Nota de tapa

Mujeres que investigan

Construyendo ciencia desde Paraguay

En el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, esta edición especial reúne las voces de cinco científicas y divulgadoras para repensar qué significa hacer ciencia en Paraguay hoy y por qué el conocimiento, cuando se construye colectivamente y con perspectiva de género, se convierte en un bien común.

Por Nadia Gómez. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Producción: Sandra Flecha. Asistentes de producción: Anabel Artaza y Pamela Pistilli. Maquillaje: Anabel Artaza. Fotografía: Javier Valdez.
Prendas: Mango y Unicentro. Agradecimientos: David Argüello y Carmen Castillo.

Cinco paraguayas abren las puertas de sus trayectorias para mostrarnos cómo se genera conocimiento en un país donde investigar también es un acto de compromiso. Son científicas, sociólogas, investigadoras, docentes, gestoras y fundadoras de espacios de pensamiento. Pero, sobre todo, son mujeres que han hecho de la curiosidad, la memoria y la pregunta constante formas de habitar el mundo.

En Iberoamérica, cuatro de cada 10 personas dedicadas a la investigación son mujeres, según el Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad, de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). En Paraguay, esa proporción asciende al 52 % del total. Sin embargo, los números no alcanzan para contar las tensiones ni los desafíos de producir ciencia desde el Sur, como mujer y, muchas veces, desde una perspectiva feminista.

Las diferencias entre las ciencias sociales y las naturales se diluyen cuando aparece un punto común: la apuesta por generar conocimiento situado, crítico y comprometido con la sociedad. Investigar, para ellas, no es solo una carrera académica; es también una forma de intervenir en la realidad.

Sin perspectiva de género no hay ciencia social completa
MYRIAN GONZÁLEZ VERA

Para Myrian, el motor fundamental de su carrera y de su vida es la curiosidad. Fue el impulso inicial que la llevó a buscar incansablemente conocimiento sobre el mundo y a encontrar su lugar en la investigación social. “De niña era muy curiosa, empecé a leer a los 3 o 4 años, libros prohibidos que mi papá traía a casa”, comenta. Ella valora esa característica porque le dio la libertad de buscar y aprender sin las restricciones de una estructura rígida. Comenta que, a diferencia de un trabajo periodístico, su carrera le ha permitido explorar sus propios intereses y preguntas.

Myrian González Vera es investigadora social y actual directora ejecutiva del Centro de Documentación y Estudios (CDE), institución en la que trabaja desde hace casi 40 años. Es comunicadora social, con estudios de posgrado en derechos de las mujeres, igualdad de género y políticas públicas, y maestranda en Antropología Social. Pero su trayectoria, explica, no puede entenderse solo desde los títulos. “Toda mi formación profesional y académica la hice gracias a las personas que integran el CDE”, afirma. En los años en que comenzó, recuerda, las organizaciones no gubernamentales funcionaban como verdaderos espacios académicos en Paraguay.

“Las luchas contra la dictadura iban de la mano con la lucha por la igualdad de derechos para las mujeres”

Mirian González Vera, investigadora social y directora ejecutiva del Centro de Documentación y Estudios (CDE).

Su camino en la investigación social nació al calor de la militancia. A los 14 años comenzó a participar en grupos juveniles vinculados a la Iglesia que, en plena dictadura estronista, eran de los pocos espacios donde podía ejercerse cierta libertad. Más tarde, ya en la universidad, integró la Federación de Estudiantes del Paraguay (FEP). “Las luchas contra la dictadura iban de la mano con la lucha por la igualdad de derechos para las mujeres”, señala.

Su curiosidad no fue solo académica, sino que estuvo intrínsecamente ligada a su activismo contra el régimen. En ese contexto, la necesidad de comprender el mundo (la política, la economía y la participación social) convirtió la lectura de libros difíciles y a la búsqueda de conocimiento en «armas» para la lucha social. “La información era nuestra aliada. Así fui especializándome. Tuve la suerte de estudiar posgrado en investigación sobre las dictaduras del Cono Sur, y a partir de ahí pude ir entrelazando eso con el tema de las luchas de las mujeres”, explica.

Myrian González Vera.

Entre finales de los 70 y 80, mientras en América Latina se expandían los movimientos feministas bajo la consigna de “democracia en la casa y en la calle”, Myrian formaba parte de esa doble disputa: por el fin del autoritarismo y la ampliación de derechos para las mujeres. “Mi ingreso al mundo de las organizaciones sociales, como el CDE, hizo que tuviera de maestra a Line Bareiro, reconocida politóloga a nivel regional. Es una formadora de formadoras”, comenta.

Para Myrian, adoptar una perspectiva de género transforma radicalmente la investigación social. “Si no tenés esa mirada, no notás cosas que están frente a vos”, explica. Desde las escenas cotidianas —niñas y niños saliendo de la escuela— hasta el análisis de la organización familiar y las políticas públicas, permite identificar roles, desigualdades y jerarquías que de otro modo permanecerían naturalizados. “Cualquier conocimiento producido en las ciencias sociales queda incompleto si no incorpora la perspectiva de género”, sostiene.

Desde su juventud y su lucha contra la dictadura estronista, Mirian entendió que el avance hacia la democracia en Paraguay debía ir de la mano con la lucha por la igualdad de las mujeres.

Myrian González Vera reflexiona sobre un hecho ineludible: no es posible pensar en una sociedad democrática sin el aporte de las ciencias sociales, que analizan las disparidades sociales.

Entre nombres científicos y saberes populares
ROSA DEGEN DE ARRÚA

Al reflexionar sobre qué fue lo que la motivó a transitar el camino de la ciencia, Rosa primero comenta que, a raíz de la invitación a formar parte de esta edición, quiso motivar con sus palabras a otras mujeres. A lo largo de la entrevista, se hizo bastante obvio que su mirada y su prolífica y apasionante carrera hablan por sí solas como un, quizás, faro para futuros investigadores y científicos.

Rosa Degen es química farmacéutica, pero con el tiempo se especializó en taxonomía botánica, y ese conocimiento la dirigió hacia el estudio de vegetación medicinal. “Mi trabajo en general es sobre las plantas y todo lo vinculado con las mismas: etnobotánica, farmacobotánica, etc. Recabo información autóctona”, explica.

Su acercamiento fue a través de la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ) de la Universidad Nacional de Asunción. En ese entonces trabajaba ahí como jefa de Trabajos Prácticos. “Me acerqué al departamento de Botánica, que estaba dirigido y formado por mujeres. La doctora Isabel Basualdo era la jefa y me dijo: ‘Rosa, para completar tu hora vení acá, para que vayas aprendiendo y enseñando otras cosas, no solo lo que dicen los libros de texto’”, explica.

“Hoy las investigadoras somos más del 50 %. Tenemos que ir liderando espacios. Esa capacidad siempre estuvo ahí; yo tuve una mujer líder y me encantó”

Rosa Degen de Arrúa, docente investigadora, química farmacéutica y presidenta electa de la Academia de Ciencias Farmacéuticas del Paraguay (ACFP).

El herbario la sorprendió. Con solo 22 años, Rosa se sintió inmediatamente atraída a ese nuevo mundo. Posterior a esto, Basualdo la invitó a un viaje de campo, en 1985 aproximadamente, a la reserva de Tati Yupí, en el departamento de Alto Paraná. “Me gustó eso. Mirar las plantas, saber que tenían su nombre científico, su denominación común, que se usaban como medicina”, agrega. Su curiosidad e instinto de innovación fueron su principal empuje, además de haber crecido bajo un liderazgo femenino, que le dio la libertad de desarrollar sus intereses en términos de investigación.

Uno de sus aportes más reconocidos es sobre las plantas medicinales. Se aboca a recabar información sobre lo que se consume y para qué afección se usa. “Hacemos ejemplares que entran al herbario de la FCQ y buscamos la identificación taxonómica. Es entonces cuando entendemos que a veces, con un nombre común, se abren dos o tres especies de familias diferentes, químicamente distintas. Lo que hacemos, que es lo que siempre he trabajado, es validar esa información popular”, explica. El ejemplar funciona como una “cédula de identidad” de la planta.

Rosa Degen de Arrúa.

Al validar estos conocimientos, se busca que la ciudadanía tenga acceso a información sobre qué especies son realmente efectivas, pero evitando que abandonen tratamientos críticos (como los de la diabetes o hipertensión) por el consumo de plantas sin una guía de dosificación adecuada.

Rosa tiene en su haber científico el descubrimiento de tres especies nuevas para la ciencia, las cuales pertenecen a las siguientes denominaciones botánicas: dos de la familia Boraginaceae, conocida comúnmente como los nomeolvides; y una de Convolvulaceae: las campanillas. Actualmente trabaja con la catuaba, desde una investigación apoyada por la Conacyt, la Fundación Moisés Bertoni y la FCQ.

Rosa considera que estos descubrimientos son sus aportes más significativos a la ciencia y al Paraguay. Destaca que el país aún posee muchas especies nuevas por descubrir debido a la necesidad de profundizar en los estudios de la flora nacional. Sobre el contexto de las mujeres en el campo de las ciencias y la investigación, afirma que los lugares de liderazgo deben ser ocupados por las mismas. “Hoy las investigadoras somos más del 50 %. Tenemos que ir liderando espacios. Esa capacidad siempre estuvo ahí; yo tuve una mujer líder y me encantó”, agrega.

Hacer hablar al dato: Sociología, memoria y creación
PAOLA FERRARO

Paola, todavía en el colegio, se perfilaba para estudiar la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Hasta que un día le tocó participar de un trabajo sobre la línea de memoria histórica enfocada en el estronismo. “Fue la primera vez que me encontré con ese ejercicio de enhebrar la teoría con el dato, de unir ciertas corrientes de pensamiento con los estudios que recababa en campo; y ese ejercicio fue lo que me convenció de estudiar Sociología: entender que la información no habla por sí sola, que uno le hace hablar en su ejercicio interpretativo”, señala.

Socióloga, docente, investigadora, artista y gestora cultural, Paola Ferraro construye su trabajo en el cruce entre las ciencias sociales y los procesos culturales. Formada en Sociología en la Universidad Nacional de Asunción, con una maestría por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Paraguay y otra en el campo de las artes escénicas por la Universidad Federal de Bahía, hoy combina la docencia universitaria, orientada a las ciencias sociales, con tareas de gestión en el Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos (CPES). Allí integra el consejo de la Revista Paraguaya de Sociología —vigente desde 1964 y reactivada en 2022 tras la pausa pandémica— y participa en la revitalización cultural del espacio.

“Nosotros mismos, como sujetos que cuentan el mundo, somos archivo y registro
de un tiempo”

Paola Ferraro, socióloga, docente, investigadora, artista y gestora cultural.

Una fascinación por la historia oral y por las voces concretas marcó su trayectoria y sus intereses investigativos y artísticos. Para Ferraro, ser socióloga en Paraguay implica asumir que no existe una única forma legítima de hacer ciencia social. Además de la carrera científica formal, están la docencia, la consultoría y la difusión. Su propio recorrido la llevó a investigar sindicalismo, democracia y políticas públicas, y a explorar los procesos culturales y la producción artística. Ese tránsito no estuvo exento de tensiones: recuerda que algunos colegas consideraban esos temas como “menores” en la sociología. Esa jerarquización, señala, también atraviesa los estudios de género y revela resistencias persistentes incluso en ámbitos progresistas.+

Paola Ferraro.

Su inquietud y su trabajo lo materializa en su proyecto Acción.Archivo.Memoria, que coordina en el CPES y funciona como una plataforma que busca dinamizar el acervo histórico de las ciencias sociales para que dialogue con la sociedad. “Nosotros mismos, como sujetos que cuentan el mundo, somos archivo y registro de un tiempo. Eso siempre me fascinó”, agrega. La “acción” del proyecto consiste en abrir puentes entre generaciones: hacer dialogar las voces del siglo XX con las cuestiones contemporáneas y reactivar la memoria habitando el espacio físico que albergó procesos clave de institucionalización de las ciencias sociales en el país, como lo es el CPES. Fotografías, casetes, documentos y relatos orales se convierten así en disparadores de nuevas preguntas, no solo para sociólogas y sociólogos, sino también para arquitectos, artistas y activistas.

Actualmente, Paola reconoce que investiga e indaga principalmente en aquello que la atraviesa y los temas en los que está situada, para devolver ese conocimiento a su comunidad, con la visión de que el resultado final debe ser un bien común accesible para toda la ciudadanía. El desafío está en construir puentes entre quienes producen saber y quienes lo difunden, siempre conscientes de que el hecho de socializar la ciencia también es un trabajo.

Ciencia con mirada social
ANTONIETA ROJAS DE ARIAS

La infancia de Antonieta transcurrió cerca del mar; ella creció en Venezuela, pero es paraguaya naturalizada hace ya 40 años. De pequeña, coleccionaba insectos y cangrejos. La curiosidad fue el pulso que la guió desde muy joven y lo que la llevó a querer estudiar Medicina. Pero sucedieron cosas: la facultad no abrió ese año, entonces concilió sus deseos y entró a la carrera de Biología. “En ese momento sentí que me atrapó la ciencia”, explica.

Pasó como algo accidental, pero más adelante en su formación académica esa niña que amaba y coleccionaba insectos se manifestó de nuevo cuando, al terminar la carrera, decidió investigar a las moscas; también, más adelante, en la elección de su especialidad, que es la entomología, rama de la zoología dedicada al análisis científico de los insectos y su relación con el medioambiente. “Luego, el doctorado en Zoología Aplicada me llevó a estudiar enfermedades transmitidas por vectores —organismos vivos, principalmente insectos—. O sea, tuve esa tendencia siempre”, agrega.

“Busco innovar en el área social con elementos que ayuden al control de
estos males”

Antonieta Rojas, bióloga, investigadora y educadora, fundadora del Centro para el Desarrollo de Investigación Científica (Cedic).

Antonieta honró la curiosidad de su infancia al convertirse en una reconocida bióloga, una prolífica investigadora científica y parte del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en el nivel III; además, es fundadora del Centro para el Desarrollo de Investigación Científica (Cedic), que ya tiene 18 años de existencia; y es, también, rectora de la Universidad Comunera.

Para ella es clarísimo, por más que posea una rica y diversa formación académica, que sus líneas de investigación siguen siendo las mismas (aunque maduraron con el tiempo), porque parte del trabajo que la hizo conocida en el campo científico tiene que ver con enfermedades desatendidas. Una de ellas es el mal de Chagas, conocido por transmitirse a través de la vinchuca en zonas rurales de América Latina.

Antonieta Rojas de Arias.

La ciencia y el quehacer científico, para Antonieta, tienen un elemento comunitario muy importante, como lo es su trabajo de investigación asociado a las enfermedades desatendidas. “Todas estas dolencias tienen un componente social que impacta sobre la vulnerabilidad de la población y muchas ocurren por la condición social del paciente. De ahí podemos decir que hubo un giro: no es solo hacer investigación básica; no hablamos solamente de los insectos o cómo se transmite, sino es hacerlo y tener una visión más holística de lo que es la enfermedad. Busco innovar en el área social con elementos que ayuden al control de estos males”, comenta.

Reconoce que en su camino como científica no encontró muchas barreras, pero que sin el apoyo incondicional de su familia la historia hubiese sido distinta. Entiende el esfuerzo doble que recae sobre las mujeres, al construir una carrera en la ciencia y también tener asignados los trabajos de cuidado. En Paraguay, la población de investigadoras es importante, pero Antonieta menciona un dato no menor: “En patentes a nivel mundial, solo el 16 % corresponde a inventoras. América Latina y el Caribe muestran potencial, con el 20,8 %, pero no hay paridad en ningún campo. Se estima que la igualdad de género en la zona llegaría alrededor de 2068”. Al respecto sostiene que las barreras son culturales, como el acceso a redes y a financiamiento.

Finalmente, la bióloga considera que la ciencia debe estar centrada en el ser humano, con un enfoque que no se limite a la investigación básica, sino aplicada, y a la innovación social, con un enfoque por sobre todo ético, de generación de evidencias para políticas públicas y prototipos que resuelvan problemas reales.

Ciencias sociales y feminismo como lugar en el mundo
MONTSERRAT FOIS

Montserrat describe su entorno de infancia como uno que fomentaba la mirada empática hacia la alteridad. Si bien no primaba una conversación en torno a la coyuntura política, sí se escuchaba música de protesta, trova latinoamericana. Los versos y las melodías de Mercedes Sosa, León Gieco y Teresa Parodi inundaban su hogar.

El ejercicio de la conciencia social vino de la mano de su madre: de condición trabajadora y soltera, siempre instaba a Montserrat a mirar al otro, las realidades ajenas, y reconocer sus propios privilegios frente a las carencias de los demás.

“Yo hago ciencias sociales porque mis compañeras me sostienen, y porque en esos espacios pensamos, crecemos, buscamos experiencias y oportunidades colectivas en un país donde el financiamiento al saber es sumamente escaso”

Montserrat Fois, politóloga y miembro de la Asociación de Investigadoras Paraguayas Feministas (AIPF).

Su madre depositó en ella una inquietud respecto a las estructuras y la desigualdad imperante en las que vivimos los seres humanos. “Eso me atravesó. Me pregunté qué podía hacer. Primero, fui a la carrera de Ciencias Políticas. Creía que de ahí podía partir para realizar cambios. Pero luego me incliné más hacia la investigación. Me parece que la academia y las universidades son lugares de resistencia”, explica. Todavía no existe aquí la especialidad que finalmente le dio las herramientas para mirar el mundo: la Antropología.

Montserrat hoy es politóloga, especialista en políticas públicas, máster en Antropología Social, candidata a doctora en Antropología Social y fundadora de la Asociación Paraguaya de Investigadoras Feministas (APIF). “Siempre digo que las ciencias sociales me ayudaron a significar mucho de mi historia; de verme en una estructura mucho más grande que mi situación individual, también como parte de procesos culturales. Creo que son una herramienta para entender mi lugar en el mundo. Pero no solo eso: te permiten ver las cosas más allá de una experiencia singular, en un contexto; y que las cosas no siempre son lo que aparentan”, agrega. El feminismo llegó poco después, para complementar su lente de cientista social con un marco de pensamiento crítico, posicionado y situado.

Mientras cursaba su maestría en Buenos Aires, irrumpió en la región el fenómeno y movimiento social Ni Una Menos, un punto de inflexión para los feminismos latinoamericanos, y también para la carrera de Montserrat. “Ahí realmente me visto completamente con la camiseta del feminismo vinculado a la ciencia, hago el match con las movilizaciones masivas y las universidades atravesadas por las discusiones del momento. Te interpelaba, te comprometía y te embebía”, explica.

El nacimiento de la APIF se dio en un contexto similar, pero de impacto mucho más local. En plena pandemia, 2021, en formato virtual, Montserrat y sus compañeras, preocupadas por la avanzada de sectores ultraconservadores en Paraguay, en el ámbito educativo principalmente, empezaron a reunirse a pensar un camino para afrontar esta situación. “Vimos la necesidad de construir un espacio de investigadoras, no solo en las ciencias sociales”, agrega.

En 2022, la APIF se constituyó formalmente, con un evento sumamente simbólico e histórico en la sede de la Sociedad Científica del Paraguay.

“Yo hago ciencias sociales porque mis compañeras me sostienen, y porque en esos espacios pensamos, crecemos, buscamos experiencias y oportunidades colectivas en un país donde el financiamiento al saber es sumamente escaso”, agrega, mientras reflexiona sobre su historia, como la primera universitaria de su familia nuclear. Desde este lugar entiende que para lograr todo esto no se puede depender de las posibilidades individuales. “Esa consciencia, esa vocación transformadora, me la permitió el feminismo”, concluye.

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