Rostros, memorias y el mercado en la Terminal
Miles de personas atraviesan el país cada Semana Santa para regresar a su valle y visitar sus orígenes. En esos días, la Estación de Buses de Asunción (antigua Terminal) se convierte en un organismo vivo donde confluyen la esperanza del reencuentro y la urgencia del comercio. Este reportaje explora las dos caras de la migración estacional: quienes viajan para abrazar sus raíces y quienes aprovechan la multitud para sostener el día a día.
Por Laura Ruiz Díaz. Producción: Sandra Flecha. Fotografía: Fernando Franceschelli.
Quien, como la que les escribe hoy, ha pasado mucho tiempo entre dos territorios, conoce mucho de este tema. Semana Santa es sinónimo de viajar, de reencontrarse con afectos, con la tierra que amamos, con el olor a hogar y la comida preparada con amor. Pero, para llegar a eso, hay que atravesar una pequeña odisea: la Terminal.

La escena que vimos en la época de Navidad se repite con poca o ninguna diferencia: oleadas de personas; cientos de bolsos, bolsitas y valijas; niños que duermen sobre los bultos; la chipa obligatoria y un cocido bien dulce para mimar un poco el paladar. Los colectivos entran y salen con una frecuencia voraginosa, cada 10 minutos podés abordar alguno que te invita a viajar a cualquier parte de este territorio.
En esta época tan familiar, de reflexión e introspección, Asunción se vacía y todos buscamos ir a donde nos sentimos en casa. Así, ¿qué significa regresar para quienes construyeron su vida en otro lugar? Este y otros temas exploramos en este reportaje.

La migración interna
En Paraguay, la Semana Santa de 2025 dejó cifras que evidencian su peso como uno de los periodos de mayor movilidad del año. Según informes de la Senatur, el movimiento generó un impacto económico de 71 millones de dólares, con más de 45.000 visitantes extranjeros y una destacada participación del turismo interno. En total, unas 355.000 personas se desplazaron dentro del país y dinamizaron los sectores de hotelería, gastronomía y transporte.
La Estación de Buses de Asunción (EBA) se convirtió en uno de los epicentros de ese flujo. Durante los días centrales de la festividad, más de 200.000 personas transitaron sus instalaciones. Ante el movimiento constante, la Municipalidad de Asunción, a través de la Dirección de la Estación de Buses, coordinó con la Policía Nacional, la Senatur y otras instituciones la implementación de controles estrictos para garantizar el orden y la atención a los pasajeros.

Cuando la distancia se acorta
¿Cómo describir la ansiedad antes de abordar un colectivo que, luego de seis horas o más, te lleva al encuentro de tus seres queridos? No hay palabras que puedan expresar la sensación de antelación que precede a ese mirar la tierra y reconocer, en sus colores, el suelo que nos crió y malcrió.
¿Qué significa para nosotros, quienes venimos de distintas migraciones, volver a casa? Con esta pregunta llegamos hasta ña María Romero, oriunda de General Artigas que hoy vive en Central, quien nos contó sobre sus viajes a su tierra natal cuando aún era joven. “Hoy me voy cómoda, antes era un viaje de dos días por lo menos”, comparte. No perdió la costumbre: sigue pasando la noche anterior sin dormir, como antes, aunque ahora ya tenga un colectivo directo.

¿QUÉ PASA SI EL BUS SE VA ANTES DE LOGRAR ABORDAR?
En estos días, la Dinatran está haciendo un operativo intensivo en la Estación de Buses de Asunción. En años anteriores, la dirección mediaba con la empresa y devolvía al pasajero el importe del transporte, para que este pueda abordar el siguiente colectivo con el mismo destino.

Para ella, volver a casa es reencontrarse con sus hermanas, visitar a sus parientes, respirar el aire puro de su tierra, y en esta semana no puede faltar el chipa apo, aunque confiesa que le cuesta ir todos los años. “Ya tengo mi vida acá”, explica, y continúa: “Voy cuando mis hijos o mi nieta tienen la posibilidad de acompañarme”.

El comercio de paso
Mientras miles de viajeros cruzan la Estación de Buses con la mirada fija en el horizonte, hay quienes se quedan. Para la mayoría de los comerciantes, la Semana Santa no es tiempo de descanso ni de reencuentros familiares. Por el contrario, es una de las temporadas más exigentes del año.
En los pasillos, escaleras y andenes se despliega una economía del instante. Hay quienes venden agua embotellada para calmar la sed de las largas esperas; otros ofrecen fruta, frazadas para las madrugadas frías en los buses, juguetes baratos para calmar el llanto de los niños o salvar a algún olvidadizo pasajero que olvidó el cumpleaños de su ahijada, y no pueden faltar cargadores de celular portátiles (con carga incluida) para quienes no se permiten dejar de avisar que ya llegan.

¿A DÓNDE VA LA GENTE?
Los destinos con mayor demanda al interior del país abarcan puntos estratégicos como Ciudad del Este (Alto Paraná), Encarnación (Itapúa), así como capitales departamentales entre las que figuran Caazapá, Yuty, Coronel Oviedo, Pedro Juan Caballero y Concepción. Las rutas PY02 y PY03 concentran la mayor frecuencia.

“Suele haber mucha gente, normalmente se viaja bastante”, cuenta Celeste Pereira, que trabaja desde hace poco tiempo en una tienda de artesanías de la Estación de Buses, Casa Nieves. Desde inicio de marzo, preparan su stock para los obligados recuerditos para quienes van más lejos y quieren llevar un pedacito bien nuestro a otros lares.
Hay un comercio que se distingue del resto por su ritmo agotador y su significado profundo: el de la comida típica. Para los viajes, la lista de imprescindibles son la chipa, el mbeju y la sopa paraguaya, manjares acompañados del obligado cocido caliente, que a tantos viajeros acompañó en trayectos nocturnos. Detrás de esta necesidad imperiosa están las trabajadoras que en esta época trabajan decenas de horas seguidas, con la esperanza de hacer un poco más para también pasar una Semana Santa más holgada.

País de migrantes
La Semana Santa en Paraguay nos muestra un país en movimiento: personas que viajan para reencontrarse con su valle, comerciantes que sostienen el éxodo —muchas veces desde la informalidad laboral—, familias que dibujan puentes que trascienden los kilómetros. Este movimiento masivo también expone lo que el Estado aún no garantiza: hacinamiento en los buses, esperas interminables, etcétera. Todo ello interpela a las instituciones encargadas de asegurar que la movilidad no sea sinónimo de vulneración. El derecho a viajar es también el derecho a hacerlo con dignidad; transportarse no debería implicar renunciar al bienestar durante el trayecto.

Sin embargo, la gente sigue viajando, porque lo que está en juego va más allá de lo logístico. Regresar es una afirmación de pertenencia en un país donde la migración interna ha sido históricamente la respuesta a la falta de oportunidades. Cada bolso que aborda un bus lleva consigo la promesa de un abrazo, el recuerdo del sabor de una comida compartida, la posibilidad de que los hijos conozcan la tierra de los abuelos. Y a la vuelta, están el infaltable avío (“la matula”, como dirían las abuelas) y los encargos que honran la reciprocidad familiar.
La Terminal, entonces, no es solo un punto de partida y llegada. Es el símbolo de un pueblo que se mueve porque aún cree en el reencuentro; que resiste en sus calles, sus puestos de comida y sus buses atestados; que comercia para sobrevivir y ama profundamente, aunque estemos acostumbrados a la despedida. Quienes viajamos, no solo buscamos un sitio al que llegar; nos demostramos que, a pesar de todo, aún hay un lugar al que pertenecer.

CONOCÉ TUS DERECHOS
En Paraguay, los usuarios del transporte terrestre de larga distancia tienen derecho a un servicio seguro, regular y de calidad, respaldado por la Dinatran. Esto incluye el cumplimiento de horarios, confort (especialmente en servicios directos/ejecutivos) y tarifas establecidas, con opciones de denuncia ante irregularidades, para garantizar un trato digno y seguro, según las recientes reformas legales en el sector. Es importante recordar que las empresas tienen prohibido vender el mismo asiento a dos personas y se establece la gratuidad del pasaje para personas con discapacidad certificada por la Senadis.





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