50 años de cooperación cultural
A medio siglo de su fundación, el Centro Cultural de España Juan de Salazar celebra su aniversario con la reapertura de sus renovadas instalaciones y convoca a la comunidad, que convirtió a la institución en una casa, a una velada artística. Por estos 50 años, conversamos con su directora, Laura Mesa, sobre la trayectoria, el papel de la organización en la sociedad paraguaya y los proyectos en puerta.
Por Eve Benegas. Fotografía: Fernando Franceschelli y gentileza.
Al caer la tarde, la vereda del Salazar vuelve a llenarse. Las personas que llegan de a poco se detienen antes de entrar y miran la arquitectura antigua de la fachada —con molduras y puertas de madera— que ahora funciona como lienzo blanco para un universo gráfi co de azul intenso, dibujos hechos a pulso, trazos fluidos de arte popular e ilustración artesanal inspirada en los 100 años de la llegada de Josefi na Plá al país.
No caben dudas de que el Centro Cultural de España Juan de Salazar viste sus mejores galas para celebrar con la gente sus 50 años de acción por la cultura y el arte.
La antigua casa señorial no pierde su elegancia para contar una nueva historia. En su aniversario, propone un diálogo crítico entre el acervo acumulado, el presente y el futuro, e invita a especular e innovar con ideas que nos permitan imaginar otras formas de vivir el mundo ante los desafíos que nos interpelan.

Durante décadas, este local en el centro de Asunción fue muchas cosas a la vez: un auditorio donde se ensayaron obras que todavía hoy circulan en la memoria cultural del Paraguay, una sala de cine donde las imágenes se escapaban hacia la vereda para quienes no alcanzaban a entrar, un espacio de formación donde la cultura no se enseñaba como contenido sino como práctica, un refugio donde la palabra podía decirse incluso cuando afuera el silencio era una norma.
Refugio cultural
Pero también fue algo más difícil de defi nir: una casa, no en el sentido metafórico sino como una experiencia concreta; el lugar al que se vuelve siempre, donde se reconoce a los otros y hasta se deja algo de uno mismo. Pocas instituciones culturales logran algo que el Juande consiguió con el tiempo: ser percibido como propio, como el sitio de todos los que aman la cultura. “Es nuestro hogar”, es la frase que aparece una y otra vez en los relatos de quienes pasaron por aquí. Todos parecen coincidir en esa idea.
Para Lia Colombino, referente del panorama social paraguayo, el centro ha sido un refugio: “Uno de los pocos espacios que sostuvieron, con sus diferencias según cada periodo y más cerca o más lejos, una apuesta por el arte como pensamiento crítico. Desde sus inicios fue así, y eso se notó especialmente durante la dictadura, pero también después, cuando construir institucionalidad cultural en Paraguay era una tarea difícil. Y lo sigue siendo”.

Para el premiado guionista y director nacional Marcelo Martinessi también fue muy relevante. “Recuerdo haber pasado noches enteras en la vereda del Salazar, dando pequeños saltos para ver extractos de las películas de Almodóvar. La sala, que en ese entonces daba a la calle, estaba casi siempre llena. Pero dejaban la puerta abierta, entonces los que llegábamos tarde saltábamos para alcanzar a ver a Carmen Maura por sobre las cabezas del público. Una vez me escondí entre los asientos cuando se proyectó mi primer cortometraje, habrá sido allá por 1987. Y me parece que así, entre saltos y escondidas, fui deseando cada vez más narrar historias paraguayas en la pantalla”, plasmó el artista en las memorias de los 40 años de la institución.
No muchos espacios en Paraguay han podido sostenerse durante tanto tiempo y con esta vigencia. “En cooperación hablamos de la importancia de esa apropiación, un territorio común, un espacio que ha dejado de ser solamente una institución pública extranjera para convertirse en parte de la vida de generaciones de artistas, gestores, gestoras y toda una comunidad que ha encontrado su lugar allí. La cultura permite ese sentido de apropiación y pertenencia cuando uno se nombra y reconoce como individuo en su libertad artística y creativa”, expresa Laura Mesa, directora del CCEJS.
En cooperación hablamos de la importancia de esa apropiación, un territorio común, un espacio que ha dejado de ser solamente una institución pública extranjera para convertirse en parte de la vida de generaciones de artistas, gestores, gestoras y toda una comunidad que ha encontrado su lugar allí.
Laura Mesa, directora del CCEJS.
Esa apropiación no es abstracta, se traduce en experiencias concretas, como artistas que encontraron ahí su primer espacio, públicos que formaron su sensibilidad cultural, comunidades que construyeron redes. A lo largo de estos años el centro funcionó como un punto de encuentro donde coexistían distintas formas de expresión. Desde talleres y seminarios hasta cine, teatro y música, su programación buscó siempre equilibrar lo emergente con lo consolidado.
Y, por supuesto, la accesibilidad tuvo un papel importante dentro de esta apropiación, ya que desde sus inicios apostaron por una programación abierta, pues entienden la cultura como derecho. Esa decisión no es menor en un contexto en el que el acceso a bienes culturales suele estar condicionado por el poder adquisitivo de las personas. Todas sus actividades son gratuitas.
En ese sentido, Mesa explica: “En el modelo de bienestar social que sigue España la cultura se sitúa como un bien público global más y asumimos con gran responsabilidad la gestión de nuestros fondos, que provienen de los impuestos de la ciudadanía española. Sin duda, contar con una asignación propia nos permite concentrar nuestros esfuerzos en el diálogo, la calidad de los contenidos y la diversificación de la programación”.

Sin embargo, la gratuidad por sí sola no garantiza la participación. Construir público implica algo más; es generar condiciones para que las personas no solo asistan, sino que se sientan interpeladas, incluidas, convocadas. Tal vez por eso el Salazar sostiene su relevancia frente a otras formas de consumo cultural como streaming, redes, etc., pues desarrolló a lo largo de los años una programación diversa, en la que conviven distintas disciplinas, formatos y niveles de especialización, con exposiciones de arte contemporáneo, talleres para niños, ciclos de cine, seminarios de formación y más. Así buscan abarcar múltiples intereses y niveles de acercamiento.
Esa diversidad también se refleja en el público que transita el espacio: estudiantes, artistas, investigadores, vecinos, familias, gente que llega por primera vez y otros que vuelven, reiteradamente, y construyen una relación sostenida en el tiempo. Esa mezcla heterogénea es parte de su identidad. Para la directora, la vigencia de la institución se logró al ofrecer lo que aún es irremplazable: “Las redes humanas y colectivas que nos sostienen y hacen de la cultura una experiencia que trasciende en el tiempo”. Ella está convencida de que el Salazar entendió la comunidad como agente partícipe, creador de su propio sentido de apropiación, memoria y procesos vivos.

Nacer en tensión
En 1976, el embajador de España en Paraguay Carlos Manuel Fernández-Shaw estaba convencido de la necesidad de crear un espacio cultural en Asunción. El diplomático, casado con Beba del Mónico, hija de una artista plástica paraguaya, admiraba profundamente la producción local y utilizó todos sus recursos e influencias para la apertura del Centro Cultural Juan de Salazar, nombrado en honor al fundador de la ciudad. El Gobierno español adquirió una finca, una casa señorial de estilo italianizante sobre las calles Herrera y Tacuary, y el 19 de abril de 1976 quedó oficialmente inaugurado el Salazar.
El contexto no era neutro. Paraguay atravesaba uno de los periodos más duros de su historia. La dictadura estronista sofocaba con censura, persecución y muerte cualquier manifestación cultural. España, por su parte, iniciaba su transición democrática tras la muerte de Franco y el mundo entero estaba en Guerra Fría. Sin embargo, contra todo pronóstico, el CCEJS prosperó y floreció.

El Juande se convirtió, en poco tiempo, en un sitio donde la cultura funcionó como una forma de apertura. Logró generar condiciones para que el pensamiento crítico, la experimentación artística y el intercambio intelectual encontraran un lugar posible. “El Salazar se construyó con valentía y mucho riesgo en su momento, desde la convicción de que la cultura es un derecho. En el ejercicio del arte y la libertad de expresión en un contexto restrictivo. Eso permitió generar fisuras y ofrecer un lugar donde circularan ideas, lenguajes y sensibilidades que no hallaban otros canales. Desde el arte siempre es más sencillo trabajar ciertos temas no menores, heridas abiertas, generar espacios de escucha que van más allá del puro eventismo”, expone.
Esa capacidad de generar fisuras fue clave para que en sus salas convivan expresiones artísticas diversas, desde las más experimentales hasta las tradicionales. Pasaron figuras fundamentales como Augusto Roa Bastos y Josefina Plá, pero también una amplia red de creadores emergentes. El Juande funcionó como un laboratorio social y cultural, un espacio donde la cultura no era solo exhibición, sino también pensamiento, discusión, incomodidad.
Desde su origen, la institución forma parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y es pionera de su Red de Centros Culturales. Esto le otorga una dimensión particular: no es solo un centro cultural, sino también un instrumento de cooperación internacional.

Herramienta diplomática y de desarrollo
A lo largo de sus 50 años, el CCEJS ha tenido que negociar constantemente entre lo que se propone desde la cooperación española y lo que emerge de la escena local. Lejos de ser una relación lineal, ese vínculo ha estado atravesado por preguntas y ajustes. “Estamos convencidos de que la cultura permite generar conexiones duraderas, promover derechos, fortalecer capacidades locales y desarrollar espacios de intercambio de experiencias que enriquecen a todas las partes. En ese sentido el Juande ha sido un actor clave, pues trabajó codo a codo con los organismos gubernamentales, pero también de manera directa con la sociedad civil y con mucha incidencia con colectivos, grupos y organizaciones con menos acceso a otros espacios”, dice la directora al respecto.
La casa transformada
La reapertura por los 50 años no es solo una celebración simbólica. También implicó una transformación concreta del espacio. El edificio ha sido intervenido en distintas etapas a lo largo de su historia. Desde la ampliación que permitió la incorporación del auditorio diseñado por Carlos Colombino hasta las reformas más recientes, ha ido adaptándose a nuevas necesidades, nuevas formas de producir y consumir cultura.
En esta etapa, las intervenciones buscan abrir aún más el espacio hacia la ciudad. El parklet invita a detenerse, a habitar la vereda. El jardín vertical introduce una dimensión de sostenibilidad y naturaleza urbana. La nueva fachada conecta pasado y presente en una misma imagen. Y la novedad: la incorporación del laboratorio.

“Renovamos completamente el auditorio y las salas de exposiciones. Tenemos una nueva fachada inspirada en el centenario de la llegada de la artista española Josefina Plá a Paraguay, un jardín vertical que refuerza nuestra apuesta por perfilarnos también como una especie de refugio climático y un parklet exterior que semipeatonaliza el espacio de acceso e invita a veredear a todas las vecinas y los vecinos del barrio. También inauguramos un nuevo laboratorio, como espacio para FaBular, y un servicio a la comunidad cultural, concebido como un centro de experimentación, creación e innovación”, explica la directora.
La gran fiesta
El Juande se preparó a lo grande para sus 50. En la fecha exacta de su aniversario convocan a una velada nocturna con cultura, creatividad y gastronomía, a las 19.00. Primeramente se realizará la inauguración de la fachada y presentarán su diseño. Posteriormente será el recorrido guiado por las nuevas instalaciones; en paralelo, en la biblioteca se realizará la exposición de tejidos de Lides Samudio, artesana innovadora de la técnica tradicional del ao po’i.
Acto seguido está prevista la ceremonia de entierro de una cápsula del tiempo, programada para ser abierta dentro de 25 años, para luego inaugurar el nuevo e imponente jardín vertical. “La noche cerrará con la actuación conjunta de Mastretta Band y, como no podía ser de otra manera, Purahéi Soul, que ese día presentará como primicia el himno de nuestro aniversario. Ha sido un privilegio que aceptaran nuestra propuesta para componer algo tan significativo para nosotros”, devela.
Pero este encuentro es solo el comienzo, pues luego se vendrán grandes exposiciones en colaboración con la Fundación Miró, PHotoESPAÑA, las residencias artísticas de Cartografías Líquidas, además del retorno de grandes artistas que ya pasaron por Paraguay y han querido volver, como el pianista español de jazz Chano Domínguez. Este año el Salazar será parte del I Festival de Cine Iberoamericano, en el que han trabajado con otras embajadas en el país.

La programación habitual también continuará, ya que vuelven Salazarcitos, el Ciclo de Cine Europeo, el Festival de Cine Lesbigaytrans, ASUFICC, Crear en libertad, Aires de España, Los museos se muestran, Inspiradoras y mucho más.
Para finales de este año compartirán con toda la ciudad el proceso de investigación de su archivo histórico, que saldrá en forma de gran exposición.
El Juande festeja toda la experiencia acumulada, el camino recorrido, el intercambio constante y profundo entre la institución y la ciudadanía. Pero estos 50 años no son únicamente una trayectoria institucional, sino un proceso compartido con artistas, público, gestores y comunidades. En palabras de la directora: “Celebramos la cultura como un todo interrelacionado, una serie de prácticas colectivas, como un potente motor de transformación”.
“Quedan muchas historias por narrar”, reconoce. Cuando le preguntamos por el futuro, no dudó: “Queremos seguir siendo el lugar donde la cultura une y proyecta un futuro, ese espacio singular donde desarrollamos propuestas singulares, con lo más importante: personas singulares. Ser y seguir siendo esa casa de todos”.




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