El enemigo que no avisa
Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en Paraguay y el mundo, y también están entre las más prevenibles. A propósito del Día Mundial del Corazón, celebrado el pasado 29 de setiembre, conversamos con el Prof. Dr. Javier Galeano, jefe de la División de Medicina Cardiovascular de Adultos del Hospital de Clínicas, quien nos habla sobre prevención, señales de alarma y el acceso a la atención en el centro universitario.
Por Eve Benegas
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el planeta. Unas 19,8 millones de personas murieron por ello en 2022, cerca del 32 % de todos los fallecimientos, y el 85 % corresponde a infartos o accidentes cerebrovasculares. Asimismo, más de tres cuartas partes ocurren en países de ingresos bajos y medianos, donde el acceso al diagnóstico y el tratamiento suele ser más difícil.
Por eso, cada 29 de setiembre el Día Mundial del Corazón moviliza a diferentes instituciones. La fecha fue establecida en 2000 por la Federación Mundial del Corazón (WHF) con apoyo de la OMS. Cada año, reúnen a su red global de miembros para sensibilizar sobre estas enfermedades. Actualmente, eligieron el lema No pierdas ni un latido (en inglés Don’t Miss a Beat). En Paraguay, la División de Medicina Cardiovascular del Hospital de Clínicas también emprendió su propia campaña bajo el mismo eslogan. Con una gran convocatoria, organizó una jornada de concienciación y evaluación de riesgo cardiovascular en el Parque Ñu Guasu.
Hay personas que se acercan a una jornada de control cardiovascular sintiéndose perfectamente bien. No tienen dolor ni falta de aire, y van “por las dudas”. Minutos después, el tensiómetro les cambia la rutina y, a veces, el pronóstico. Es lo que busca esta iniciativa: identificar y evaluar el riesgo. “Es la oportunidad de acercarnos directamente a la comunidad, y llevar el mensaje de la importancia de la prevención y el diagnóstico temprano de las enfermedades cardiacas, para ofrecer la atención especializada de nuestro servicio cuando se requiera”, explica el especialista.
El doctor Javier Galeano se formó en la Universidad Nacional de Asunción y luego se especializó en Cardiología Intervencionista y Electrofisiología en la Universidad de Kobe (Japón). A lo largo de su carrera se enfocó en la asistencia, la docencia y la investigación en cardiología. Él integra el Comité Científico Nacional de la Revista paraguaya de cardiología. Fue presidente de la Sociedad Paraguaya de Cardiología y, actualmente, se desempeña como jefe de la División de Medicina Cardiovascular del Hospital de Clínicas de la Universidad Nacional de Asunción y es coordinador general del Programa de Especialización en Cardiología.

Situación en Paraguay
El especialista advierte que el panorama nacional dista mucho de ser alentador si se lo observa desde una perspectiva macro: “Las enfermedades cardiovasculares representan en el Paraguay una situación alarmante y desafiante que necesita el desarrollo urgente de políticas orientadas especialmente al fortalecimiento de los programas de educación, orientación, tratamiento precoz y oportuno”.
El doctor Galeano enfatiza que este esfuerzo no puede recaer exclusivamente sobre los hombros de los hospitales públicos, pues requiere la articulación 28 de todas las instituciones que trabajan en el área de salud, tanto estatales como privadas, de tal modo a mitigar el descomunal impacto socioeconómico que generan estas dolencias, a pesar de ser prevenibles.
Otros especialistas del país señalan lo mismo: el vicepresidente de la Sociedad Paraguaya de Cardiología, Manuel Castillo, afirmó recientemente en una entrevista con Radio Monumental 1080 AM que estas enfermedades siguen siendo la principal causa de muerte en Paraguay y que continúan en aumento. También recordó que un estudio científico halló que el 67 % de la población padece sobrepeso u obesidad; es decir, dos de cada tres paraguayos enfrentan un riesgo cardiovascular.
Castillo reveló que alrededor de cuatro de cada 10 paraguayos son hipertensos y que muchos ni siquiera lo saben. Cifras difundidas años atrás por el Ministerio de Salud muestran la magnitud del problema: el 46,8 % de los adultos sufría de esta condición, unos dos millones de personas, y solo 150.000 estaban en tratamiento; el resto no se trataba o desconocía su presión. Los datos demuestran que la mayor parte de los casos permanece sin control.

Los enemigos silenciosos
Si hay una idea que Galeano repite, es que la hipertensión arterial, la diabetes, el sobrepeso y el sedentarismo son la antesala de las enfermedades cardiovasculares. A ellos se suman el estrés, los problemas de sueño, la contaminación ambiental y la carga genética. “El riesgo no depende de un solo elemento”, subraya el cardiólogo. Importa la combinación y el tiempo que cada factor permanece sin tratamiento; una presión elevada, sumada al azúcar alto y a kilos de más, no suma, multiplica.
¿Por qué se los llama enemigos silenciosos? Galeano lo explica con claridad: la hipertensión y la diabetes suelen avanzar sin molestias evidentes y, en la mayoría de los casos, sus manifestaciones son muy inespecíficas hasta que aparece una complicación. Cuando eso ocurre, ya puede ser un infarto o un ACV.
Una vez hecho el diagnóstico, la tarea recién empieza. El cardiólogo pone un acento sobre el cambio de rutinas y el tratamiento, que deben ser permanentes, con seguimiento profesional especializado. “Abandonar la medicación y los buenos hábitos porque ‘ya me siento bien’ es, justamente, cómo se pierde la ventaja”, aclara.
Las enfermedades cardiovasculares representan en el Paraguay una situación alarmante y desafiante que necesita el desarrollo urgente de políticas orientadas especialmente al fortalecimiento de los programas de educación, orientación, tratamiento precoz y oportuno
Dr. Javier Galeano, jefe de Medicina Cardiovascular de Adultos del Hospital de Clínicas
¿Por qué cuesta ir al médico?
La primera barrera es asociar la consulta médica únicamente con sentirse mal. A eso se suman la falta de tiempo, los costos y las dificultades de acceso. Pero Galeano no responsabiliza solo al paciente: “La prevención exige que el sistema facilite la atención, además de informar asertivamente a la población”.
El control puede empezar en la atención primaria, que identifica el riesgo y asegura la continuidad y la sostenibilidad de la terapia. Una jornada puntual solo cobra verdadero valor, advierte, cuando se traduce en controles y tratamientos oportunos. “Cuidar el corazón no comienza cuando aparece el dolor”, asegura. El cuidado empieza en la infancia, con alimentación saludable y actividad física. En los adultos, la evaluación debe incluir un buen examen, medición de la presión arterial, niveles de azúcar en sangre y de lípidos, antecedentes familiares, peso y calidad del sueño.
¿Cada cuánto hay que controlarse? Galeano evita la respuesta fácil: “No existe una frecuencia única para todos, depende de la edad, los resultados y la estratificación del riesgo. Es el médico quien debe definir caso por caso”.
Señales de alerta
Lo que sí podemos advertir son algunas señales innegociables. Si hay un momento en que la duda sale cara, es ante un posible infarto o accidente cerebrovascular. Galeano enumera los indicios: opresión o dolor en el pecho, especialmente con falta de aire; sudor frío o malestar que se extiende al brazo, la mandíbula y/o la espalda; debilidad súbita de un brazo o una pierna; dificultad para hablar. Ante cualquiera de ellos, la indicación es ir de inmediato a la urgencia de un hospital y no automedicarse.

En Paraguay, el Sistema de Emergencias Médicas atiende en el 141. “En esta situación, cada minuto cuenta”, indica el cardiólogo. En el infarto y el ACV, el tiempo que pasa hasta la atención se traduce en músculo cardiaco o tejido cerebral salvado o perdido.
Un servicio abierto a todos
La División de Medicina Cardiovascular del Hospital de Clínicas ha crecido en los últimos años, y su jefe lo destaca. Atiende a todas las personas sin distinción, con consultorios en los turnos mañana y tarde, internaciones, área de estudios específicos del corazón y una Unidad de Cuidados Intensivos. También realiza procedimientos de alta complejidad como cateterismo, cirugías; implantes de marcapasos, resincronizadores y válvulas percutáneas.
Para acceder, el paciente puede acudir directamente al hospital o comunicarse con la central de turnos para agendar una consulta. El servicio procura una atención ágil que respete el tiempo de cada quien y priorice a los que requieren atención más urgente.
La meta, según Galeano, es consolidar un servicio de cardiología pública universitaria accesible, oportuno y de alta calidad. Para lograrlo, menciona cuatro condiciones: tecnología de vanguardia, sostenibilidad de recursos, formación de nuevos cardiólogos con rigor científico y valores éticos, e investigación como motor de innovación. “Queremos que nuestro compromiso trascienda el hospital”, asegura.
Pequeños cambios
Cuando se le pregunta por un cambio sencillo que cualquiera puede hacer hoy, apela a un argumento muy razonable: “Afortunadamente, somos un país con abundantes frutas y verduras a lo largo del año y a costos razonables”. Su receta es incorporarlas a la alimentación diaria y sumar actividad física regular. Este último consejo lo pregona con el ejemplo, ya que es corredor de maratones, uno de los pocos paraguayos en completar las seis más grandes del mundo (conocidas como las Six Majors).
La prevención exige que el sistema facilite la atención, además de informar asertivamente a la población
Dr. Javier Galeano, jefe de Medicina Cardiovascular de Adultos del Hospital de Clínicas
Si una persona vive 70 años, su corazón habrá latido unos 2500 millones de veces. Es un trabajo incesante, pero ese reloj fiel no avisa cuando empieza a fallar; trabaja en silencio hasta que ya no puede, y por eso el tensiómetro y el análisis de sangre importan más que cualquier síntoma.
Nadie sabe cuánto tiempo le queda, pero podemos decidir cómo seguir latiendo. Galeano insta a evitar el tabaco y las frituras, reducir el consumo de sal y realizar controles. Si bien admite que para cambios estructurales se necesita del acompañamiento de los equipos de salud y servicios accesibles, hace una invitación sencilla: empezar hoy, con pequeños cambios y sin postergar nuestra salud, porque las enfermedades cardiovasculares son totalmente prevenibles.




Sin Comentarios