Música

La tradición perenne de Maneco

A 45 años del fallecimiento de Félix Roberto Galeano

A 80 años del nacimiento de uno de los principales exponentes del Nuevo Cancionero, Joaju Cuarteto y Ricardo Flecha presentan un EP donde su memoria viva se entrecruza con el lenguaje del jazz. Pausa conversó con Flecha y Morel, de Joaju, sobre este proceso colaborativo y la vigencia ética y poética del cantautor.

Por Leticia Ferro Cartes. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Hay composiciones que no se apagan con el paso del tiempo. No porque hayan sido repetidas hasta el cansancio, sino porque siguen encontrando nuevas formas de decir algo que todavía importa. La obra de Maneco Galeano pertenece a esa herencia: sus canciones están profundamente situadas en una época, pero aun así son incapaces de quedar limitadas a ese contexto. Cada tanto, vuelven. Y cuando lo hacen, no regresan intactas, sino transformadas por quien las escucha.

Ese movimiento es el que distingue a Maneco, proyecto que reúne a Joaju Cuarteto y Ricardo Flecha en un homenaje que elige la reinterpretación antes que lo solemne. No es una reconstrucción museística ni un gesto nostálgico, sino un cruce entre trayectorias, generaciones y lenguajes que encuentran en su figura un punto común.

Joaju Cuarteto, uno de los proyectos de jazz paraguayo más destacados, integrado por Víctor Morel (batería), Giovanni Primerano (piano), Paula Rodríguez (contrabajo) y Bruno Muñoz (saxo), se une aquí a la voz de Ricardo Flecha, referente histórico de la música paraguaya, quien celebra además 45 años de trayectoria artística.

El encuentro viene cargado de sentido: se conmemoran ocho décadas del nacimiento de Galeano y 45 años de su fallecimiento. La fecha es el marco simbólico para una pregunta más amplia: ¿Cómo suena hoy Maneco?

Una idea que maduró en el tiempo

Para Ricardo Flecha, el proyecto no nació de un impulso reciente. “La idea venía girando en mi cabeza desde hace tres años”, cuenta. Desde entonces, su deseo era claro: trabajar con Joaju en un homenaje que no fuera convencional. Los tiempos, sin embargo, no siempre acompañan las intenciones. Compromisos previos (giras dentro y fuera del país, campañas culturales, conciertos) fueron postergando el encuentro hasta que, a comienzos de 2025, finalmente empezó a tomar forma.

Ricardo Flecha. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Las primeras reuniones no giraron tanto en torno a lo musical como lo humano. Hablaron de quién fue Maneco, de la época que le tocó vivir, de las urgencias poéticas y políticas que atravesaban su obra. “Qué cosas eran importantes en ese momento expresar”, resume Flecha. La música vino después, como consecuencia de esa escucha previa.

Para Joaju, el vínculo con Ricardo ya tenía un antecedente clave. Víctor Morel recuerda que la colaboración previa en Solo Guaranias había generado una conexión inmediata. “Hubo una gran interacción, casi natural”, explica. Fue en ese contexto que él les propuso un disco homenaje a Maneco “exclusivamente con nosotros y que suene a Joaju”. La respuesta no se hizo esperar: no hubo dudas ni demasiadas deliberaciones. Así, el proyecto se sintió orgánico desde el inicio.

Maneco y la memoria de una generación

Cuando Ricardo habla de Maneco Galeano, el recuerdo es muy cercano aún. “Yo tenía apenas 12 años cuando iba con mi hermano Atilio a los festivales universitarios o a La Guarida del Matrero”, recuerda. En aquellos espacios, verdaderos santuarios del folclore urbano de la época, la música no era solo entretenimiento: era refugio, encuentro, posibilidad de libertad en tiempos marcados por la censura y el miedo.

Allí se escuchaba a Maneco, pero también a Santi Medina, Vocal 2, Graciela Abbate, Marcos Brizuela y Óscar Gómez. Esa era una generación que encontró en la canción urbana una forma de decir lo que no siempre podía decirse de otro modo. En ese contexto, la obra de Maneco se destacaba por su capacidad de observación y síntesis: a veces punzante, a veces “simple como una flor”, otras profundamente sarcástica, siempre atravesada por imágenes poéticas que interpelaban al oyente.

Flecha subraya esa doble condición: la música de Maneco supo cantar las penurias y las esperanzas de una generación que se animó a alzar la voz con coraje. Esa verdad, más que cualquier recurso formal, es lo que explica su permanencia. Y es también lo que hace posible que hoy pueda dialogar con otros lenguajes sin perder su centro.

Víctor Morel, baterista de Joaju Cuarteto. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Traducir y reinterpretar

Uno de los mayores desafíos del proyecto fue encontrar la forma de llevar el universo compositivo de Maneco a una sonoridad asociada al jazz contemporáneo, sin modificar su sentido. Para Flecha, la clave está en una figura central: Giovanni Primerano. Pianista, arreglista y conocedor profundo de la obra de Maneco, Primerano no se acerca desde la exterioridad. Su paso por el grupo Sembrador, donde José A. Galeano y Jorge Garbett jugaron un rol fundamental en la transmisión del pensamiento del compositor, le dio herramientas que van más allá de lo técnico.

“Cuando se trabaja con seriedad y, sobre todo, se conoce lo que se va a mixturar, el resultado es una reinterpretación sin perder la esencia”, sostiene Flecha. En el caso de Maneco, esa esencia tiene nombre propio: una profunda paraguayidad, una música atravesada por la verdad de quien la compuso.

Desde Joaju, Morel describe un proceso similar, aunque desde otro ángulo. Para el cuarteto, reinterpretar compositores nacionales siempre implicó un primer paso irrenunciable: aprender la obra, entender sus virtudes y escucharla con atención. Recién a partir de ahí aparece la búsqueda de convergencias con la estética propia. “Esa retroalimentación entre composición e interpretación es parte de la tradición del jazz”, explica, lo que potencia los valores originales desde una nueva mirada.

La frontera entre respeto y reinterpretación, en este sentido, no es un límite rígido. Puede parecer difusa, pero hay puntos de apoyo claros, especialmente sostenidos en lo melódico, lo rítmico y lo armónico. Estos elementos se expanden dentro de otro concepto sonoro, el del jazz.

Bruno Muñoz, saxofonista de Joaju Cuarteto. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

El Nuevo Cancionero y la ética de la canción

Hablar de Maneco implica también inscribirlo en una historia más amplia. Para Ricardo Flecha, Maneco, junto a Carlos Noguera, es uno de los padres del Nuevo Cancionero, un movimiento que marcó un quiebre en la música folclórica paraguaya de corte urbano. Pero ese quiebre no fue una negación del pasado. Al contrario:

Galeano entendía que sin honrar a quienes vinieron antes (Flores, Cardozo Ocampo, Alvarenga, Biggi, Barboza, Emiliano, entre otros) no había posibilidad de avanzar.

Esa conciencia histórica se tradujo en una ética de la canción, lo que los llevó a ser cronistas del tiempo que les tocó vivir. Y eso, para Ricardo, se logra con honestidad. Las canciones de Maneco no esquivan el conflicto ni la pregunta incómoda. Hablan del campesinado, de la ciudad, de la desigualdad, pero también del amor, lejos de la cursilería y cerca de una idea de plenitud compartida.

“Maneco era un hombre preocupado por lo que pasaba en el país. Su música era interpelante, honesta, gestada desde un lugar diferente por su sólida formación intelectual, con una sensibilidad para ver y contar historias propias o de otras personas o comunidades”, subraya Ricardo. Para él, un ejemplo claro es la emblemática guarania Soy de la Chacarita, que se convirtió en un himno, o su canción Para un rostro labrador, donde expresa su visión sobre el campesinado.

Víctor Morel coincide en señalar esa dimensión política como una de las razones de su vigencia. Maneco no solo eligió posturas desde ritmos propios del país, sino que convirtió muchos de sus temas en verdaderos manifiestos, “con una visión crítica clara frente a la sociedad y la política”, afirma el músico. Esa toma de posición, lejos de agotarse en el tiempo, sigue ofreciendo claves para leer el presente.

Paula Rodríguez, contrabajista de Joaju Cuarteto. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Un diálogo sonoro particular

El encuentro entre la voz de Ricardo Flecha y la identidad de Joaju no se construyó desde el esfuerzo por encajar, sino desde el reconocimiento mutuo. “Hay demasiada buena onda entre nosotros”, dice Flecha. Para él, acercarse al mundo sonoro de la banda no implicó perder su esencia; del mismo modo, los arreglos permiten que el cuarteto interactúe con su universo sin dejar de ser Joaju.

Morel lo explica desde una lógica similar: Ricardo siempre estuvo rodeado de un universo sonoro diverso, y Joaju, desde sus inicios, buscó conjugar la tradición musical paraguaya con una proyección contemporánea que los identifique. El desafío, entonces, no fue adaptarse unos a otros, sino profundizar una coincidencia previa: una manera de entender la música como espacio de diálogo.

¿Interpela hoy la obra de Maneco a nuevas generaciones? Para Flecha, la respuesta es clara: siempre lo hizo, siempre lo hará. Pero advierte que Galeano nunca quiso “distraer a gente distraída”. La escucha requiere disposición, y en ese punto los intérpretes tienen la responsabilidad de encontrar formas de tender puentes.

Víctor Morel retoma esa idea y la amplía: para él, la vigencia de Maneco no depende solo de su valor histórico, sino de la posibilidad de que sus obras sigan circulando, influyendo, siendo apropiadas desde distintos lugares. Ya sea desde lo musical o lo lírico, su legado ofrece herramientas para pensar el presente.

Desde la mirada de Ricardo, volver a Maneco en tiempos de prisa, globalización y pérdida de identidad puede ser también una forma de reconectar con su mirada. “En Maneco hay identidad y sobre todo amor a lo nuestro”, afirma el cantante.

Giovanni Primerano, pianista de Joaju Cuarteto. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Legado como guía

Los dos singles que adelantan el EP —grabados en Lobo Studios, y mezclados y masterizados por Nicolás Melgarejo— funcionan como puerta de entrada a este homenaje. La expectativa es que quien se acerque por primera vez a Maneco a través de estas versiones sienta curiosidad, ganas de ir hacia atrás, de escuchar las obras originales y entender de dónde viene esa voz.

Víctor revela que el álbum completo llegará en mayo de 2026, en otra fecha significativa: cuando se celebren los 80 años de su nacimiento. Pero más allá de las conmemoraciones, Maneco se plantea como un gesto de continuidad que apunta a mantener viva una memoria que sigue conmoviendo e inspirando a un país entero.

Para Joaju, el camino de Maneco aún se recorre hoy y este EP es un viaje que lo celebra y lo mantiene vivo en el sonido actual. Como dice Flecha, “sus canciones siguen vigentes porque todavía nos falta mucho por recorrer”. Y en ese camino largo hacia el Yvy Marane’y (la Tierra sin Mal de los guaraníes), la música de Maneco se erige como un faro que guía con sus ideales, su poesía y, sobre todo, su férrea convicción de que las cosas pueden cambiar.

Maneco, hoy

El proyecto cuenta con el respaldo de la Fundación Itaú, que apoya tanto la grabación del álbum como una serie de conciertos didácticos pensados para acercar la obra de Maneco Galeano a nuevos públicos.

Como anticipo del EP, ya pueden escucharse dos singles en todas las plataformas digitales: la guarania José Trombón y la polca canción Ñandejára’ípe guarã, conocida como Dos trocitos de madera.

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