Salud

Parto respetado

Dar a luz en cuarentena

Salas de espera desiertas, mascarillas para la lactancia, distancia física, teleconsultas y partos en soledad: así son las formas de dar vida en cuarentena. Pero la pandemia no es excusa para vulnerar los derechos de las embarazadas. Convertirse en mamá es un momento único y puede seguir siéndolo.

María Elvira Ocampos y Luciano.

La cuarentena comenzó cuando María Elvira Ocampos estaba en su semana 36 de embarazo. Muchas de las consultas que tuvo con el médico antes del nacimiento de su bebé fueron por WhatsApp. Sentía muchos miedos: la exposición del personal de blanco, la revisión de su bebé a minutos de nacer, encontrar una sala de Urgencias llena de gente en los pasillos. Pero nada de eso ocurrió.

Hace un mes, se convirtió en mamá por primera vez. A las 5.00 de la mañana del 3 de abril, sus dolores comenzaron. Ese día le tocaba hacerse una ecografía a las 8.00 y fue al instituto para el control. Se desinfectó las manos con alcohol en gel y se puso un barbijo antes de entrar; su marido tuvo que esperar afuera. En el transcurso de la tarde aumentaron las contracciones; la segunda vez que fue al hospital por la noche, ya se internó.

“No se parece a nada de lo que me imaginé en la vida. Quería tener un parto vaginal y me preparé para eso. Gracias a Dios pude, pero no sabía si iba a lograrlo. Mis nueve meses de embarazo me imaginé salir, encontrar a mi mamá, mi hermana, que conozcan a mi bebé, compartir con mi gente querida en la pieza. Hacer los regalitos para los invitados, tener flores en la puerta. Muchas cosas, pero entendí la situación. Por suerte, salí al día siguiente”, cuenta Guavi, como le dicen de cariño.

El marido de Elvira no pudo ingresar con ella a la sala de parto. “Eso me hizo sufrir, porque me tuve que despedir de él en la pieza. Mi mamá me decía que antes el marido no entraba con la embarazada. Él también se preparó, hicimos el curso prenatal juntos”, expresa Guavi. Pero, como en casi todo, existe un lado b de la historia. La acompañó durante el trabajo de parto, que es la parte más difícil: le hizo masajes, la apoyó, le dio cariño. Y luego, compartieron solos esas 24 horas de ser padres por primera vez.

Muchas dudas surgen en torno a la gestación y el alumbramiento durante la pandemia: ¿Cómo se hacen las ecografías y los análisis de sangre las madres? ¿Y los controles a los bebés? ¿Se puede tener un parto respetado durante la pandemia? Jazmín Pérez Bolla está en la semana 24 de su tercer embarazo. Decidió pasar la cuarentena en la casa de sus padres en San Ignacio, Misiones, con su marido y sus dos hijos, porque las consultas ginecológicas más importantes ya las había hecho.

Su médico le dijo que en caso de que necesitara un estudio, lo podría hacer en un centro de salud y enviarle los resultados. En esas primeras semanas de consulta ya se dio cuenta de que muchas cosas cambiaron con relación a su último embarazo: ahora le piden que se lave las manos y que use tapabocas. Una vez en el hospital, tiene que esperar sola a que la atiendan, y cuando le toca el turno, puede ingresar con su marido. A Jazmín le gustaría dar a luz con su pareja y su doula, Gabriela Abente, como en su segundo parto, pero ya le advirtieron que solo una persona podrá estar con ella.

Menos consultas presenciales y más contención emocional

Al malestar y la angustia que despierta el avance de la pandemia en todo el mundo, se le suman los temores e incertidumbres que siempre genera una prueba positiva de embarazo. Primerizas o no, ninguna mujer se imaginaba convertirse en madre en plena pandemia del coronavirus.

Uno de los aspectos que cambiaron en la rutina del control prenatal es que los médicos y médicas acotaron al mínimo las consultas presenciales. Las que no requieren un examen físico se reemplazaron, en muchos casos, por consultas telefónicas, vía WhatsApp o videollamadas. Y las que son indispensables, se desarrollan en el menor tiempo posible.

Jazmín Pérez.

Guillermo Ramalho, ginecoobstetra del Hospital Bautista, está acostumbrado a dedicar tiempo a cada una de sus pacientes y decidió que la parte más extensa y de contención emocional de la consulta la daría a través de plataformas digitales. El médico recomienda, por un lado, que se establezca una conexión de confianza para contener a las madres y que no se sientan tan preocupadas.

Por el otro lado, hace hincapié en que las familias y amigos eviten los comentarios negativos innecesarios y que cuiden a las madres, especialmente, en este tiempo. “A mí particularmente me preocupa el miedo, el hecho de ir a cesáreas innecesarias por eso. Me preocupa porque la gente no dimensiona lo importante que es la salud mental materna y cómo eso influye en el niño por nacer”, dice Ramalho.

Camila Sosa, especialista en nutrición, lactancia y gimnasia prenatal, considera que este es un momento en el que las madres están sufriendo crisis de ansiedad. “Mi recomendación es que no se enfoquen tanto en el futuro porque no sabemos qué va a pasar. Cada día hay una noticia, una nueva resolución, entonces, es mejor aprovechar este tiempo para cosas que en otros momentos no se pueden hacer. Por ejemplo, informarse, incorporar técnicas de respiración, cómo saber si el bebé está en camino, cuándo ir al hospital”, reflexiona.

Al mismo tiempo, Camila observa que ahora las parejas están mucho más conectadas que antes, y cree que existen distintas formas en que el padre se involucra en el nacimiento de su hijo que no implican necesariamente estar presente en el alumbramiento. Una de ellas es la videollamada, otra es que acompañe el trabajo de parto con lo que necesite la mamá.

“Es importante entender que es para la protección de su bebé y su pareja. Después van a poder disfrutar muchas más horas que si llega a haber una infección en ese momento. Los protocolos de seguridad siempre se debieron respetar. Esto que ahora se hace tendría que ser un requisito para las mamás cuando tienen recién a su bebé. Entiendo que es difícil no recibir a familiares y/o amigos, pero muchas veces esas visitas en las primeras horas de vida interfieren muchísimo en la lactancia y la conexión”, puntualiza la profesional.

Según la OMS, no existen pruebas de que las mujeres embarazadas corran mayor riesgo de enfermedad grave que la población en general. Todas, incluso cuando se sospeche o se haya confirmado la presencia del virus en su cuerpo, tienen derecho a recibir atención de alta calidad antes, durante y después del parto. Esto incluye salud prenatal, neonatal, posnatal, intraparto y mental.

La cesárea no es una indicación para las embarazadas con riesgo de covid. El consejo de la OMS es que se lleven a cabo únicamente cuando estén médicamente justificadas. El tipo de parto debe determinarse de modo personalizado, de acuerdo con las preferencias de la persona gestante y las indicaciones obstétricas. En ese sentido, Ramalho señaló que, de momento, no hay un protocolo del Ministerio que indique dicho procedimiento.

Deisy Adriana Baranda Luraschi.

“Vos podés parir y dar de mamar a tu bebé teniendo covid. Se deben tomar las medidas de higiene, especialmente, usar mascarillas, lavarse las manos y desinfectar todos los objetos que van a utilizarse. Pero, incluso si el test arroja un resultado positivo, se puede hacer el apego”, sostiene.

Se están investigando las consecuencias de la infección del covid-19 en las mujeres embarazadas. Todavía no sabemos si pueden transmitirlo al feto o bebé durante el embarazo o el parto. Pero por ahora, no se ha detectado al virus en muestras de líquido amniótico o leche materna.

Una experiencia segura y positiva

Embarazadas que hacen teleconsultas, nacimientos sin visitas en el hospital, presentaciones virtuales del recién nacido a los demás integrantes de la familia y controles extremos antes, durante y después del parto, impensados antes del confinamiento, ahora son rutina. Pero la pandemia no es excusa para dejar de respetar los alumbramientos.

El parto respetado consiste en generar un espacio familiar íntimo donde la mamá y su bebé sean los protagonistas y el nacimiento se desarrolle de la manera más natural posible. También implica eliminar intervenciones innecesarias y prácticas violentas que no permiten el desencadenamiento natural del alumbramiento.

María Celeste Sosa tuvo a su bebé en IPS Central. Como estaba de 42 semanas, la doctora que la revisó le dijo que fuera a cesárea. Entró sola a la sala quirúrgica y su familia no pudo darle la bienvenida al mundo a su hijo, pero María siente que lo más difícil fue el posoperatorio.

“Eran muy fuertes los rumores en el hospital. Decían que había muchísima gente con coronavirus o se iban ahí para hacer su chequeo, y era el miedo de que tu hijo o que vos misma te contagies por esto. Era impresionante, estábamos tres o cuatro mamás en la sala esperando el momento de parir y sentíamos todas lo mismo”, relata.

Mientras científicos se enfocan en hallar el tratamiento para la enfermedad y los profesionales de la salud atienden a los infectados, muchas personas gestantes van a dar a luz sin saber que, en la puerta de la sala de partos, les van a pedir a sus acompañantes que se queden fuera.

En una misma sala había 12 camas con embarazadas, y cada una estaba con sus familiares que entraban y salían. No tomaban los recaudos. María fue sola con su novio, pero a su lado había otra mamá con su pareja y el amigo. Todos en el mismo espacio. “Las enfermeras venían cada vez que tenían que hacer su recorrido y sacaban a algunas personas, pero la gente volvía a entrar. Sentíamos miedo porque en IPS Central estás muy cerca de otras personas. Yo ya me quería ir”, recuerda.

María Rodríguez.

Vania Valdés es doula y asesora de porteo, y expresa que en este periodo se están vulnerando los derechos humanos y las recomendaciones de organismos como el Ministerio de Salud en demasiados sanatorios. “Esta crisis no justifica las separaciones e intervenciones innecesarias, eso no es lo que recomienda la OMS o la evidencia científica disponible hoy, sino todo lo contrario”, manifiesta.

Deisy Baranda también se sintió sola. Según narra, esperaba que su mamá estuviera con ella en el hospital y que su marido la acompañara en el parto. “El nacimiento fue muy diferente a lo que me imaginaba porque entrás a la sala con tapabocas, que no te deja ver muchas cosas, no podés moverte ni pedir que te lo saquen. Cuando finalmente me lo retiraron para que lo pudiera ver, oler y sentir, fue un poco rápido. Yo hice el apego, pero mi marido solo lo vio detrás del vidrio”, rememora.

En las preguntas frecuentes que publicó la OMS con respecto al embarazo, parto y lactancia, y su relación con el covid-19, se enumeran los derechos que tienen las mujeres con respecto al acceso a la salud prenatal, neonatal, posnatal, intraparto y mental. Una de las recomendaciones expresa que para que el alumbramiento sea seguro, quien vaya a parir tiene que estar acompañada de una persona de su elección.

Para el organismo internacional, una experiencia de parto segura y positiva implica ser tratada con respeto y dignidad, estar acompañada por una persona de su elección durante el proceso, recibir una comunicación clara por parte del personal del servicio de maternidad, así como estrategias adecuadas de alivio del dolor, que se les permita movilizarse durante el trabajo de parto y elegir la postura.

Paraguay no tiene una ley de parto respetado pero, desde el 2016, cuenta con la Ley de Protección Integral a las Mujeres, contra toda Forma de Violencia (5777) que tipifica a la violencia obstétrica y la define como “la conducta ejercida por el personal de salud o las parteras empíricas sobre el cuerpo de las mujeres y de los procesos fisiológicos o patológicos presentes durante su embarazo, y las etapas relacionadas con la gestación y el parto. Es, al mismo tiempo, un trato deshumanizado que viola los derechos humanos de las mujeres”.

“Actualmente tengo un grupo de WhatsApp con 175 gestantes y puedo ver el estrés al que estaban sometidas muchas para cumplir con una serie de estudios que hoy finalmente son considerados ‘innecesarios’. Las mujeres con alguna patología en el embarazo expresan que están recibiendo mejor y mayor atención ginecológica gracias a que las embarazadas sin patologías ya no se aglomeran en vano en las salas de espera. Nos obliga a entender que todas necesitan atención personalizada y humanizada en cada etapa de la gestación y el parto. No son simplemente un número en las estadísticas”, refuerza Valdés.

Nacer en casa

Carolina Morga es doula, asistió a varios alumbramientos y es instructora certificada de hypnobirthing. Su primer hijo nació en el Bautista, fue un parto vaginal sin intervenciones pero decidió que al próximo lo tendría en un espacio en el que se sintiera libre y protagonista: su propia casa. Candela vino al mundo en su hogar durante la cuarentena, acompañada por una partera y un pediatra. Aun así, los planes de Carolina no cambiaron mucho, ya llevaba meses preparándose en mente y cuerpo para ese momento.

Caro Morga

Cuando se dio cuenta de que iba a parir, preparó un jacuzzi, la playlist con música relajante de yoga y organizó sus aceites esenciales para el manejo del dolor. Dos horas y media después de romper bolsa se levantó para ir al baño y dio a luz a su bebé. La puso en su pecho y volvió caminando a la cama. Su pareja cortó el cordón umbilical y esa noche durmieron juntos los tres.

“La gente siempre piensa en lo negativo y no en que esto es natural. Lo que pasa es que nos llenamos tanto de mitos, de dudas, que el parto se volvió un entorno medicalizado. Mi hija nació el día que decidió, en mi casa. Somos jóvenes, sanas, con embarazos sanos, todas somos capaces”, refiere Carolina.

Al día de la entrevista, los padres de Caro todavía no conocieron a Candela en persona, por las medidas de distanciamiento físico. “Eso sí nos afectó, que no le haya visto a sus parientes, aunque todos los días enviamos fotos o videos. Pero es supertriste que no le puedan sostener a su nieta. Mi hijo mayor (que tiene dos) todo el día pregunta por su abuela, por sus primos, no sabemos más qué decirle”, expresa.

Aunque el parto domiciliario es fuertemente recomendado en Europa y en Canadá, en Paraguay todavía es terreno virgen. Desde el Ministerio de Salud y la Sociedad de Obstetras del Paraguay, está desaconsejado por la falta de infraestructura.

La OMS admite la existencia de diversos lugares de parto, desde el domicilio hasta centros terciarios de salud, pero no se manifiesta a favor de ninguno y sostiene que lo que garantiza la seguridad no es el espacio sino el modelo de atención y cuidado de la mujer embarazada y del bebé.

La forma en la que vienen al mundo las personas hoy es con menos contacto físico del médico o la médica, pero no con menos afecto. Si bien la situación obligó al personal de blanco a reducir los intercambios cara a cara con las embarazadas, también enseñó a tomar medidas de bioseguridad. Aun con las preocupaciones y ansiedades, en un contexto en el que todo frena por la enfermedad, la vida continúa.

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