Arte

Andrés Paredes

Hijo de la tierra colorada

Originario de una histórica ciudad de la provincia de Misiones en el vecino país, Andrés Paredes es un reconocido artista argentino que trabaja una multitud de expresiones: pintura, instalación, collage, escultura e intervenciones de pequeño y gran formato. El 5 de marzo inaugura su primera exposición individual en Paraguay, en BGN/Arte (Augusto Roa Bastos c/ avda. España), con la curaduría de Silvana Domínguez. Este domingo, él mismo nos adelanta lo que vamos a encontrar en la exhibición y nos lleva detrás de escena a su propio —y privado— proceso creativo.

Por Patricia Luján Arévalos. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Desde mediados de marzo, Andrés Paredes se encuentra en la residencia artística Tranvía 13, donde se instaló para trabajar de cerca con los materiales locales que dan forma a su nueva muestra, Selva celestial. Allí hace alquimia con tierra colorada, almidón de mandioca y piedra de arenisca roja, que trajo directamente de una cantera en San Ignacio Guasu (Misiones, Paraguay).

El escenario misionero no le es extraño, pues proviene de la ciudad argentina de Apóstoles, donde se instaló una misión jesuítica en épocas coloniales y dio nombre al pueblo. La exposición que estrena esta semana en BGN/Arte, su nueva puesta en Asunción, es un “mapa extendido afectivo, un territorio sin fronteras entre Paraguay y su natal Apóstoles. Es un espacio ancestral de donde se nutre el artista, lo investiga, lo hace propio, lo transforma desde lo ontológico personal para recrear mitos con las licencias poéticas que dicta su imaginación”, explica Silvina Domínguez, curadora.

Se dibuja, así, una constelación urbana que recorre la ciudad, los relatos, la historia y la ficción, todo dentro de las cuatro paredes de la sala de exposición, que se repite en distintos puntos de Asunción y Areguá, pues atraviesa sitios culturalmente relevantes de nuestro país: Casa Ardissone, Museo Nacional de Bellas Artes, Oratorio de Nuestra Señora de la Asunción, Panteón de los Héroes y Centro Cultural del Lago (Areguá).

Aunque esta es su primera exposición individual en Paraguay, lo más probable es que ya hayas visto su trabajo antes. Participó de Oxígeno Feria de Arte y realizó una residencia en cerámica en Areguá. Su Tapete sincrético CaáCupé forma parte de la colección de Roque Ardissone, expuesto permanentemente en Casa Ardissone. Andrés vive y crea entre Apóstoles y Buenos Aires, y su trabajo trascendió fronteras hace ya mucho tiempo. Unos años atrás intervino la fachada de la Casa de América de la plaza Cibeles de Madrid (España) y en 2019 realizó una instalación en el Convention Center de Los Ángeles (EE. UU.).

¿Qué es una selva celestial, en el imaginario de Andrés Paredes?
– La selva celestial es una síntesis: la visión guaraní de la conexión entre lo natural y lo espiritual se entrelaza con otras herencias culturales. Es un espacio donde la naturaleza y lo sagrado conviven.

¿Por qué le diste este nombre a tu nueva muestra?
– El nombre surgió del trabajo con la curadora Silvana Domínguez, con quien hace más de un año venimos explorando el territorio de la selva: la tierra colorada, el calor, la humedad. Pero también esa dimensión espiritual que nos trasciende: las creencias, las divinidades. Selva celestial es esa mezcla entre lo terrenal y lo divino.

“Mis piezas despliegan esa fascinación por la transformación, la metamorfosis y la memoria del paisaje donde nací”

¿En qué consisten las obras?
– En la muestra presento calados que retratan la abundancia de la selva, con frutas como el ñangapirí y la guabiroba, y las hojas y flores de la yerba mate. También hay instalaciones de mariposas y chicharras que reflejan la transformación. Además, esculturas en piedra y collages que exploran la visión del cielo de los pueblos originarios. Todo busca unir naturaleza y cultura.

¿Cuál fue el lugar más lejano al que llevaste una creación tuya?
– El lugar más lejano fue Medio Oriente: Beirut, Abu Dabi y Dubái. Fue muy especial porque mi representación abstracta de la naturaleza conectó con su imagen de lo sagrado, como sus caligrafías. Fue fascinante hallar esa unión en un lugar tan distante.

¿Qué desafíos presenta el medio que elegiste para expresarte en esta ocasión?
– Siempre es un desafío exponer en otro país, aunque nuestras culturas sean cercanas. En esta ocasión, producir las obras aquí en Paraguay implicó enmarcar los papeles calados localmente. También fue complejo plasmar elementos de la fe popular, que siguen vivos y vigentes en la cultura de acá, por más que la visión de artista me permite crear propios personajes inspirados en la memoria popular.

¿Podés contarnos en qué consiste tu proceso investigativo?
– Cuando trabajo con mariposas, investigo de qué especies son, qué comen en su fase de oruga y si son migrantes. En esta muestra exploré cómo los pueblos originarios interpretaban el cielo, trabajando con astrónomos. Es un proceso en el que primero aprendo y luego intento que algo de ese conocimiento quede en las obras.

“La selva celestial es una síntesis: la visión guaraní de la conexión entre lo natural y lo espiritual se entrelaza con otras herencias culturales”

¿Qué viene primero a tu mente, el tema o el medio?
– A veces el detonante es el concepto; el arte, el territorio, esa atmósfera de sincretismo jesuítico-guaraní. Otras, el espacio expositivo define el formato, como en esta muestra más tradicional de cuadros y esculturas. Es un diálogo en el que el tema y el medio se entrelazan.

¿Qué influencia ejerce tu lugar de origen en tu obra?
– Mi obra es una relectura de la selva atlántica, donde la naturaleza y la cultura dialogan. La siesta fue clave: crecí en una casa con consultorio médico, curioseando con el microscopio, lo que marcó una mirada detallada de lo natural. Mis piezas despliegan esa fascinación por la transformación, la metamorfosis y la memoria del paisaje donde nací.

¿Sentís cierta cercanía entre tu Misiones natal y Paraguay?
Es un vínculo estrechísimo, compartimos la cultura guaraní y el legado de los 30 pueblos jesuíticos. En lo personal, mis abuelos eran paraguayos, y esa herencia corre por mis venas. La siento muy presente y la llevo con orgullo.

¿Cuál fue tu primer acercamiento al arte?
– Mi primer encuentro con el arte fue desde la música; de niño estudiaba piano en un conservatorio. Ahí aprendí conceptos clave como la armonía, la cadencia y el ritmo.

Traducir esos elementos a lo visual sigue siendo un desafío. Creo que en la belleza hay una promesa de felicidad, y esa búsqueda es lo que me impulsa cada día.

“Dedicarme al arte es una forma única de transitar el mundo. Es poder plasmar mis conceptos tanto en mis obras como en mi forma de vivir y vincularme”

¿Estudiaste arte formalmente?
– Estudié en la Facultad de Arte y Diseño de Oberá, en la Universidad Nacional de Misiones, donde cursé Diseño Gráfico e hice talleres de cerámica, pintura, escultura y grabado. Fueron años de absorber muchísimo. Luego, en lo contemporáneo, aprendí con maestros y teóricos en distintas clínicas. Lo más importante es saber leer una obra, que es algo que solo se logra al ver y entrenar la mirada.

¿Cuál es el mayor regalo que te dio dedicarte por completo al arte?
– Para mí, dedicarme al arte es una forma única de transitar el mundo. Es poder plasmar mis conceptos tanto en mis piezas como en mi forma de vivir y vincularme. El artista y la obra son uno, y en esa forma de ver el mundo hay un regalo enorme, pero también un compromiso constante y mucho trabajo.

Después de Asunción, ¿cuál será tu siguiente parada?
– Este año está lleno de proyectos. Después de Asunción, en mayo tengo dos muestras en São Paulo, Brasil: una en una galería y otra en una feria. En octubre voy a participar de un gran proyecto en Madrid. Y en noviembre, además de exponer en arteBA, tengo mi muestra individual en la galería COTT de Buenos Aires. Selva celestial abre el año aquí en Paraguay, y de ahí el camino sigue.

Recomendados

Sin Comentarios

    Dejar un comentario