Nota de tapa

Bernardo KrasniansKy

El gran iconoclasta paraguayo del siglo XXI

Con un profundo pesar, el arte paraguayo despidió hace apenas algunos días a Lito Krasniansky (1941), un artista que trascendió fronteras, estilos, disciplinas y circuitos para entregar una visión comprometida, que puso a Paraguay en el mapa del arte contemporáneo de vanguardia en pleno periodo de turbulencia social, intelectual y política: la década de 1960.

Por Leticia Ferro Cartes / Imágenes: gentileza de Fundación Texo

Principios de los años 60, turbulento periodo para la historia y la cultura paraguaya: recrudecimiento de la censura militar e intelectual aplicada por Alfredo Stroessner. En el auge del peace and love, las protestas contra la Guerra de Vietnam, la explosión artística occidental, la revolución sexual y relacional, y el florecimiento de distintas corrientes estilísticas que convergieron en los 50, Paraguay vio florecer las ramas del arte nuevo.

Imagen: Gentileza de la Fundación Texo.

Los nuevos artistas contracorriente

La llegada del maestro brasileño Joao Rossi en 1950 fue el puntapié inicial que eclosionó las bases conceptuales rupturistas que, luego, oficiaron de caldo de cultivo para la creación del grupo Arte Nuevo, conformado en su origen por Lilí del Mónico, Josefina Plá, José Laterza Parodi y Olga Blinder, y complementado sucesivamente por Edith Giménez y Hermann Guggiari.

Así, la modernidad visual finalmente llegó —con un pequeño jet lag— a un país marcado por la cultura conservadora, que hasta entonces priorizaba el dominio de la técnica, los temas costumbristas (paisajes naturales, rurales o campestres, carretas, retratos y motivos florales o forestales) y las manifes- taciones más tradicionales de lo pictórico (pintura al óleo) como bazas para valorizar capital cultural. Por supuesto, en valor de mercado, al arte presente al interior de domicilios y museos oficialistas.

En el año 1954 se dio la célebre Primera Semana del Arte Moderno Paraguayo en vitrinas comerciales transparentes de calle Palma, con fuertes influen- cias del modernismo argentino y la escena vanguar- dista y urbana del modelo brasileño de la mano del maestro Rossi.

Con este movimiento se impusieron nuevas experimentaciones, técnicas arriesgadas y el desembarco de la abstracción, que ya pisaba fuerte en el circuito artístico occidental, con exponentes de la geometría abstracta como Mark Rothko, Estados Unidos; del surrealismo eclécti- co de Max Ernst, Francia; o con Yoko Ono, Japón, posteriormente. Ono es reconocida como dadaís- ta rupturista, mal conceptuada por ser supuesta responsable de la separación de The Beatles, pero cabeza de grandes conceptos de fotografía, arte sonoro y dirección artística que influyeron en John Lennon, y una representante importante del movimiento Fluxus.

Volviendo a Paraguay, el movimiento Arte Nuevo dotó a los jóvenes artistas nacionales que rondaban los 20 y 30 años (e, inclusive, un poco mayores) de herramientas novedosas de expresión, para activar políticamente y trabajar en sus disciplinas. Hicieron uso de la pintura, el collage, la poesía, la danza, el teatro, el body art, la performance, los happenings y las instalaciones, además de técnicas mixtas nunca an- tes vistas localmente. La experimentación artística en su máxima forma.

A eso debemos sumar las obvias dificultades expresivas de ese entonces, ya que la comunidad de artistas no estaba bien vista por un Gobierno tan férreo como conservador: el arte era, además, un canal indirecto de denuncias graves de violación de derechos humanos y censura intelectual.

Imagen: Gentileza de la Fundación Texo.

Bernardo, parte de un colectivo comprometido

En los 60, los Novísimos se convirtieron en los suce- sores del Arte Nuevo y encauzaron las importantes bases sentadas por sus predecesores: Enrique Careaga, Ángel Yegros, José Antonio Pratt Mayans y William Riquelme. Posteriormente, surgen expresiones híbridas como las de Lito Krasniansky, Osvaldo Salerno, Félix Toranzos, Lucy Yegros y Miguel Heyn.

Sergio Rojas Cardoso publicó un artículo en el 2020 en la revista de ciencias sociales y humanidades Religación titulado El caso los Novísimos: una revolución simbólica específica en la génesis del campo artístico paraguayo / The case of Los Novísimos: a specific symbolic revolution in the Paraguayan artistic field genesis. El paper afirma: “Las proposiciones teóricas hacen inteligible que las tomas de posición de los grupos Arte Nuevo y los Novísimos constituyeron unas específicas articulaciones entre la ética, la estética y la política en el arte paraguayo”. Grandes figuras como Ignacio Núñez Soler, Ricardo Migliorisi, Mabel Arcondo, Laura Márquez y Carlos Colombino se destacaron en la década.

La abstracción y la profundidad estructural buscaron desengancharse del desdén respecto al crítico o al literato. Para Rojas Cardoso, los Noví- simos alimentaron la producción de la creencia y la posibilidad de todos los discursos posibles que la pintura ofrece a la divagación subjetiva del es- pectador. “Al negarse a servir a las buenas causas y a someterse a cualquier tipo de demanda (sea económica o política), los Novísimos explotan, en la fase inicial de acumulación simbólica, todas las apariencias del desinterés, y concilian a un tiempo el antiutilitarismo y la división entre el arte y el dinero, la indiferencia y el desprendimiento acerca de cualquier tipo de justificación social, contribuyendo con esto a la consolidación de esta particular economía de los bienes simbólicos que más bien cabría considerar como una economía antieconómica”, escribió.

Imagen: Gentileza de la Fundación Texo.

Más allá del tiempo y el espacio

Bernardo Lito Krasniansky era una figura más bien tímida dentro del circuito capitalino de los vernissages del siglo XXI. Su afilada nariz, un perfil aguileño casi grecorromano, su pícaro sentido del humor, su inmensa afabilidad y su perfil bajo eran sellos reconocidos por su familia, colegas y amistades. Hace apenas meses, inauguró una de sus últimas obras (siempre dentro de lo avant-garde): La siesta, un montaje-instalación onírico que homenajeaba a su amor por el agua, la suavidad tierna de los colores pastel, los sentimientos y, sobre todo, a las simbo- logías sucesivas: el metalenguaje tan particular y curioso que lo llevaba a usar el arte como mecanismo de investigación experimental.

Aprendió de dos icónicos maestros del arte paraguayo de vanguardia: la formoseña Leonor Cecotto y el brasileño Livio Abramo, a inicios de los 60 y en plena eclosión de cooperación cultural entre Brasil y Paraguay. Esto le permitió acceder a nuevas visiones y a una plataforma importante con el obvio impulso de su fuerza creadora y talento de síntesis.

La prestigiosa ECA/Escola de Comunicações da Universidade de São Paulo de Paulo fue su casa de estudios y refugio creativo en la carrera de Artes Visuales desde 1971 a 1975, año en que Bernardo concluyó ese grado y, posteriormente, se recibió como educador artístico por la Fundación Armando Alvares Penteado (FAAP). Desde entonces, sus idas y vueltas a Brasil, fueron una constante.

Su experimentación con máquinas Xerox, bajo la guía del argentino Jorge Glusberg (líder del famoso Grupo de los Trece) del CAyC (Centro de Arte y Comunicación) lo condujo a exportar rápidamente su sólido y prolífico trabajo artístico. Su primera exposición individual en la metrópolis argentina fue en 1975. Con trabajo arduo, estudios y una visión clara, cosechó distinciones, premios y lauros. Se convirtió en uno de los artistas multidisciplinares más prolíficos de la historia de nuestro país, con un archivo y acervo impresionante de miles de imágenes, esculturas, instalaciones, happenings y más.

“Cuando parte un gran creador, su legado se despliega, por un instante, entero. La obra de Bernardo Krasniansky, recién partido, constituye un enorme conjunto de imágenes que reverberan a lo largo de la historia del arte moderno del Paraguay”, escribió el crítico, contemporáneo y amigo Ticio Escobar, a propósito de su triste fallecimiento. Krasniansky logró, con una capacidad de síntesis impresionante, creativa y única, combinar multicopiado (la fotocopia de aquella época), para desarrollar lo que él llamaría “dibujo directo”. Sus montajes, cortes quirúrgicos, uso amplio de fotografías, impresiones, texturas, tex- to, pintura, pegamento, fotografía tradicional e incluso otros tantos medios no tradicionales —como el arte corporal— lo llevaron a ser en uno de los exponentes cumbres del arte conceptual de vanguardia, que llegó sin jet lag: Bernardo puso a Paraguay en el mapa artístico del mundo, llevó a su país y su creación —tan personal como irónica, pícara, elegante, inusual y sofisticada— a múltiples confines de América del Sur, América del Norte y Europa.

Gabinete Krasniansky. Imagen: Fundación Texo.

“Lito ha ejercido y manifiesta un constante impul- so creativo y cada conjunto de sus dibujos, pinturas, serie de fotocopias, objetos o lo que se le ocurra crear, muestra una notable evolución. Como coleccionista, siempre me he enfrentado a cualquier obra desde la emoción y no desde la racionalidad de un crítico; y siempre me pregunto si él tiene una estrategia que inspira su trabajo, o cómo le surgen las impresiones mentales que repentinamente se traducen en una obra determinada. Sus creaciones no son solamente el momento presente que se manifiesta, sino el desafío permanente que nos plantea para entender cuán avanzado, visionario, estéticamente perfecto y futurista es su arte”, manifestó José Daniel Nasta, presidente de la Fundación Texo, otra de las casas artísticas que, junto al CAV/Museo del Barro, albergan gran parte de su obra en el país, a propósito de la reciente apertura del Gabinete Krasniansky.

El gabinete en su honor fue inaugurado el pasado mes de febrero, pues sus obras son parte funda- mental de la Colección Nasta. En ese momento, Fredi Casco, director artístico de Fundación Texo, mencionó: “Krasniansky es no solo un referente del arte contemporáneo en Paraguay, sino también a nivel regional y especialmente en Brasil, donde reside desde 1970 y se dedica a la producción artística y al diseño”. Previamente, la entidad había realizado una exposición retrospectiva, ya en 2016, en las instalaciones del Museo del Barro. La muestra ganó el premio AICA Capítulo Paraguay a la Mejor Exposición del Año.

Bernardo, a diferencia de otros artistas, nunca cortó su vínculo con el país y con gran compromiso social, humor y una enorme calidad humana, representó sus orígenes en el mapa internacional. Hoy existe una estrella que brilla más fuerte que nunca en el firmamento, azul estrellado y sin nubes, del arte de Paraguay.

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