Nota de tapa

Habitar contemporáneo

Nueva vida para las construcciones antiguas

¿Qué sucede cuando un edificio antiguo, en vez de ser ignorado o demolido, recibe la oportunidad de volver a albergar vida? Esta residencia convertida en oficina es el ejemplo perfecto de cómo recuperar un espacio con historia respetando su identidad. Conversamos con los arquitectos responsables de la restauración para comprender las claves del éxito de este proyecto.

Por Patricia Luján Arévalos. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Asistente de producción: Cecilia Páez. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

El centro de Asunción es, a la vez, parecido al de otras capitales de la región e igual a ninguno. Un distintivo es la concentración del capital patrimonial arquitectónico, traducido en edificios cuyas historias arrancaron a finales de 1800. Y aunque algunos proyectos emblemáticos ya no existen, muchos perduran a pesar del paso del tiempo.

Las condiciones de su supervivencia son igualmente únicas: una combinación de fuerza de voluntad y un poco de suerte. El valor impositivo es particularmente alto en el centro y la falta de incentivos ha causado un éxodo masivo.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

En 1992, el Centro Histórico de Asunción tenía unos 20.000 habitantes. Para 2012, el número se redujo drásticamente. Mientras la densidad poblacional de la capital y el área metropolitana fue aumentando con el paso de las décadas, el centro se convirtió en una zona de tránsito para trabajadores y funcionarios. Con el proceso migratorio, los edificios también mutaron. De hogares, muchos pasaron a albergar comercios y, otros tantos, oficinas. Lastimosamente, varios fueron desechados para dar lugar a nuevas construcciones que poca relación guardan con su identidad visual.

Otra mirada

En la última década o un poco más, la perspectiva volvió a cambiar. En medio de esta decadencia surgió un movimiento de revalorización patrimonial que abarcó el panorama urbano y las casas antiguas que acumulan décadas (¡o siglos!) de historia. El centro se vio con otros ojos y las casonas se volvieron oportunidades para quien supiera verlas. Fue lo que sucedió con los arquitectos Hee Jin Baek y Fernando Szmuc.

Fernando Szmuc y Hee Jin Baek. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Se conocieron estudiando en la Universidad Católica de Asunción, donde se dieron cuenta de que compartían una visión común sobre la profesión. La experiencia sentó las bases de una colaboración que nació en 2011 y se formalizó en 2013 con su empresa, Baek Szmuc Proyectos y Construcciones, que dio origen a BSC SA. “Tenemos la convicción de que la arquitectura no solo debe resolver necesidades funcionales, sino también generar un impacto positivo en las personas y la ciudad”, asegura Baek.

En 2014 encontraron el que sería el hogar de su emprendimiento: un inmueble que fue originalmente residencia familiar. “Desde el primer momento vimos en él mucho más que un edificio: una construcción con identidad, memoria y gran potencial para convertirse en el espacio de trabajo que representa nuestros valores”, explica Szmuc.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

“Elegimos establecer aquí las oficinas porque creemos que la arquitectura también comunica quiénes somos”, dice Baek. El deseo de ambos para sí mismos y su equipo era trabajar en un lugar donde la historia conviviera naturalmente con la innovación. “Queremos demostrar que es posible dar una nueva vida a una construcción sin perder su esencia”, agrega su socio.

Para los arquitectos, el principal desafío fue recuperar un inmueble que presentaba un importante deterioro en sus instalaciones y varios de sus componentes constructivos. Sin embargo, el verdadero reto consistió en intervenir respetando su identidad. “Restaurar no significa simplemente reparar un edificio; significa comprender su historia, valorar su arquitectura y adaptar sus espacios para responder a las necesidades actuales sin perder aquello que lo hace único”, explica Szmuc.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

El proceso

¿Cuál es el primer paso para restaurar un inmueble antiguo? “Antes de pensar en la inversión económica, hay que comprender el edifi cio: estudiar su historia, analizar su estado de conservación y reconocer cuáles son los elementos que constituyen su valor patrimonial”, menciona Baek. Solo a partir de ese diagnóstico es posible desarrollar una intervención responsable que preserve su esencia y garantice su permanencia en el tiempo.

Es inevitable preguntarse qué porcentaje del proyecto original se debería mantener para hablar de una restauración. Los profesionales explican que no existe una regla matemática universal, “pero entendemos que una restauración debe conservar la mayor parte posible de la obra y respetar su identidad arquitectónica”.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

En términos generales, se puede hablar de una restau- ración si se conserva alrededor del 90 % de los elementos esenciales. En contraste, si la intervención modifi ca gran parte de la construcción existente, se acerca más al concepto de renovación. “En nuestro caso, lo concebimos y ejecutamos como una restauración”, puntualizan. Entre el desarrollo y la ejecución de la obra, el proceso demandó unos ocho meses. Los arquitectos detallan que cada etapa requirió un trabajo minucioso, y el tiempo fue una herramienta indispensable para trabajar con el cuidado que el edifi cio merecía.

Su intervención se basó en un equilibrio entre funcionalidad y conservación.

“Cada decisión fue tomada de modo que los nuevos espacios respondieran a las necesidades actuales del estudio, pero respetando siempre las proporciones, los materiales y el carácter original de la construcción”, dice Szmuc. Los principales cambios se encuentran en las instalaciones eléctricas, sanitarias y de climatización, ya que su intención fue incorporar tecnologías contemporáneas sin alterar la imagen arquitectónica: “El objetivo fue dotarlo de confort y eficiencia para su uso cotidiano, pero mantener intacto su espíritu”.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Uno de los factores que dotan de calidez al proyecto es, sin dudas, el exterior. Existe una especial atención a la vegetación, que da una gran bienvenida a todos los visitantes gracias a una muralla de plantas, una decisión de paisajismo vertical que suma a la sensación de bienestar y otorga un descanso físico y visual.

Espacio para la luz

Baek y Szmuc optaron por reemplazar el antiguo sistema constructivo del techo por una losa transitable de hormigón armado. Esta fue cuidadosamente integrada sobre la estructura de madera existente. Además, se incorporaron sectores de iluminación cenital que permiten el ingreso de luz natural y mejoran el confort del interior.

Las aberturas originales fueron preservadas, un elemento que Baek explica con detalle: “Se recuperó la madera existente mediante la remoción de la pintura y la aplicación de tratamiento de restauración, lo que restituyó la nobleza y calidez de su material original, sumada a la restauración de las cerraduras y los herrajes deteriorados para recuperar su funcionamiento y prolongar su vida útil”. Así, esta oficina deja transpirar una sensación de hogar bien vivido.

Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

Privilegio y responsabilidad

Los arquitectos aclaran que dar una segunda vida a un inmueble representa un enorme privilegio y también una gran responsabilidad. “Cada edificio antiguo conserva parte de la memoria de una ciudad y las personas que por allí pasaron. Restaurarlo significa evitar que eso desaparezca y demostrar que el patrimonio puede seguir siendo útil, vigente y plenamente habitable”, dice Fernando Szmuc.

“Creemos que la arquitectura tiene la capacidad de conectar generaciones”, agrega Hee Jin Baek; “cuando recuperamos un edificio, no solo preservamos ladrillos o madera; preservamos identidad, cultura y memoria colectiva. Esa es una de las mayores contribuciones que nuestra profesión puede hacer a la sociedad”.

Fernando Szmuc y Hee Jin Baek. Fotografía: Javier Valdez. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.

En suma, reflexionan que la arquitectura puede transformar la manera en que una comunidad se relaciona con su patrimonio. Están convencidos de que cada edificio recuperado demuestra que conservar también es construir futuro: “Entendimos que intervenir con respeto permite ofrecer espacios contemporáneos sin renunciar a la historia, y que esa convivencia entre pasado y presente genera ciudades más humanas, más sostenibles y con mayor identidad”.

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