Nota de tapa

Trabajo remoto

Historias, aprendizajes y un futuro en movimiento

El trabajo remoto dejó de ser una rareza para convertirse en una realidad cotidiana, un modelo de vida para profesionales de distintos rubros y generaciones. Aquí reunimos experiencias de quienes tienen ocupaciones a distancia, con la intención de entender qué hay detrás de la pantalla: sueños, estrategias, desafíos y también una mirada hacia lo que se viene.

Por Jazmín Gómez Fleitas (@jazzgomezf)

Para muchos, el inicio del trabajo remoto fue más casual que planificado. Así lo cuenta Mari Gómez, de 26 años, hoy executive assistant en una empresa tecnológica estadounidense.

“La oportunidad surgió gracias a una prima que trabajaba en un coworking. Ella escuchó de una vacante en una empresa estadounidense que necesitaba alguien para el puesto de client success. Me pasó el contacto, envié mi CV y me contrataron, aun sin experiencia previa. Fue totalmente por casualidad. Yo no estaba buscando un puesto remoto ni en EE. UU., simplemente se dio después de volver de estudiar del extranjero. Primero estuve dos años ayudando a clientes en la industria de seguros y luego pasé a mi puesto actual, donde manejo la agenda de mi jefe, coordino las comunicaciones y procesos para hacer más eficiente el día a día”, relata.

Otros, como Bianca Rolón, de 23, sí lo buscaban activamente. Para ella, el formato era la única manera de acceder a un empleo en una multinacional: “Se dio la oportunidad de elegir entre híbrido y remoto, y al ser del interior del país conseguí hacerlo a distancia para Nestlé. Ya estaba viendo algo así, entonces aplicaba a empresas que tenían ese ‘beneficio’, digamos. Era la única forma de entrar a una compañía de esa magnitud sin tener que mudarme a la capital. Actualmente, desarrollo soluciones con Power Platform, específicamente Power Apps e integraciones con Power Automate, para varios mercados de la empresa. Reconozco que esto no lo aprendí en la universidad, pero fui investigando y probando automatizar procesos hasta especializarme en la plataforma”.

Andrea Brizuela, diseñadora de aplicaciones móviles de 30 años, recuerda lo duro de la transición inicial: “Al principio me costó un montón, los primeros dos o tres meses estaba muy acostumbrada a irme a la oficina. Trabajar desde casa era incómodo para mí, pero después me adapté y hoy no me veo trabajando de otra manera. Estoy muy familiarizada, entiendo bien cómo balancear este estilo de vida y ya se adecuó a mi personalidad. Me encanta. Estudié Arquitectura, pero descubrí que mi verdadera pasión estaba en el diseño digital. Tuve una primera experiencia en una startup paraguaya que me abrió el camino y nunca más miré atrás. Trabajé con gente de Amazon, Microsoft y en Salesforce de Silicon Valley. Cada paso me formó, porque en tecnología, si no estás aprendiendo constantemente, te quedás atrás”.

En otros casos, la curiosidad tecnológica abrió la puerta. Enmanuel Ruffinelli (29), product designer, empezó a los 14 años escribiendo artículos para un blog en México, pero desde hace tres años trabaja de manera exclusiva para EE. UU. y Europa. “De adolescente ya tuve conocimiento del trabajo remoto. Cuando eso, la oportunidad se dio a través de un foro de emprendedores de Latinoamérica. Siempre fue mi objetivo generar ingresos de esta forma, lo buscaba. Hoy, pienso cómo debe funcionar un producto digital para que sea claro, directo y útil. Soy un autodidacta. En nuestra industria se valora más la capacidad de ejecución y de resolver problemas que un diploma. Esa mentalidad me acompañó desde el principio”, explica.

“En nuestra industria se valora más la capacidad de ejecución y de resolver problemas que un diploma. Esa mentalidad me acompañó desde el principio”

Enmanuel Ruffinelli (29), product designer

Lo que hacemos desde casa (o desde el mundo)

Los roles que se ejercen en remoto son tan variados como los caminos que llevan a ellos. Desde la inteligencia de negocios hasta el diseño editorial, pasando por software y gestión de equipos.

Katya Vázquez, de 23, es desarrolladora de software y está a la cabeza de un proyecto. Su función combina lo técnico y lo estratégico. “Desde hace más de dos años, mi trabajo remoto se centra en dos áreas principales. Por un lado, el desarrollo full stack, donde construyo y mantengo aplicaciones. Por otro, y de forma muy relevante, actúo como owner, lo que me da la responsabilidad principal sobre uno de nuestros productos. En este rol no solo realizo el desarrollo y los despliegues, sino que también participo en la definición del roadmap y tomo decisiones para su mejora continua. Esa combinación de lo técnico con lo estratégico me permitió crecer y aprender de equipos internacionales multidisciplinarios”, cuenta.

“Esa combinación de lo técnico con lo estratégico me permitió crecer y aprender de equipos internacionales multidisciplinarios”

Katya Vázquez (23), desarrolladora de software

El caso de Mauricio Villamayor, de 33, muestra cómo el trabajo remoto posibilita el acceso a clientes internacionales: “Comencé con el trabajo remoto desde Paraguay de manera freelance. Al volver de mis estudios en Inglaterra, decidí que quería entrar a editoriales extranjeras, porque el mercado local era limitado. Me armé un portafolio online, contacté con casas renombradas y tuve la suerte de que varias respondieron. The British Library fue la primera en confiar en mí, y absolutamente todo fue por e-mail. Lo que buscaba era trabajar para firmas líderes en donde mi impacto fuera grande, y también mejorar mi remuneración. Este fue el medio, no el fin en sí”.

La diversidad es la norma. Algunos, como Mari, gestionan agendas y procesos; otros, como Bianca, crean soluciones con Power Apps; Andrea viaja por el mundo diseñando interfaces móviles, mientras Enmanuel piensa en productos desde la experiencia de usuario. El común denominador es que la ubicación dejó de ser una barrera.

Ventajas que cambian la vida

La mayoría coincide en que el trabajo remoto transformó su manera de vivir. Mari lo resume con entusiasmo: “Me encanta porque puedo estar en casa con mi familia, usar los idiomas que amo —inglés y español— y tener flexibilidad en mis horarios. Apenas termino, cierro la compu y ya estoy con mis seres queridos. Aparte de eso, las empresas te dan muchos beneficios. Tenemos seguro médico privado, salario en dólares, vacaciones pagadas, viajes al menos una vez al año a EE. UU. y otros países. Inclusive fuimos con todo mi equipo en 2024 para celebrar el aniversario de la empresa por una semana. Y como es una firma muy tecnológica, aprendí a ver el lado positivo de la inteligencia artificial y cómo puede facilitarnos el día a día”.

Bianca destaca el aspecto práctico y económico: “Trabajo de manera remota hace un año y siete meses, me encanta porque me ayuda un montón a recortar gastos y tiempo: combustible, horas en el tráfico, maquillaje, ropa, zapatos. Tenés menos distracciones que en una oficina. Es cierto, a veces se extrañan esas conversaciones aleatorias con los compañeros, pero igual no lo cambiaría por algo presencial”.

“Trabajo de manera remota hace un año y siete meses, me encanta porque me ayuda un montón a recortar gastos y tiempo: combustible, horas en el tráfico, maquillaje, ropa, zapatos. Tenés menos distracciones que en una oficina”

Bianca Rolón (23), empleada de una empresa multinacional

Katya, por su parte, pone el foco en la proyección: “El beneficio más grande es que me abre las puertas a proyectos y a la colaboración con equipos internacionales multidisciplinarios. Además, da flexibilidad, ahorro de tiempo en traslados y equilibrio entre vida personal y laboral. Esa posibilidad de acceder a un mercado global y aprender de profesionales de todo el mundo es increíblemente enriquecedora”.

Enmanuel rescata lo cotidiano y familiar: “Me encanta porque me permite compartir todos los días muchísimos momentos con mi esposa y nuestras mascotas, lo cual no tiene precio. Uno no se preocupa ni por el tráfico ni por la logística extra que implica trabajar presencial. Esa calidad de vida es lo que más valoro. Además, aprendí que en remoto la comunicación efectiva es vital. No siempre estamos en la misma zona horaria, y ser conscientes de eso es fundamental para que el equipo funcione”.

Andrea lleva estas ventajas al extremo con su estilo de vida nómada digital: “Este año ya estuve en más de cinco países. A lo largo de este tiempo recorrí Europa, viajé a EE. UU. varias veces y también estuve en Asia. Esas experiencias hubiesen sido imposibles prácticamente si no hubiera tenido la flexibilidad del trabajo remoto. Pero no es turismo permanente, de lunes a viernes sigo una rutina estricta. Tengo que organizar visados, hospedaje, seguridad y al mismo tiempo cumplir con mis entregas. La disciplina es lo que hace sostenible este estilo de vida”.

Más allá de la comodidad

Por supuesto, no todo es perfecto, hasta la mejor modalidad tiene sus sacrificios. Casi todos mencionan el riesgo de aislamiento y la necesidad de ser disciplinados.

Katya reconoce: “A veces se extraña el contacto cara a cara y la dinámica social de la oficina. También, la línea entre el trabajo y la vida personal puede volverse difusa si no se gestiona bien, por lo que se requiere mucha disciplina”.
Mari coincide en que la organización es clave: “La diferencia horaria a veces hace que deba extender mi jornada y reorganizar planes. Si no sabés manejar bien tu tiempo, podés perder eficiencia, pero son cosas que también vas aprendiendo en el proceso”.

“La diferencia horaria a veces hace que deba extender mi jornada y reorganizar planes. Si no sabés manejar bien tu tiempo, podés perder eficiencia, pero son cosas que también vas aprendiendo en el proceso”

Katya Vázquez (23), desarrolladora de software

Mauricio va un poco más allá: “La principal desventaja para mí fue la alienación de mi contexto social. Colaboro para libros y productos digitales que prácticamente no van a consumirse en Paraguay y no genero vínculos tan fuertes con mis compañeros como cuando me desempeñaba de manera presencial. Trato de paliar esto yendo a un coworking todos los días, pero sigue sin ser lo mismo. Enseñar en la universidad también ayuda, porque me conecta con estudiantes de manera más directa”.

Andrea, desde su vida viajera, señala otro reto: “Cuando voy a un país muy alejado de la zona horaria de mi cliente, de repente tengo que trabajar de noche o hasta muy tarde. La rutina no es tan ordenada como en otros lugares. Por eso hay que ser muy estratégico con el tiempo. Cada nuevo destino implica diseñar desde cero tu rutina”.

“La principal desventaja para mí fue la alienación de mi contexto social. Colaboro para libros y productos digitales que prácticamente no van a consumirse en Paraguay y no genero vínculos tan fuertes con mis compañeros como cuando me desempeñaba de manera presencial. Trato de paliar esto yendo a un coworking todos los días, pero sigue sin ser lo mismo”

Mauricio Villamayor (33), diseñador editorial y de productos

Liderar y organizar en remoto

¿Cómo se gestiona un equipo distribuido? Giselle Ramírez, de 30 años, fundadora y CEO de Más Money en Paraguay, explica con detalle su sistema de liderazgo. “Usamos un método muy práctico llamado scrum. Es como dividir los grandes objetivos en bloques de tiempo cortos y manejables, los sprints, que duran dos semanas. En ese periodo el equipo tiene muy claro qué debe lograr cada persona y qué resultado se espera. Cada día tenemos una daily, una reunión breve de 15 minutos para revisar avances. Al terminar hacemos una review, donde mostramos resultados, y finalmente una retrospectiva, en la que analizamos qué se puede mejorar”.

Además, destaca que usan Slack para la comunicación diaria, Jira para los tableros de tareas, Confluence para documentar procesos y Google Meet para las reuniones. “Cada persona tiene autonomía para organizar sus tiempos, pero hay un sistema muy claro de medición. Así es imposible que el rendimiento pase desapercibido”, detalla.

Su enfoque destierra el mito de que el rendimiento depende del tiempo de conexión: “La productividad no consiste en estar presente por tantas horas, sino en lograr resultados con calidad, aprender y mejorar cada sprint. Si funciona, los beneficios en flexibilidad y calidad de vida se notan enseguida. Y también nos permite atraer talento diverso sin importar la ubicación geográfica, lo que enriquece al equipo”.

El fenómeno del nómada digital

Andrea se reconoce como parte de una generación específica: “Soy nómada digital, viajo y trabajo a la par, y hay un montón de gente que hace lo mismo, freelancers o que tienen sus propias empresas, que también disfrutan de conocer el mundo. Esa networking que se genera con personas de otras culturas te abre oportunidades, te inspira y motiva. Eso es lo que a mí me pasó. Además, me gusta contar que soy de Paraguay. Muchos no saben dónde está nuestro país y me da orgullo explicarles para generar conciencia al respecto”.

En su caso, el idioma fue decisivo: “El inglés es una herramienta que te abre las puertas al mundo. Podés ser excelente en tu profesión, pero si no tenés forma de comunicar eso en otra lengua, tus chances se reducen bastante. Recomiendo formarse en inglés porque te da un montón de posibilidades. A mí me permitió viajar sin miedo y conseguir oportunidades internacionales”.

“Soy nómada digital, viajo y trabajo a la par, y hay un montón de gente que hace lo mismo, freelancers o que tienen sus propias empresas, que también disfrutan de conocer el mundo. Esa networking que se genera con personas de otras culturas te abre oportunidades, te inspira y motiva”

Andrea Brizuela (30), diseñadora de aplicaciones móviles

¿El futuro del trabajo?

La mayoría se imagina a futuro en esta modalidad. Enmanuel lo dice sin rodeos: “No solamente es una forma de trabajo en la que me veo a largo plazo, sino que ya no me imagino hacerlo de manera presencial. No cambiaría por nada la oportunidad de vivir todos los momentos que tengo día a día con mi esposa y mascotas”.

Bianca coincide: “Totalmente, no cambiaría esta modalidad. Vos te podés organizar con tus actividades personales y laborales de manera mucho más eficaz que antes”.

Mauricio, sin embargo, introduce un matiz: “Por un lado, la globalización hace que cada vez el mercado de servicios sea más competitivo. Pero por otro, existe un retroceso. Así como hubo políticas para traer fábricas de vuelta a EE. UU., una evolución natural podría ser que se busque generar servicios digitales de nuevo. Es un escenario que hay que mirar con atención”.

“No solamente es una forma de trabajo en la que me veo a largo plazo, sino que ya no me imagino hacerlo de manera presencial. No cambiaría por nada la oportunidad de vivir todos los momentos que tengo día a día con mi esposa y mascotas”

Enmanuel Ruffinelli (29), product designer

Katya, en cambio, se muestra optimista: “Es una tendencia global ya consolidada. Tanto las empresas como los profesionales están viendo los beneficios en productividad, acceso al talento y calidad de vida que esta modalidad ofrece”.

Consejos para dar el salto

Las recomendaciones se repiten y complementan. Aquí, lo que nos aconsejan quienes lo viven a diario.

  1. Perfil online sólido. “Trabajá en tu LinkedIn, armá un buen portafolio, hacé certificaciones. Todo suma y ayuda a que empresas con esta modalidad pongan atención”, aconseja Bianca.
  2. Visibilidad de proyectos. “Tu trabajo visible es tu mejor currículum. Para una desarrolladora, eso significa un GitHub con proyectos”, dice Katya.
  3. Idiomas y habilidades blandas. “Saber inglés y trabajar en comunicación efectiva es clave. No se preocupen porque sea perfecto, lo importante es transmitir. Tener un portafolio es fundamental”, enfatiza Enmanuel.
  4. Atreverse. “Uno muchas veces no se postula por miedo a fallar, pero si no probás, ya fallaste. E incluso si fallás, ¿qué importa? Podés tratar infinitas veces. Necesitás un sí nomás”, lanza Mauricio.
  5. Formación constante. Andrea insiste en que en tecnología todo cambia rápido: “Mantenerse siempre actualizado es vital. Hoy la educación está más democratizada: uno puede formarse en lo que sea que desee, con recursos gratuitos o accesibles. Yo soy autodidacta: aprendí inglés y muchas de mis habilidades estudiando sola, con libros y cursos online”.

Un nuevo paradigma laboral

Detrás de cada testimonio aparece un hilo común: el trabajo remoto no es solo una forma de ganarse la vida, sino una manera distinta de habitar el mundo. Para algunos significa estar cerca de la familia; para otros, conquistar mercados globales; y para quienes llevan la mochila a cuestas, una oportunidad de recorrer países sin renunciar a la carrera profesional.

“Mantenerse siempre actualizado es vital. Hoy la educación está más democratizada: uno puede formarse en lo que sea que desee, con recursos gratuitos o accesibles. Yo soy autodidacta: aprendí inglés y muchas de mis habilidades estudiando sola, con libros y cursos online”

Enmanuel Ruffinelli (29), product designer

Como resalta Mari: “El mundo está cambiando muy rápido y hay que animarse a salir de la zona de confort. Muchas empresas invierten en capacitar a sus empleados. Si sos joven y te gusta aprender, este es el momento para crecer y aprovechar esas oportunidades”.

En esa frase se condensa el espíritu de una generación que encontró en el trabajo remoto no un plan B, sino un camino principal hacia la autonomía, el aprendizaje y las oportunidades.

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