Perfil Pausa

Paty Latorre

Paty es artista y gestora cultural, reconocida en la escena musical por proyectos como Passiflorx, grupo con el que actúa desde 2019. El año pasado, la banda estuvo de gira por distintos puntos de Argentina y Uruguay.

Comenzó su trayectoria de niña, cuando cantaba en coros y, a la par, escribía. A los 16 se presentó en vivo en distintos bares con sus propias creaciones y con 19, le llegó la propuesta de ser parte del grupo experimental Midistroy, banda con la cual formó parte del lineup oficial del Asunciónico en 2018.

Dos palabras que te definan: Inquieta y comunitaria.
Libro que te marcó: Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés. 
Artista recomendada: Jazmín Esquivel, ¡su último disco está hermoso!
Hobbies: Cocina y jardinería.
Plato favorito: Chipa guasu.
Destino nacional favorito: Ybytyruzú.

¿Cómo conviven en tu día a día la artista que crea y la gestora que construye espacios?
Este año reflexioné mucho sobre la dualidad de hacer ambas cosas. Ser artista requiere espacios y lentitud, algo que muchas veces la gestión contradice, pero al mismo tiempo eso me inspira y amplía mis búsquedas. Hoy siento que mi próximo paso es darle más prioridad a esa creadora que necesita presencia y tiempo.

Te vemos muy cerca de los movimientos culturales alternativos. ¿Creés que el arte, especialmente la canción, es una herramienta de cambio para el Paraguay actual?
Si gestiono es porque creo profundamente en la capacidad que tiene una obra para transformar. El arte rompe prejuicios, genera empatía y revela verdades incómodas. 

¿Cuál considerás que es el desafío para construir una escena cultural independiente y sostenible?
El desafío más urgente es posicionar a la cultura como un derecho y como parte fundamental del bienestar colectivo. 

Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

¿Cómo dialogan en tu proceso creativo las influencias de la música popular paraguaya con otras búsquedas sonoras contemporáneas?
En la música siempre busqué hacer lo que realmente sentía, y cuando esos ritmos empezaron a aparecer en mis canciones de rock o indie, los acepté y los exploré junto a personas que pudieron acompañar ese proceso.

¿Podrías compartir una experiencia que haya reafirmado por qué hacés lo que hacés?
Todo cobra sentido en el momento que una obra o gestión se socializa y la gente empieza a hacer de esa propuesta una experiencia propia.

Si tuvieras que definir el latido que impulsa tu música, ¿cuál sería?
Busco disfrutar del proceso y no cargarle de mandatos capitalistas innecesarios a algo que siempre hice por gusto.

¿Cuál considerás que es el desafío para construir una escena cultural independiente y sostenible?
El desafío más urgente es posicionar a la cultura como un derecho y como parte fundamental del bienestar colectivo. En Paraguay, dedicarse al arte sigue siendo un privilegio, y la inversión estatal en educación y cultura es mínima. Si bien la autogestión y el intercambio de herramientas nos fortalecen, hay cambios estructurales que solo pueden darse a través de políticas públicas sostenidas.

El espacio público, tanto físico como simbólico, es disputado. ¿Qué experiencias o anécdotas, tal vez de tus eventos o gestiones, te mostraron la importancia de ocupar esos sitios con arte y comunidad?
Primero, como cualquier artista y gestor under de los últimos años, creo que todos fuimos a la gran escuela de La Chispa. Ahí vi por primera vez a personas como yo que ocupaban escenarios, se expresaban, aprendían lo técnico y construían comunidad. Ese empoderamiento fue perseguido, pero resiste y va a seguir resistiendo.

Espacios así apostaron por artistas cuando nadie más lo hacía, les dieron escenarios frente a cientos de personas y asumieron riesgos reales. En Paraguay nadie hace ese trabajo por vos: la inversión que requiere sostener un proyecto de calidad es un privilegio al que no todos acceden, y muchas veces recién se reconoce cuando el camino ya se hizo. Experimentar y vincularse con el arte no debería ser una suerte. 

En 2024, con Passiflorx, abrimos un show de Barbi Recanati en Buenos Aires frente a 2000 personas. Estuvimos ahí solo dos noches; en la segunda (también la más fría del año) salimos a caminar y entramos por casualidad a un pequeño centro cultural donde nos reconocieron, no por ese concierto, sino porque nos vieron tocar meses antes en La Chispa. Ese cruce resume para mí la verdadera dimensión de los espacios autogestivos y públicos.

Imaginate que tu próxima canción fuera escuchada por toda una generación de jóvenes paraguayos. ¿Qué mensaje, sensación o pregunta te gustaría que les quedara resonando?
Passiflorx está ahora grabando su segundo disco. En él, hay una canción que dice:
“Cuando llegue el tsunami a limpiar,
limpiar la tierra de todo este mal,
¿qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer?
No hay dinero que pueda,
es solo papel”.

¿En qué momento te tomás una pausa? ¿Qué hacés para desconectarte?
Para mí, la jardinería y cocinar un buen guiso son pausas que amo tomar.

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