Arte

Grillo Benítez

Un autor multifacético en su mejor momento

No hay disciplina que Diego Grillo Benítez no haya probado aún o no quiera explorar. Dibuja y pinta desde que puede recordar, y aunque la vida lo llevó a recorrer diversos caminos, desde 2016 se dedica por completo al desarrollo de proyectos propios, libros, ilustraciones y objetos vinculados principalmente con la cultura paraguaya.

Tal vez lo conozcas como Grillo, un apodo familiar que tiene raíces en una disquería que tenían sus padres, El Grillo. Aunque compartió el alias con su papá y su hermano, fue él quien se quedó con la que hoy es una marca asociada no solo con su trabajo artístico, sino también con la persona detrás.

Diego Benítez Balcinha nació en Argentina, pero hace 20 años que se dedica a ilustrar Paraguay en sus distintas expresiones. Además, es diseñador gráfico, pintor, fotógrafo y, por si todo lo anterior quedara corto, también cocinero. “Para mí, la creatividad nunca estuvo encerrada en una sola disciplina”, explica.

Fluidez visual

Muchos otros quizás tengan un recuerdo claro del momento en que descubrieron —o, más bien, reconocieron— su veta artística, pero para él todo siempre fluyó de manera orgánica. En los 80, siendo apenas un niño, ya grafiteaba murales y autos; lo hacía para sí mismo, pero también para boliches, lugares de comida “y lo que saliera”. “Después vinieron el diseño, la fotografía, la pintura, la cocina y otras maneras de expresarme. Pero donde comencé a vivir del arte fue acá en Paraguay”, cuenta.

Si dependiera solamente de él, continuaría explorando y explotando todas sus facetas: “Pintaría de manera analógica y digital; haría maquetas, cuadros, murales y ropa; sublimaría objetos; sacaría fotos; cocinaría y seguiría probando cosas nuevas todo el tiempo. Amo la fotografía, cocinar e ilustrar gastronomía, que hoy en día se convirtió en uno de mis fuertes”.

“La ilustración es, probablemente, donde más cómodo me siento, porque me permite mezclar muchas de las cosas que me gustan: dibujo, diseño, investigación, historia y narrativa. Para mí, la gastronomía también tiene una parte artística enorme. Cocinar un plato, investigar de dónde viene, entender su historia, dibujarlo y después contar todo eso visualmente forma parte del mismo universo”, explica. Por supuesto, el problema es que “solamente tenemos 24 horas por día. Si hubiera más, seguramente estaría haciendo 10 cosas más al mismo tiempo”.

Ese simple hecho de adornar lugares públicos y concurridos con su visión particular ya le hizo entender que podía dedicarse a esto alguna vez, porque la gente empezó a reconocer su trabajo. En nuestro país, se dedicó primero al diseño de páginas web; estuvo un tiempo en la radio Rock & Pop y también pasó por la televisión.

Paralelamente empezó a pintar cuadros, como hobby, y al final se convirtió en su vida entera, pues en 2016 decidió que le daría una chance a sus ilustraciones. Se enfocó en el tema que venía ganando espacio en su mente hacía tiempo: Paraguay. Él retrata escenarios, edificios patrimoniales, comidas y tradiciones del país que lo adoptó.

“No existió una fórmula mágica ni un momento en que alguien me descubrió. Fueron muchos años de diseño, dibujo, equivocaciones, proyectos, noches trabajando y también cosas que no funcionaron”, recuerda, y acota que “el reconocimiento llegó como consecuencia de insistir, de no abandonar. Mis libros, las ilustraciones, las redes, las exposiciones y hasta reconocimientos internacionales como los Gourmand Awards aparecieron después. Todo eso vino con los años, pero detrás hubo muchísimo laburo, constancia y, sobre todo, no rendirse”.

Fotografía: Fernando Franceschelli.

Inspiración cotidiana

Su mirada inquieta tiene predilección por los objetos y rituales rutinarios, y eso se refleja en su producción creativa. “Cotidiano es aquello que vemos todos los días y justamente por eso dejamos de mirar. Una chipa, un termo de tereré, una señora que vende algo en la calle, una casa antigua, un árbol, un colectivo, un cartel, una costumbre”, así describe él la fuente a la que se acerca para beber antes de trabajar.

Y es ahí, en lo cotidiano, donde reconoce la identidad que califica como “nuestra”. “Mi trabajo, muchas veces, consiste simplemente en decir: ‘Fijate en esto otra vez, porque quizás es mucho más importante de lo que pensabas’”, explica, y agrega: “Todo empieza por aprender a mirar. Muchas veces buscamos algo extraordinario lejos y no nos damos cuenta de que tenemos cosas increíbles a dos cuadras de casa. Pasamos todos los días por los mismos lugares, pero casi nunca frenamos a observar bien, a pensar qué historia tienen o qué nos hacen recordar”.

Allí encuentra memoria, debajo de las capas de lo que miramos sin ver realmente. “Un sabor, una calle, una casa o una imagen pueden llevarte de golpe a tu infancia, tu familia o un momento lindo. Trato de trabajar con historias que conecten con lo que uno tiene dentro y que quizás estaba medio olvidado. Al final, lo que busco es llegar al corazón de la gente”, puntualiza, y enfatiza que aunque esos son los ingredientes de su observación, no va a compartir la receta completa porque es “secreta”.

Continuar aprendiendo es una de sus mayores pasiones: “Soy muy curioso, me entusiasma descubrir una técnica nueva, una herramienta, un material, una forma distinta de pintar, ilustrar, fotografi ar o incluso de cocinar. Muchas veces una idea aparece mientras veo una fotografía antigua, leo un libro, hablo con alguien, investigo un tema o simplemente pruebo algo que nunca había hecho”.

Lo suyo también pasa por la mezcla de disciplinas: “El diseño me ayuda a ilustrar; la fotografía, a mirar; la cocina me acerca a la historia y a la cultura, y la investigación termina conectando todo”. Su inquietud por aprender, probar, equivocarse y volver a empezar es, quizás, la parte secreta de la “receta” del éxito.

El componente gastronómico

Con el tiempo, Grillo Benítez se dio cuenta de que ilustrar comida era una forma muy fuerte de contar Paraguay. “Detrás de una chipa, un mbeju, un vori vori o cualquier plato nuestro hay muchísimo más de lo que se ve a simple vista: historia, costumbres, generaciones, ingredientes, formas de hacer y recuerdos”, comenta.

Hoy, la gastronomía es uno de los ejes más importantes de su trabajo. Aparte, es donde más cómodo se siente porque le permite unir las cosas que ama en un solo lugar. Sí, ilustrar y diseñar, pero también investigar y cocinar. Principalmente, con la comida es capaz de narrar historias. “Allí encontré algo muy mío: mostrar que un plato también puede contar un país entero”, agrega.

Así lanzó Chipa de raíces profundas, libro que inició por curiosidad, “como empiezan muchas cosas en mi vida”. Entonces se generó una especie de hiperfi jación en esta comida y se metió de lleno, tanto que abarcó años de investigación antes de lanzar el material, que fue galardonado en los Gourmand World Cookbook Awards de Portugal. Pero, al parecer, fue solo el comienzo: “Me dejó con ganas de seguir haciendo lo mismo con otras cosas nuestras, porque cuanto más estudio Paraguay, más me doy cuenta de todo lo que todavía falta contar”.

Paraguay, una historia para llevar

El diario Última Hora invita a redescubrir nuestro país a través de la mirada de Grillo Benítez. Juntos, lanzaron una colección de 16 imágenes impresas en papel ilustración de 150 g, con medidas de 27 cm × 38 cm, perfectas para encuadrar.

“La colección nació de algo que vengo haciendo hace años: construir un enorme banco visual de Paraguay. Personajes, animales, comidas, edifi cios, tradiciones, lugares, objetos, historias. En algún momento pensé que eso no debía quedarse solamente en libros o mis redes, sino que podía convertirse en una publicación que llegara cada semana a miles de personas”, explica el autor. Juntas, estas piezas construyen un retrato enorme del país.

El argumento a favor de la democratización de las expresiones fue clave en el proyecto. “El arte no tiene por qué vivir únicamente dentro de una galería o estar solo al alcance de quien puede pagar una obra original. Una ilustración también puede llegar dentro de un diario, en una figurita, una postal, un libro o una taza. Me entusiasma muchísimo pensar que un chico empiece una colección o descubra un animal paraguayo que no conocía, y después quiera saber más”, dice. Al hablar de eso, también apunta a sacar esas piezas de los lugares donde parecen inalcanzables.

Percibe un cambio en la valorización del arte de parte del público, de un tiempo a esta parte, y lo atribuye, en gran medida, al papel que juegan las redes sociales en ayudar a que la gente conozca nombres que, antes, quizás nunca hubieran oído. En estas plataformas, ve un interés enorme en los trabajos relacionados con la identidad cultural del país.

“Pero todavía tenemos una contradicción”, dice, “podemos compartir una obra miles de veces y, al mismo tiempo, no entender todo el trabajo que existe detrás de ella. Compartir no siempre signifi ca valorar”. Y señala el próximo paso: comprender que apoyar a un artista también signifi ca comprar su trabajo, sus libros y sus proyectos. “Para que exista cultura no alcanza con aplaudirla: también hay que hacer posible que quienes la crean puedan seguir haciéndolo”, puntualiza.

Recomendados

Sin Comentarios

    Dejar un comentario