Es una hinchapelota
En los tres años desde su primera nota en Pausa, tanto el mundo como la misma Caro Romero cambiaron un montón. Hoy regresa a nuestras páginas para hablar del estado de las cosas y la incertidumbre del futuro en clave humorística, como mejor sabe, desde el corazón y con el micrófono en la mano.
Por Patricia Luján Arévalos. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Asistente de producción: Anabel Artaza. Fotografía: Fernando Franceschelli. Artículos deportivos: Top Tenis.
En estos tres años desde su nota de tapa en Pausa, y más de 10 desde que tomó un micrófono por primera vez, el mundo cambió, el país cambió y, claro, ella también. “Solté un poco los escenarios de bares y pisé más fuerte los teatros de Paraguay. También probé suerte en otros lugares como Fernando de la Mora, Ciudad del Este, Caacupé y Encarnación, siempre con el riesgo de no saber si existía un público para el tipo de humor que hago. Además, viajé a Uruguay, Chile y Argentina para poner a prueba mi material y conocer el estilo y la trayectoria de otros comediantes de afuera”, cuenta como un pequeño recap.

En este tiempo también reafirmó que su estilo no encaja en lo que la gente espera. “Paraguay viene heredando un tipo de comedia basado en sketches y personajes muy marcados: el borracho, el policía, etcétera. Y el lugar que tradicionalmente se le reserva a la mujer es el de la modelo tonta, la mamá argel y garroteadora o la novia tóxica”, reflexiona, y agrega: “Lamentablemente, es un humor que sigue teniendo mucha presencia en la televisión y en algunos creadores de contenido”.
Quizás por eso encontró en las tablas de los escenarios un lugar para su propuesta, un ambiente más alejado de los estereotipos. “Eso me motiva e inspira a seguir creando fuera de la caja”, dice con la sonrisa, entre confiada y esperanzada, que le caracteriza.
Una artista en crecimiento constante
“Es imposible no cambiar todo el tiempo. El mismo algoritmo de las redes sociales que nos encadena también nos lo exige”, dice como parte de una reflexión mayor sobre el mandato de pertenecer a las plataformas y alimentar constantemente a su audiencia. Se confiesa temerosa, pero dispuesta al cambio, y busca siempre algo que la represente, con lo que se sienta cómoda.
Pero Caro siempre mantuvo un canal abierto con sus seguidores, especialmente en Instagram. ¿Fue buena idea? “Al principio no medí las consecuencias. Con el tiempo me di cuenta de que hay gente al otro lado que conecta de forma muy íntima, y hay que saber administrar y gestionar eso. Hace un tiempo decidí mostrar un perfil ya más profesional, no tan personal, para no exponerme tanto. Pero es una herramienta útil para medir el interés sobre ciertos temas o incluso hacer pequeñas encuestas”.
Las personas como ella necesitan cuidar su “ecosistema creativo”, una construcción propia y exclusiva del artista, pues para cada uno significa algo distinto. “No quiero que una aplicación me imponga qué es más o menos exitoso. Por el momento, trato de adaptarme, pero me he vuelto desconfiada de las fórmulas masivas del éxito”, cuenta.
Lo cierto es que no da nada por sentado. Después de pasar por el teatro, empezó a cuestionar incluso ese sueño que vio cumplido más de una vez. “Encuentro en los espacios pequeños una intimidad fascinante, difícil de replicar en una sala grande, pero supongo que justamente ahí reside el desafío”, dice Caro, quien estrenó su unipersonal Migajas el año pasado, con la sala llena en el Teatro Latino de Asunción.

Quizás son estas aparentes contradicciones las que le dificulten la tarea de hacer un análisis personal. Ella lo achaca a la idea que cada uno tiene de sí mismo, la cual puede ser muy distinta de la realidad. Lo que no cambia es su deseo de avanzar. Caro no se queda quieta, es una caradura de todos los espacios que le toca habitar, armada con sus observaciones, su personaje (materializado tras años de trayectoria) y una sonrisa que, de repente, deja entrever a la Carola de adentro, a la mujer que sostiene una carrera en un rubro del entretenimiento que premia lo popular y castiga la disidencia. Pero todos tienen un público, y ella encontró el suyo hace rato.
“Estoy tratando de alzar mi propia vara en la puesta en escena, de sumar mi experiencia en el ám – bito publicitario, que me permitió tener una mirada más integral a la hora de proponer algo”, comenta. En contraste, resalta que antes se enfocaba mucho en la redacción de sus materiales, pero que hoy ofrece un concepto mucho más completo a su audiencia. Todo suma: música, escenografía y publicidad.
Volver a las tablas
Hacer reír sola en un escenario, en un mundo que parece criar generaciones enteras con déficit de atención, es un desafío importante: “Porque el standupero no solo interpreta, también escribe, dirige, improvisa y analiza constantemente la realidad. Es un formato que asumo como un reto porque me exige de una manera casi extrema. El proceso creativo es bastante solitario, aunque la inspiración nazca de lo colectivo”.
En ese sentido, Migajas fue su primer gran desafío y uno de sus mayores orgullos, porque cumplió plenamente sus expectativas. “No solo por abordar algo complejo —el ser una persona migajera en las relaciones de pareja, en la familia e incluso como ciudadanos de gobiernos que convierten las insignificancias en lujos—, sino también por la forma en que estaba construido el espectáculo”, explica.
El show fue como un menú de humor, con distintos «combos» que dialogaban entre sí. El cartel del espectáculo la tenía a ella, Caro Romero, como protagonista, pero con colegas que admira en la “carta”. Una de ellas fue una exalumna suya de uno de los talleres de comedia que lideró, una niña de solo 10 años. “Ella cerró como el ‘postrecito’: con dulzura, ingenio y una energía maravillosa. Me gusta pensar que, al verla allí, otras niñas pueden descubrir que también tienen derecho a ser graciosas y a ocupar un gran escenario”, comenta.
Este jueves 18 de junio presenta Hinchapelota, su nuevo especial, en el teatro del CCPA. “Es un espectáculo que toma como punto de partida el Mundial de Fútbol y todo lo que rodea a este fenómeno político, social y cultural. Como paraguaya, me considero profundamente hincha de mi país y de su manera tan creativa y resiliente de enfrentar la vida. Pero también me reconozco hinchapelota cuando cuestiono, incomodo o desafío ciertas ideas establecidas. Eso me lleva a preguntarme qué significa realmente ser un hinchapelota en nuestra sociedad y quiénes terminan ocupando ese lugar”, explica.

El fanatismo es un fenómeno que encuentra fascinante y sirvió como motor para su creación: “Aunque muchos digan que el fútbol no es político, cada esperanza de gol en un evento de esa magnitud parece cargar con algo más que un resultado deportivo; sostiene ilusiones económicas, emocionales e incluso históricas. A veces siento que depositamos más esperanza en un jugador que en un político”.
Y como el trabajo de Caro es en esencia colaborativo y lo disfruta en comunidad, el show contará con la apertura de Arielito Torres, comediante, improvisador, intérprete de lenguaje de señas y narrador oral. “Arielito también forma parte de la escuela Japukomedy Club, donde compartimos la tarea de impartir talleres de stand-up y seguir formando nuevas generaciones de comediantes”, comenta.
Pasa que con años de carrera en el stand-up, es imposible ignorar a la comunidad que le sigue y apoya. “Me emociona y también me siento comprometida a seguir dando lo mejor como una forma de devolver esa confianza y ese apoyo”, dice, y acota: “rato de no quedarme mucho en el nicho, pero tampoco quiero caer en esa de gustarles a todos. Creo que cuando alguien que piensa diferente a vos te aplaude, se emociona o se ríe, es un logro creativo importante”
En Hinchapelota, el código futbolero sirve de palanca para hablar de todo: “No hubo mucha ciencia en la idea original, hace tiempo que quiero hablar sobre esto y era la oportunidad perfecta. Convengamos que este año, a nivel político y deportivo, están pasando muchas cosas, así que material sobra. También me sedujo el referirme al tema desde otro punto de vista y hacerle una radiografía, un poco absurda, para poner sobre la mesa algunas preguntas que nos hicieran reír o reflexionar”.
Sucede que Caro Romero encuentra en el humor su manera de verbalizar el enojo y la tristeza que le generan muchas cosas. Más allá de eso, también es su forma de materializar su compromiso personal y de aportar diversidad al humor local. Algo en lo que, sin lugar a dudas, no falla.
Esta semana, la cita es en las butacas del teatro. ¿Nos vemos ahí?




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