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Drácula

¿Sabían que existe el Día de Drácula? Así es, y se celebra el 26 de mayo. Aunque nos gustaría que así fuera, no es un pase libre para que vampiros y vampiresas salgan a brillar al sol. En realidad es el aniversario de la publicación de la obra de literatura gótica más insigne de la historia: Drácula, de Bram Stoker.

Por Laura Ruiz Díaz

Si hablamos de un monstruo icónico, ese es el conde Drácula. Al mencionarlo, imaginamos su castillo en los Cárpatos, sus colmillos afilados, su piel muy muy blanca y, claro, su sombrío traje negro. Impactó en la literatura, el cine, la moda y hoy hasta podemos ver parte de la mitología en videojuegos o dibujos animados. Este es nuestro homenaje.

La primera vez que el conde apareció en mi vida fue en un supermercado. Mi abuela me dio a elegir qué quería y como buena licenciada en Letras que es, se alegró de que fuera un libro. La cajera del súper hizo comentarios y la miró como interrogando. “Hay que agradecer que lea”, fue la respuesta. La cubierta era toda negra, con una imagen y el título: Drácula, de Bram Stoker. Fue leído y releído tanto que sus páginas se empezaron a manchar e hinchar por la humedad. Viajé de Transilvania a Londres en solo unas páginas.

Y de la misma manera, millones de personas han viajado con esta historia, que revolucionó el mundo fantástico sin que su autor se enterara. La obra fue traducida a más de 50 idiomas y se calcula que supera los 12 millares de ejemplares vendidos; y, entre las adaptaciones, nos cuesta pensar en qué soporte no ha conquistado. Pero eso vamos a comentar más adelante.

El libro

Cuando hablamos de Drácula, no nos referimos a cualquier relato. Se trata de una novela bien en serio, estudiada a más no poder, y eso se nota. Hoy, 126 años después, la Biblioteca de Londres develó cuáles fueron las fuentes que inspiraron a Stoker a la hora de escribir su texto.

El director de Desarrollo de la Biblioteca de Londres, Philip Spedding, hizo una investigación filológica de la colección de notas del autor descubiertas en 1913. Allí se citan e incluyen cientos de referencias a líneas o frases de las 26 publicaciones que Stoker consideró relevantes para dar vida al vampiro, como El libro de los hombres lobo, de Sabine Baring-Gould y la Pseudodoxia epidémica, de Thomas Browne. De esas 26, 25 aún se pueden consultar en la biblioteca.

La obra no está ajena al terror gótico de la época; pensemos en Frankenstein, de Mary Shelley, o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson. Pero la gran diferencia está en la forma. La novela se enmarca en el género epistolar y es una especie de recolección de documentos, sobre todo fragmentos de diarios y cartas; así, Stoker nos presenta a cada personaje.

Explora temas como el papel de la mujer en la época victoriana, la ciencia y la superstición, la sexualidad, la inmigración, el colonialismo y el folclore. Claramente, los personajes femeninos son menos interesantes y resolutivos que los masculinos y se entregan a las tareas de cuidado o son agentes pasivos de la acción, lo que da cuenta del machismo de la época. Aun así, entre sus líneas se habla de consentimiento, pues el vampiro necesita la voluntad de la víctima para ingresar a sus aposentos o su casa. Hay quienes dicen que se trata de una de las primeras obras donde se exploran la liberación sexual y el placer.

Así, el conde se volvió el arquetipo de vampiro occidental por antonomasia, el más famoso de la cultura popular. No por nada Oscar Wilde dijo que Drácula era la obra de terror mejor escrita de todos los tiempos.

El mito

¿De dónde viene entonces el conde Drácula? Si bien Bram Stoker despliega erudición sobre vampirismo, no se basó, como mucha gente dice, en Vlad el Empalador, un príncipe de Valaquia que hoy podría ser juzgado por crímenes contra la humanidad, parafraseando al ministro de Defensa rumano, Ioan Mircea Pascu.

El nombre que Stoker pensó inicialmente, según las notas descubiertas, era el de Count Wampyr, que cambió a Drácula luego de leer un ensayo titulado Consideraciones sobre los principados de Valaquia y Moldavia, escrito por William Wilkinson en 1820. Nunca surgió el nombre de Vlad, Vlad Tepes o Vlad Drácula y en la obra no se menciona el castigo del empalamiento, por lo que es poco probable que el príncipe valaco haya sido la inspiración del autor. Quizás algún pariente lejano de este fue nombrado en el ensayo.

Curiosamente, la —con esto comprobamos que malísima— edición que mi abuela me compró en un supermercado tenía una reproducción de la imagen de Vlad en la portada.

Drácula en todas partes

Lo cierto es que Drácula formó parte de la cultura popular a partir de los años 20, cuando el cine lo popularizó y, desde entonces, los siguientes vampiros no-viven a su sombra, hasta el mismísimo Edward Anthony Masen Cullen de Twilight.

En el mundo del cine y la televisión hay cientos de versiones del vampiro. Desde la primera versión de 1922 Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (Nosferatu: Una sinfonía del horror), dirigida por Friedrich Wilhelm Murnau, hasta The Last Voyage of the Demeter, una adaptación del capítulo siete de la novela que aún está por estrenarse, el vampiro conquistó nuestras mentes.

Drácula (1931), dirigida por Tod Browning, es una de ellas. El encargado de encarnar al no-muerto fue el actor húngaro Béla Lugosi, quien ya lo había interpretado en Broadway. Aunque no se ciñe a la historia original, el director se da la libertad de mostrar una precuela del vampiro.

Es imposible olvidar la versión de 1958, Drácula, dirigida por Terence Fisher, donde Christopher Lee y Peter Cushing encarnan al conde y a Van Helsing, respectivamente. Sus interpretaciones fueron tan buenas que a día de hoy la cinta sigue siendo una de las mejores en toda la historia.

No podemos decir suficiente de la versión de Francis Ford Coppola, Bram Stoker’s Dracula. Aquí, Gary Oldman encarna al vampiro más insigne y lo hace de forma sublime. El elenco reúne a grandes figuras como Anthony Hopkins, Keanu Reeves y Winona Ryder. El director logró plasmar la esencia de la obra con precisión y crear una cinta digna de estar entre lo más selecto del cine.

Además de Nosferatu, ya citada anteriormente, estas son algunas versiones que debemos conocer. Cada una de ellas se volvió un clásico del séptimo arte y sus directores supieron afrontar el desafío de traducir la historia del vampiro a un soporte distinto y con éxito. Incluso, dicen que el actor Béla Lugosi, que interpretó la versión de 1931, murió creyendo que era un vampiro real.

El impacto que produjo este señor no-vivo y no-muerto es tal que llegó al cine de clase B en miles de versiones, pero hay una en especial que no puede dejar de ser citada: Sharkula (2022). Aquí, la maldición del conde Drácula se mantiene viva en aguas infestadas de tiburones y cobra la vida de una comunidad turística. La caza en el mar de la nueva especie da como resultado monstruos, locura y derramamiento de sangre. Ojo a los cazadores.

Incluso Buffy, the Vampire Slayer, emblema de los 90, se enfrentó a Drácula en el episodio 1 de la temporada 5 de la serie, cuando la muerden. Perdón por el spoiler. Y así, la tevé está llena de menciones a este ser.

Hasta ahora, en todas estas versiones, los vampiros parecen una raza superior. ¿Qué pasa si, de pronto, bajamos a una parodia? Una mención honorífica a What We Do in the Shadows, que logró quitarles esos atributos que tanta atracción nos producen. Como bien dice la escritora Julieta Aiello, es un mockumentary que lleva a la desilusión hilarante. Recomendadísima.

Ícono pop

Además de la moda y el cine, el conde llegó hasta los cómics. Drácula batalló contra Batman, Superman y hasta el mismísimo escuadrón de los X-Men. La primera publicación en historietas se dio en 1939, en DC. Su aparición fue en la edición #31 y murió en la siguiente, asesinado por el Hombre Murciélago.

Pero la editorial que ha trabajado más esta imagen es definitivamente Marvel, desde que se llamaba Atlas Comics, con la publicación de 1951. Luego, Gerry Conway y Gene Colan crearon la versión del vampiro en La tumba de Drácula (vol. 1), en 1972. Marv Wolfman también contribuyó como coescritor en esta obra, donde el conde es un antagonista de los superhéroes. Su auge fue en los 70, pero después el vampiro siguió entreteniendo en calidad de invitado en otros cómics.

La cultura de vampiros ha llegado a los videojuegos con cientos de usuarios. A Vampyre Story, Veil of Darkness, Castlevania (obviamente), Vampyr, Vampire: The Masquerade son solo algunos de los títulos que desarrollan esta temática. Resident Evil Village, que no requiere presentación, también la explora.

Moda de vampiros
La imagen, presente en el imaginario colectivo, del sofisticado hombre vestido con un atuendo victoriano gótico de capas y volantes, surgió de la diseñadora japonesa Eiko Ishioka. Su participación en la película Bram Stoker’s Dracula, del director estadounidense Francis Ford Coppola, le valió un Oscar al Diseño de Vestuario. Esa estética vampiresca sirvió de inspiración para las mentes creativas de la moda. Hoy, se ve en publicidades de maquillaje y colecciones enteras de grandes marcas.

Drácula en cifras:
12 millones de copias vendidas.
50 traducciones.
126 años de no-vida.

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