Abrazar la madurez
¿Qué sucede si desafiamos la narrativa tradicional de llegar a los 40? Para la ginecóloga Gessy Samudio Scavone, alcanzar la madurez es una oportunidad ideal para comprender el propio cuerpo, anticiparse a los cambios y decidir conscientemente cómo habitar las próximas décadas. Conversamos con la especialista sobre el bienestar femenino desde un enfoque integral.
Por Eve Benegas. Fotografía: Fernando Franceschelli.
Es sabido que nuestra cultura está hiperobsesionada con la juventud como el estándar de belleza, deseabilidad y productividad. El mandato implícito ha sido siempre el mismo: resistir al paso del tiempo a toda costa.
Para la población femenina, esta presión adquiere una dimensión singular, ya que, a lo largo de la historia, el cuerpo ha sido juzgado a través de una lente de caducidad. Al alcanzar los 40 o los 50 años, la narrativa predominante tiende a relegar a las mujeres a una suerte de invisibilidad o a empujarlas a una carrera desgastante por simular una apariencia que ya no corresponde a su biología ni a su recorrido de vida.
Esta construcción cultural genera una frustración constante y distorsiona gravemente la relación de las personas con su organismo. Se ha enseñado a mirar el proceso natural de maduración desde la nostalgia, el lamento y la pérdida. Las mujeres se ven arrastradas a un deterioro pasivo o, al contrario, se someten a la exigencia inagotable de perseguir la versión física que habitaban a los 20 o a los 30 años.

Frente a esos estereotipos que presionan a las mujeres, la doctora Gessy Samudio Scavone, ginecóloga especialista en Endocrinología Ginecológica, Climaterio y Menopausia, parte del staff de la clínica Benester (@benesterclinicapy), propone un cambio radical de enfoque. “Tenemos que dejar de perseguir una versión anterior de nosotras mismas y perder el miedo a los 40. A los 50 el cuerpo no es el de los 30 y no tiene por qué serlo. Cambiamos hormonalmente, nuestra composición corporal, el metabolismo, la sexualidad, el sueño y también cambia nuestra vida”, dice tajante.
Para ella, el objetivo no debería ser volver atrás, sino entender el cuerpo que tenemos hoy y darle lo que necesita para sentirnos bien. “Quiero que una mujer llegue a los 50 fuerte, saludable, vital y dueña de sus decisiones; que disfrute de esa madurez con herramientas para construir su mejor versión”, asevera.
Miedos heredados
El temor que aún genera la menopausia es el resultado directo de años de silencio y desinformación. Durante generaciones, la salud de las mujeres maduras fue tratada como un tema secundario dentro de la medicina general. Un ejemplo que ilustra a la perfección es que, de niñas, escuchábamos hablar a nuestras madres, tías y abuelas de la menopausia como algo triste, trágico; el fin de la etapa fértil, del atractivo, de la vitalidad e incluso de la plenitud personal. Se asumía en soledad que los bochornos, la irritabilidad, el aumento de masa grasa, el insomnio persistente y el descenso de la libido eran tributos obligatorios a pagar por el simple hecho de cumplir años.
La doctora Gessy analiza cómo esa narrativa condicionó la experiencia de tantas mujeres: “Durante muchísimos años la menopausia se contó desde la pérdida: ‘Vas a engordar’, ‘vas a perder el deseo’, ‘vas a tener sofocos’, ‘vas a envejecer’, ‘es normal, tenés que acostumbrarte’ o incluso desde el miedo a determinados tratamientos. Tenemos que dejar de condenar esta etapa. No es una enfermedad y tampoco significa que una deba resignarse a sentirse mal”.
Hoy tenemos mucho más conocimiento sobre lo que sucede hormonalmente y cómo eso impacta en diferentes áreas de nuestra salud. La doctora Gessy explica que la menopausia no sucede de un día para otro. Existe una transición en la que comienzan a producirse cambios hormonales, especialmente en el estrógeno y la progesterona. Y las hormonas no actúan de manera aislada. Por eso una mujer puede empezar a notar alteraciones en su sueño, distribución de grasa, masa muscular, energía, ciclo menstrual, estado de ánimo, piel, sexualidad y/o deseo.

A veces culpamos a la edad de todo, y por más que ciertos síntomas sean comunes, no debemos resignarnos a vivir con ellos. “Si una mujer no duerme bien, aumentó de peso, perdió masa muscular, está agotada o siente que su sexualidad cambió, vale la pena preguntarse qué pasa. Hay factores hormonales, metabólicos, nutricionales, de actividad física, estrés o hábitos a evaluar. No se trata de prometer que vamos a sentirnos como a los 30, sino de entender qué necesita esa persona hoy”, explica.
Lo importante es entender que no todas atraviesan esta etapa de la misma manera. Por eso la evaluación tiene que ser individualizada.
Abordaje personalizado
A diferencia de generaciones anteriores que transitaban este periodo en silencio y con escasa información, hoy nos involucramos activamente en el cuidado de la salud. Si la mujer ha cambiado, sus expectativas vitales son más elevadas y la evidencia científica avanzó, la consulta médica no puede seguir anclada en esquemas de hace décadas.
Durante años, la ginecología tradicional centró su atención casi de manera exclusiva en el ámbito reproductivo. Desde el control del embarazo, la anticoncepción, las citologías de rutina hasta la patología tumoral de útero o mamaria.
Sin embargo, pasados los 40 años, cuando la etapa reproductiva llega a su fin, la consulta no puede reducirse a verificar la presencia o ausencia de alguna patología orgánica estructural. La salud ginecológica sigue siendo indispensable, pero exige también una actualización en la manera de abordar la situación.
“Para mí, la consulta no debería limitarse al control ginecológico tradicional. Se necesita tiempo para conocer a esa mujer y entender qué pasa con sus hormonas, su metabolismo, su composición física, su masa muscular, su sueño, su alimentación, su sexualidad, su actividad física y sus costumbres”, expone Samudio. Para profundizar en esta valoración, se emplean herramientas precisas como el análisis de composición corporal con tecnología InBody, que permite diferenciar entre músculo y grasa. En casos específicos, se puede incorporar el test epigenético para optimizar las recomendaciones sobre suplementación y hábitos de vida.

“Pero el verdadero diferencial no está solamente en las herramientas. Está en integrar esa información para entender a la persona que tengo enfrente. No hay una fórmula para todas las mujeres de más de 40, cada una tiene su historia, sus necesidades, su momento hormonal, su metabolismo, sus síntomas y objetivos diferentes. El enfoque debe reflejar eso. Si nuestro cuerpo cambia, nuestra consulta también debería”, dice.
Dejar de mirar solamente el peso
Otra preocupación de la doctora es que se habla solamente de adelgazar. Un pilar del bienestar a largo plazo es preservar masa muscular y evaluar la distribución de la grasa, ya que dos personas con el mismo peso pueden presentar estados de salud radicalmente distintos. “La balanza cuenta cada vez menos de nuestra historia. El objetivo no debería ser únicamente pesar poco, sino construir un cuerpo fuerte, funcional y metabólicamente saludable para los años que vienen”, plantea.
También cree que no todas las mujeres necesitan tratamiento hormonal cuando llegan a la menopausia, e insta a no convertir esta terapia en una moda: “No es algo que se pueda copiar de mujer a mujer; debe evaluarse y diseñarse de manera individual. Hay quienes se benefician con ella y otras que no son candidatas. La decisión debe partir de una evaluación médica individual: síntomas, antecedentes personales y familiares, edad, momento de la transición, factores de riesgo y objetivos de esa persona. No existe una receta para todas”.
Construir la salud del futuro
La prevención a los 40 es una inversión determinante para la longevidad. Cuidar la nutrición, el descanso, el entrenamiento y el equilibrio hormonal no responde a una obsesión por frenar el envejecimiento, sino a una elección consciente sobre cómo se desea transitar ese proceso. A quienes enfrentan esa etapa con incertidumbre, la especialista les invita a sustituir la ansiedad por curiosidad e información, puesto que el paso de los años abre una etapa de madurez renovada: “A los 40, 50 o 60 no debemos intentar recuperar la mujer que fuimos. Tenemos la oportunidad de cuidar a la que somos y construir la que queremos ser. Por eso mi pregunta no es cómo volver a sentirse como a los 30. Mi pregunta es cómo querés vivir tus próximos 40 años”.




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