Nota de tapa

Diro Romero

El camino del artista

Desde un pequeño escenario en el barrio Jara de Asunción hasta una sala del Festival Internacional de Cine de Berlín, se puede trazar la línea de los sueños de un hombre que nació para el escenario y no se detuvo por el camino. Mientras se prepara para ir a Alemania al estreno de Narciso, su primer rol protagónico en la gran pantalla, Diro comparte con Pausa sus expectativas, sus deseos y, sobre todo, los pasos que dio hasta llegar a este punto: su consagración como la nueva cara del cine nacional.

Por Patricia Luján Arévalos. Dirección de arte y estilismo: Sandra Flecha. Directora de producción: Camila Riveros. Asistente de producción: Laura Ruiz Díaz. Fotografía y retoque digital: Amalia Rivas. Prendas y accesorios: Jack & Jones y Forever 21.

Llegás a tu casa. Es de noche. Estás cansado. Lo percibís en el cuerpo; en la mente también. Fue un largo día de casting. Audicionaste para un rol soñado, uno que podría traerte todo lo que siempre quisiste, aquello por lo que venís trabajando sostenidamente desde hace una década. Te sentís exhausto, pero no podés evitar sonreír porque también estás contento. Y aunque sos de aquellas personas que suelen medir sus expectativas, por un minuto te das permiso de experimentar esa sensación de optimismo, de hacerle caso a la posibilidad de que todo podría ir bien.

Sos Diro Romero. Tenés la oportunidad de trabajar con un director que admirás y ayudar a contar una historia que va más allá de un relato, un ejercicio de memoria en el séptimo arte. La película es Narciso. El escenario es la década de 1950 en un Paraguay que, sin saberlo, daba los primeros pasos de su capítulo más oscuro.

El guión está inspirado libremente en las investigaciones que realizó el escritor paraguayo Guido Rodríguez Alcalá para su novela del mismo nombre, inspirado en el asesinato del bailarín y locutor Bernardo Aranda. ¿Los hechos? Reales. ¿La película? Enteramente libre y ficcionalizada.

Fotografía y tratamiento de imagen: Amalia Rivas Bigordá.

Pausa. Retrocedamos un poco.

Nacido para entretener

Diego Diro Romero nació, creció, se educó y trabajó en Paraguay toda su vida. Es un producto de nuestra educación, nuestros recursos, nuestras expectativas y su propia pulsión creativa, el motor que lo mantuvo en marcha desde pequeño. De niño quería bailar. La danza siempre lo motivó y fue lo primero que le llevó al escenario, lugar del que, más adelante, no querría bajar. En séptimo grado actuó en una obra del colegio bajo la dirección de Mario Toñánez y, ahí, descubrió el teatro y el audiovisual.

Su interés no estaba en actuar. Todavía no. Esos años formativos fueron muy influenciados por el auge de la ficción nacional —cita a La Chuchi y González vs. Bonetti como grandes fuentes de inspiración— y se imaginaba detrás de cámaras, dirigiendo. En 2009 tuvo la chance de estudiar en el Taller Integral de Actuación de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori. La tomó porque quería acercarse a los directores, entender su trabajo, aprender de ellos.

Y, sin embargo, su objetivo nunca se cumplió. Una vez que conoció la actuación, no volvió a pensar en dirigir. Lo suyo se dio de manera orgánica, natural. Reconoció en sí mismo ese algo que siempre estuvo ahí, aun cuando no sabía ponerle nombre.

Fotografía y tratamiento de imagen: Amalia Rivas Bigordá.

El teatro se convirtió, rápidamente, en su espacio preferido, y su misión evolucionó hasta convertirse en un buen actor. Estudió el oficio metódicamente, se sumergió de lleno y entendió que él también podía ser parte de las historias que veía en la tele.

Diro no es cinéfilo, y lo dice sin miedo a los prejuicios que pueda haber a su alrededor. Claro que eso no significa que no ame ir al cine (acaba de ver Hamnet y confiesa que sintió cosas que ninguna película le había hecho sentir en mucho tiempo), sino que su interés está disperso en todo lo que le gusta: teatro, televisión, cine. Y locución.
Si bien la lista de obras que protagonizó es larga (como la exitosa Así de simple, 2025), hay dos puntos clave en su carrera que son como hitos, puntos de reconfirmación de su vocación y crecimiento profesional: Cine Splendid (2017) y Azul (2021).

En Cine Splendid le tocó trabajar con un elenco mixto de actores y directores paraguayos y brasileños para llevar al teatro uno de los muchos misteriosos crímenes ocurridos en los años 60, durante la dictadura de Alfredo Stroessner, catalogado en el Archivo del Terror. La tragedia involucra a dos pyrague extranjeros del régimen, el polaco Pedro Prokopchuk y el croata Batrick Kontik, dentro del complejo del cine Splendid, un lugar real que existió en Asunción.

Fotografía y tratamiento de imagen: Amalia Rivas Bigordá.

La obra conjugó elementos cinematográficos y lenguaje teatral para entregar al público una experiencia diferente e innovadora, una forma nueva de hacer teatro que todavía no estaba muy explorada en nuestro país.

La dictadura y el trabajo de memoria son temas recurrentes para él, que le interpelan, en los que indaga a través del arte. Narciso explora la sociedad paraguaya al momento del sonado asesinato de Bernardo Aranda y la persecución de 108 personas acusadas de ser homosexuales, tan temprano en lo que luego se convertiría en la dictadura más larga de Latinoamérica.

Narciso trae al presente hechos que marcaron la historia y sirven para chequear cómo estamos en la actualidad. ¿Hay paralelismos? ¿A dónde podemos llegar?”, se pregunta Diro. “Este no es un relato popular. Ocurrió hace muchos años y se quedó allá, en el tiempo. Mucha gente no conoce el trasfondo de lo que después se conoció con el número 108. Hay generaciones que nunca escucharon hablar del caso de Bernardo Aranda, como pasó con Cine Splendid”, explica el actor.

Fotografía y tratamiento de imagen: Amalia Rivas Bigordá.

Serendipia

Otro de sus sueños fue convertirse en locutor, y decidió estudiar formalmente locución, para cubrir todas las bases y prepararse para otras facetas de su carrera. Terminó sus estudios, y ser actor de voz es uno de los tantos sombreros que lleva.

Uno no puede evitar reír y mirar al cielo cuando los caminos del artista convergen en un punto decisivo, con una mezcla de incredulidad y maravilla. Cuando el casting para Narciso llegó, ni siquiera Diro lo podía creer: el perfil que buscaban era perfecto, ¡era él! Un varón adulto, bailarín y locutor. No lo sabía, pero cada paso que dio, cada vuelta con la que se encontró, lo trajo a este punto. Este es el lugar donde debió haber estado toda su vida y, por fin, llegó.

El proyecto de los cinco años

Los tiempos del cine son misteriosos. Un proyecto puede estar en desarrollo décadas, incluso, pero su vida en las salas dura solo algunas semanas o meses (los más afortunados). El público no se imagina la enorme gestión y fuerza de voluntad que empujan las ideas, especialmente en las industrias creativas.

Fotografía y tratamiento de imagen: Amalia Rivas Bigordá.

Diro cuenta que esta película ocupó cinco años de su vida, de manera intermitente. Todo empezó con el llamado de casting en 2021. Era la época de la pandemia y algunas cosas todavía se estaban acomodando, así que ni siquiera supo que obtuvo el papel hasta el 2022. Y, en ese momento, tampoco pudo hacer nada al respecto. Jurado al secreto por la producción, solo algunos amigos muy cercanos y familiares se enteraron de este hito que prometía cambiar su vida.

Entre la selección de los demás roles, la búsqueda de fondos, la preproducción y todo lo que conlleva un proyecto cinematográfico grande como este, pasaron otros años más antes de que empezara el rodaje. El anuncio del estreno de la película en la sección Panorama de la Berlinale llegó en enero de 2026 y él estuvo tan sorprendido como todos: “La noticia del estreno de Narciso en Berlín se dio en un momento de mi vida en que se están empezando a ordenar cosas. Pasé por muchos cambios personal y profesionalmente. Necesitaba algo así para recargar las ganas de seguir adelante”.

“Siempre tuve la convicción de que quería hacer esto, pero todos pasamos por altibajos, y aunque ya habíamos grabado la película, y sabía que esto iba a llegar, pasó el tiempo, y mi vida también”, reflexiona. El trabajo del actor se pausa el último día de rodaje, con su nombre en lo más alto de la página, y se retoma cuando toca promocionar el trabajo ya hecho. “Mientras, uno tiene que seguir con el siguiente proyecto, pero yo sabía que esto podía marcar un reinicio para mí”, agrega.

Fotografía y tratamiento de imagen: Amalia Rivas Bigordá.

Y no es para menos. La Berlinale es una plataforma enorme, es el lugar a donde llegan películas que se convierten en clásicos y genera oportunidades de crecimiento para todos los involucrados. Marcelo Martinessi ya tiene una reputación allí, donde Las herederas vio la luz por primera vez y donde su esperada segunda película promete impactar con una mirada disruptiva a la historia del país.

Aunque Diro Romero hace el reality check cada tanto y no permite a sus expectativas salirse de control, sí tiene deseos, manifestaciones de aquel niño que amaba bailar y el adolescente que descubrió el arte y el entretenimiento. Aunque esta nota se enfoca en él, no puede dejar de hablar de lo que el posible éxito de Narciso significaría para la industria audiovisual paraguaya; específicamente, para los actores que, como alguna vez le tocó a él, siguen estudiando y creando y soñando con un futuro mejor.

Sus aspiraciones son personales, por supuesto, pero también tienen una dimensión comunitaria. “El éxito de uno es el éxito de todos. Cuando uno logra avanzar en la industria, también ayuda a la industria a crecer”, reflexiona.

Él también fue ese estudiante de actuación deslumbrado por el nombre de algún gran actor. Él también fue ese al que sus amigos fueron a apoyar como público de alguna obra de fin de curso —aunque odia que le “apoyen”, él quiere que vayas a verlo porque te gusta su trabajo—. Él también fue el chico que acudió a un casting con la esperanza de cambiar su vida. Este martes, el mundo lo va a conocer como lo conocemos nosotros, como el talento que no hace más que crecer.

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