Nota de tapa

Generación Artemis

Con la mirada en el cosmos

Hoy, el firmamento está un poco diferente. Tras 10 días en el espacio, la tripulación de la nave Orión fue más lejos de lo que ningún ser humano haya ido jamás. Este domingo recapitulamos los datos clave de la misión y conversamos con el astrónomo Rodrigo Ríos para contextualizar qué significa este nuevo hito para el sueño eterno de la humanidad: conquistar los cielos.

Por Patricia Luján Arévalos. Imágenes: EFE y NASA.

Cuatro tripulantes. Diez días. Una misión: poner a prueba la tecnología que podría permitir a la humanidad regresar a la Luna y generar el impulso necesario para las primeras misiones tripuladas a Marte.

Armstrong, Aldrin, Collins, Borman, Lovell, Anders. Sus nombres están asociados para siempre con la exploración espacial. A ellos se suman, hoy, el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, los especialistas de misión Christina Koch y Jeremy Hansen, tripulantes de la nave Orión, de la misión Artemis II, quienes hicieron historia esta semana al convertirse en las personas que más lejos han viajado en el espacio.

La especialista de misión Christina Koch, el especialista de misión Jeremy Hansen, el comandante Reid Wiseman y el piloto Victor Glover.

Misión: Alunizaje

El programa Artemis de la NASA fue anunciado en diciembre de 2017 y se oficializó con el lanzamiento de la misión Artemis I en 2022. En aquel momento, la cápsula Orión orbitó la Luna, pero sin tripulación. Ese paseo fue clave para que el pasado 1 de abril Wiseman, Glover, Koch y Hansen se embarcaran en un viaje que dejó sus nombres en lo más alto de la ciencia espacial.

Esta es, además, la primera misión tripulada del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés), que llevó a la nave Orión al espacio. Sobre sus hombros se construirá la siguiente, que nos reunirá con la superficie lunar más de 50 años después de que el astronauta Eugene Cernan, del Apolo 17, la pisara por última vez.

No podemos evitar preguntarnos por qué necesitamos observadores humanos cerca de la Luna, cuando existen herramientas tecnológicas, como los robots, que pueden hacer esas tareas por nosotros. El astrónomo Rodrigo Ríos, director del planetario San Cosmos de MuCi, sugiere que este paso responde a un nuevo objetivo: “Ya no se trata de llegar primero. Queremos, como seres humanos, asentarnos sobre su superficie y, para ello, indefectiblemente debemos estar nosotros mismos ahí”.

El observador de estrellas sugiere que, más adelante, probablemente diversos dispositivos se encargarán de tareas más cotidianas, peligrosas o repetitivas, una vez que los seres humanos se hayan asentado en la superficie lunar. “Además”, pregunta el científico, “¿por qué mandar robots si tenemos la capacidad de hacerlo nosotros?”.

Ergo, ¿por qué conquistar la Luna sigue siendo una ambición humana? “Siempre se consideró que para convertirnos en una especie que trascienda el tiempo, debemos conquistar otros mundos. A la Luna se la ve como ese primer paso”, dice.

“Como sabemos, viajar por el espacio —además de ser costoso— es una tarea un poco difícil y con muchísimas variables y complicaciones. La Luna es la excusa perfecta para establecernos fuera de casa y de ahí saltar a los demás mundos de nuestro sistema solar”, propone Ríos.

Una aventura espacial de estas magnitudes vuelve a posicionarnos como una especie en evolución, a criterio del director de San Cosmos: “Estamos avanzando como humanidad, saliendo del hogar que nos protege, de los peligros de la exploración espacial, de la hostilidad del espacio profundo. Debemos encontrar esa fórmula científica —no mágica [risas]— que replicar para lograr lanzamientos y misiones espaciales con humanos que sean seguras o en las que el riesgo sea el mínimo, como las que hace SpaceX con sus cohetes Falcon 9”.

En ese sentido, todos los datos que la NASA recaba son claves para futuras misiones del programa Artemis. “La información más importante que recaba día a día es poner en una prueba real todos los componentes que hacen a sus naves y módulos espaciales”, asegura el experto, y nos recuerda que tanto los cohetes como las cápsulas espaciales constituyen un esfuerzo colaborativo de muchas empresas que aportan sus componentes, materiales y tecnología con miras al mismo objetivo.

Ríos explica que el éxito depende de que todas esas piezas funcionen como un solo “cuerpo” y no sean susceptibles al fallo. “Esta misión es para eso, para corregir y mejorar cualquier componente que no se haya desempeñado correctamente. Así también, otras cosas, como las que mencionaron los astronautas con respecto a la comida y las raciones de alimentos, para que la experiencia en la nave durante los días de vuelo sea más placentera”, agrega.

Para Orión, el lugar específico donde se encuentran los astronautas, la prueba de fuego fue el viernes 10, durante su regreso a la atmósfera terrestre. “Los escudos térmicos deben ser capaces de proteger a la cápsula en el reingreso, los mismos que no se desempeñaron correctamente en Artemis I. Como estos ya estaban instalados en la nave, harán un reingreso distinto para esta ocasión, con un ángulo de ataque más agresivo. Se estima que eso ayudará a que no se desprendan y terminen por comprometer la misión en su etapa final”, explica Ríos.

Rodrigo Ríos, astrónomo y director del planetario San Cosmos de MuCi. Retrato: Fernando Franceschelli.

Después de dar vuelta al lado lunar más lejano y escapar de su esfera de influencia, Orión aprovechará el campo de gravedad Tierra-Luna para ser atraída “naturalmente” hacia nuestro planeta. Con solo tres encendidos de motor para corregir trayectoria, se garantizará que la tripulación tenga un reingreso seguro.

Científicos de la NASA explicaron que a unos 122 km de la superficie terrestre, Orión comenzará a sentir los efectos de nuestra atmósfera, que generará un plasma que se irá acumulando alrededor de la nave a causa de la fricción. Se calcula que experimentará 1650 °C en su punto más alto, y no habrá comunicación con la tripulación durante ese periodo. Amarizará en el Pacífico, de donde será recuperada por la Marina de los EE. UU.

La esperanza está puesta en el salto tecnológico que se dio en el medio siglo que llevamos sin pisar la Luna. “Hoy, gracias a la transmisión de datos, prácticamente podemos estar ahí con los astronautas vía streaming y vivir con ellos un poco de lo que está sucediendo en tiempo real”, comenta Rodrigo Ríos, y agrega que por ser la misión más reciente, Artemis II viene con muchas “primeras veces”. Por ejemplo, esta es la primera vez que una mujer, la especialista Christina Koch, y una persona negra, el piloto Victor Glover, pasan la órbita baja de la Tierra. Además, recuerda que ambos poseen una larga experiencia visitando otras misiones espaciales en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés).

Medio siglo sin pisar la Luna

Apolo 17 fue la última misión tripulada en tocar la superficie lunar y desde entonces han pasado más de 53 años. Y aunque en este tiempo cada vez más gobiernos desarrollaron sus propios programas espaciales, la realidad sigue siendo la misma.

Claro, desde entonces se enviaron sondas y satélites, sobre todo en los años cercanos al cambio de milenio, pero después de que EE. UU. ganara la carrera espacial a Rusia, el presupuesto de la NASA se recortó enormemente. Se cree que esto se debió a una pérdida de interés político en la Luna y al accidente del Apolo 13.

El foco de la NASA fue cambiando con el tiempo. Por ejemplo, en el desarrollo del laboratorio en órbita Skylab. Pero esto no significa que la exploración espacial haya sido abandonada por completo. Todo lo contrario: enviaron sondas a otros rincones de nuestro sistema solar, exploraron la superficie de Marte y cada vez aparecen nuevos descubrimientos en nuestro radar.

La razón para regresar hoy a la Luna tiene más relación con el testeo de la tecnología y los materiales a nuestra disposición; con una solución que nos permita continuar explorando los mundos a nuestro alcance.

Expectativas desde el sur

Rodrigo Ríos destaca la función de las redes sociales y el streaming como puentes que unen a comunidades que se forman alrededor de la ciencia espacial. “Es fascinante, todos compartiendo en tiempo real lo que les apasiona, viviendo de primera mano y contando esos detalles que hacen que esta misión sea tan especial”, dice.

Es cierto que la tecnología hace que las distancias se acorten, pero la duda persiste: desde el sur global, ¿cómo y por qué es relevante una misión como Artemis II? “Si bien nuestras agencias espaciales a nivel Latinoamérica están aún a años luz en comparación con otras del mundo, son sitios donde paraguayos eventualmente podrían aportar sus conocimientos técnicos en materia espacial. Estas [misiones] abren esa posibilidad. Así también, por qué no, pensar que en un futuro no tan lejano una empresa local se interese en una misión espacial, para alguna agencia”, sugiere.

La expectativa es alta, por decir poco: “Muchos, como yo, no tuvimos la posibilidad de ver un alunizaje en vivo, y estamos encaminados a llegar allá pronto. Además, todo esto hace que se hable más sobre astronomía y que la gente se haga preguntas, que sea curiosa; eso fomenta el pensamiento crítico sobre temas espaciales y se van sumando más fanáticos a este hobby tan maravilloso”.

“El siguiente gran paso es conseguir, ya sea con SpaceX o Blue Origin, una nave capaz de aterrizar y despegar nuevamente de la superficie lunar”, dice Ríos, y agrega que “me atrevo a fantasear con que eso podremos conseguirlo ya el año que viene, en coincidencia con el cronograma, y que no habrá más retrasos. Sería genial ver a nuestra especie de nuevo sobre el suelo lunar, con imágenes nítidas, haciendo tareas espaciales y que eso nos lleve a nuevos descubrimientos que sean en beneficio de la humanidad”. Quizás, el mayor regalo de Artemis II es permitirnos volver a soñar.

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