Otra perspectiva de la domesticidad y la rutina
Lo visual siempre le atrajo. Su mirada se entrenó desde pequeña, pero fue a través del diseño gráfico que conectó con el arte. En la facultad, recuerda, sintió fascinación por la historia y alimentó la curiosidad latente de un alma inquieta que todavía no había encontrado la manera de expresarse genuinamente. Hoy, Carolina Vinader estrena su primera muestra individual en Fuga Centro, una colección de imágenes y objetos que exploran la mirada auténtica de una mujer profundamente sensible a su derredor.
Por Patricia Luján Arévalos. Fotografía: Fernando Franceschelli
Carolina es diseñadora gráfica de oficio y esa carrera la mantuvo vinculada al mundo visual que tanto le fascinó desde siempre. “A través de distintos proyectos desarrollé mi estilo y, con el tiempo, eso derivó en la necesidad de crear mis propias imágenes y empezar a explorar más con el dibujo”, recuerda hoy, a las puertas de la primera exposición personal que presentará su cuerpo de trabajo al mundo.
“El diseño gráfico fue el principio de todo. Es una base muy importante en mi formación como artista porque me dio muchas herramientas que hoy forman parte de mi estilo y de mi forma de trabajar con la imagen”, menciona. A través de eso también se manifestaron sus pulsiones creativas más básicas: “Apareció con más fuerza mi interés por dibujar y pintar, y poco a poco eso fue derivando en una práctica personal. Hoy el diseño pasó a un segundo plano para dar lugar a mi visión artística, pero sigue siendo el cimiento de mi proceso creativo”.

Reminiscencias naif
La observación es la base de su trabajo y eso resulta en que algunas de sus obras se configuren como cápsulas de una intersección distante de tiempo y espacio o en sensaciones que no están salpicadas por la urgencia del presente. Aunque afirma que no fue su intención al comienzo, sí reconoce su forma de mirar las cosas e identifica “hacia dónde va” su interés. “Muchas veces me atraen escenas, objetos o momentos que tienen cierta quietud y, al desarrollarlas, algunas piezas terminan teniendo un aire de nostalgia. No es algo que busque deliberadamente, sino más bien el resultado de querer representar algo visual que me conmueve”, reflexiona.
Su obra tiene, definitivamente, elementos que recuerdan al estilo naif en la manera de representar escenas y objetos, pero no se queda ahí: “Mi lenguaje se desarrolló de manera bastante autodidacta. No vengo de una formación académica en dibujo o pintura, sino de una práctica personal que fui construyendo con el tiempo. Me interesan las cuestiones de la vida cotidiana, dentro de un lenguaje figurativo en que el color, la composición y la observación tienen roles muy importantes”.

La práctica constante es la clave detrás de un lenguaje consistente, que podemos ver tanto en sus ilustraciones botánicas como en su cerámica, una expresión que sumó a su repertorio más recientemente, pero que se siente como una evolución natural de sus inquietudes creativas. “Empecé dibujando escenas y objetos que encontraba en mi entorno, y poco a poco descubrí qué recursos visuales me interesaban más, como el uso del color, la reinterpretación de las formas y la composición”, acota.
Más que buscar un estilo de manera consciente y permanente, “fue algo que se fue formando a través del trabajo y la experimentación, y que también sigue en constante cambio. Sentarme a dibujar y experimentar con los materiales siempre es un momento de descubrimiento”.

Prácticas y ensayos con distintos materiales le permitieron entender mejor la manera en que quiere transmitir sus ideas y sentimientos, y siente una gran debilidad por todo tipo de insumo artístico. Sin embargo, reconoce que su primer y gran amor siempre serán los lápices de papel y de colores (“trabajaría solo con lápices si no hicieran doler tanto los dedos”). En segundo lugar está el gouache (témpera, como le decimos por estas latitudes). “Amo su opacidad y sus colores vibrantes”, explica, antes de mencionar al óleo: “Es una maravilla. Cuando empecé a usarlo entendí por qué es uno de los medios por excelencia de la pintura. Cuando voy a empezar una obra muchas veces me cuesta decidir con qué medio trabajar, porque me imagino la misma imagen en distintas versiones y cada una tiene algo que me gusta”.

El arte de observar
Curiosamente, casi nunca sale con insumos en el bolso; y si va de viaje, lleva solo lápiz y cuaderno porque cuando está afuera lo que más le gusta es enfocarse en observar y registrar lo que llama su atención, que después lo transforma en imágenes. “Generalmente trabajo con bocetos y fotografías. Como mi obra parte de la observación, suelo crear con esos registros visuales. Los colores y las formas nacen de mi propia interpretación”, agrega. La cuestión es que no intenta reproducir una escena tal cual, levantada de la realidad, sino digerirla y retransmitirla con su mirada.
También es por eso que no se esfuerza por seguir una línea específica en sus trabajos, sino más bien por conectar las piezas a través de la observación y la técnica. Con el tiempo esos elementos se repiten y terminan por construir un hilo conductor, que se hace palpable en sus redes sociales (@carolinavinader en Instagram) y su nueva exposición, disponible desde este fin de semana en Fuga Centro.

El trabajo del artista puede ser solitario, pero la soledad en sí misma suele representar una oportunidad para mirar. En el caso de Carolina, ambas cosas van muy ligadas: “Mi práctica es bastante solitaria porque es algo que necesito para crear: la calma, el silencio y la tranquilidad. Y la observación es el comienzo de casi todas mis obras: salir, recorrer, caminar y registrar lo que sucede a mi alrededor. Mi creatividad nace de esos pequeños momentos de atención a lo cotidiano”.

Un nuevo medio de expresión
La cerámica se volvió uno de sus intereses más fuertes: “Hace tiempo me llamaba la atención como objeto de arte. Mi primer acercamiento fue en un taller con Leila Buffa, y fue como si se abriera un nuevo portal de infinitas posibilidades para crear. Me pareció increíble la oportunidad de pasar mis dibujos al plano tridimensional”.
“Luego de unos años hice un workshop con Adri Peralta. Allí exploré más de cerca la cerámica desde la ilustración. Con lo que aprendí, ahora desarrollo mis piezas en mi estudio, donde experimento con el modelado y los esmaltes”, cuenta y reafirma la admiración que siente por sus maestras y el agradecimiento por lo aprendido.
Cada pieza de cerámica parece sacada de uno de sus cuadros. “Eso fue lo que más me sorprendió al ver el resultado de mis piezas”, dice Carolina; “lograr con el modelado esa similitud con mis dibujos fue increíble, y al principio no era algo que esperaba. Con el tiempo me di cuenta de que mi manera de dibujar también se trasladaba naturalmente a la cerámica”.

Viaje alrededor del día
Así se titula la muestra individual de Carolina Vinader; la primera de su carrera, pero definitivamente no la última. “Es la primera vez que voy a mostrar mis obras reunidas, algo que para mí también marca el cierre de una etapa y el comienzo de otra”, explica.
La colección reúne trabajos de varios años y propone un recorrido por su práctica más reciente; muestra la evolución de su lenguaje y los temas que la acompañan: “Son obras que nacen de la observación de escenas y elementos de mi vida cotidiana, cosas que encuentro en mi entorno y luego se transforman en imágenes u objetos”.

Viaje alrededor del día cuenta con el texto de sala de la también artista Sonia Cabrera, reconocida autora paraguaya que reside en Londres. “En este caso, la muestra no tuvo una curaduría en sí, porque reúne trabajos de distintos momentos de mi práctica. Fue muy especial ver cómo alguien desde afuera interpreta mi trabajo”, describe Carolina.
“El título tiene que ver con esa idea de recorrer el día a través de pequeños momentos: caminar, mirar, registrar. Son como miniviajes dentro de la rutina, escenas simples o elementos cotidianos que se vuelven el punto de partida para las obras”, agrega sobre la exhibición, que abrió el sábado 7 de marzo en la galería Fuga Centro (Mariscal López 892 casi Tacuary) y permanecerá abierta hasta el 30 de abril.





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