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Hidrógeno verde

¿Energía renovable de Paraguay para el mundo?

Paraguay se posiciona en el mapa global de las energías renovables con ambiciosos proyectos como el hidrógeno verde. Esta iniciativa, impulsada por la transición energética mundial, promete desarrollo sostenible, pero también genera preguntas sobre su impacto real en el país. Exploramos las oportunidades, los desafíos y analizamos este camino con voces expertas.

La crisis climática hace mucho que ya no es un concepto abstracto y se convirtió en la realidad de nuestra vida. Los 30°C del invierno paraguayo, el verano con sensación térmica de 50°C y la seguidilla de inundaciones y sequías lo demuestran. Ni hablar de los incendios forestales, que cada año en la misma época —que curiosamente coincide con el momento ideal para el cultivo— dejan cada vez menos lugar a dudas.

Que la sintamos de esta manera, tan cercana, no es casualidad. Los países y regiones más vulnerables ante los fenómenos producidos por el cambio climático son los que menos contribuyeron a nivel histórico.

El combustible fósil tiene fecha de caducidad. Según aseguró el director del Centro de Investigación en Energía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Claudio Estrada Gasca, solo faltan 42 años para que se agoten las reservas de crudo existentes en el planeta, 65 para que suceda lo mismo con el gas natural y 150 para el carbón. Esta realidad puso sobre la mesa una cuestión muy clara: la necesidad de diversificar la producción de energía.

La descarbonización (el proceso de reducir o eliminar las emisiones de carbono) es crucial para mitigar el cambio climático y proteger el planeta. Implica transformar sistemas energéticos, industrias y estilos de vida para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles y adoptar alternativas más sostenibles.

En el mundo, este es un debate muy tratado. De hecho, Paraguay aprobó y ratificó el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático mediante la ley n.° 5681 en 2016. El compromiso, adoptado en 2015, establece un marco para la lucha global contra este fenómeno, incluyendo objetivos de reducción de emisiones, promoción de energías

limpias y fomento de la resiliencia climatológica, con la finalidad de atraer inversiones sostenibles y generar empleo ecoamigable en el país. Así llegamos al hidrógeno verde, una de las alternativas sostenibles. En esta nota analizamos la iniciativa como enfoque en la lucha contra esta crisis en el marco de la justicia energética.

For export

Lo primero que debemos considerar es que nuestro país es un referente en cuanto a energía renovable. Tenemos nada más y nada menos que la mayor hidroeléctrica del mundo en generación de electricidad y la segunda en términos de potencia instalada.

Itaipú posee 14.000 MW de potencia instalada y 20 unidades generadoras de 700 MW cada una, y ha producido más de 2,7 millones de GWh. No es la única: una sumatoria rápida arroja que dicha hidroeléctrica genera 7000 MW, mientras que Acaray 200 MW, y Yacyretá, 1600 MW. Como resultado, Paraguay produce 8800 MW al año.

Aerial view of the Itaipu Hydroelectric Dam on the Parana River.

Y acá llega el pero: el suministro durante el ejercicio 2021, según la memoria de la hidroeléctrica, fue de 65.996 GWh. De este total, 15.799 GWh se destinaron a la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), lo cual atiende al 85,5 % del mercado local. En 2024, la producción de energía de Itaipú fue de 67.089 GWh. Suministraron a la ANDE 20.383 GWh para cubrir el 77,9 % de la demanda en Paraguay.

Hasta acá solo son un montón de cifras confusas que mucho no se entienden y nadie las explica. Pero un cálculo rápido nos permite notar que en 2021, 18,48 GWh era el 100 % de la demanda local. Para el 2024 esa cifra ascendió a 26,166 GWh. Es decir, en solo tres años la necesidad energética de Paraguay ascendió más del 40 %.

Esto nos da una pauta muy clara: lo que parecía un recurso ilimitado ya no lo es. Justo en esa cantidad de años podemos ubicar el auge de la instalación de empresas de criptominería, data centers, plantas de generación de biomasa y de hidrógeno verde. Todos capitales extranjeros.

Ya estamos exportando energía, solo que no es de común conocimiento.

¿Qué es el hidrógeno verde?

El hidrógeno es la molécula más ligera y pequeña de toda la tabla periódica, y el elemento más abundante en el universo. Es un “portador de energía”, un vector que permite el almacenamiento y transporte energético. Pero, para generarse, primero necesita separarse de los otros elementos, porque generalmente se encuentra unido a otros como en el caso del agua, el carbono y los hidrocarburos.

Para esta separación, es necesaria una gran cantidad de energía. Guillermo Achucarro (2022) afirma en el texto El hidrógeno verde: sus verdades y sus grandes mentiras que dicho elemento no emite gases de efecto invernadero en su uso, pero sí en el proceso de generación. Es decir: es tan limpio como el método que se use para obtenerlo.

H-verde

El desarrollo del hidrógeno verde en el país debe entenderse en una coyuntura energética específica. Según Achucarro, ingeniero ambiental y máster en Hidrología, es crucial enfocarnos “como territorio mediterráneo en nuestro contexto energético y climático”, lo que implica analizar “dónde están las renovables hoy en el contexto que nos dice que se nos acaba el ‘accidente energético’ de acá a 5 u 8 años”. Achucarro señala que “pensar en hidrógeno verde, fotovoltaicas, eólicas o eucaliptos es pensar en que se está acabando [Itaipú] y tiene fecha de caducidad”.

Guillermo Achucarro, ingeniero ambiental y máster en Hidrología.

La llegada de este vector energético al país responde a dinámicas globales. Achucarro explica que “tiene mucho que ver también con que el mundo entero, el norte global, está iniciando su transición energética”. En particular, “Europa está en un intento de descarbonizarse y necesitan otro tipo de fuentes, pero no tienen los recursos necesarios ni la electricidad barata que hay acá”.

Esto hace que “manden sus multinacionales a lugares como Paraguay, donde la energía es barata para las empresas y, dentro de todo, hay agua”. Esto sin mencionar la baja carga impositiva. El investigador describe al país como un “formato de lugar paradisiaco que lo hace muy llamativo para las grandes empresas”, donde el hidrógeno verde “empieza a jugar el partido” junto a otros grandes consumidores de energía.

Respecto a los actores involucrados, Achucarro identifica que “en Paraguay, son dos las principales empresas de hidrógeno verde que ya tienen contrato: Atome Energy y NeoGreen”, y el compromiso es hasta 2027. Sin embargo, el panorama presenta incertidumbres: “Las instalaciones todavía no se terminaron, ni siquiera empezaron. Pero ya se sabe quiénes son, dónde y cuáles van a ser sus principales productos”. Achucarro plantea dudas sobre la viabilidad del modelo.

Sobre los posibles impactos, el investigador advierte que la habilitación de estos proyectos significa que “la energía disponible para la gente normal es cada vez menor, lo que incrementará el costo y puede llegar a subir la tarifa”. En lo ambiental, señala que “hay pocos ejemplos en el mundo que realmente funcionen y transporten la energía de un lugar a otro”, lo que “nos da una pauta de que esto es un experimento también”.

Respecto al modelo de desarrollo, Achucarro cuestiona el discurso predominante: “Algo que me pasa mucho hablando con colegas es que dicen: ‘No, pero va a generar fuentes de trabajo’. ¿Cuántas? Punto”. El investigador argumenta que “si te ponés a mirar el gran esquema de injusticia detrás de eso, te das cuenta de que en realidad es una migaja lo que se queda en términos de valor agregado en nuestro país”.

Finalmente, Achucarro aborda la cuestión de la información disponible: “En términos generales, sí hay una grandísima deficiencia de datos”. Aunque reconoce que “está mejorando la situación”, afirma que “si es la ideal, ni cerca”, lo que dificulta un análisis completo y transparente del desarrollo del hidrógeno verde en el país.

“Es la nueva lógica colonial del funcionamiento del mundo, donde Paraguay sigue exportando materia prima como siempre a países del norte para que ellos realicen su transición”, afirma con contundencia.

El problema de la tierra

Sobre el copamiento territorial, Achucarro señala que a nivel global “el tema del territorio se vuelve central en cualquier fuente renovable o vector energético como el hidrógeno”, un fenómeno denominado “acaparamiento de tierra verde: monopolizar con fines ambientales para producir energía renovable”. Sin embargo, al analizar el caso específico del hidrógeno verde en Paraguay, el investigador aclara que no se necesitan tantas parcelas. Lo que hace falta son tecnología, agua y electricidad.

No obstante, para Achucarro esta situación “es una invitación a establecer el nexo entre tierra y energías renovables, algo muy poco discutido acá”, ya que “la relación es más directa en otros mercados, como los créditos de carbono y las plantaciones forestales, que son nuevos mecanismos de apropiación”.

Justicia energética

Entonces, ¿por qué considera que es importante que hablemos de estos temas, que nos cuestionemos qué es la justicia energética? “Todos y todas queremos vivir en un mundo más justo. Paraguay tiene demasiadas condiciones naturales que podrían permitir una mejor sociedad. La energía es un elemento clave para eso, para crear la realidad que nos merecemos”, analiza Achucarro. Y continúa: “La forma en la cual hoy está es direccionada y utilizada la energía es justamente en sentido completamente contrario. Causa más injusticia social, ambiental, energética y tremenda desigualdad”.

“La energía puede ser la gran llave para la victoria, pero se está convirtiendo en un ancla para el atraso. Está generando el efecto inverso. Por eso creo que Paraguay es un país muy ‘mágico’ en términos energéticos, nadie entiende de dónde salió ese caudal tan loco del río Paraná”, finaliza.

“La energía puede ser la gran llave para la victoria, pero se está convirtiendo en un ancla para el atraso”

Guillermo Achucarro, ingeniero ambiental y máster en Hidrología.

Tomar conciencia es muy necesario, pero más allá de eso, es clave tomar medidas. Y no hablamos de duchas más cortas, elegir la bici o no usar desodorantes de aerosol. Se trata de poner en cuestión los modelos de producción y, en este caso, la matriz energética con una mirada sostenible para el medioambiente y las comunidades.

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