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Paraguay en la lucha contra el cáncer de mama

La importancia de llegar a tiempo

En nuestro país, cada año alrededor de 800 mujeres confirman el diagnóstico y unas 400 mueren por cáncer de mama. En esta nota nos preguntamos cómo nace este mal, cuántas personas lo atraviesan, con qué atención contamos y de qué tecnología disponemos para enfrentar la enfermedad.

Todo empieza sin ruido, muy discretamente. En la glándula mamaria hay millones de células que hacen lo que les toca: se dividen para reemplazar a las que ya están viejas, se detienen cuando hay que detenerse y mueren cuando se dañan; son ordenadas, disciplinadas. ¿Pero qué pasa cuando solo una de ellas se multiplica sin control?

En el sistema económico de libre mercado, cuando las corporaciones crecen de forma desmedida e incontrolada se da el monopolio u oligopolio. En biología, ese fenómeno tiene otro nombre: cáncer. La célula muta, ignora las señales de parar su crecimiento, se divide sin límites, consume los nutrientes y recursos a su alrededor, destruye el órgano que la alberga y el sistema inmunológico empieza a fallar.

La doctora Cinthia Gauna, jefa del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Nacional del Cáncer (Incan), describe ese proceso con precisión: “Generalmente, cuando una célula normal acumula alteraciones en su ADN, pierde los mecanismos normales de control y empieza a multiplicarse desordenadamente. Al principio, estas anormalidades pueden permanecer localizadas en los conductos o lobulillos de la mama. Cuando adquieren nuevas alteraciones, atraviesan esa barrera y se convierten en un cáncer invasor”.

A partir de ahí, el tumor puede crecer y, eventualmente, alcanzar los vasos linfáticos, los ganglios de la axila o ingresar a la circulación sanguínea. Si algunas de esas células llegan a otros órganos y consiguen crecer allí, se produce la metástasis, que representa la etapa más avanzada de la enfermedad. No todos los cánceres de mama se comportan igual ni necesariamente siguen esta evolución. Algunos crecen muy lentamente, otros son biológicamente más agresivos.

Cinthia Gauna, jefa del Departamento de Oncología Clínica del Incan. Fotografía: Fernando Franceschelli.

¿A dónde acudir?

En nuestro país, los lugares a los que acude la población para tratarse principalmente varían según el sistema de salud al que acceden y la complejidad del diagnóstico. Para el sector público, el referente indiscutible es el Incan, en Areguá, que centraliza la mayor parte de las consultas oncológicas, quimioterapias y cirugías gratuitas a nivel nacional. A este se suman centros de alta complejidad como el Hospital de Clínicas en San Lorenzo y el Hospital Nacional de Itauguá.

Por otro lado, los trabajadores cotizantes y sus familias cuentan con la infraestructura del Instituto de Previsión Social (IPS), cuyo hospital central en Asunción concentra las áreas de hematología, oncología médica y tratamientos especializados para adultos.

Según el Incan, aproximadamente el 20 % de las pacientes presentan enfermedad en estadio IV, es decir, con metástasis a distancia.

¿Dónde está parado Paraguay?

Los datos más recientes del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, procesados por la Dirección General de Información Estratégica de la Salud (Digies), permiten trazar un panorama. En 2025, Paraguay registró 411 defunciones por cáncer de mama, 402 en mujeres y nueve en hombres. Cinco años atrás, en 2020, las muertes en ellas llegaron a 491. Según los datos, la reducción supera el 21 %. En cuanto a este año, entre enero y setiembre hubo 1117 diagnósticos nuevos.

Pero hay un dato que matiza todo optimismo apresurado: según el Incan, aproximadamente el 20 % de las pacientes presentan enfermedad en estadio IV, es decir, con metástasis a distancia. El 80 % restante se distribuye entre I, II y III. “Es importante aclarar que esa cifra no corresponde a enfermedad temprana, pues el estadio III representa un cáncer localmente avanzado”, advierte la directora del Incan, Jabibi Noguera. El desafío, dice Noguera, es aumentar la proporción de evaluaciones en estadios I y II. “Nuestro objetivo es que cada vez más mujeres sean diagnosticadas tempranamente. No debemos conformarnos con que lleguen menos tarde. Nuestro objetivo es que los diagnósticos se den a tiempo”, asegura.

“La meta de la red es que el lugar donde vive una persona no determine sus posibilidades de acceder a un tratamiento”

Jabibi Noguera, directora del Incan.

El mapa tampoco es parejo. En 2025, Misiones encabezó la lista con 13 defunciones, una tasa de 22,4 por cada 100.000 mujeres, seguida de Paraguarí, con 22. En el otro extremo, Ñeembucú registró 8, Guairá 7 y Boquerón 6. Nuestro sistema está en un proceso gradual de descentralización que llevará servicios básicos de quimioterapia y diagnóstico a cabeceras departamentales para evitar el traslado masivo de pacientes a la capital. “La meta de la red es que el lugar donde vive una persona no determine sus posibilidades de acceder a un tratamiento”, detalla la profesional Jabibi Noguera.

El hospital de referencia

La doctora Noguera es pediatra formada en la Universidad Nacional de Asunción con especialización en Oncohematología en la Universidad de Módena y Reggio Emilia, Italia. Pasó por la dirección médica y la vicedirección del Hospital de Niños de Acosta Ñu antes de asumir la conducción de la intervención del Incan en agosto de 2024 y ser designada directora general en octubre de ese año.

Cuando Noguera asumió la dirección de la institución, una de las primeras cosas que hizo fue mirar los números del circuito de atención. En 2024, una evaluación multidisciplinaria identificó que el tiempo transcurrido entre la primera consulta y el inicio del tratamiento podía extenderse hasta ocho meses. Hoy, ese plazo bajó a aproximadamente dos meses. “Esta reducción representa un avance concreto en la oportunidad de respuesta a los pacientes oncológicos”, afi rma con moderación. Pero inmediatamente añade que no se conforma: “El Incan mantiene como objetivo seguir acortando esos tiempos y aproximarse a las cuatro semanas”. En estos casos, reducir la espera es una prioridad asistencial, según lo explica: “Cada mejora en el circuito de atención permite avanzar hacia un diagnóstico y un tratamiento más oportunos, con el paciente como centro de las acciones institucionales”.

«En 2024, una evaluación multidisciplinaria identificó que el tiempo transcurrido entre la primera consulta y el inicio del tratamiento podía extenderse hasta ocho meses. Hoy, ese plazo bajó a aproximadamente dos meses»

Lo que hay y lo que falta

El Incan es un hospital oncológico de alta complejidad: dispone de mamografía, anatomía patológica e inmunohistoquímica, herramientas fundamentales para el diagnóstico y la caracterización de los tumores. También cuentan con un equipo de tomografía, cuya reposición a funcionamiento se encuentra en proceso.

En el área de tratamiento, el inventario es el siguiente: dos aceleradores lineales operativos para radioterapia, un hospital de día con 50 sillones, cuatro quirófanos principales y dos salas para procedimientos menores. También disponen de internación, urgencias, cuidados paliativos y una unidad de terapia intensiva posoperatoria con tres camas.

Pero no se pueden eludir las carencias: la ciencia evoluciona constantemente y es necesario seguir incorporando capacidades tecnológicas. “Una de las áreas que debemos fortalecer es la oncología molecular y genética, actualmente muchos tratamientos dependen de conocer las características específi cas del tumor”, admite.

“La medicina de precisión es una realidad en el mundo, los biomarcadores permiten seleccionar tratamientos según las características moleculares del tumor. En Paraguay avanzamos hacia una oncología de precisión”

Cinthia Gauna, jefa del Departamento de Oncología Clínica del Incan.

También menciona la necesidad de ampliar la capacidad de radioterapia, modernizar los servicios de diagnóstico por imágenes y fortalecer las áreas críticas. Y añade un anhelo concreto: “Sería ideal contar en el futuro con un PET-Scan, una tecnología que aporta información valiosa para estadifi car y evaluar diferentes tipos de cáncer”.

La doctora Gauna complementa esa visión desde su área: “La medicina de precisión es una realidad en el mundo, los biomarcadores permiten seleccionar tratamientos según las características moleculares del tumor. En Paraguay avanzamos hacia una oncología de precisión”. Al mismo tiempo, advierte que el desafío ahora es lograr que esas tecnologías no queden limitadas a proyectos de investigación o al sector privado, sino que sean accesibles de forma sistemática a pacientes del sistema público.

Prevención y detección temprana

El acceso a la mamografía ha mejorado. Según datos que maneja la Asociación de Mujeres de Apoyo contra el Cáncer de Mama (Amacma), hoy existen 55 mamógrafos distribuidos en todo el territorio nacional, y este año están todos operativos.

Bettina Cuevas, presidenta de Amacma. Fotografía: Fernando Franceschelli.

Pero para Bettina Cuevas, directora de Amacma, todavía estamos lejos de un servicio efi ciente. “A nivel salud, sí se cuentan con mamógrafos, más centros y mastólogos, pero sigue siendo complicado acceder a mastología, psicología, nutrición. Los turnos son muy difíciles de obtener porque los profesionales están saturados”, advierte Cuevas. La prevención es una gran herramienta que se sostiene en la mamografía, el autoexamen y las campañas de concientización, cada uno con sus alcances y límites.

La doctora Marina Ortega, jefa del Programa Nacional de Prevención, Detección Precoz y Tratamiento del Cáncer de Cuello Uterino y Mama del Incan, es clara sobre un punto: “El autoexamen es útil para que conozcas tus mamas, pero no sustituye a los controles médicos y la realización de mamografías”.

Esta última es la herramienta central. La recomendación oficial en Paraguay es realizarla anualmente a partir de los 40 años, incluso sin síntomas. En mujeres con alto riesgo, como antecedentes familiares directos o mutaciones genéticas, los controles deben comenzar antes de dicha edad, bajo indicación médica.

Marina Ortega, jefa del Programa Nacional de Prevención, Detección Precoz y Tratamiento del Cáncer de Cuello Uterino y Mama del Incan. Fotografía: Fernando Franceschelli.

Ahora bien, lo que marca la diferencia en el tratamiento es el momento en que se detecta. “Cuando el cáncer se diagnostica en una etapa inicial, especialmente si está localizado en la mama y no se ha extendido a otros órganos, las posibilidades de supervivencia son muy altas, superiores al 95 % a cinco años en algunas estadísticas poblacionales”, explica la doctora Cinthia Gauna.

Para la doctora Jabibi, la lucha contra el cáncer de mama no inicia cuando aparece la enfermedad, sino mucho antes: “Empieza cuando una mujer tiene información, acceso a sus controles y la oportunidad de recibir una evaluación a tiempo. Porque detrás de cada diagnóstico temprano hay una vida que continúa, una familia que permanece unida y una historia que todavía tiene muchos capítulos por escribir”.

Paraguay está aprendiendo a llegar a tiempo; la tasa de mortalidad bajó y los diagnósticos en etapas tempranas aumentan lentamente. Pero no esperemos a tener síntomas para acudir a los controles. No está de más recordar que la ley n.º 6211/18 otorga a todas las trabajadoras una licencia remunerada obligatoria de dos días laborables por año para someterse a exámenes de papanicoláu y mamografía. El cáncer de mama detectado a tiempo sí es curable.

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