Nota de tapa

Misas 2.0.

La comunión de la fe en cuarentena

En Paraguay y América Latina, los sacerdotes se convierten en comunicadores para acompañar a los fieles durante la pandemia. Celebran la santa misa y comparten momentos de refl exión a través de las redes sociales para que los fieles reciban la palabra de Dios en sus hogares.

Son las 18.00 y el silencio se impone en la Basílica de San Pedro. Francisco camina solo hasta el altar. Guido Marini, el responsable de la liturgia vaticana, le acomoda el sagrario y se retira. Es una tarde lluviosa de marzo y el jefe de la Iglesia Católica se dispone a comenzar la misa. La plaza que solía albergar a cerca de 300.000 personas hoy está vacía.

El Vaticano dispuso su cierre hasta el 3 de abril debido a la pandemia ocasionada por el coronavirus, que solo en Italia dejó más de 10.000 muertos. «Desde hace algunas semanas, parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas, llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos», dijo el papa Francisco luego de leer el Evangelio.

La misa se transmitió en vivo por varios canales y el sitio web Vatican News: 30.000 personas estuvieron conectadas y el video tuvo 437.167 reproducciones. «Señor, no nos abandones», exclamó Francisco refiriéndose a la pandemia, y continuó: “Con la tempestad cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos, siempre preocupados de la propia imagen. Esto dejó al descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos evadirnos: la pertenencia de hermanos”.

“Esto dejó al descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos evadirnos: la pertenencia de hermanos”, expresó el papa Francisco. Fotos: Alice Cruz para Gotas de paz, hermanos Capuchinos / Montaje: Javier Valdez.

Francisco incluyó la bendición Urbi et Orbi (A la ciudad y al mundo) a todos los fieles, que permite a los más de 1.300 millones de católicos obtener el perdón de sus pecados. Esta bendición es impartida normalmente en tres ocasiones: Navidad, Pascua y la elección de un nuevo Sumo Pontífice, pero Francisco bendijo a los fieles con esta oración para contener la indulgencia y recordar la bondad de Dios ante el sufrimiento provocado por el coronavirus.

“Yo creo que los signos que el Papa nos está mostrando en este tiempo también son bastante alentadores”, opina el hermano Marcelo Caballero Negri. “Hace poco recibíamos de él esta bendición extraordinaria Urbi et Orbi, en la cual nos invitaba a contemplar a un Jesús que camina con nosotros y que nos da su victoria a través de la cruz. El hecho de que él mismo esté celebrando diariamente la misa con pocas personas desde su capilla, transmitiéndola para todo el mundo, es un signo de que también quiere estar en comunión”, detalla.

El sacerdote capuchino contó que desde el principio del pontificado de Francisco, se le sugirió transmitir esa misa, pero no accedía porque quería hacer algo más íntimo, pero con todos los colaboradores cercanos de la residencia Santa Marta. Sin embargo, ahora, que no pueden estar tantas personas allí, él abrió esta posibilidad para que el pueblo participe. Diariamente está presentando en sus intenciones a los enfermos, a los trabajadores de la salud, a los hospitales, a los que están al frente de los gobiernos para que tomen las mejores decisiones y ayuden en esta crisis.

Es una tarde lluviosa de marzo y el jefe de la Iglesia Católica se dispone a comenzar la misa. La plaza que solía albergar a cerca de 300.000 personas hoy está vacía. Fotos: Alice Cruz para Gotas de paz, hermanos Capuchinos / Montaje: Javier Valdez.

Hasta el 8 de marzo, los feligreses asistieron a las celebraciones de los distintos credos en Paraguay. Pero con la confirmación del primer caso positivo de covid-19, el escenario local cambió. La Conferencia Episcopal Paraguaya dio a conocer un protocolo para las celebraciones religiosas. En lugar de darse la paz, los fieles se saludarían a la distancia; la eucaristía se recibiría en las manos, ya no se usaría el agua bendita ubicada en la entrada de los templos; además, se implementarían las medidas sanitarias correspondientes.

Posteriormente, los templos católicos y evangélicos del país resolvieron suspender cultos y otras actividades enmarcadas en los rituales religiosos, tras las disposiciones del Gobierno ante la propagación del coronavirus. También se recalendarizaron bodas y bautismos. Pero eso no impidió que cientos de fieles participaran de las misas de Cuaresma.

Tampoco se autorizan las procesiones de las fiestas patronales; se dejan sin efecto las reuniones de catequesis, de organismos, instituciones y movimientos diocesanos y parroquiales; las actividades que suponen convocatorias a grupos de personas, como retiros, convivencias y manifestaciones públicas. «Estamos todos en la misma barca y somos llamados a remar juntos», indicó el Papa, e invitó a activar la solidaridad que “es capaz de dar sentido en estas horas en las que todo parece naufragar”.

Una iglesia virtual

En estas fechas en las que se rememoran los 40 días de Jesús en el desierto, mientras los fieles aprenden a practicar la fe en sus hogares, los sacerdotes descubren formas creativas de transmitir la palabra de Dios. Quienes conocen al padre Lalo saben que siempre habla de los impactos negativos de los teléfonos celulares, pero ahora se anima a jugar más con la tecnología. Esta semana adelantó la grabación del Domingo de Ramos y preparó un burrito en alusión a la llegada de Jesús a Jerusalén con música y dibujitos.

El padre Lalo recibe a 1.000 niños y niñas en la parroquia Sagrados Corazones cada domingo y, de pronto, se encontró con un espacio sin risas. Fotos: Alice Cruz para Gotas de paz, hermanos Capuchinos / Montaje: Javier Valdez.

“No es lo mismo realizar la celebración de la palabra con la iglesia llena de niños, que grabar con este silencio. Extraño el cara a cara porque estoy aquí solo, pero es una belleza recibir el eco de los chicos y de sus papás por redes sociales. Las comunicaciones me permiten llegar de esta manera y seguir alimentando la esperanza. No en vano pasan las cosas, a lo mejor es para ser mejores”, considera.

El padre Lalo recibe a 1.000 niños y niñas en la parroquia Sagrados Corazones cada domingo y, de pronto, se encontró con un espacio sin risas. “Yo me siento feliz, me preparo todos los días para imaginar las cosas que puedo hacer; busco animaciones de los pasajes que vamos a utilizar para que la lectura no sea tan aburrida. Yo paso en simultáneo el trozo del pasaje evangélico o la parábola en dibujos animados”, relata.

Los hermanos capuchinos no son amateurs en la realización de su material para medios masivos y redes sociales. En su capilla tienen una cámara fija colgada del techo que se conecta a un teléfono celular. La misma va girando conforme la celebración, atendiendo a que el centro es el altar, el ambón o incluso un plano mayor. De la consola parte un cable de audio que hace salir el sonido directamente para evitar el ruido de ambiente.

En cuanto a su audiencia, varía dependiendo de los días de misa y las fechas especiales, pero las de los domingos y las de la salud solían tener entre 200 y 300 espectadores conectados. Lo interesante es que, lejos de reducir la frecuencia o la cantidad de personas que los ven, fueron aumentando. Notaron que ahora hay 500 teléfonos o computadoras encendidas en cada vivo a las 6.00 de la mañana.

Los hermanos capuchinos otaron que ahora hay 500 teléfonos o computadoras encendidas en cada vivo a las 6.00 de la mañana. Fotos: Alice Cruz para Gotas de paz, hermanos Capuchinos / Montaje: Javier Valdez.

La comunión espiritual

Para muchos sacerdotes, transmitir las liturgias en vivo no es ninguna novedad. Miquel Bonet, de Barcelona, empezó a subir videos de sus misas a YouTube hace más de 15 años para llevar el mensaje evangélico a más personas. “La audiencia es un tanto irregular, pues al quedar las grabaciones en dichos canales la gente en cualquier momento las puede escuchar, y quizás alguien las oiga más de una vez”, expresa el padre.

A él, los “hermanos de la fe” —que es como llama a los fieles— lo escuchan desde México, Brasil, Argentina, Chile, Estados Unidos, Rumania, Repúblicas Bálticas, Colombia y Paraguay. Todos los días escribe una breve reflexión en Facebook, la envía a un grupo de amigos por WhatsApp y graba las misas de los domingos. “Es verdad que los sacramentos requieren la presencia física, pero cuando esta no es posible, tal vez más que nunca estamos unidos por el espíritu.

La gente sencilla se acerca a Jesús y en él encuentra fuerza para amarse. Sus seguidores lo escuchamos y echamos mano de la técnica de hoy para vivir su mensaje”, considera. La Iglesia, el Concilio Vaticano II, enseña que los fieles deben participar consciente, activa y fructuosamente, y es esto lo que ahora mismo no está siendo posible por la ausencia física del lugar de la celebración. Sin embargo, lo importante es estar en comunión escuchando la palabra de Dios, compartiendo el sacrificio que el sacerdote realiza, unido a Cristo en cada misa y también haciendo la comunión espiritual.

“Un tesoro que la Iglesia siempre tuvo —y que de repente quedó muy escondido por el hecho de que la gente le da realce a la comunión sacramental— es la comunión espiritual. La Iglesia nos recuerda que cuando estamos imposibilitados —a lo mejor por tiempo, por distancia, por estar en pecado grave y no nos es posible acercarnos a recibir la comunión—, podemos pedir al Señor a través de una oración sincera que Él mismo venga hasta nuestro corazón”, recuerda el hermano Marcelo.

Para evitar el contagio, la Iglesia invita a los feligreses a asistir a la eucaristía en directo por algún medio masivo. Los hermanos capuchinos vienen transmitiendo la misa por televisión hace años. Sus medios de difusión van desde Canal 13, Unicanal y radio Cáritas hasta Facebook e Instagram. Además, diariamente envían audios por WhatsApp a cientos de personas de Paraguay y de distintos países. En toda Sudamérica están recibiendo estas Gotas de paz.

Para evitar el contagio, la Iglesia invita a los feligreses a asistir a la eucaristía en directo por algún medio masivo. Fotos: Alice Cruz para Gotas de paz, hermanos Capuchinos / Montaje: Javier Valdez.

El mensaje de la cuaresma: quedate en casa

En esta cuarentena, muchas lecturas de los sacramentos y los rituales del catolicismo deben reinterpretarse. La comunión es espiritual, las confesiones son mediante una conversación privada con Dios y la limosna se traduce en gestos de solidaridad corresponsable en el cuidado de la salud de todos y prioritariamente de las personas más vulnerables al covid-19.

El sacerdote jesuita David Hernández escribió en un material titulado Cuaresma en cuarentena: Tiempo propicio de ayuno, oración y solidaridad: “En este tiempo de Cuaresma y cuarentena por la pandemia de la covid-19, los cristianos estamos llamados a practicar con mayor intensidad el ayuno, la oración y la limosna. En esta Cuaresma vivimos en cuarentena y ahora el ayuno consiste en no viajar, quedarse en casa o salir solo y exclusivamente lo necesario e impostergable, y aplicar estrictas medidas higiénicas para evitar infectarnos y propagar el coronavirus”.

Durante este periodo de aislamiento domiciliario, la mayoría de los ciudadanos no generan el sustento de sus familias. El padre David considera que las limosnas de todos, gestionadas principalmente a través de los recursos y ayudas económicas del Estado, deben apoyar a los trabajadores y, especialmente, a los más desprotegidos de la sociedad. “La gestión de estas ayudas solidarias no debe degenerar en corrupción y, a su vez, esta solidaridad ha de potenciar preferencialmente los emprendimientos de productores locales”, manifiesta.

En esa misma línea, el hermano Marcelo resalta la misión del Papa de unir a los cristianos y católicos, particularmente, en un mismo corazón, el de Cristo, porque “en Él también vive esta pandemia con dolor, por eso nos llama a la unidad y a la solidaridad unos con otros”. La comunión, considera, nos hace repensar que lo importante no es solo nuestra unión personal con Cristo, sino con todos nuestros hermanos, especialmente, quienes más sufren.

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