El delirio como declaración de principios
Para la actriz, delirar no es perder el control, sino dejarse llevar por la creatividad que la acompaña desde niña. En Odelirá, su nuevo unipersonal, sus icónicos personajes, la música y la fantasía se encuentran con sus 37 años de carrera y se transforman en un espectáculo que invita a reír, emocionarse y conocerla profundamente.
Por Leticia Ferro Cartes. Fotografía: Fernando Franceschelli. Tratamiento de imagen: Beto Sanabria Britos.
“El delirio definitivamente siempre es algo más. Atajate nomás porque con el delirio pueden salir millones de cosas, muchas, no solamente una… es un conjunto de ocurrencias”, declara la artista. Para ella, convivir con una mente incesante le dio la fuerza necesaria para seguir su camino y escuchar a su instinto sobre todo lo demás. Porque para Clara, delirar no es perder el control o abandonarse a la locura, sino todo lo contrario. Es dejarse llevar por esa creatividad arrolladora que fue parte de ella siempre, incluso desde pequeña. Es utilizar la fantasía para fabular nuevos mundos, personajes y vivencias que le (y nos) permiten hacer más llevadera la realidad.
De San José de los Arroyos a la tele
Si hay algo muy latente en ella a partir de su niñez, fue el sentirse artista, y lo tuvo muy claro desde el inicio. “Deliré luego, desde muy chica, desde que empecé a ver la tele y las películas”, confiesa. Las historias en la pantalla le hicieron sentir segura de que ella formaría parte de ese mundo, y no era una idea, sino una realidad que se materializaría más adelante. “Me acuerdo de ese recuerdo de infancia y digo, ¡wow!, ahí ya yo me creía artista. ¡Me la creía y soy!”, cuenta entre risas.

Nacida en San José de los Arroyos, mostró interés por el arte muy temprano en su vida: se formó en declamación y teatro a los tres años, y se dedicó a cantar junto a su hermana Montserrat en grupos folclóricos. Su trayecto estuvo lejos de ser privilegiado o fácil: alternó su vida en el interior con largos viajes a Asunción para probar suerte, estudiar teatro y participar en concursos. Incluso trabajó como telefonista a la par que continuaba su educación artística y participaba en programas de radio y televisión.
La tevé fue el medio donde se produjo su ascenso profesional y se consolidó como una de las principales figuras humorísticas del país. En los inicios de Telefuturo, surgió su icónico personaje la Yuyera en el programa Casino Hotel, para luego consolidarse en Me cargo de risa. “Una vez que me pongo esa peluca ya se me van las penas, todo lo que es Clara se va, es ella quien da su mensaje de yuyitos pertinentes”, afirma.
A partir de allí se convirtió en una figura fija de prácticamente todos los programas de Telefuturo; participó en ciclos de comedia y entretenimiento como Telecomio, junto a colegas como Walter Evers y Gustavo Cabaña, así como en Shopping del humor, Claricaturas, Cantando por un sueño, Matrimonios y algo más, entre otros.
Salí en la tele con un personaje de hombre y me di cuenta de que la gente no pillaba que era yo. Logré convencerles de que era un varón. Eso fue genia
Estas apariciones le dieron enorme exposición, le permitieron consolidarse como una de las figuras más queridas del humor televisivo paraguayo y lograron que llegue a audiencias de todas las edades. No caben dudas de que se ganó el cariño del público con sus entrañables personajes, que se volvieron parte del imaginario colectivo. La Yuyera, Hugo Eusebio y Ronchi surgieron en distintos momentos de su recorrido y dan cuenta de su gran histrionismo y versatilidad como creadora e intérprete.
Si bien siempre creyó en sí misma y lo que hacía, fue su aparición como Hugo Eusebio el momento en que sintió que algo hizo clic. “Fue un paso muy importante. Salí en la tele con un personaje de hombre y me di cuenta de que la gente no pillaba que era yo. Logré convencerles de que era un varón. Eso fue genial”, recuerda emocionada.
Personajes con vida propia
La música también es parte central de su carrera y su vida: para ella está siempre de por medio, ya sea en la tragedia o la alegría. “Creo que uno en el ambiente artístico se tiene que formar cuando estudia teatro y actuación, estudiar en todos los sentidos, saber de música, por lo menos para acompañar el ritmo. Eso me lleva a todos lados. Siempre que intenté componer canciones románticas, de repente me sentía ridícula. Entonces empecé a darles vueltas y las transformé en materiales para Hugo Eusebio. No hay caso conmigo, no puedo mantener el romanticismo”, cuenta entre risas.
Creo que uno en el ambiente artístico se tiene que formar cuando estudia teatro y actuación, estudiar en todos los sentidos, saber de música, por lo menos para acompañar el ritmo
Para idear estos personajes, se centra principalmente en hechos reales y se ve como “un envase”, un medio para darles vida, encarna realidades y visiones completamente ajenas a ella. La Yuyera, por ejemplo, es un conjunto de mujeres que conoció, con sus características y también un poco de caricatura. Hugo Eusebio encarna un tipo de masculinidad que no resuena con ella: “Es el hombre que no fui y no quiero ser”. ¿Y Ronchi? “Ella está para perjudicar (risas), hace cosas que Clara Franco jamás haría, como ser una seductora irrecuperable que no perdona fronteras, vínculos ni límites”.
Sus roles como personas reales le dan otros desafíos como actriz, pues tiene que caracterizar en apariencia, gestos y voz a distintos referentes: “A la hora de imitar le estudio a la persona, mejor si le conozco; si se puede, tocar, o le debo ver muchísimo”, confiesa. Ella encara la actuación como una profunda transformación interna y externa, que inicia cuando se pone la peluca. Deja de ser Clara en ese momento y vuelve a serlo cuando “se saca la última gota de maquillaje”.
Con los años, ese ejercicio de transformación constante, de entrar y salir de otros cuerpos, voces y vivencias, fue dejando una pregunta de fondo: ¿Qué pasa detrás del personaje? Su show Odelirá aparece justamente en ese punto de maduración.
A la hora de imitar le estudio a la persona, mejor si le conozco; si se puede, tocar, o le debo ver muchísimo
Tras décadas de encarnar a otros, el delirio se vuelve más transparente: ya no es solo herramienta para crear figuras memorables, sino territorio desde donde hablar de sí misma sin solemnidad y reivindicar el humor. El escenario se transforma en un sitio donde confluyen música, memoria y diversión. En Odelirá, Clara no renuncia a sus personajes: los convoca, revisita, los deja entrar. Y los integra a un relato más amplio, uno en que la risa convive con la emoción. Ese estado creativo que la acompaña desde niña se manifiesta como lucidez, una manera de aceptar la mente inquieta, celebrar su versatilidad y convertir la fantasía en un modo de estar en el mundo.
El humor como resistencia
La idea de que estos desvaríos se vuelvan un espectáculo unipersonal ya le venía rondando hace tiempo. Pero no se concretaba porque no se sentía a gusto en otro momento de su vida: “Tenía muchos temores, traumas, miedos y tragedias. Me ahogaba en un vaso con agua; sigo haciéndolo, pero me río por lo menos”. Este momento es distinto, es uno de estabilidad, plenitud y alegría. A la hora de armar el espectáculo, ya estaba todo en su cabeza. Entonces sintió que era hora de plasmar ese “hallo” personal en un proyecto. “El hilo que conecta a todos mis personajes soy yo, que nunca me visibilicé, siempre estuve ahí atrás”, subraya. En el proceso, también se descubrió a sí misma y se animó a reflexionar sobre el camino recorrido.
Su creatividad no conoce pausa. Mira, absorbe y procesa todo. “Me paso viendo todo lo que hay, mi cerebro no para”, dice, casi como una advertencia. Esa hiperactividad es un desafío: “A veces me dicen ‘calmate un poco, callate ya’. Yo misma me lo repito”. Con los años, aprendió que la creatividad no solo se alimenta del estímulo constante, sino también del retiro. El silencio aparece como contrapeso, disfruta de espacios sin ruido, rodeados de naturaleza, donde la mente se permite descansar. “Eso me hace muchísimo bien”, afirma, y reconoce que crear implica saber detenerse.
Si hay mala onda, bajón, argelería, tristeza, pena o dolor… ¡pum!, lo transformo
Nada queda intacto en el universo creativo de Clara. Todo acontecimiento, hecho, experiencia o incluso situación desagradable es materia prima. “Si hay mala onda, bajón, argelería, tristeza, pena o dolor… ¡pum!, lo transformo”, dice con naturalidad. No se trata de negar lo que duele, sino de atravesarlo honestamente: “Al sentir y emocionarme, me doy rienda suelta, no me atajo”. Para ella, disfrutar también es entregarse a lo inevitable si no hay escapatoria. Así, convierte lo vivido en escena. “Esto va a ser mañana, pasado mañana o el año que viene un sketch”, anticipa en el momento. Así, su creatividad se expande en cualquier dirección, porque todo puede transformarse, volver como humor, como relato, como gesto escénico.
Para Franco, el humor no es un accesorio en su arte, “es fundamental”, afirma sin rodeos. Y va más allá: “Yo digo que el amor es humor. Humor siempre con amor”. Reír no es banalizar la experiencia humana, sino elegir una manera de atravesarla. En su mirada, la comedia permite sostenernos cuando lo demás pesa: “¿Quién no quiere estar bien? Uno se permite otras emociones, pero reírse mucho es fundamental, lo mejor que hay. Es resistencia, alegría y felicidad, es todo lo que está bien”.
Incluso cuando no se pueden evitar las emociones difíciles, el humor aparece como manera de sobrellevarlas. “Todo, todo, todo es una herramienta importante”, insiste. Como en el cine o la vida, los momentos de risa en medio del drama intensifican lo mejor de la experiencia. Compartir esa sensación —hacerla circular— es, para ella, un gesto profundamente humano: “Lo puedo ofrecer, y eso es importantísimo para ser gente en la vida”.

Un cambio de mirada
“Me estoy dando cuenta de que nunca es tarde para descubrir cosas, reinventarse, renacer. Solía pensar: ‘Tengo que hacer esto, superar aquello’. Antes era resistir y sobrevivir; ahora es supervivir, vivir bien. En este momento, opáma la quebranto. Hoy soy consciente de que da gusto vivir”, confiesa. Odelirá surge de este cambio de visión en un momento en el que Clara disfruta intensamente su quehacer como comediante, y lo expresa desde el goce. Para la actriz, este show que le conecta consigo misma y su público, y también le permite hablar de sus procesos y pasiones, es fascinante.
Ciertamente, su crecimiento espiritual en estos últimos años es algo fundamental y sinérgico para encontrar inspiración como artista. “Mi motor creativo primordial antes de empezar lo que tengo que empezar, mi primer hola, es el Espíritu Santo”, confiesa. “Estoy muy abocada al tema religioso, en un modo espiritual muy importante, eso me hace gente”. También es fundamental el punto de vista y los aportes de sus hijos: “Quiero que el éxito de mis cosas se sienta, y celebren conmigo”.
Idear Odelirá, además, fue una excusa para hacer un viaje en el tiempo, encontrar cosas y momentos felices de su vida que arrancaron desde una infancia muy feliz. Y reconectarse con esas distintas Claras más pequeñas fue una parte crucial para reencontrarse con ella misma: “Siempre digo que soy una criatura grande. En mi cabeza soy una mitakuña’i tavyróna que anda por aquí y por allá. Así que la conexión está. Nunca hay que perder esa inocencia de niño, ese cariño, esa empatía. Por lo menos yo no quiero perder esa felicidad. Soñaba con la seguridad de que iba a lograr hacer algo. Entonces me gusta mucho redescubrirlo. Si me equivoco, me río y sigo nomás. A la hora de actuar, quiero transmitir esta felicidad que tengo dentro”.
Mi motor creativo primordial antes de empezar lo que tengo que empezar, mi primer hola, es el Espíritu Santo. Estoy muy abocada al tema religioso, en un modo espiritual muy importante, eso me hace gente
En este paseo por el camino recorrido, Clara quiere dejar entrar al público a su vida, a quién es ella con sus personajes, pero también detrás de ellos. “Como cuando llega la gente a tu casa y les mostrás tu álbum de fotos”, revela entre risas. Y, sobre todo, que la gente se lleve muchas alegrías de esta visita.
Hoy está abocada a aceptar quién es ahora, en quién se convirtió. Reconoce que en el pasado hubo momentos en los que se vio envuelta en polémicas o roces, pero hoy ya no tienen lugar en ella. “No a todos les caí bien. Lo que no quiero es eso, tirar malos mensajes u ofender, agredir. Por ese lado no va, no. Nunca más va a volver a pasar”, confiesa. “A mi nueva yo le abrazo todo el tiempo. Me abrazo como niña y como adolescente, fuertísimo. Me abrazo de grande y después de años de mucho dolor que nadie sabía. Del dolor salen cosas lindas. No digo que todo el mundo tiene que sufrir para eso, pero si sufrís y lo superás, hay un hermoso mundo después”, asegura.
Crear una complicidad con el público es una de sus metas como una artista que, después de más de 30 años, sigue eligiendo confiar en su instinto. Ese delirio, como ella misma dice, nunca fue una sola cosa, sino muchas a la vez. “Lo que a mí me hace feliz, lo que me pone contenta y me hace estar donde estoy es que la gente se lleve ese mensaje lindo de que se puede hacer un montón de cosas si uno las sueña, se propone y se prepara con disciplina, amor y cariño” concluye.
¿Dónde y cuándo?
Odelirá, unipersonal de Clara Franco
Dirección: Hugo Robles
Fechas: viernes 6 al domingo 22 de febrero
Lugar: Teatro Latino (Tte. Fariña entre Yegros e Iturbe, Asunción)
Boletos a la venta en Ticketea




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