Tu nueva adicción saludable
El té que amás, pero en una versión refrescante y deliciosa, acorde con las temperaturas de la nueva estación y en combinaciones que no esperabas. Hoy, te traemos un recorrido por la historia de una de las bebidas más antiguas, las variedades más elegidas para la versión en frío; y con la ayuda de la tea sommelier Jennifer Snaider, cuatro recetas que podés probar hoy mismo. Advertencia: esta nota podría contener tu siguiente adicción.
Por Patricia Luján Arévalos. Dirección de arte: Gabriela García Doldán. Dirección de producción: Camila Riveros. Fotografía: Javier Valdez.
Este año, recibimos la primavera con uno de nuestros temas favoritos: la gastronomía. Y en vez de sacarte de tu casa para ir a algún restaurante o probar un nuevo local nocturno, esta vez te proponemos algo que podés disfrutar ahí mismo, en tu propia cocina, y que lleva apenas un tiempo mínimo de preparación.
¿No estás cansado de las bebidas ultraprocesadas y gaseosas que te prometen estar libres de azúcar, pero que vienen cargadas con ingredientes imposibles de reconocer para el más común de los mortales? Por supuesto, nosotros sí, y con ese deseo de encontrar algo nuevo y mejor que fue el punto de partida para esta búsqueda de alternativas que sirvieran tanto para un momento refrescante durante el día como para compartir en una ronda durante el fin de semana o en la mesa.
Aquí entran las infusiones. La infusión es un procedimiento supersimple, por el cual se extraen las propiedades de hojas, flores, raíces o frutos inclusive al sumergirlos en agua —generalmente caliente—. Si tomás tereré o mate, estás consumiendo una infusión; si te hacés un digestivo caliente después de almuerzo también y si la manzanilla es tu aliada para aliviar el dolor de panza… bueno, ya se entiende el punto, ¿no?

Una breve historia para los curiosos
El camino del té empezó en China hace miles de años. Aunque no hay forma de saber el grado de veracidad de esta narración, la historia comúnmente aceptada es que cuando el emperador Shen-Nung estaba sentado debajo de un árbol a punto de tomar agua caliente, algunas hojas del árbol cayeron en su recipiente. Ayuda saber que Nung era herborista y, quizás, por eso decidió beber la infusión. Así se inventó, sin querer: el árbol era Camellia sinensis y la bebida caliente es lo que hoy, comúnmente, llamamos té.
Más allá del relato casi fantástico, se considera la bebida nacional de China. En el siglo VIII se escribió el primer libro dedicado a esta hierba, el Ch’a Ching, y poco después, el té conquistó a Japón para siempre. Fue introducido por monjes budistas japoneses que viajaron a China para estudiar y hoy es una parte vital de la cultura del país. Se cree que la ceremonia del té, desarrollada por los japoneses pudo haberse inspirado en el Ch’a Ching.
Pasaron cientos de años más antes de que los europeos conocieran el té. Las primeras menciones de la bebida se encuentran en textos del siglo XVI, principalmente por parte de los portugueses que vivían en Asia como misioneros y comerciantes. Sin embargo, fueron los holandeses quienes iniciaron la profusa comercialización y en 1606 consiguieron importar té desde China a Holanda. Su popularidad creció rápidamente y desde allí empezó su expansión hacia el resto de Europa; una bebida reservada para la burguesía debido a su alto precio de importación.

Con su fundación en 1600, la Compañía Británica de las Indias Orientales, la organización comercial más grande de la historia, poseía el monopolio de la importación de productos fuera de Europa y se cree que sus navegantes traían cajas de té consigo, como regalo para sus familias. En Inglaterra, uno de los mayores consumidores de té per cápita, la primera mención que se puede encontrar en los registros data de 1658 y se refieren a él como tcha, tay o tee.
El punto de inflexión en la historia occidental del té se debe al casamiento del rey Charles II con la princesa portuguesa Catherine de Braganza, una “adicta” al té que instó a su nuevo esposo a servirlo en la corte. Rápidamente, las familias más afluentes de Inglaterra adoptaron la infusión y la Compañía Británica de las Indias Orientales decidió importarlo directamente. La historia comercial de la compañía es brutal y el té forma parte de ella, ya que utilizaron a India y Sri Lanka (Ceilán) como sede operativa no solo para sus negocios, sino también para el cultivo de la Camellia sinensis.
Con el tiempo, en función del contrabando y el aumento de la oferta, el precio fue descendiendo, democratizando el acceso al té para la clase trabajadora. Tanto fue así que el ritual de la hora del té, la comida que se da a media tarde e involucra la bebida con dulces y panes varios, se convirtió en una práctica generalizada en toda Inglaterra a partir de mediados del siglo XIX. Los ingleses introdujeron el té a América y el epicentro de esa historia se da en 1773, cuando los Hijos de la Libertad protestaron en contra de la Ley del Té, que otorgaba el monopolio el comercio de té a la Compañía Británica de las Indias Orientales.

Los Hijos de la Libertad se disfrazaron de mohawks y arrojaron al mar más de 300 cajas de té de tres barcos británicos ubicados en el puerto de Boston. La consecuencia de este acto fue la chispa del fuego de la Revolución Americana y el té volvió a ocupar un lugar central en la historia.
El consumo moderno
Estados Unidos y el resto de América tienen una relación muy única con el té, distinta a todo lo que se había visto antes. Dos hechos claves cambiaron el curso de esta relación: la invención de la bolsita de té y la divulgación del té helado.
El té helado se popularizó a inicios del siglo XX gracias al ingenio de un comerciante que comenzó a servir la infusión caliente sobre hielo para poder venderla, dando comienzo a una tradición que nos siguió hasta hoy. Se cree que empezó, puntualmente, en 1906, y se convirtió en una tradición muy arraigada en EEUU, especialmente en el sur, donde se prepara con azúcar y es considerado parte de la cultura de esa región.

Dos años más tarde, un comerciante neoyorquino empezó a enviar muestras de té a sus clientes en unas bolsitas pequeñas de seda. Sin saber que la bolsita no formaba parte de la preparación, sus clientes comenzaron a introducir la muestra con la bolsa de seda directamente al agua hirviendo.
Nuestro té
Latinoamérica también consume té, pero nuestras infusiones están más relacionadas con las propiedades medicinales de las hierbas. En Paraguay, el pohã ñana y la yerba mate juegan un rol central en la cultura, el saber popular y la salud. El pohã ñana fue inscrito en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2020 y no existe paraguayo que desconozca los beneficios del jaguareté ka’a o el boldo.
Pero ¿cómo pasamos de la guampa al vaso, de la taza a la copa? Acá necesitamos la mirada de una experta y, por suerte, Jennifer Snaider nos recibió en su cocina, aunque recién llegada de su viaje, nos guio a través de la inmensidad de combinaciones posibles.

Jennifer Snaider es sommelier de té y lleva más de una década dedicándose a la mezcla de hierbas, aunque esta profesión no fue su primer amor. Estudió Administración de Empresas con énfasis en Comercio Exterior porque siempre le interesó viajar y aprender cosas nuevas. Su formación académica se dio en Estados Unidos donde también realizó sus primeras capacitaciones en este universo al que hoy dedica el 100% de su tiempo.
Su paso por el World Tea Academy y el Latinamerica Tea Institute le proporcionó las herramientas para crear su propia marca de té, Blending Lab (quizás la recuerdes de Maiteiblends, una etapa previa de este camino). Esta pasión convertida en trabajo la llevó a conocer plantaciones en Japón y Taiwán, dos destinos a los que regresó este 2026.

Té helado #1: Red velvet
Ingredientes
Té negro en hebras
Flor de Jamaica
Pasas de uva
Canela
Clavo de olor
Carmelo
Agua caliente 200 ml
Agua tónica fría a gusto
Frutos rojos congelados, como frambuesas o arándanos
Hielo a gusto
Procedimiento
1. Preparar la infusión de todos los ingredientes secos en una tetera.
2. Verter el agua caliente a 80 °C y dejar reposar por cinco minutos.
3. Cargar hielo y los frutos rojos en un vaso alto.
4. Servir la infusión sobre el hielo y colmar la preparación con tu agua tónica de preferencia.

Té helado #2: Tónico de yerba mate
Ingredientes
Yerba mate sin aditivos
Agua caliente 200 ml
Agua tónica original, sin saborizantes
Miel de abeja Limón en rodajas a gusto
Hielo a gusto
Procedimiento
1. En una prensa francesa, colocar dos cucharadas de yerba mate sin saborizantes agregados.
2. Verter agua caliente a menos de 100 °C y dejar reposar por cinco minutos con la prensa cerrada.
3. En un vaso alto, agregar una cucharada de miel de abeja al hielo.
4. Accionar la prensa para filtrar la yerba. Verter la infusión sobre el hielo.
5. Colmar el vaso con agua tónica (preferentemente sin saborizantes agregados) y sumar rodajas de limón a gusto. Mezclar y servir.

Té helado #3: Elixir verde
Ingredientes
Té verde en hebras
Hojas deshidratadas de menta
Jengibre fresco en rodajas, a gusto
Agua caliente 200 ml
Hojas frescas de menta
Procedimiento
1. Preparar la infusión de todos los ingredientes secos en una tetera.
2. Verter el agua caliente a 80 °C y dejar reposar por tres minutos.
3. En un vaso mediano, servir una cucharada de miel sobre abundante hielo y agregar una rodaja de jengibre fresco.
4. Servir el té y mezclar para integrar bien la miel.

Té helado #4: Citrus road
Ingredientes
Té Earl Grey
Jugo exprimido de naranja 100 ml
Agua caliente 200 ml
Agua tónica a gusto
Naranja en rodajas a gusto
Procedimiento
1. Preparar la infusión de todos los ingredientes secos en una tetera.
2. Verter el agua caliente a 80 °C y dejar reposar por cinco minutos.
3. En un vaso alto, preparar la segunda parte de la preparación: cargar el hielo y luego verter el jugo de naranja recién exprimido.
4. Servir el té y colmar el vaso con agua tónica.
5. Agregar rodajas de naranja y mezclar para integrar todos los ingredientes.




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