este problema y pensó en una alternativa al modelo urbano disperso y dependiente del automóvil. Así nació el concepto de “la ciudad de los 15 minutos”, una extensión de ciertas ideas que ya existían, pero que cobró relevancia enorme a partir de la pandemia.
En 2021, Moreno profundizó en eso y definió seis funciones esenciales que todos deberíamos poder satisfacer a no más de 15 minutos del hogar, a pie, en bicicleta o transporte público: vivir, trabajar, comprar, cuidar la salud, educarnos y recrearnos.
La idea, por supuesto, no es que toda la ciudad se recorra en 15 minutos, sino que cada barrio funcione como una pequeña urbe completa, densa, diversa y conectada, pensada a escala humana. El objetivo no es solo acortar distancias, sino descentralizar servicios y oportunidades para que toda zona sea autosuficiente y equilibrada.

Del concepto a la práctica
Hoy, este modelo ya se pone en práctica en varias partes del mundo. París, Melbourne, Ottawa, Barcelona, Shanghái, Portland y Milán están adoptando —con distintos enfoques— estos principios. Y no se trata siempre de “15 minutos”, sino de 20, 30 o incluso 45 minutos, adaptadas a su contexto, como las superblocks de Barcelona, los barrios de 20 minutos en Melbourne o los walkable places en EE. UU.
Todos comparten un objetivo central: poner a las personas en el centro del diseño urbano, reducir la dependencia del automóvil y promover el caminar, el uso de la bicicleta y el transporte público. Esto se traduce en más espacios verdes, calles más seguras, ciclovías, veredas accesibles y menos prioridad para el tránsito vehicular. Es una forma de “traer las actividades a los barrios”, en lugar de obligar a las personas a cruzar la ciudad todos los días para trabajar, estudiar o acceder a servicios.

¿Por qué importa tanto la cercanía?
Según un estudio hecho en el 2023, investigadores definieron la ciudad de los 15 minutos con 10 principios clave: proximidad, densidad, diversidad, usos mixtos, modularidad, adaptabilidad, flexibilidad, diseño a escala humana, conectividad y digitalización. Dicho de forma simple: vivir cerca, mezclar funciones, aprovechar mejor el espacio y el tiempo, y usar la tecnología para mejorar la vida cotidiana.
La proximidad es el corazón del concepto. Pasar menos periodos viajando significa más tiempo libre, reducción del estrés y mejor salud física y mental. Moreno llama a esto “cronourbanismo”: rediseñar las ciudades en torno al tiempo y la proximidad para pensar cómo se puede devolver horas a las personas.
La densidad, bien planificada, permite que haya suficientes personas para sostener comercios, servicios, escuelas y espacios de trabajo cerca de casa.
La densidad, bien planificada, permite que haya suficientes personas para sostener comercios, servicios, escuelas y espacios de trabajo cerca de casa. La diversidad social evita zonas monótonas, vacías o excluyentes, y fortalece la comunidad. Los barrios con usos mixtos —donde convivís, trabajás, comprás y te recreás— reducen viajes innecesarios, bajan las emisiones contaminantes y hacen la ciudad más viva y segura.
Desafíos y críticas
Como toda propuesta, la ciudad de los 15 minutos también presenta desafíos. Uno de los principales riesgos es que algunos barrios se vuelvan más caros y excluyan a personas de menores ingresos si no se aplican políticas de equidad. Además, la experiencia demuestra que el diseño urbano por sí solo no resuelve problemas sociales complejos como desigualdad, falta de vivienda accesible o segregación.
La experiencia demuestra que el diseño urbano por sí solo no resuelve problemas sociales complejos como desigualdad, falta de vivienda accesible o segregación.
Transformar ciudades ya consolidadas no es simple: requiere tiempo, inversión, coordinación y cambios en normas de uso del suelo. En urbes extensas y dependientes del automóvil, con zonificación rígida y funciones separadas, el cambio es especialmente difícil. También se señala que no todas las personas pueden trabajar cerca de su casa. Algunas actividades económicas necesitan concentrarse en ciertos puntos, lo que hace inevitable el desplazamiento.
Y no hay que olvidar la importancia de la accesibilidad para todos, especialmente para personas con discapacidad y adultos mayores. No importa solo la distancia, sino también la calidad del entorno urbano.
Y entonces, ¿vale la pena?
Aunque el concepto de la ciudad de los 15 minutos genera debate, sus beneficios se ven en la práctica. Al tener todo cerca, las personas dependen menos del automóvil, lo que reduce el tráfico, las emisiones contaminantes y promueve una vida más activa. Aunque les cueste aceptar a algunos, que haya menos autos implica contar con aire más limpio, exponerse a menos ruido y comunidades más saludables.

Además, los comercios de cercanía fortalecen la economía local, generan empleo y dan vida a los barrios. Tener áreas verdes y acceder fácilmente a servicios combate el sedentarismo y la soledad. Los espacios públicos a escala humana fomentan el encuentro, el sentido de comunidad y la vida social. Esto está respaldado por muchas investigaciones, no es algo nuevo.
Hoy también contamos con herramientas que antes no existían. La digitalización permite entender cómo se mueve la ciudad en tiempo real, identificar dónde están las mayores pérdidas de tiempo y abrir nuevos canales para que las personas participen en las decisiones urbanas. Mapas interactivos, datos abiertos, plataformas digitales y nuevas formas de movilidad ayudan a conectar mejor los barrios, mejorar los recorridos y acercar oportunidades sin necesidad de desplazarse tanto.
Asunción, para vos, ¿es la ciudad de los cuántos minutos?
¿Cuánto te lleva llegar a lo esencial? Si hacés un cálculo rápido, te vas a dar cuenta de todo lo que perdés en el transporte. Si te toma 45 minutos ir al trabajo y lo mismo volver, y trabajás seis días a la semana, perdés nueve horas semanales solo yendo y viniendo. Sí, nueve horas. Más de una jornada laboral. Y eso sin sumar lo que implica estudiar, hacer compras, acudir al médico o encontrarte con otras personas.

Y el problema no es solo cuánto tardamos en llegar, sino todo lo que queda en el camino. Minutos que se acumulan, días que se repiten, horas que se van en traslados que no elegimos.
Una urbe que no acompaña a sus habitantes obliga a correr, a planificar la vida alrededor del tráfico, a postergar encuentros, descanso y tiempo propio. Si midiéramos la ciudad en tiempo —como propone el cronourbanismo de Carlos Moreno—, dimensionaríamos mejor cuánto se nos va en desgaste, cansancio y oportunidades perdidas…
¿Cuánto tiempo de tu vida gastás para adaptarte a una ciudad que no está pensada para vos? ¿Cuántas cosas dejarías de hacer —o podrías empezar a hacer— si ese tiempo volviera a ser tuyo?+
Pensar una ciudad descentralizada y a nuestro alcance no es solo una cuestión urbana. Es una pregunta profunda sobre cómo queremos vivir.




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